domingo, diciembre 01, 2013

La calma de los domingos

Adoro los domingos sin resaca, levantarme en el silencio que acompaña al fin de la semana.
Me ha despertado el timbre. Era una chica joven -posiblemente rumana- pidiendo dinero para alimentar a sus hijos. Le he dicho que le daba comida, pero no dinero. Como insistía, al final le he dicho que volviera pasadas dos horas, pero que le daría comida. No ha vuelto. Me he quedado pensando en ello. Nunca daré dinero a quienes tienen hambre -nunca sabes en qué lo gastarán-, pero es que prefiero comprarles unos bocadillos. La chica no ha querido, así que supongo que había algo de engaño en sus palabras. La conversación ha transcurrido estando yo en la ventana, en pijama y recién levantada.
¿Por qué todos (testigos de Jehová, gente con hambre, extranjeros buscando trabajo, etc.) vienen a perturbar la calma de los domingos? Quizás es que el resto de la semana, al no estar, desconozco si viene gente así.

Comienza diciembre.

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