miércoles, agosto 31, 2011

Termina agosto

Ya termina agosto, que ha sido un mes ajetreado. Ha sido un mes que ha tenido de todo. Y con el final de agosto y el bajón de gente que se marcha a sus respectivos hogares volvemos a la rutina, quizás muy deseada rutina.
Los dulces cafés de media mañana, las miradas perfectas, los instantes mágicos… Es cierto que esto también lo he tenido en agosto. Pero he echado de menos los fines de semana carentes del hechizo de un ángel, tomar una cerveza con él, escuchar esas historias perfectas que cuenta cada vez… Me encanta escuchar algo de él, algún recuerdo, alguna vivencia, alguna experiencia.
Mañana por la mañana estaré libre. Y hoy podré quedarme leyendo hasta altas horas de la madrugada o podré al alba soñar sin tener que abrir los ojos a la hora habitual, sin perderme las canciones a medio escuchar que se quedan flotando en el recuerdo de un sueño que ya ha acabado. Estoy segura de que el sábado por la noche, cuando me tenga que ir, me encontraré con él. Suelo tener esa suerte.

El ciclo del hombre lobo

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Hacía mucho tiempo que no leía nada de Stephen King y, de repente, ha caído este libro en mis manos. Con sus 189 páginas en letra grande, me lo he leído en unas horas entre anoche y esta tarde. Una vez más, el maestro del terror me deja extasiada con su literatura exquisita. Aunque el tema de los licántropos es tema profuso en la literatura universal, adoro las descripciones de King, porque simplemente es magnífico.
El libro está estructurado en doce meses, comenzando por enero y terminando en diciembre, de ahí que en el título se hable de “ciclo”. Cada mes, con la aparición del plenilunio, un animal salvaje asesina a personas solitarias y noctámbulas en el pequeño pueblo de Tarker’s Mills.
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El ferroviario, atacado por el hombre lobo

En enero, se escuchó el grito de un ferroviario aislado por la nieve cuando sintió unos colmillos que desgarraban su garganta. En febrero se oyó el grito de agonía de una mujer a la que atacaban en su habitación. En marzo se encontró descuartizado el cuerpo de un vagabundo que había tenido la mala suerte de quedarse a dormir en la intemperie en la noche de luna llena. En abril, un niño se quedó solitario recogiendo su cometa cuando se encontró con la mirada verde y felina de un lobo que acabó con su vida. En mayo, el reverendo de la iglesia baptista encontró al conserje asesinado por unas garras felinas en el pasillo de la iglesia. En junio un barman de un café de carretera fue desgarrado por un hombre que se convertía en lobo ante sus ojos aterrados.
En agosto el jefe de policía, que no cree en supersticiones, es atacado por el hombre lobo en un cruce de carreteras. En septiembre, el filántropo asesina a todos los cerdos de una granja de las afueras del pueblo. En noviembre salen varios hombres con perros y escopetas para dar caza a lo que todos llaman “La Bestia”.
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Marty Coslaw enfrentándose al hombre lobo por primera vez

Curiosamente, la persona más débil físicamente es la que acabará con la Bestia, la que descubrirá la verdadera identidad del hombre lobo. Lo que ocurre en este tipo de situaciones es que suele ser alguien que goce de poca credibilidad (locos, ancianos, niños, enfermos, etc.). Marty Coslaw tiene diez años y está en una silla de ruedas. Cuando el cuatro de julio, día de la Fiesta Nacional Americana, se suspenden los fuegos artificiales con motivo de la luna llena y de la consiguiente aparición del licántropo, Marty está a punto de llorar. Pero su tío Al, que adora a Marty, le regala una serie de fuegos artificiales, serpentinas de fuego y petardos y le hace prometer que sólo utilizará los que no hacen ruidos cuando todos se hayan ido a dormir.
El hombre lobo aparece cuando el niño está en el jardín usando los fuegos de artificio y con los petardos conseguirá salvar la vida, no sin antes atacar al hombre lobo desde su silla de ruedas, causándole un daño terrible en un ojo. Con el ruido y con toda la expectación que crea alrededor, Marty es enviado fuera de Tarker’s Mill para que no le agobien policías ni periodistas. Pero Marty sabe que ha herido al hombre lobo en el ojo. Cuando vuelve en el mes de octubre y pide golosinas por las casas del pueblo descubre que sólo hay un tuerto en el pueblo: el reverendo de la iglesia baptista Lester Lowe.
Cuando Marty descubre la identidad del hombre lobo
Me encanta esa frase: "He knows who the werewolf is".

Marty comienza a escribirle notas, prepara el terreno para enfrentarse al hombre lobo. Pese a su minusvalía el chico sabe que puede acabar con la Bestia que ha causado el pánico en Tarker’s Mill durante un año. Pide ayuda a su tío Al para que le prepare un revólver y balas de plata. Sabe que en diciembre el hombre lobo intentará silenciarle para siempre. El niño dispara las dos balas y acaba con el licántropo, mientras a sus ojos consiguen ver la transformación en hombre cuando ya es cadáver.
Lester Lowe, en el mes de mayo, cuando apareció descuartizado el conserje de su iglesia, había tenido un sueño donde veía que en medio de un sermón y delante de los feligreses se convertía en hombre lobo. Hasta entonces desconocía que en él acontecía la transformación cada noche de luna llena. Desde el sueño y por las señales de sentirse mejor al día siguiente del plenilunio, empieza a comprender que es él el asesino, aunque no recuerde nada.

Tráiler (en inglés) de la película Silver Bullet (1985), película basada en la novela El ciclo del hombre lobo, de Stephen King

El libro viene ilustrado por el dibujante Bernie Wrightson. Lo cierto es que me parece un magnífico dibujante, que ha dedicado casi toda su vida a los cómics de terror.
La novela que se devora rápidamente me ha parecido fantástica. No podía ser menos viniendo de la pluma de Stephen King.

Huele a otoño

De repente se ha puesto a llover de una manera atroz. Me he marchado a las 19.10 de la tarde y recuerdo el aroma a tierra mojada que me acompañaba hasta el coche, el dulce olor que queda después de la tormenta.
Y ahora vuelve a llover sin parar, con ganas, con fuerza.

Recuerda a otoño. Parece mentira que ayer estuviera bañándome en la piscina y hoy el día asemeja más a un día que está más cerca del invierno que del verano.

¿Dónde estará...?

Esta mañana me apetecía escuchar su voz. Pero no soy muy afortunada. Ni le he visto ni le he escuchado y lo más cercano que le he sentido ha sido cuando he llegado a las cuatro y he visto que estaba su coche.
Le echo un poco de menos. Siento como si me faltara algo muy importante.

Fuera truena de vez en cuando. Yo siento cierta presión en la cabeza, que es debido, sin duda alguna, a los cambios del tiempo.

¿No es acaso la noche perfecta?

Es tarde.
¿Qué se puede pedir a la noche, al silencio que le acompaña interrumpido por el canto de algún grillo cercano?
Me encuentro pensando en él, en un ángel que cada día me trae mil sonrisas, en él, que siempre hace que todo sea especial. Recuerdo cada momento de él del día que termina y simplemente es especial. Esa mirada...

Hoy cerraré los ojos pensando en su mirada perfecta.

¿No es acaso la noche perfecta?

Hablemos claro

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Sigo con los libros de Jane Green, aunque con este hago una parada antes de seguir con los que me quedan. Hablemos claro no me ha gustado tanto como los otros e incluso me cae mal la protagonista.
Está escrito en primera persona y me recuerda mucho a Woody Allen, en el sentido de que la protagonista, Anastasia, Tasha para los amigos, habla con el lector, como si nosotros fuéramos sus confidentes.
¿Por qué me cae mal la protagonista? Es una persona muy superficial. Independiente, guapa, liberal, promiscua e insensible. Es más, me parece incluso perversa.

West End | area, London, United Kingdom | Britannica
West End, zona de Londres donde transcurre la novela

La historia trata de una realizadora de televisión, Tasha, que vive por y para los hombres. Si puede ser cada noche uno diferente mejor. Ella es una mujer que sabe que provoca en el sexo opuesto tal efecto embriagador que ellos no pueden dejar de desearla.
Cuando Adam, el mejor amigo de Tasha le confiesa su amor, comienzan los problemas. Es Adam, el mejor amigo, el amigo al que ella le veía como el pañuelo donde llorar sus desamores, el amigo al que no había mirado como hombre, el amigo que sólo puede ser amigo. Sin embargo, Tasha decide darle una oportunidad. Empiezan a salir juntos y todo es perfecto para él. Ella siente que le falta algo, no pueda creer que se haya embarcado en una relación estable y ni siquiera está enamorada. Y por eso meterá la pata. Sólo se dará cuenta de que se ha enamorado de Adam cuando crea que lo ha perdido, cuando le falle en un momento de debilidad por un guaperas que sólo es fachada sin sentimientos. Tasha no percibe todo el dolor que le causa a Adam hasta que es demasiado tarde. Sólo que él se distancia un tiempo y termina perdonándola.
Tasha era pasional, y cuando se le presentaron la amistad y la pasión se dio cuenta de que no podía vivir sin esa dosis pasional que dominaba su vida, pero eligió mal. Al final se da cuenta de que la base del amor es la amistad.
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Le Manoir aux Quat’ Seasons Restaurant, Oxfordshire, UK

Uno de los lugares que me llaman la atención del libro y he querido comprobar a ver si existe es el exquisito restaurante Le Manoir aux Quat’ Saisons. Enclavado en la histórica Oxfordshire, Raymond Blanc es uno de los chefs británicos más reconocidos y en los años ochenta acondicionó esta casa campestre para convertirla en un famoso (y caro) restaurante. En Inglaterra es un icono de glamour, poder y riqueza.

Una hora sin internet

Después de la cena ha sido matemáticamente imposible que me conectara a internet. Era obvio que a mi portátil le pasaba algo, sobre todo cuando he ido a reiniciar y no cerraba sesión. Finalmente, después de que mi hermano me dijera que a él sí le iba y mientras yo echaba rayos por los ojos porque tengo un libro pendiente de comentar, he optado por lo más rápido: Iniciar sesión en Modo Seguro (o lo que en versiones anteriores se llamaba "a prueba de errores"). A partir de ahí todo ha ido como la seda y vuelvo a tener internet.
Después de dos años largos, mi portátil ya empieza a fallar. Espero que me dure mucho más todavía (al menos diez años).

martes, agosto 30, 2011

No importa dónde sino con quién

Hoy me ha cogido un poco el sol. Esta tarde es para disfrutar.
Me gustaría estar con un ángel, susurrarle cuánto le quiero, describirle las emociones mágicas que siempre aparecen cuando está él.

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Últimas tardes de sol

Estoy segura de que esta es una de las últimas tardes soleadas que podré disfrutar de un baño y del jardín.
Parece mentira que por las mañanas y por las noches haga tanto frío y ahora pueda estar disfrutando del sol.
Me gustaría compartir estos momentos con un ángel.
Eso me recuerda a que esta mañana he abierto los ojos y quería volver al sueño, quería escuchar la canción. En mi mente sonaba 'Ama, ama, ama y ensancha el alma' de Extremo. Años ha que no la escuchaba. Y de dónde salía esa canción?
Estábamos en unas hamacas, frente a una playa paradisiaca, tomando unos cócteles que bien podían ser Margaritas, nos reíamos y le miraba a los ojos y en ellos encontraba todo lo mejor del mundo. De fondo sonaba esa canción, que no consigo recordar si procedía de un chiringuito de playa o de algún vehículo. Pero estaba junto a él y eso era lo que importaba.

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Twice

¡Cómo me gustan los días como hoy...! Tan despistada a las diez de la mañana que cuando me he encontrado con sus ojos pensaba que no podía ser cierto. Además iba con el jersey que tanto me gusta. Y yo en tirantes. Lo cierto es que esta mañana hacía algo de frío, pero he visto el sol a través de las rendijas de la ventana.
Mis ojos le han seguido, sintiendo el calor en las mejillas, sorprendida por verle tan temprano, por que me alegre el día casi al empezar. Estaba guapísimo.

Y después... me he vuelto a cruzar con él. Sigo pensando que las camisetas le quedan bien, le quedan perfectas, sólo que la imaginación me lleva a pensar en otras situaciones. De todas formas, estoy contenta, pues verle una vez me hace sonreír, pero verle dos y tan de cerca me mantiene feliz durante horas y horas.

Antes de los sueños

Se me caen los párpados, pero no puedo ir a dormir sin dedicar al menos un pensamiento a alguien, a un ángel de mirada perfecta. Al pensar en él he sentido que sonreía y al hacerlo pensaba que le regalaría una maleta llena de sonrisas para que la abra siempre que esté triste. Lo haría… si estuviera al alcance de la mano poder llenar una maleta de sonrisas.
Estoy pensando que no sé cómo he podido vivir tantos años desconociendo el Amor en mayúsculas. Claro que conocí, pero aquello nunca llegó a rasgar una pequeña superficie de lo que siento hoy. Y dicen que el amor da vida y que la vida sin amor no existe.
¿Cómo era el mundo antes de que llegara él? Me cuesta recordarlo. Imagino un reloj. Entre las doce y las tres de la tarde pasaba todo muy rápidamente. A las tres de la tarde llegó él y todo es más intenso, todo lo que me rodea gira a paso lento, me paro a observarlo todo y saboreo cada instante mucho más. Es como… como si en dos años largos hubiera vivido una vida entera formada por instantes perfectos, debido posiblemente a la intensidad percibida en cada uno de esos instantes de él.
Con el tiempo te das cuenta de que, en realidad, el futuro no es lo más importante, sino que es justo el momento que estás viviendo en ese instante.
A veces me parece impresionante. Y adoro cómo me siento, cómo me hace sentir, incluso aunque me ruborice cuando él está presente. Si no existieran esos instantes no podría llamarse “Amor” con mayúsculas.
Si algo me queda por decir antes de que se me cierren los ojos esta noche quizás sean susurros en sueños. Es hora de ir a soñar con él, de desearle “Dulces Sueños”, aunque sea únicamente de pensamiento y ese deseo no llegue hasta él.
Es la una. Es hora de marchar.

lunes, agosto 29, 2011

El amor flota en el aire

Me encuentro rodeada de amor. Amor cada mañana y cada noche. Amor cuando voy caminando por la calle. Amor cuando disfruto de cada conversación, cada imagen, cada objeto... Y ese amor proviene de dentro. Incluso en días como hoy, en que no me cruzo con él, siento la intensidad de ese amor. Quizás haya pasado esta tarde cuando yo estaba abriendo, pero no iba a quedarme a comprobar si era él. Entonces ahora le echo de menos.
Sí. Hoy le echo mucho de menos. Y me surge una pregunta: ¿Dónde estará en este preciso instante? ¿Por qué me cuesta tanto llamarle para decirle que vayamos a tomar algo...? Pues no me veo haciéndolo.
Así que sé que me iré enseguida, que cogeré al perro y me iré a tomar una cerveza a las piscinas, ahora que todavía están abiertas.

Anhelo de un domingo por la noche

Los domingos por la noche siempre pienso en que llegue el lunes. Es extraño, porque la mayor parte de la gente toma el comienzo de la semana con resignación. Por mi parte, no hay pereza, posiblemente porque suelo cruzarme con un ángel de mirada perfecta casi cada día. Porque cualquier día es susceptible de magia y la magia siempre llega con él. Así que si por mí fuera, cada domingo por la noche, daría un salto temporal deseando que lleguen ya las ocho de la mañana. Eso influye en la oficina, ya que aparezco a las nueve con una sonrisa de oreja a oreja, generalmente porque cuando abro los ojos cada mañana le dedico un pensamiento e incluso intento recordar si he soñado con él. Lo que ocurre es que muy pocas veces me acuerdo de lo que he soñado. Suelo recordar lo que sueño cuando duermo a deshoras, es decir, cuando cae alguna siesta por la tarde, cuando veo algún objeto que estaba en el sueño o cuando me despierto repentinamente. A veces suelo recordar vívidamente lo que sueño sin que se den esas tres circunstancias. De todas formas, me gusta pensar que cada noche sueño con él y posiblemente sea así, porque siempre me despierto con una gran sonrisa.
Una vez leí que debíamos dar gracias cada mañana al despertar, debíamos sentirnos agradecidos con lo que tenemos o por que las cosas nos vayan bien. Es algo muy profundo si nos paramos a pensar en ello, en el sentido de que todo podría ir peor, pero va bien. Es posible que no dé las gracias al sol cada mañana, pero en el fondo me siento agradecida con lo que tengo y con lo que siento, cuando reparo en que me siento feliz, que podría ser una felicidad mayor, pero también podría ser peor.
Los domingos por la noche, cuando no le he visto en todo el fin de semana, aparece ese anhelo de verle, de cruzarme con él, de mirarle a los ojos y saber que es una emoción efímera que alimenta un deseo más intenso.
A veces me sorprendo pensando en lo mucho que le quiero. Debería ir a dormir.

domingo, agosto 28, 2011

¿Dónde están los ruidos?

Hace tan sólo una semana era natural escuchar ruidos de todo tipo por las calles. Mi ventana da a dos pequeños parques que en las últimas semanas siempre estaban llenos de niños. Al dormir con la ventana abierta, les escuchaba reír o susurrar hasta que me quedaba dormida. Sus voces me hacían sonreír. ¿Quién volviera a ser niña...? A la memoria me venían las noches jugando a tierra descubierta, las veces que nos sentábamos en círculo en algún lugar con una luz muy tenue para contar historias de miedo, cuando nos poníamos a caminar durante horas a cualquier sitio aislado donde nadie supiera que estábamos, cuando jugábamos a Macarra, los círculos que formábamos bajo alguna farola donde se acercaban los grillos que intentábamos cazar y sobre todo las noches en que buscábamos un lugar cómodo donde tumbarnos a ver una lluvia de estrellas fugaces. Casi tres meses sin hacer nada, tres meses que se pasaban volando. Echo de menos las voces de los muchachos que susurraban hace unos días bajo mi ventana.
Las calles se han convertido en silenciosas y, por tanto, ahora son algo inquietantes. Con un poco de suerte, quizás aún podamos encontrar algún corro de gente jugando a las cartas en algún rincón, en la bajera de alguna casa... pero no serán veraneantes, sino la gente del pueblo, la que nunca se mueve de aquí, las mismas personas que en unos pocos días nos observarán desde la ventana.
Y como el tiempo ha refrescado tampoco se ve ya a gente de paseo, gente animada que sale a la calle después de cenar y que hablan de las nuevas casas, de los nuevos vecinos, de quién ha fallecido este año o de dónde es el nuevo propietario de esta casa.
Sé que mi pueblo terminará convirtiéndose en un pueblo de veraneo. Es inevitable. Lo llevo observando desde hace décadas. Las casas que se han vendido han sido completamente reformadas, con ladrillo caravista o piedra sillar, tienen fachadas espléndidas, pero las contraventanas de madera están cerradas la mayor parte del año. El pueblo se revaloriza al restaurar estas casas antiguas, pero durante el invierno se convierte en un pueblo fantasma.
Es normal que me dé pena que se acabe el verano. Aunque no he tenido vacaciones, echo de menos esa alegría que hace tan sólo unos días se sentía en cada calle.

Hasta el próximo verano.

Pilares fundamentales

¿Qué es el amor? Según creo, está compuesto de pasión, admiración y respeto. Con dos de estos factores basta. Pero si logras los tres, te darás cuenta de que para entrar en el cielo no es preciso morir”. (William Wharton)

Pasión, admiración y respecto. ¿Qué ocurre cuando sientes que en tu vida entran los tres y que, además, hay otros cuantos más que no se nombran? Como la lealtad o la amistad. Son varios de los pilares del amor, las bases que sientan una relación con otra persona. La lealtad hacia el otro es importante, porque dentro de ella se encuentran la confianza, la complicidad, conlleva el hecho de que nunca traicionarás a la otra persona y un afán por protegerle de cualquier cosa. Y la amistad es algo lógico. Antes de cualquier cosa, es necesario ser amigos, sobre todo amigos.
Pasión… Llevo sintiendo la pasión durante meses. Pero no es el tipo de pasión que se encuentra bajo las sábanas, sino la pasión creada a la hora de comprender que amas y te encuentras inmersa en sueños cargados de deseo, caminas por la calle y te sientes una apasionada, ya no sólo del amor, sino también de la vida. La pasión es la que enciende mi interior cuando él está tan cerca, la que me abruma al tener que controlar el deseo de mirarle, de escucharle, de hablarle, de tocarle, de besarle… Es un sentimiento salvaje, pero necesario.
La admiración gira en torno a la otra persona. Está claro que si amas admiras todo de la otra persona, tanto como para que consiga que te ruborices con una palabra o consiga que te tiemble la voz con sólo una mirada. Y es algo bonito.
El respeto es algo muy obvio. Pero el respeto hacia las personas, y no sólo hacia las personas que amamos, ha de ser requisito fundamental para todo tipo de relaciones. Si falla el respeto falla todo lo demás.
En definitiva, la frase de Wharton me hace caer en la cuenta de que estoy enamoradísima. Y que él es un ángel al que admiro, al que quiero, al que amo con toda mi alma. Y de repente sientes que te encuentras en el cielo, o en el paraíso, o que todo es simplemente más perfecto.

Las lágrimas del perro

Cuando estoy en el jardín, el perrito suele acompañarme, porque siempre quiere jugar. Pero esta tarde hacía mucho calor al sol y mucho frío a la sombra. Mientras que yo estaba al sol, él se ha sentado a la sombra de un arbusto y ahí se ha quedado hasta que, después de un rato, he movido la toalla hacia la sombra proyectada por la casa, porque me estaba tostando de calor.
Hoy tiene un ojo lloroso, como siempre es cosa del lagrimal obstruido que nunca nos decidimos por que el veterinario se lo opere, así que de vez en cuando tenemos que limpiarle el ojo con manzanilla, como ha ocurrido esta noche. El perro no soporta que le restreguemos una gasa con manzanilla sobre el ojo, pero un rato después lo agradece chupándote.
Un amigo me dijo una vez que el perro siempre nos sonsacaría una sonrisa al final del día, cuando llegues del trabajo y se ponga a mover la cola y a saltar a tu alrededor. Ese amigo también tiene un perro. Y es cierto que dan muchas alegrías. Además, con Yoguito, hay que añadir que últimamente es muy llorón y que se pone tan protector conmigo que si alguien me toca se pone a llorar y le mira fijamente, incluso a veces enseña los dientes. Mi hermano pequeño suele hacerle rabiar con este tema. Y el perro llora y llora.
Es difícil no sonreír con el perro. Recuerdo el día que mi cuñada y yo nos apropiamos del mando de la televisión porque no queríamos ver fútbol y mis hermanos nos querían quitar el mando. El perro se puso en medio y empezó a ladrar a mis hermanos, tanto que estos se dieron cuenta de que el perro estaba con nosotras que nos terminamos echando unas carcajadas. Menos mal que no es de gran tamaño...

Mi vida con el hijo de Linda


Sigo con la serie de libros de Jane Green, aunque ya empiezan a sonarme repetitivos, no porque se repitan los argumentos, sino porque hay párrafos sobre ciertas ideas que son idénticos entre unos libros y otros. De momento, seguiré leyendo a la autora, aunque no sé si llegaré a leérmelos tan seguidos los nueve libros como había pensado en un principio.
Lo bueno es que son simples de lectura, es fácil seguir el hilo, se repiten las figuras femeninas liberales (la mayoría trabajan en medios de comunicación) y siempre, siempre, siempre tienen un final feliz. Si leo este tipo de novelas es porque me apetece un tipo de relajación lectora, me apetece leer historias que acaben bien.
Al ser de bolsillo suelo llevarlos en el bolso y es curioso cómo llaman la atención esas portadas. Eso me recuerda a que en Japón llevaban los libros cubiertos con un tipo de papel marrón, a modo de forro, por lo que nadie sabía lo que estaba leyendo el vecino. En este caso, los colores chillones de las portadas llaman demasiado la atención, sobre todo cuando estoy en las piscinas.

En esta novela, Ellie es una joven que no ha tenido una adolescencia fácil, ya que perdió a su madre alcohólica en un accidente de coche. Siempre ha esperado entrar, a través del matrimonio, en una familia que la acoja. Lleva varios años viviendo con su novio Dan, un joven productor que proviene de una familia acomodada, formada por Michael, el padre y famoso juez montado en el dólar; la madre Linda, que siempre intenta controlar todo; su hermana Emma, que es estilista y no ha asentado aún la cabeza; y su hermano pequeño Richard, que tiene muchos sueños y no es capaz de llevar a la práctica ninguno.
Es la familia que Ellie siempre había querido tener. Pero los Cooper, y en concreto Linda, la abrumarán desde el momento en que Dan y ella decidan casarse, pues Linda prepara toda la boda. Ellie siempre se está quejando respecto de la suegra, que se mete mucho en la vida del joven matrimonio, sobre todo cuando tienen un bebé, Tom, con el que la abuela se siente sobreprotectora. Dos años después, se van todos de vacaciones al sur de Francia y Linda se deja caer al pequeño Tom, sumiéndole en la inconsciencia durante varias semanas. A partir de entonces Ellie no quiere saber nada de su suegra ni de la familia de Dan, lo que lleva a la ruptura de su matrimonio. Durante meses, para Ellie sólo existe su bebé, Dan se va del hogar para vivir con sus padres y ella deja pasar el tiempo. Intenta flirtear con un hombre, pero sabe que su matrimonio no está acabado aún, que Dan y ella aún no han hablado y que nunca podrá querer a nadie como a su marido.
Cuando pilla a una de sus mejores amigas acostándose con su suegro, comprende que Linda es únicamente una víctima y decide llamarla para pedirle perdón. Es entonces cuando Linda la impulsa a que hable con Dan, que hagan las paces, porque Dan está dolido, pero sigue queriendo a Ellie y a su hijo.

sábado, agosto 27, 2011

En cualquier sitio

Podría estar en cualquier sitio, pero me encuentro leyendo en el jardín, con el perro y sólo tengo que cerrar los ojos para pensar en un ángel de mirada perfecta.

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Cada vez más casera

Anoche me acomodé en casa y opté por quedarme, así que he dormido y descansado plácidamente. Aunque aquí había fiesta Mahou en un bar. Antes teníamos bingo y fiesta ibicenca en las piscinas, y tiraba demasiado aire como para estar allí. Así que me apalanqué.
Pensé durante mucho rato en un ángel, en su dulzura, en la magia. Abracé la almohada pensando en él y me sentí plenamente feliz.

Hoy estoy contenta.

Además, ayer a mi padre le regalaron un fin de semana a elegir entre escapada gratis y spa gratis. Si no van ellos, ya iré yo, porque estoy pensando marcharme a algún lugar a descansar el fin de semana del 17 de septiembre, que además aquí es fiesta el lunes 19.

viernes, agosto 26, 2011

El día sólo puede ser perfecto

Hoy sólo puede ser perfecto, cuando sales a la calle y de repente ves que un ángel muy especial y de mirada perfecta viene en tu dirección y no puedes apartar los ojos de él, que además está guapísimo. Cruzas unas palabras con él e intentas que no te tiemble la voz. Escuchas su voz perfecta, le miras a los ojos y sientes que el corazón se te sale del pecho. Cuando pasa sigues mirándole hasta que desaparece de tu vista y te das cuenta de que estás sonriendo.
Un rato después, vuelves a salir y pasa con el coche, guapísimo. Adoro su dulzura y adoro la magia que proviene de él.
¿Cómo no iba a ser hoy el día perfecto después de haberle visto dos veces...?

Quizás le vuelva a ver esta tarde. En principio, no debería venir, pero al final tengo que hacerlo. Quizás le vuelva a ver... Sólo sé que aparece él y todo tiene más color. Y qué guapo estaba...

Hombres, bebés y todo lo demás


Sigo con la serie de libros de Jane Green, que a este paso me leeré de un tirón.
En esta ocasión, la autora nos sumerge en diferentes puntos de vista de mujeres que deciden o bien tener un bebé o bien éste llega sin desearlo.
Julia es la mujer perfecta en todo. Es jefa de producción en un medio de comunicación londinense, es inteligente, guapa, simpática y lleva cinco años viviendo con Mark Simpson, el abogado del lugar donde trabaja. Su relación no es tan perfecta, pese a que los dos intentan poner todo de su parte para que funcione y deciden tener un bebé. Tal es su obsesión que ese bebé nunca llega. Cuando Julia es invitada por su jefe a tomarse unas vacaciones, ésta decide ir una temporada con su amiga Bella a Nueva York.
Maeve siempre ha tenido presente su carrera, por encima de todo. Para ascender, se ha tenido que acostar con muchos hombres y parece una mujer superficial. Será la que sustituya a Julia en su puesto de trabajo, pero no sólo en eso, porque en un polvo en un callejón con un deprimido Mark se quedará embarazada. Un bebé no está en sus planes y su primera decisión es abortar, pero todo cambia cuando se lo dice a Mark. Maeve y Mark se terminarán enamorando, mientras Julia empieza a salir con un neoyorkino de Wall Street.
Sam es la mejor amiga de Julia. Su matrimonio con Chris es perfecto. Da a luz a George, pero pronto entrará en una depresión post-parto que estará a punto de hundir su matrimonio. Se obsesiona tanto con su hijo que no cree que pueda haber otra vida ni antes ni paralela a su mundo. No se relaciona con nadie hasta que conoce a Maeve. Las dos parejas hacen buenas migas.

jueves, agosto 25, 2011

Por una mirada… un mundo

Me he tumbado sobre la cama durante cinco minutos y he cerrado los ojos. En ese momento su imagen ha aparecido flotando de la nada. De repente, he recordado su mirada y me he sentido feliz.
He recordado la primera vez que me miró, cómo esa mirada llegó al centro de mi alma y desde entonces me ha acompañado cada día y cada noche. Su mirada es, simplemente, fascinante. Lo curioso es cómo recuerdo tan vívido ese estremecimiento, cómo un desconocido pudo acceder tan fácilmente a mí. De no haber sido así, lo hubiera dejado pasar, porque en la vida diaria conocemos y nos cruzamos con mucha gente. Caminamos por la calle y rostros sin nombre se cruzan con nosotros y ni siquiera prestamos atención. Sin embargo, a medida que pasaban los meses comprendí que tenía que conocer al dueño de esa mirada, porque alguien con una mirada tan perfecta sólo podía ser un ángel. No me equivoqué.
Me encanta mirarle fugazmente para ruborizarme después, o alguna vez que le he observado y él lo ha sentido y ha levantado los ojos encontrándose con los míos, me encanta mirarle y que me tiemble la voz cuando me mira, me encanta cuando explica algo y sus pupilas se dilatan al concentrarse en la explicación, me encanta cuando ladea la cabeza para mirar de reojo con esa mirada tan penetrante, tan sabia, tan dulce, tan noble.
Y no me importaría perderme durante horas en esos ojos perfectos, sin decir una palabra, sólo mirándole sin más…
¿Cómo no iba a enamorarme de él…? Aunque también es cierto que para que me enamorara influirían muchas otras más cosas y no sólo su mirada.
Recuerdo que la primera vez que hablé con él le dije que tenía una mirada penetrante. Lo cierto es que es fascinante. Esos ojos me hechizan cada vez.

Hora de cervecitas

Espero que no venga nadie en los cinco minutos que estoy utilizando para escribir esto, porque en cuanto apague el ordenador me voy a tomar algo a las piscinas de mi pueblo. Hoy sí que necesito marchar pronto, que además acompaña el tiempo como para disfrutar de la tarde. Más me gustaría que las cervezas fueran en un bar de aquí junto a un ángel de mirada perfecta, pero todo no puede ser tan perfecto, así que tendré que aguantarme y tomar las cervezas en las piscinas con los amigos y amigas de allí. Además me apetece sacar a pasear al perro...

Con el sol

Con el sol de esta tarde, lo que en verdad apetece es salir a la calle y no centrarse en la oficina. Como ayer me quedé hasta tarde, hoy me encuentro más libre de trabajo. Y puedo dejarme llevar por los recuerdos de alguien a quien adoro. Alguien a quien no he visto hoy y estoy echando de menos. Seguro que está guapísimo. Echo de menos la magia que aparece siempre que está él, echo de menos esa dulzura que emana de él cuando mira, cuando habla, cuando sonríe...
Y ésta es una de esas tardes que iría a cualquier lugar con él, con tal de estar solamente con él, para mirarle y sonreír, aunque me ruborice o aunque me tiemble la voz.

La tarde soleada rezuma amor y el amor me lleva a pensar en él.

El magnífico momento del café

Se está en la calle magníficamente bien. Me ha parecido verle pasar con el coche, pero ha sido algo fugaz, y además estaba concentrada en el libro.
En la terraza se está bien.

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La plaza del kiosko

Se está bien aquí. Ahora que me encuentro en la calle que hace diez días estaría llena de gente, creo que el año que viene podré disfrutar de las fiestas de Ezcaray. Tengo dos bodas, pero serán en mayo y octubre, así que el verano, a no ser que surjan más, será para disfrutar. No se qué hago tomando el café tan pronto.

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Los primeros rayos de sol

A medida que venía a Ezcaray se iba disipando la niebla y aquí hace un día espléndido. Había muchos ciclistas por la carretera, así que mi mente pensaba en un ángel cada vez que sobrepasaba las bicis. En Ezcaray sigue habiendo mucha gente, cosa que noto al aparcar a las nueve y media de la mañana.
Estaba pensando que me volví a perder este año las fiestas de aquí...

Miles de estrellas

Esta noche hay miles de estrellas en el cielo. Me encanta. Además me recuerdan a él, al pensamiento fugaz de esta mañana, a su mirada penetrante. Se me iban los ojos hacia él. Estaba tan guapo… Daría un mundo por dormir con él, y ahora vuelve ese pensamiento fugaz, donde su camiseta caía al suelo junto al lecho expectante del amor.
Daría un mundo por abrazarle, por rodearle con mis brazos y sentir que el mundo es perfecto. Creo que mañana no le veré, al menos no por la mañana.
Ayer, cuando por la tarde volvía a casa, rebasé a un grupo de ciclistas. Pensé en que él podía ser uno de ellos, pero no le reconocería.
Siento la electricidad alrededor de mí. Pienso en él e imagino que le cubro de besos, de caricias, que me pierdo en su mirada perfecta, que le paso un dedo por la comisura de su sonrisa y le susurro que me cuente cosas de él.
Esta noche hay miles de estrellas en el cielo. Cada vez las calles están más apagadas, porque termina agosto y la gente se está marchando. Ya no se escuchan las risas de grupos de niños junto a mi ventana, ni conversaciones de gente más seria que pasa caminando. Pero la noche es perfecta.
Es una de esas noches que compartiría con un ángel, cuando le preguntaría qué tal le ha ido el día y le susurraría lo guapo que está. Cuando apoyaría mi cabeza en su pecho y escucharía los latidos de su corazón al ritmo de sus palabras pronunciadas con esa voz tan sensual. Y le diría que es adorable, que él hace que exista la magia, que el mundo sea perfecto.
Hoy creo en el amor. Creo en el amor más de lo que he creído nunca. Creo en el amor porque creo en él, porque hay alguien que produce dentro de mí una vorágine de sentimientos inexplicables y bellísimos.
No recuerdo cuándo me había sentido así antes. Es una noche perfecta.

miércoles, agosto 24, 2011

Cada día amo más

El mejor tipo de amor es el que despierta el alma y hace buscar más, que planta un fuego en el corazón y trae paz a la mente. Eso es lo que él me da y espero darle yo a él siempre...

Por las noches siempre me encuentro como hechizada, desde hace días, o semanas, o meses, quizás desde hace más de dos años. Tan rápido pasa el tiempo... Es impresionante cómo cada día me doy cuenta de que a medida que va pasando el tiempo le quiero más y más, que el amor, en vez de disminuir, sigue creciendo cada día un poco más, que cada minuto de él es único aunque se parezca a los miles de minutos de los últimos meses, porque si él es especial cada minuto de él también es especial y yo lo vivo como si fuera la primera vez que le veo, pero también como si fuera la última vez. Es cosa del amor. Cada día que pasa está más guapo y cada día que pasa me tiembla, si cabe, la voz un poco más. Podía valer esto al principio, pero ¿ahora? La mente me sigue traicionando como el primer día, y menos mal que él desconoce lo que estoy pensando cuando me encuentro con él. Y aunque sé que él me atraviesa la piel como si pudiera llegar a mi alma con esa mirada perfecta, un minuto de él me reconforta, me trae esa paz, me hace sentir bien. Es que él me hace sentir bien, sin más.

martes, agosto 23, 2011

Las extrañas formas de las nubes

Estaba nadando hacia arriba cuando he abierto los ojos y me he encontrado con las nubes. Esas nubes me han recordado un rostro angelical, una mirada perfecta, una sonrisa maravillosa. Y me he preguntado si él mirará de vez en cuando al cielo, si habrá visto esas mismas nubes. Es que todo lo maravilloso que me rodea me lleva inexplicablemente a recordarle a él, como si todo lo que hay a mi alrededor fuera más perfecto desde que le miré a los ojos por primera vez, hace ya unos años.
Cualquiera podría ver un dragón en esa nube (tiene forma de dragón), pero yo veía más allá del dragón, veía cómo lentamente en mi cerebro se iban perfilando sus ojos algo orientalizantes, su mirada profunda, su nariz perfecta, sus labios perfectos, su barba recortada, su pelo al aire, incluso si me esforzaba podía hasta escuchar su voz.
Y ahora, cuando recuerdo estar nadando y mirando al cielo, añoro ese pequeño instante mágico en que sólo existía él, en mis recuerdos, un momento en que mi pensamiento se concentraba en él.
Echo de menos su magia.

Una tarde de pequeños placeres

Me encantan los martes por la tarde de sol. Podría disfrutar durante horas de agua y sol, sólo que el perrito no me deja ni a sol ni a sombra, porque me trae un muñeco y no quiere más que jugar. Si le miro vendrá hasta mí y se pondrá encima del teclado, con lo que me estropeará lo que esté haciendo.
Me gustaría compartir todo esto con él. La tranquilidad, los sonidos, el sol. Hoy le echo mucho de menos, que no le he visto.
Creo que me iré al agua, ahora que me he librado del perro tirándole el muñeco a la piscina. Me apetece nadar un rato.

Otros sonidos, otros recuerdos

En mis recuerdos se ha filtrado el sonido de un tiovivo. No sé por qué. Quizás he recordado París, quizás he recordado algún parque que tiene un moderno tiovivo imitando a los antiguos y que quizás esté más próximo que París.
Entonces he comprendido que reviviría todos mis recuerdos de la infancia y de la juventud con él, con un ángel. Con sus sonidos, con sus olores, con las risas de personas ajenas, con el bullicio de la música, con el ajetreo de rostros sin nombre caminando aprisa a nuestro lado.
Le miraría fijamente para decirle que me muestre quién es, que me muestre sus mejores recuerdos. Quiero descubrir el mundo que hay en su mirada cada vez que me cruzo con él, quiero sentir la magia, el roce de su piel junto a mi piel, quiero sentir sus labios, quiero comprobar si saltan chispazos eléctricos cada noche. Y sobre todo quiero despertarme a su lado y observarle durmiendo, acariciar cada rasgo de su rostro en calma, y mirarle hasta que él también abra los ojos, para desearle buenos días, para regalarle una sonrisa cada día, para sentir la música en mi corazón.
Música que siento, porque está claro que estoy enamorada. Y a veces me encuentro en una especie de cueva con varias direcciones, sin saber muy bien hacia dónde avanzar; y a veces me encuentro en una especie de nube que temo que pueda desintegrarse; pero la mayor parte de las veces me encuentro en una especie de montaña rusa, con la adrenalina por las nubes, con el deseo inherente de estar con él el máximo tiempo posible, con el anhelo de saber más cosas de él, de deleitarme en sus historias contadas con una voz perfecta.
Y bien, la medianoche es un buen momento para ir a seguir soñando… con él.

lunes, agosto 22, 2011

Los patitos feos también besan


Sigo leyendo a Jane Green, que aparte de leerse rápido, siempre me deja con un buen sabor de boca. Este libro es algo triste al principio, toca personalidades de gente muy superficial y termina bien. Me gusta cómo suena el nombre de la protagonista: Jemima Jones.
Jemima Jones trabaja en un periódico londinense de un barrio de las afueras que no tiene mucha tirada. Su capacidad de periodista no se utiliza al cien por cien, pues ella siempre es la chica obesa invisible para todos. En secreto está enamorada del periodista estrella, Ben Williams, que es el hombre perfecto. En una época (años noventa) en que internet es un medio que empieza a emerger en los mass media, Jemima comenzará a chatear con un californiano, Brad, que la sorprenderá gratamente, hasta convencerla para que vaya a visitarle a Los Angeles. Jemima ha modificado una foto suya, por lo que en cierto momento decide apuntarse a un gimnasio y ponerse a dieta, de tal forma que perderá rápidamente tantos kilos que es impresionante su fuerza de voluntad. Su historia en Los Angeles con Brad es perfecta, hasta que ella descubre que a él le gustan las mujeres obesas y que, de hecho, está enamorado de la mujer que trabaja de secretaria en su gimnasio. Jemima decide dejarle y entonces es cuando coincide con Ben Williams, que ha tenido que volar a Los Angeles para entrevistar a una celebridad. Al principio no la conoce, pero una noche de amor bastará para que se den cuenta de que siempre han estado enamorados.

Lo más rebuscado de un regalo de bodas

A las cuatro me proponía llamar a mi hermano y a mi cuñada, a ver si ya había atracado el barco. Pero antes de hacer la llamada, he mirado hacia el fondo de la calle, como si una voz silenciosa me hubiera susurrado al oído que mirara hacia ese lado. Su coche venía, inconfundible. He sentido una inmensa paz y un deseo enorme de tomar un café con él. Ha pasado y estaba guapísimo. Ha saludado con una mano y algo en mí ha marchado tras él. Y sigue el deseo de tomar algo con él, de mirarle a los ojos y susurrarle que está guapísimo, porque lo está. El verano le sienta bien.
La tarde se me ha pasado sin darme cuenta. Feliz por haber visto pasar fugazmente a un ángel de sonrisa perfecta.
Luego he llamado a mi hermano. Estaban esperando a la grúa porque habían pinchado y aún se encontraban en Valencia. Se supone que esta noche tienen que dormir en el Parador de Córdoba. La cuestión es que me ha dicho que hacer el macrosudoku que les prepararon mis amigos es complicado y les he dado la posible respuesta que solucionará los problemas: "Creo que tengo el número de cuenta donde ingresaron el dinero, a través de ese número de cuenta podéis hacer el sudoku". "¿Y por qué lo tienes tú?". "Hablaron de más delante de mí: que si habían cogido el número de cuenta de las despedidas, que si tenían que ir a una Administración en Sevilla, otra en Madrid y se cortaron porque me vieron riéndome". "Busca nuestros años de nacimiento convertidos en números de la lotería, el día de la boda y envíame por e-mail las administraciones de esos números". Y eso he hecho.
Para que consigan el dinero que mis amigos han ingresado en un número de cuenta les prepararon una prueba horrible: tenían que hacer un macrosudoku de 10x10, en donde habían señalado las cifras que se corresponden con el número de cuenta. Entre los amigos, también estaba el cajero que se apuntó con ellos, así que era fácil saber en qué entidad estaba el dinero. Del macrosudoku, en el barco sólo consiguieron adivinar el número 6, y efectivamente es uno de los números. Con los números de la cuenta tenían que sumar, multiplicar por no sé qué y el número que saliera tenían que ir a buscarlo a la Administración de Lotería española que lo tuviera. Estoy casi segura que ésta es la administración de Sevilla, porque en el resto de números no aparece ninguna de allí y, cuando hace dos días, enumeraban las administraciones delante de mí, lo dijeron claramente. Como un número les parecía poco, optaron porque también cogieran los números de sus años de nacimiento y del día de la boda, haciéndose fotos en las administraciones de lotería que tuvieran ese número. Como con los adelantos de internet podían facilitarles el trabajo (comprando los números por internet o usando el photoshop para las fotos), les entregaron una cámara de usar y tirar, que tienen que entregar a un amigo del grupo que las revelará y corroborará que no se ha hecho trampa. Como aún les parecía poco, les entregaron un taco de participaciones, porque como mis amigos son todos muy loteros, quieren que se entregue a la persona de más edad de cada mesa de la cena de la boda una participación de cada uno de los cuatro números, que serán para todos los amigos (menos mal que mi cuñada tenía bien anotadas las mesas en un pen).
Todo lo tienen que hacer antes del 8 de Diciembre, pero ya se sabe que no pasarán los titulares de la cuenta al Año Nuevo, que luego llega Hacienda con el recado y que, aunque mi hermano y mi cuñada no hicieran la prueba, siempre terminarán entregándoles el dinero que les corresponde como recién casados.
Sin embargo, aquí estoy yo ayudándoles un poco a que sean más llevaderos estos meses y que, si consiguen hacerlo todo en unas pocas semanas, mejor que esperar a diciembre. Yo no me voy a poner a hacer el sudoku, pero si puedo echarles un cable...
Creo que me voy a las piscinas a tomar una cervecita, que apetece. Y además, a partir de mañana, van a bajar las temperaturas, así que tengo que aprovechar estos ratos de sol. Aunque, si pudiera elegir, preferiría unas temperaturas más bajas siempre que estuviera acompañada por un ángel.

Bajo el sol cegador

Iba al coche, cuando me he fijado en que él también estaba. He mirado hacia el otro lado de la calle, pero no esperaba que él apareciera a las 13.30h. Tengo demasiado calor. Es la hora de la piscina.
Estoy pensando en él, y es que hoy no le he visto y ya le estoy echando de menos. Seguro que está guapísimo.


He amanecido enamorada. He soñado con él, algo perfecto, aunque sólo recuerdo flashes rápidos.

Elegir entre varias ramas de un mismo árbol

La vida es como un árbol y podemos escoger entre varias ramas. Sería una forma de controlar el destino. Si escogemos una rama determinada, entonces nuestra vida irá en una dirección y, a partir de entonces, el destino nos arrojará cosas.

Para mí, que creo que el destino lo hace cada persona, esa idea respalda, de algún modo, mi pensamiento sobre el destino.
La vida está llena de elecciones y muchas de esas decisiones producen cambios.

domingo, agosto 21, 2011

Cambio día de patatas por día de piscina

Todos mis amigos están en la ermita porque hoy es el día de las patatas con el que terminarán las fiestas. A la una me ha sonado el teléfono, que me ha llamado un amigo a ver si iba. Le he dicho que este año no me apetecía y que, en todo caso, iría a tomar café luego. No hay resaca porque anoche volví pronto, pero al levantar la persiana y ver el sol sólo me apetecía disfrutar de la piscina. Y aquí estoy, a punto de comer, con el pelo húmedo y con un muñeco sonoro del perro, que no se separa de mi lado. No apetece cocido de patatas con este calor.
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sábado, agosto 20, 2011

Café a medianoche

Hemos quedado a las doce para tomar café. Hoy me encuentro cansada. Pero basta que diga que volveré pronto -antes de que amanezca- para que ocurra justo lo contrario. Así que mejor no digo nada y me marcho ya.
La tormenta se agradece, porque ha refrescado un poco.

Todo al revés

Esta mañana era de día cuando he regresado a casa, después de una noche bailoteando por ahí. Eran las ocho y aún me hubiera quedado más, pero llevaba varias horas con botellines de agua, porque en cierto momento no me entraba más alcohol.
Recuerdo nítidamente un rostro que pasó a mi lado y nos clavamos la mirada. Hace diez años quizás me hubiera sorprendido verle allí, pero anoche no. Anoche mi mirada traspasaba la suya y él era invisible. No tenía que ser él quien apareciera anoche. Cuando pensé en el ángel me sentí reconfortada.
Pero eso no fue todo. Estuviera dentro de la carpa o en la calle, mirara para donde mirara, F., que hace años consiguió hacerme tocar el cielo y después me mostró los más crueles horrores del infierno, se encontraba en mi campo de visión. Desconozco si quería hablar conmigo, pero conseguí ignorarle hasta que llegó un momento en que comprendí que no iba a entrar en su juego, que ya no había nada que me retuviera allí, que me resultaba indiferente y que el pasado es pasado. Comprendí que el hecho de que estuviera a pocos metros era su forma de provocar, como cuando lo hacía hace unos años, pero me daba igual. Yo estaba con mis amigos, me estaba riendo y sólo hablaba con quien me apetecía hablar. Y fue cuando uno de sus amigos se acercó a hablar y nombró a las personas con las que había venido, me miró y sé que se encontró con un rostro de mármol, infranqueable: "¿Sabes? Yo no veo a quien no quiero ver". Entonces se calló, levantó una ceja, me encogí de hombros y cambió de tema.
Las cosas cambiaron hace unos años. Ya no es lo que era, nos hacemos mayores, aprendemos de los errores y justamente esa persona no es la que a mí me gustaría que estuviera en mi pueblo de fiesta. Aunque ¿realmente importa? La persona que realmente me importa no estaba anoche aquí. Lo demás es irrelevante. El pasado siempre será pasado y aunque me es difícil olvidar siempre podré correr un sutil velo sobre lo que no quiero recordar. Fue hace tres años, en unas fiestas de aquí cuando decidí cortar el hilo. A partir de entonces, pasarían los meses hasta que conocí a un ángel, y entonces empecé a amar como nunca antes había amado a nadie. Ni siquiera a F. le amé tan intensamente. Y me alegro de que no fuera así.
De todas formas, no encuentro sentido a su forma de hacer las cosas.
La noche de anoche fue larga, me lo pasé genial. Aunque a veces el destino cruce caminos que se separaron hace años luz.

viernes, agosto 19, 2011

Hechizada

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Me ha dado por leer libros que no me hagan pensar mucho, donde las historias terminan bien, pese a que el amor está presente en todas y cada una de ellas. Así, poco a poco, he ido haciéndome con una colección de una autora llamada Jane Green, que no es nada del otro mundo y cuyos argumentos me recuerdan a películas romanticonas que no soporto ver y que suelo digerir mejor leídas.
Hechizada trata de una treintañera, Alice, que de adolescente se había enamorado de Joe Chambers, pero él nunca se había fijado en ella, hasta que vuelven a encontrarse en Londres. El mujeriego Joe sabe que Alice sería una buena esposa, ya que no le pedirá nunca lo que le están pidiendo el resto de las mujeres. Durante los cinco años de matrimonio, él le pone los cuernos, aunque sabe que si su esposa se enterara le abandonaría y eso él no podría soportarlo.
Por su parte, Alice está tan enamorada de Joe, que deja su verdadera personalidad para convertirse en la esposa decorativa en que Joe la convierte.
Entonces Joe y su compañera de oficina Josie Mitchell son sorprendidos en la oficina. Sus jefes consideran que no pueden prescindir de ninguno de los dos, así que envían a Joe a Estados Unidos, donde él adquirirá un apartamento en Manhattan mientras Alice decora una preciosa casita en el campo, un sueño que siempre había deseado. La casita y el campo le devuelven su verdadera personalidad, para desagrado de Joe, que odia ir al campo.
La mejor amiga de Alice, Emily, llega con su magnífico novio Harry, que se enamorará perdidamente de Alice y regresará a quedarse a Estados Unidos para estar junto a Alice, sin contar con que sus sueños también se harán realidad.
Porque después de cinco años de matrimonio, Alice ha abierto los ojos y ha sido consciente de que Joe se está acostando con otras mujeres. Cuando encuentra los correos electrónicos incriminatorios, le echa de casa y pide el divorcio. Vuelve a ser una mujer sola, pero no se da cuenta de que Harry estará allí para tenderle los brazos.

Es entretenido.

El pregón de fiestas

Si el año pasado fue la Defensora del Pueblo Riojano, María Bueyo, este año el pregón lo ha echado otra mujer metida en política, Conchi Bravo. El pregón no ha sido en la terraza del Ayuntamiento, sino en la misma plaza, donde la mayoría estábamos cenando. La cena ha sobrepasado la medianoche y, al final, como el resto de la gente venía al cohete con el que comienzan las fiestas se ha disparado sobre las doce y media, con la mayor parte de la gente tomando café.
Me he tomado dos cervezas y he regresado a casa; me pesaba mucho venir, pero sé que si me quedo más me lío y mañana iba a ser grave.
Mañana será otra historia.

jueves, agosto 18, 2011

Triki Kupela

Tenemos una cena asturiana en la plaza. La sidra es self-service.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

La mente pendiente de la fiesta y el corazón... en otro lugar

Hoy me he levantado con una energía renovada. Aunque el día estaba oscuro. No he visto al ángel de mis sueños, aunque haya visto a dos de las personas con las que suele estar cada día. No importa, porque el simple hecho de pensar en él ya me reporta una felicidad incomparable.
Son las siete y, por una vez, voy a ser puntual, ya que esta noche empiezan las fiestas de mi pueblo. Tenemos cena asturiana en la plaza y luego echarán el cohete. Después yo iré a dormir, que para mí mañana no es día festivo.
Le echo mucho de menos. Me hubiera gustado cruzarme con él, aunque fuera de lejos.

Es hora de marchar.

La sonrisa perfecta

Esta tarde sonreía y esa sonrisa era simplemente perfecta. Creo que le diré que ha de sonreír más, porque esa sonrisa ilumina su rostro mucho más.
Le tendría que decir tantas cosas que, al final, nunca le digo ninguna. Es como si mi mente se quedara en blanco cuando me encuentro con él.
Adoro cuando sonríe...

Y con el recuerdo sutil de su sonrisa creo que es un buen momento para ir a dormir. O a soñar.

miércoles, agosto 17, 2011

Ambiente pre-festivo

Cuando me he marchado él ya no estaba, o al menos no tenía el coche. ¿Quién sabe si se ha ido cinco minutos antes que yo?
Llevo un rato pensando en él, en lo mucho que me reconforta, en lo que me gusta su presencia, su mirada, sus gestos, su sonrisa, su voz... en todo lo que me gusta de él, que me gusta todo.
Me he tomado varias cervezas y es que ya estamos en ambiente pre-festivo. Quizás le mande mañana un mensaje para invitarle a venir.
Es hora de cenar y quizás hoy salga a tomar café. Si salgo, tiene que ser a las 22.30, porque de lo contrario me apalancaré y preferiré quedarme, o saldré tarde y volveré tarde. Todo se verá...

Ya podría ocurrir de nuevo

Las siete y media es un buen momento para marchar. Daría un mundo por volverme a cruzar con ese ángel que mantiene en vilo mis pensamientos y mi corazón. Hoy estaba guapísimo. Si me lo encontrara ahora quizás sí que le diría que nos fuéramos a tomar algo. Entre la tranquilidad de una cerveza en las piscinas y estar con él me quedo con su compañía. Aunque me tiemble la voz un poco.