“La diferencia entre no tener nada y tenerlo todo reside en un detalle y
cuando se coloca esa pieza, el investigador sabe que ya lo tiene, que ha
atrapado a un asesino. A veces, esta mágica percepción llega antes que la
prueba que lo confirma; a veces, esta prueba no llega nunca”.
He terminado
Legado en los huesos, de Dolores Redondo. La segunda parte de la
Trilogía
del Baztán, que comenzó con
El guardián invisible, es excitante, fantástica,
llegando incluso a superar a la primera parte, al difuminarse ese halo de lo
irreal que aparecía en la primera parte y haciendo más realista esta segunda
parte.
Un libro lo hacen los personajes
y no hay personaje más misterioso y aterrador que aquél al que creemos cercano
y nos acecha entre las sombras. Despierta mi curiosidad Rosario, la madre de la
protagonista, esa mujer que profesa un odio exacerbado hacia la menor de sus
hijas desde que Amaia Salazar se encontraba en la cuna. Es una mente insana,
enferma, que produce verdadero terror. No concibo que una madre pueda odiar
tanto a su hija, tanto como para intentar acabar con su vida. ¿Qué le lleva a
Rosario a hacer las cosas que hace? He de suponer que obtendremos la respuesta
en la tercera entrega de la trilogía. Al fin y al cabo, se trata del principio
y la discordancia. Creo que a través de estos dos fundamentos, que en este caso
a Amaia le servirán para desenmascarar al psicópata, son las claves para
comprender esa relación extraña de Rosario y Amaia.
Choca que Amaia tiemble de miedo
cuando se encuentra frente a su madre. Choca porque es una policía célebre, la “poli
estrella” –según el psicópata-. Se trata de una niña que se ha convertido en
una adulta, pero que aún tiene en la mente esos fantasmas que acechan entre las
sombras, un trauma que le hace temblar de miedo ante la figura de su madre,
aunque Rosario sea una anciana.

Tartalo
La trama nos lleva a una serie de
asesinatos, en diferentes espacios de tiempo, que en principio parecen
aislados, pero Amaia descubrirá que en realidad estos crímenes tienen mucho en
común: un hombre que se suicida en una prisión cualquiera tras haber cometido
un crimen de género dejando en la pared de su celda una extraña firma: ‘Tarttalo’.
Si se tira un poco del hilo, el policía descubrirá que la víctima femenina del
caso tiene sesgado el brazo desde el codo y ese trozo de brazo no se encontraba
junto al cadáver. Son casos aislados, ocurridos hace tres años o hace tres
meses en diferentes ciudades del país. Sólo una mente audaz como la de Amaia
Salazar, al investigar a una de esas víctimas, descubrirá que todos esos casos
están conectados y son obra de la misma mente psicópata, sobre todo si se sabe
que no es casual que el homicida firme como el ser mitológico vasco antropófago
y que a las víctimas les falte una parte del brazo que ha sido cortado
minuciosamente “post mortem”.
Lo que más tardará en descubrir
Amaia es que, desde el primer momento, todos los suicidas la señalan a ella,
primero para que se encargue de cada caso y finalmente por el bebé recién
nacido. Y he aquí una de las curiosidades del libro: tras el análisis de los
médicos, que le han dicho que va a tener una niña, finalmente resulta ser un
varón. En la novela se insiste en el tema fantástico, que durante la gestación
ha podido variar de género, porque había de ser así. Yo prefiero pensar en que
a veces los médicos no ven bien el sexo del feto.
Respecto de este tema, hay una
descripción minuciosa de lo que es un parto, y se me ha puesto la piel de
gallina, de lo realista que es.
“Decidida a no dejarse arrastrar hacia las pesadillas que su mente
proyectaba, se concentró en desarrollar un perfil, el perfil de un psicópata.
Los psicópatas no pueden empatizar, ésa es su tara de fábrica, son incapaces de
sentimientos que surjan de la experiencia que supone ponerse en la piel de
otro. No pueden sentir piedad o lástima, solidaridad o simpatía hacia otros;
pero sí son capaces de sentir emociones, las que producen la música o el arte,
la envidia o la codicia, las que producen la ira o la satisfacción. Dioses
absolutos de un mundo unipersonal, se mueven en sociedad fingiendo,
perfectamente conscientes de que no son como los demás, y sintiéndose elegidos,
al mismo tiempo que privados de un honor”.
Tras dar a luz y volver al
trabajo, Amaia Salazar se enfrentará a una mente que sólo quiere competir con
ella, alguien que está en constante contacto con los homicidas-suicidas,
alguien capaz de manipular a una serie de personas hasta llevarlas al suicidio.
Éste es en verdad un personaje siniestro. Pero la obra maestra de este
personaje se cerrará cuando enfrente a Amaia con su madre, cuando intente que
por el odio que Rosario tiene a su hija complete lo que iba a hacer en la cuna
de Amaia con el pequeño bebé de ésta.
Sólo el conocimiento de la zona
del Baztán de Amaia, su análisis exhaustivo de los hechos, su capacidad para
relacionar causas y hechos rápidamente consiguen que ella sepa no sólo quién es
el asesino (obviamente alguien del Valle de Baztán) y qué es lo que busca.
Amaia es un personaje completo,
que analiza cada situación. Se nos muestra como una mujer inteligente, amante
de su trabajo y de su familia, adulta, pero con una sensibilidad y unas
emociones que se encuentran a flor de piel, que se muestran en el miedo
aterrador a la figura de su madre, en la tentación carnal del juez Markina, en
la pelea para arreglar diferencias con Montes. A veces resulta una mujer muy
visceral. Y es una mujer que atrapa al lector, pues terminaremos mirando a
través de sus ojos.

Iglesia de Arizkun
Mientras el caso de los brazos
amputados comienza a tomar forma, asignan a Amaia un caso paralelo: la iglesia
de Arizkun (también en el Baztán) está sufriendo
profanaciones. Concretamente el
sacerdote y doctor Sarasola solicita que sea ella la que investigue el caso. En
principio, no le dan importancia ya que consideran que son simples actos
vandálicos llevados a cabo por jóvenes de la localidad, y llegan incluso a
investigar a un joven que escribe un blog sobre los agotes (antiguos marginados
en las iglesias y en los pueblos en ciertos lugares del País Vasco y Navarra). Cuando
los ataques contra la iglesia vienen a incrementarse, Amaia comprende que están
buscando su atención con el fin de desviarla del caso principal, ya que todo
está relacionado, pero en este caso el psicópata tiene que ‘instruir’ a alguien
para que actúe en su nombre, un hombre que se esconderá en el antiguo
Hospitalenea e intentará colgarse.
Hospitalenea, Elizondo
Antonio Garrido también ha
intentado seguir los pasos de sus predecesores, pero su esposa ha conseguido
escapar de él y se ha rebelado. Él sabe que si se acerca a ella, Nuria le
matará de un tiro.
Sobre los lugares mencionados en
la novela, personalmente conozco varios lugares de Navarra, pero no el Valle de
Baztán, al que creo que iré –sobre todo por la proximidad- cuando finalice la
trilogía, ya que Redondo ha creado un aura de misticismo en torno a este valle,
pero sobre todo por conocer esos lugares reales que aparecen en la novela: la
curva que se desborda del río Baztán a su paso por Elizondo, las bordas de
pastores, los caseríos, el antiguo Hospitalenea y los palacios señoriales, etc.
Desde mi punto de vista, esta
novela merece mucho la pena, me ha hecho disfrutar tanto que espero la
siguiente entrega. Si disfruté con El
guardián invisible, esta vez he gozado de la lectura mucho más. Es lectura
recomendada.
Sé que me dejo algunas cosas sin
comentar, pero a rasgos generales he resaltado las cosas que más han llamado mi
atención.
DE LA MITOLOGÍA DEL PAÍS VASCO Y
NAVARRA (QUE APARECEN EN LA NOVELA):
Representación de Mari
MARI: También conocida como ‘la dama de Anboto’ (Anbotoko Dama), ‘la dama de Aralar’ (Aralarko Dama), ‘la dama de Muru’ (Muruko Damea), ‘la bruja de Aketegi’ (Aketegiko Sorgina), ‘la dama blanca del
camino’ (Bideko Emazte Xuria) o ‘la
santa de la cueva’ (Arpeko Saindua),
entre otros nombres, es el genio más importante de la mitología vasca, ya que se
encuentra por encima de los demás personajes mitológicos. Es la personificación
femenina de la tierra, la reina de la naturaleza, y entre los antiguos vascones
pudo llegar a tener el estatus de una diosa. Cuando Mari se acerca, se anuncia
con una tormenta.
Se la representa como una mujer
hermosa. Se dice que vive bajo tierra y se asoma a la superficie a través de
cuevas y simas.
Lamia
LAMIA: Se trata de un personaje mitológico que es mitad
mujer y mitad animal. La parte superior del cuerpo de la lamia es una hermosa
mujer, mientras que las extremidades inferiores pueden ser las de una cabra, un
pato o una gallina, a veces incluso de un pez o una serpiente. Se dedica a
hilar con instrumentos antiguos, como el huso o la rueca; construye puentes,
casas y dólmenes; lava la ropa por la noche, pero lo que más le gusta es peinar
su largo cabello con un peine de oro, junto a ríos y lagos. Vive en cuevas y
manantiales.
Pueden pedir ayuda a los humanos
para realizar algunos trabajos, siempre bajo amenaza, y son pocas las veces que
ofrecen esta ayuda de forma desinteresada.
TARTALO: También denominado ‘Anxo’ o ‘Torto’, se trata de un
cíclope maligno con un único ojo en la frente que se dedica a pastorear por las
laderas de los montes vascos. Es un ser antropófago que secuestra a jóvenes de
los pueblos por donde pastorea y se los come.

Maide
MAIDE: Se le denomina además ‘Maindi’, ‘Mairu’, ‘Mairi’ e ‘Intxixu’.
Es un genio nocturno que se introduce en las casas por las chimeneas mientras
los habitantes duermen, para recoger las ofrendas que éstos han dejado para él.
Tiene aspecto humano.
En la novela aparece el ‘Mairu-beso’ (brazo de Mairu), formado
por huesos de un bebé muerto antes de bautizarse. Este símbolo tiene virtudes
misteriosas y se utiliza tanto de antorcha para las noches como para adormecer
a los habitantes de una casa.
ITXUSURIA: Significa “la franja del silencio”. En la cultura
vasca profunda, hace referencia a una zona, a un espacio sagrado familiar. Es el
nombre que se le da a la gotera del tejado, algo así como ‘goteral de las
ánimas’, que podría ser la franja de tierra que rodea el caserío, la faja de
terreno delimitada por las gotas de lluvia al desprenderse de los aleros de las
casas. En ese espacio perteneciente al límite era costumbre enterrar a los
niños que fallecían sin haber recibido el bautismo. Viene a tener las
tribulaciones de un panteón doméstico.
BELAGILE: Bruja.

Inguma
INGUMA: Llamado también ‘Maumau’, es un genio maléfico que
aparece en las casas por la noche, cuando sus moradores duermen. Tiene la
costumbre de apretar la garganta de algunos de ellos, dificultándole la
respiración.
Gaueko
GAUEKO: Significa ‘de la noche’ y representa no sólo la
noche sino también como una presencia invisible como dios de las tinieblas,
como un lobo negro que se iza sobre los cuartos traseros, como una vaca, una
lechuza, una oveja. Es un ser que cambia habitualmente de apariencia y domina
los elementos. Come pastores y ovejas, por lo que se le representa como un ser
que inspira miedo en los humanos.
Título original: Legado en los huesos
Autora: Dolores Redondo
Editorial: Destino, 1ª edición
(noviembre de 2013)
Páginas: 553
ISBN: 978-84-233-4745-2
Valoración: 9/10
Borda de pastores