
Hace una tarde magnífica. Me pregunto si habrán abierto ya la ermita o esperarán al día 1 de octubre. Estaría bien darse una vuelta por allí cuando me marche (siempre que a las siete me vaya y que no se me haga de noche, como los últimos días).
Hoy me apetece escribir -a mano-, pero basta que me ponga para que alguien perturbe mi tranquilidad.
Me siento feliz. A él le cubriría de besos en este preciso momento.
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