
Se hace tarde. Ya debería haber llegado a casa.
Es curioso, he escrito dos hojas sin parar y sin cansarme y no tenía resentida la mano. Siempre... todo lo relacionado con él tiene su aura de magia.
Los días ya empiezan a asemejarse al invierno y se van alejando de la época estival. Esta semana empieza oficialmente el otoño, así que no sé de qué iba a extrañarme. El otoño siempre me ha parecido una época melancólica, una época en que me encantaría caminar con él: llueva, haga viento, haga frío...
Aunque el otoño pasado tuvo sus días de nostalgia, de vacío y de lágrimas. Todo pasó, porque sencillamente todo pasa. Todo pasó y reforzó lo que sentía por él.
En ese otoño también se me quedó grabada en las retinas su perfil plateado bajo los rayos de la luna. Cuando recuerdo aquella noche me estremezco.
Recuerdo que al principio sonaba Sabina de fondo...
He de irme.
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