Cuando he salido de la oficina a media mañana era muy consciente de la hora y tenía claro que iba a permanecer fuera no más de cinco minutos. Pero a veces los planetas se alinean, de tal forma que ocurra algo que quizás si hubiera ido a buscarlo no lo hubiera encontrado. Lo que ha ocurrido es que me he encontrado con alguien con quien me llevo bien y hemos empezado a hablar. Ha sido entonces cuando ha aparecido él. Estaba guapísimo. De vez en cuando miraba de reojo, porque podía ver sus ojos perfectos de frente, pero me estaba obligando a no mirar más allá. Sólo que sentía una especie de imán que, de vez en cuando, desviaba mis ojos hacia él.
Estaba guapísimo. Hacía mucho que no le veía, si mucho es decir que no le veía desde el viernes.
He vuelto a sentir el gusanillo interior, el tembleque, el sonido del corazón. Adoro esos momentos, aunque sienta nervios, que él esté ahí me hace sonreír y, sobre todo, me da fuerza.
Le quiero más...
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