sábado, diciembre 28, 2013

Legado en los huesos



La diferencia entre no tener nada y tenerlo todo reside en un detalle y cuando se coloca esa pieza, el investigador sabe que ya lo tiene, que ha atrapado a un asesino. A veces, esta mágica percepción llega antes que la prueba que lo confirma; a veces, esta prueba no llega nunca”.

He terminado Legado en los huesos, de Dolores Redondo. La segunda parte de la Trilogía del Baztán, que comenzó con El guardián invisible, es excitante, fantástica, llegando incluso a superar a la primera parte, al difuminarse ese halo de lo irreal que aparecía en la primera parte y haciendo más realista esta segunda parte.

Un libro lo hacen los personajes y no hay personaje más misterioso y aterrador que aquél al que creemos cercano y nos acecha entre las sombras. Despierta mi curiosidad Rosario, la madre de la protagonista, esa mujer que profesa un odio exacerbado hacia la menor de sus hijas desde que Amaia Salazar se encontraba en la cuna. Es una mente insana, enferma, que produce verdadero terror. No concibo que una madre pueda odiar tanto a su hija, tanto como para intentar acabar con su vida. ¿Qué le lleva a Rosario a hacer las cosas que hace? He de suponer que obtendremos la respuesta en la tercera entrega de la trilogía. Al fin y al cabo, se trata del principio y la discordancia. Creo que a través de estos dos fundamentos, que en este caso a Amaia le servirán para desenmascarar al psicópata, son las claves para comprender esa relación extraña de Rosario y Amaia.
Choca que Amaia tiemble de miedo cuando se encuentra frente a su madre. Choca porque es una policía célebre, la “poli estrella” –según el psicópata-. Se trata de una niña que se ha convertido en una adulta, pero que aún tiene en la mente esos fantasmas que acechan entre las sombras, un trauma que le hace temblar de miedo ante la figura de su madre, aunque Rosario sea una anciana.
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Tartalo

La trama nos lleva a una serie de asesinatos, en diferentes espacios de tiempo, que en principio parecen aislados, pero Amaia descubrirá que en realidad estos crímenes tienen mucho en común: un hombre que se suicida en una prisión cualquiera tras haber cometido un crimen de género dejando en la pared de su celda una extraña firma: ‘Tarttalo’. Si se tira un poco del hilo, el policía descubrirá que la víctima femenina del caso tiene sesgado el brazo desde el codo y ese trozo de brazo no se encontraba junto al cadáver. Son casos aislados, ocurridos hace tres años o hace tres meses en diferentes ciudades del país. Sólo una mente audaz como la de Amaia Salazar, al investigar a una de esas víctimas, descubrirá que todos esos casos están conectados y son obra de la misma mente psicópata, sobre todo si se sabe que no es casual que el homicida firme como el ser mitológico vasco antropófago y que a las víctimas les falte una parte del brazo que ha sido cortado minuciosamente “post mortem”.
Lo que más tardará en descubrir Amaia es que, desde el primer momento, todos los suicidas la señalan a ella, primero para que se encargue de cada caso y finalmente por el bebé recién nacido. Y he aquí una de las curiosidades del libro: tras el análisis de los médicos, que le han dicho que va a tener una niña, finalmente resulta ser un varón. En la novela se insiste en el tema fantástico, que durante la gestación ha podido variar de género, porque había de ser así. Yo prefiero pensar en que a veces los médicos no ven bien el sexo del feto.
Respecto de este tema, hay una descripción minuciosa de lo que es un parto, y se me ha puesto la piel de gallina, de lo realista que es.

Decidida a no dejarse arrastrar hacia las pesadillas que su mente proyectaba, se concentró en desarrollar un perfil, el perfil de un psicópata. Los psicópatas no pueden empatizar, ésa es su tara de fábrica, son incapaces de sentimientos que surjan de la experiencia que supone ponerse en la piel de otro. No pueden sentir piedad o lástima, solidaridad o simpatía hacia otros; pero sí son capaces de sentir emociones, las que producen la música o el arte, la envidia o la codicia, las que producen la ira o la satisfacción. Dioses absolutos de un mundo unipersonal, se mueven en sociedad fingiendo, perfectamente conscientes de que no son como los demás, y sintiéndose elegidos, al mismo tiempo que privados de un honor”.

Tras dar a luz y volver al trabajo, Amaia Salazar se enfrentará a una mente que sólo quiere competir con ella, alguien que está en constante contacto con los homicidas-suicidas, alguien capaz de manipular a una serie de personas hasta llevarlas al suicidio. Éste es en verdad un personaje siniestro. Pero la obra maestra de este personaje se cerrará cuando enfrente a Amaia con su madre, cuando intente que por el odio que Rosario tiene a su hija complete lo que iba a hacer en la cuna de Amaia con el pequeño bebé de ésta.
Sólo el conocimiento de la zona del Baztán de Amaia, su análisis exhaustivo de los hechos, su capacidad para relacionar causas y hechos rápidamente consiguen que ella sepa no sólo quién es el asesino (obviamente alguien del Valle de Baztán) y qué es lo que busca.

Amaia es un personaje completo, que analiza cada situación. Se nos muestra como una mujer inteligente, amante de su trabajo y de su familia, adulta, pero con una sensibilidad y unas emociones que se encuentran a flor de piel, que se muestran en el miedo aterrador a la figura de su madre, en la tentación carnal del juez Markina, en la pelea para arreglar diferencias con Montes. A veces resulta una mujer muy visceral. Y es una mujer que atrapa al lector, pues terminaremos mirando a través de sus ojos.
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Iglesia de Arizkun

Mientras el caso de los brazos amputados comienza a tomar forma, asignan a Amaia un caso paralelo: la iglesia de Arizkun (también en el Baztán) está sufriendo profanaciones. Concretamente el sacerdote y doctor Sarasola solicita que sea ella la que investigue el caso. En principio, no le dan importancia ya que consideran que son simples actos vandálicos llevados a cabo por jóvenes de la localidad, y llegan incluso a investigar a un joven que escribe un blog sobre los agotes (antiguos marginados en las iglesias y en los pueblos en ciertos lugares del País Vasco y Navarra). Cuando los ataques contra la iglesia vienen a incrementarse, Amaia comprende que están buscando su atención con el fin de desviarla del caso principal, ya que todo está relacionado, pero en este caso el psicópata tiene que ‘instruir’ a alguien para que actúe en su nombre, un hombre que se esconderá en el antiguo Hospitalenea e intentará colgarse.

Hospitalenea, Elizondo

Antonio Garrido también ha intentado seguir los pasos de sus predecesores, pero su esposa ha conseguido escapar de él y se ha rebelado. Él sabe que si se acerca a ella, Nuria le matará de un tiro.
Sobre los lugares mencionados en la novela, personalmente conozco varios lugares de Navarra, pero no el Valle de Baztán, al que creo que iré –sobre todo por la proximidad- cuando finalice la trilogía, ya que Redondo ha creado un aura de misticismo en torno a este valle, pero sobre todo por conocer esos lugares reales que aparecen en la novela: la curva que se desborda del río Baztán a su paso por Elizondo, las bordas de pastores, los caseríos, el antiguo Hospitalenea y los palacios señoriales, etc.

Desde mi punto de vista, esta novela merece mucho la pena, me ha hecho disfrutar tanto que espero la siguiente entrega. Si disfruté con El guardián invisible, esta vez he gozado de la lectura mucho más. Es lectura recomendada.
Sé que me dejo algunas cosas sin comentar, pero a rasgos generales he resaltado las cosas que más han llamado mi atención.

DE LA MITOLOGÍA DEL PAÍS VASCO Y NAVARRA (QUE APARECEN EN LA NOVELA):



Representación de Mari

MARI: También conocida como ‘la dama de Anboto’ (Anbotoko Dama), ‘la dama de Aralar’ (Aralarko Dama), ‘la dama de Muru’ (Muruko Damea), ‘la bruja de Aketegi’ (Aketegiko Sorgina), ‘la dama blanca del camino’ (Bideko Emazte Xuria) o ‘la santa de la cueva’ (Arpeko Saindua), entre otros nombres, es el genio más importante de la mitología vasca, ya que se encuentra por encima de los demás personajes mitológicos. Es la personificación femenina de la tierra, la reina de la naturaleza, y entre los antiguos vascones pudo llegar a tener el estatus de una diosa. Cuando Mari se acerca, se anuncia con una tormenta.
Se la representa como una mujer hermosa. Se dice que vive bajo tierra y se asoma a la superficie a través de cuevas y simas.

Lamia

LAMIA: Se trata de un personaje mitológico que es mitad mujer y mitad animal. La parte superior del cuerpo de la lamia es una hermosa mujer, mientras que las extremidades inferiores pueden ser las de una cabra, un pato o una gallina, a veces incluso de un pez o una serpiente. Se dedica a hilar con instrumentos antiguos, como el huso o la rueca; construye puentes, casas y dólmenes; lava la ropa por la noche, pero lo que más le gusta es peinar su largo cabello con un peine de oro, junto a ríos y lagos. Vive en cuevas y manantiales.
Pueden pedir ayuda a los humanos para realizar algunos trabajos, siempre bajo amenaza, y son pocas las veces que ofrecen esta ayuda de forma desinteresada.

TARTALO: También denominado ‘Anxo’ o ‘Torto’, se trata de un cíclope maligno con un único ojo en la frente que se dedica a pastorear por las laderas de los montes vascos. Es un ser antropófago que secuestra a jóvenes de los pueblos por donde pastorea y se los come.
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Maide

MAIDE: Se le denomina además ‘Maindi’, ‘Mairu’, ‘Mairi’ e ‘Intxixu’. Es un genio nocturno que se introduce en las casas por las chimeneas mientras los habitantes duermen, para recoger las ofrendas que éstos han dejado para él. Tiene aspecto humano.
En la novela aparece el ‘Mairu-beso’ (brazo de Mairu), formado por huesos de un bebé muerto antes de bautizarse. Este símbolo tiene virtudes misteriosas y se utiliza tanto de antorcha para las noches como para adormecer a los habitantes de una casa.

ITXUSURIA: Significa “la franja del silencio”. En la cultura vasca profunda, hace referencia a una zona, a un espacio sagrado familiar. Es el nombre que se le da a la gotera del tejado, algo así como ‘goteral de las ánimas’, que podría ser la franja de tierra que rodea el caserío, la faja de terreno delimitada por las gotas de lluvia al desprenderse de los aleros de las casas. En ese espacio perteneciente al límite era costumbre enterrar a los niños que fallecían sin haber recibido el bautismo. Viene a tener las tribulaciones de un panteón doméstico.

BELAGILE: Bruja.
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Inguma

INGUMA: Llamado también ‘Maumau’, es un genio maléfico que aparece en las casas por la noche, cuando sus moradores duermen. Tiene la costumbre de apretar la garganta de algunos de ellos, dificultándole la respiración.

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Gaueko

GAUEKO: Significa ‘de la noche’ y representa no sólo la noche sino también como una presencia invisible como dios de las tinieblas, como un lobo negro que se iza sobre los cuartos traseros, como una vaca, una lechuza, una oveja. Es un ser que cambia habitualmente de apariencia y domina los elementos. Come pastores y ovejas, por lo que se le representa como un ser que inspira miedo en los humanos.


EL LIBRO:

Título original: Legado en los huesos
Autora: Dolores Redondo
Editorial: Destino, 1ª edición (noviembre de 2013)
Páginas: 553
ISBN: 978-84-233-4745-2

Valoración: 9/10

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Borda de pastores

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