Uno de los atractivos de la bodega que mis padres tienen en la parte baja de la casa, rincón tranquilo donde en verano pasamos muchas horas, es la mesa redonda. Es original. Tiene dos planchas circulares de madera: la de arriba es la que va rotando, mientras cada comensal se va sirviendo en su plato en la parte de abajo. Así no tienes nunca que pedir lo que está en la otra punta, ya que sólo tienes que dar vueltas para servirte.
En esa mesa estábamos hoy diecisiete personas, un tanto apretadas, pero bien. Cuando he llegado, habían empezado ya, porque ya les dije que intentaría venir un poco antes, pero no ha podido ser.
Estoy contenta hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario