
"Si alguien te pidiera que pensaras en un número, yo sé en qué número pensarías. ¿No me crees? Piensa en cualquier número del uno al mil. Ahora verás lo bien que conozco tus secretos. Abre el sobrecito".
Adoro coger un libro que me enganche de principio a fin. Es el caso de Sé lo que estás pensando. A caballo entre la novela negra y el thriller psicológico, sus páginas te adentran en una historia, como poco, original. Lejos de los thriller cotidianos. A nadie se le ocurriría tan fácilmente imaginar cómo ese homicida adivina cuál es el número, y eso lo convierte en excepcional.
El autor, siendo su primera novela, consigue impactar (y enganchar) al lector casi desde el principio. Mantiene la intriga, respecta las pausas, no deja cabos sueltos y nos convierte en admiradores del policía retirado. Porque en una novela siempre hay un héroe y no siempre tiene por qué ser joven. El héroe, en este caso, está dotado de una inteligencia que se pone en la misma balanza que la mente del asesino, una inteligencia que servirá, en último término, para desenmascarar al asesino.
John Verdon es estadounidense y su país tiene una larga trayectoria de asesinos en serie. Hay que partir de la base de que los americanos nacen en un país en donde no es difícil desconocer el nombre de uno de estos homicidas que se convierten en los más buscados y en los más odiados, porque durante mucho tiempo mantienen en vilo a la policía. Entiendo, por esto, que esta novela será un éxito de ventas en Estados Unidos, dado que utiliza como antagonista al arquetipo de asesino en serie inteligente, con un modus operandi propio y cuidado al detalle y con unas emociones sobrenaturales. El homicidio, para un asesino en serie, es una adicción: se necesita cada vez más, pero se consigue menos satisfacción.
La psicología utilizada en el libro posiblemente se asemeje bastante a la tipología actual de lo que en Estados Unidos es un asesino en serie. Y ésa es una de las características que usa esta novela para encadenarte a sus páginas.
Es obvio que, después de lo que he dicho, he salido encantada con esta novela. En ciertos aspectos incluso me ha recordado mucho a El psicoanalista de John Katzenbach.
He aquí el argumento:
Dave Gurney, policía y detective retirado del estado de Nueva York, vive en un paraje alejado de las montañas con su mujer Madeleine. Allí hace una vida tranquila, aunque su alma de policía le hace añorar sus casos del pasado. De hecho, es un hombre célebre porque en el pasado desenmascaró a los más crueles asesinos en serie americanos.
Un día, recibe un correo electrónico de Mark Mellery, que estudió con él en la universidad. Accede a citarse con su antiguo compañero, que está aterrorizado porque ha recibido unas extrañas rimas en tinta roja que suenan amenazantes. La persona que le escribe esas líneas le ha pedido que piense en un número, que resulta ser el 658. Al comprobar que el personaje anónimo que le ha escrito sabe sus secretos, Mellery decide acudir al único policía que conoce. Mark confiesa su pasado a Gurney, diciéndole que durante años estuvo volcado en la bebida, hasta que con la muerte de su esposa decidió acudir a una clínica de desintoxicación. Mellery ha enviado un cheque a un código postal, donde le dice su anónimo escritor, que le ha sido devuelto. Sin embargo, Mark es asesinado: su cadáver aparece en medio de un campo de nieve, con el cuello cercenado por una botella de Four Roses. Lo extraño es que las huellas están al revés en la nieve.
Poco después, los asesinatos similares en diferentes estados del país se suceden rápidamente: todas las víctimas tienen un pasado relacionado con el alcoholismo y casi todos han estado en clínicas de desintoxicación.
Gurney concluye que se han enviado las mismas cartas con ese número tomando una base de datos en que todos tuvieran un historial relacionado con el alcohol. Estadísticamente, eligiendo un número del uno al mil, al menos once personas podrían elegirlo. Tan aterrorizadas estarían al sentir que alguien conoce su pensamiento que enviarían el cheque a la dirección, que sería la forma de identificar el homicida a sus víctimas (y de esa manera tendría la dirección exacta donde encontrarlos). Gregory Dermott, informático de sistemas, devuelve todos los cheques, alegando que se han equivocado de apartado de correos. Cuando Dermott y Gurney son amenazados y Gurney decide acudir a colaborar con la policía de la zona donde vive el informático, muy poco descubrirá que esa era la intención del homicida, que no es otro que Gregory Dermott.
Los asesinatos de Gregory se basan en que, en el pasado, su padre, policía de profesión y borracho la mayor parte del tiempo, una noche llegó a casa tan violento que cortó el cuello de su madre con una botella rota de Four Roses. La madre no llegó a morir y el niño no pudo defenderla entonces. De ahí que, en la actualidad, intente hacer representaciones de ese pasado traumático delante de su madre para demostrarla que ahora sí puede defenderla. Pero con Gurney no llegará a realizar esa última representación.
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