miércoles, septiembre 08, 2010

Los tardes acortan y el sentimiento crece

Anochece antes. El cielo se ha tornado oscuro y me niego a dar la luz de la oficina. Quizás porque en la oscuridad me centro de una manera más sutil, quizás porque su imagen brilla más ahora, quizás porque me resulta más sencillo recordarle así…
Cierro los ojos e imagino que camino a la par que él, soñando sin soñar, dejándome mecer, absorbiendo todo de él. Imagino esa caricia reprimida, ese beso robado, esa mirada encontrada. Siento el deseo, ese deseo de él que me lleva a ese vaivén indefinible de sentimientos de vida. Pues amar es vivir.
Me imagino perfilando con las yemas de mis dedos unas alas invisibles en su espalda, para terminar mis dedos bailando en los suyos, acariciándolos en medio de una sintonía que nadie más que nosotros puede escuchar.
Me imagino preguntándole anécdotas de su vida, de sus viajes, de su pasado; mirándole fijamente, mordiéndome los labios y silenciarle un rato después con un beso. Y pedirle de nuevo que vuelva a contarme, que quiero perderme en sus historias.
Tengo tantas cosas que preguntarle, y tantas cosas que contarle. A veces, aunque ya no somos tan desconocidos, me da la sensación de que seguimos siendo unos perfectos desconocidos. Y, a medida que le voy conociendo un poco más, le quiero todavía más.

Amo y, al amar, vivo y, al vivir, sueño y, al soñar, amo…

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