martes, diciembre 31, 2013

Buenos propósitos

Cuando termina un año y comienza el siguiente, siempre tengo una maleta llena de buenos propósitos, pero no siempre los cumplo. Siempre me replanteo si dejar de fumar, aunque últimamente, si acaso, hasta se me olvida fumar y he optado por no comprar a última de la tarde si me queda un cigarrito o un par de ellos, por lo que al final, cuando se acaba... se ha acabado. No empezaré 2014 con ese propósito, porque es posible que a eso de las cinco o seis de la madrugada me encuentre rodeada de fumadores dentro de los bares. Creo que es uno de los pocos días que se hace la vista gorda a la prohibición.

Este año, además, he decidido que no saldré de España, o como muy lejos, me marcaré Europa. Pero ya no habrá viajes largos hasta dentro de unos años, con el fin de ahorrar e ir amortizando la hipoteca más rápidamente. No puedo poner los límites en nuestro país que se me queda pequeño, siempre me pica ese gusanillo de viajar al extranjero. Me gusta cómo suenan otros idiomas aunque no entienda ni pío. 

Esta mañana, el presidente de una comunidad, me ha preguntado por un pseudónimo que utilicé en un certamen literario que gané hace unos años. Cuando le he explicado la relación, se me ha sorprendido tanto que le he prometido regalarle la publicación donde me publicaron ese relato ganador. Lo que he sentido cuando hemos hablado y le he explicado cómo fue aquello, he notado un hormigueo en el estómago... igual que el que sentí entonces. Así que me he propuesto escribir más a menudo, aunque yo sé que soy muy inconstante para escribir lo que yo quisiera. Estoy casi convencida que incluso mi ángel me lo preguntará mañana: ¿cuánto has escrito este año? Y me volverá a animar, volverá a hacerme soñar. 

También en 2014 me he apuntado a retos literarios, cosa que nunca había hecho hasta ahora. Es curioso, que hace unos días pensaba en que estaba deseando comenzar el año nuevo para comenzar los retos. Por eso mismo comencé el último de Federico Moccia, porque no podré incluirlo en ninguno de esos retos. Y cuando lo termine, entonces sí, es cuando tengo esperando El francotirador paciente y Treinta doblones de oro, entre otros.

¿Y qué ocurrirá el día 6 de Enero? Quizás mi hermano y mi cuñada cambien de regalo y no me traigan un baúl lleno de libros. Les vi con ganas de no regalar libros. Aunque yo preferiría el baúl. No en vano hace unos días tuve que enviarles un listado de todos los que he comprado y leído en la última mitad de 2013, para que no traigan alguno repetido.

Por supuesto, mi propósito es inaugurar mi piso para 2014, pero no sé si será posible. La obra de reforma va rápida, pero como medito mucho todo y como pido mil presupuestos de cada cosa, amén de todas las páginas de decoración que veo al día... Y todo el mundo me da ideas. Pero le doy muchas vueltas a todo. Y cuando dudo mucho siempre acudo a la persona que me consta que me conoce bien, aunque sólo sea por escuchar esa voz tan sensual. Él me ayuda incondicionalmente. Y me apetece abrazarle cada vez.

Lo dicho, que todos los años comienzo con un saco gigante de buenos propósitos, aunque no siempre los cumplo. Lo que ocurre nada más comenzar el año es que suelo llegar a desayunar el día uno, cuando ya es de día, molida y con un frío terrible en los huesos. Y que luego no recuerdo cómo pasa el primer día del año, pues cuando despierto suele ser media tarde y es de noche.

¡Feliz Año 2014!

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