
“No es más rico el que más tiene…”; ¡cuánta razón hay en esas pocas palabras!
Últimamente yo me siento desbordada por un tipo de riqueza que sólo nos brinda el amor, ese amor puro que siento por esa persona tan especial, que hace que ame todo lo que me rodea, que quiera a todo el mundo, que sonría a todas horas, que todo tenga otro color, que se pare el mundo…
Sentirse así es algo de una belleza insólita. Cada día me siento enriquecida por un río de emociones que fluyen sin parar.
Cuando está él y le miro a los ojos, no existe nadie más. Desaparecen las personas que estén con él, se difuminan las personas que estén alrededor. Me siento envuelta por su halo de dulzura, hechizada por su personalidad. Cuando le miro me siento muy pequeña, pero a la vez siento que algo dentro de mí se engrandece. He aquí donde está una parte de esa riqueza emocional que él me brinda cada día.
Y sin ser completa, esa riqueza me hace amarle cada día más y amar mucho más todo lo que hay a mí alrededor. Porque cuando está él sólo existe él y todo se torna perfecto.
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