domingo, septiembre 26, 2010

Un paseo por los caminos


Esta mañana me apetecía caminar y hacer fotos. Es curioso, pero desde que llegué de Japón no me he atrevido a coger la Canon y marcharme por los caminos a hacer fotos. Con las instrucciones en japonés, no sé para qué sirven el 80% de los botones y, por pereza, no me he descargado aún las instrucciones en inglés desde iNet.
De repente, me he dado cuenta de que me apetecía hacer fotos y ¿qué mejor sitio que desde la punta del Castillo? No es que haya allí arriba exactamente un castillo, aunque dicen las viejas leyendas que existió. A ese cerro se le llama simplemente así. Por lo que fue quizás... Arriba sólo hay un pivote y una placa que dice los metros de altura (que ahora no recuerdo), pero si el día es claro hay unas vistas magníficas.
Sin embargo, he salido tarde de casa. Y he optado por parar el coche en un lado del camino de parcelaria, para encontrarme subiendo hasta la finca de nogueras que tiene mi padre en las laderas del Castillo.
Con la ermita y las piscinas cerradas y sin ganas de caminar por la misma naturaleza de los últimos meses, con esa necesidad de cubrir todo con un objetivo nuevo... me he encontrado allí.
Lo que quedaba atrás...
La tan cercana, pero a vez inalcanzable, cima del Castillo.
Se veían partes de las obras de la carretera, el puente por el que aún no pasan coches, al menos no los vehículos de la autovía...
La punta del cerro, del Castillo, en cuya cima tantas veces he estado. Parece cercano, pero ese último tramo es el más costoso.
Al llegar al final de la pendiente, ha aparecido mi pueblo, tan cercano y a la vez sin poder tocarlo. Me recuerda a la imagen que me vino anoche a la mente, en que aparece ese ángel, la de compartir un mundo que se extiende a nuestros ojos.

Yoguito
El camino por el que habíamos venido y toda la 'campiña' otoñal alrededor.

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