sábado, febrero 28, 2009

Las alas del águila


Resultado de imagen de las alas del aguila
Hace años que tengo este libro pendiente para leer. Concretamente, desde 1999 (antes ponía la fecha de compra junto a mi nombre, un detalle que luego me pareció que sobraba). El libro lo había cogido en anteriores ocasiones y lo había empezado durante dos veces para abandonarlo antes de llegar a la página cien, tal y como corroboraba un marcapáginas. Como quien dice, "a la tercera va la vencida" y así ha sido.
Reconozco que si las anteriores veces me pareció un ladrillo que no iba en la línea de argumentos de Follett, esta vez, más familiarizada con los problemas de Oriente Próximo, me ha hecho saltar de la butaca en varias ocasiones, sobre todo al comprobar que es una historia real, que Ross Perot existe y en activo (ahora ronda los ochenta años) fue tan temerario, extravagante y heterodoxo como se cuenta en el libro.
Reconozco que el libro es, además, una pequeña apología contra los países árabes y predica lo antiiraní poniendo como ejemplo los hechos que acontecieron entonces.
Se trata de un choque de voluntades al comprender cómo un imperio como el persa se convirtió en un país decadente, fruto de la imposición de un gobierno que preconizaba el fanatismo religioso musulmán y el antioccidentalismo.

Corren los últimos años de 1978 en Irán, un país floreciente que abre sus puertas hacia el modernismo occidental y el capitalismo con la instauración de franquicias de empresas europeas y norteamericanas que implantan sus recursos y productos con el visto bueno del Sha. Una de estas empresas que llevan a la expansión iraní es EDS, con sede en Dallas y cuyo presidente y fundador es una celebridad en Estados Unidos: Ross Perot. La EDS, siglas que corresponden a Electronic Data Systems, es una empresa de sistemas informáticos que está informatizando toda la Seguridad Social iraní. Llevan varios meses preocupados porque el Ministerio de Sanidad no les ha pagado. En diciembre se dan cuenta de que el Gobierno del Sha está en bancarrota.
Cuando los primeros altercados revolucionarios saltan a las calles de Teherán, Ross Perot decide evacuar a todos sus empleados del territorio iraní. Pero la embajada americana tiene los pasaportes de los dos jefes de la EDS en Irán, Paul Chiapparone y Bill Gaylord, que se ven obligados a quedarse en el país, mientras todos sus compañeros se marchan a Estados Unidos. La embajada les traiciona y son sometidos a unos interrogatorios por el magistrado iraní Dadgar, un hombre que les lleva directamente a prisión.
Cuando en Dallas, Perot descubre esta traición decide mover todos sus hilos para que alguien saque a sus empleados de la cárcel. Hay que tener en cuenta que Perot había ayudado a prisioneros de guerra en Vietnam y era entonces una especie de héroe nacional, que había recorrido los medios de comunicación. Es amigo personal de Henry Kissinger, que intenta ayudarle, pero el resultado es infructuoso. El perspicaz Perot sabe que por medios legales no va a conseguir sacar a sus dos hombres de Irán, así que busca otras soluciones. La más arriesgada (e ilícita) es la creación de un grupo de rescate que entre a hurtadillas en el país y saque a los prisioneros de la cárcel, aun teniendo que usar la fuerza bruta. Para ello, llama a su lado a un viejo coronel de guerra, Bull Simons, un hombre curtido en la batalla que se convertirá en líder indiscutible del grupo.
Perot elige personalmente a un grupo de empleados, ex combatientes, de la EDS y les expone su plan. Son las águilas de Ross Perot, que siempre elige con lupa a los hombres que trabajan para él. Sabiendo que muchos de ellos han estado en Vietnam en el pasado, son entrenados por Simons hasta que deciden aterrizar en territorio iraní.
Es la época revolucionaria en que el Sha abandona Irán y el pueblo pide el regreso del ayatollah Jomeini, exiliado en París, y uno de los líderes religiosos más importantes del país. Estamos en febrero de 1979. Teherán está ardiendo y las calles están llenas de turbas sedientas de sangre. Los americanos corren peligro en un territorio dominado por el caos y donde los extranjeros no son bienvenidos. El juez Dadgar pide una fianza de trece millones de dólares a la EDS para soltar a Paul y Bill; es la fianza más alta que se ha impuesto en el país. En Estados Unidos, los hombres de Perot buscan un banco que les dé una carta de crédito por ese valor, pero entonces llega el asanto de la prisión, donde se encuentra el iraní Rashid, un joven que trabaja para la EDS y que sueña con ir a Estados Unidos. Paul y Bill escapan por las calles llenas de barricadas y llegan al hotel donde se encuentran sus compañeros.
Ahora queda lo más difícil: deben escapar del país. Ante la imposibilidad de la huida por aire, ya que los aeropuertos se encuentran cerrados, Simons ha preparado la vía de escape a través de Turquía, una zona desértica y montañosa llena de bandidos kurdos y hostiles. Guiados por Rashid y acudiendo a acreditaciones falsas, consiguen llegar a la frontera. En el otro lado les espera un empleado de la EDS y en Van se encuentra el reactor trasatlántico de lujo alquilado por Perot. Hacen trasbordos en Alemania e Inglaterra, pero no se sienten seguros hasta que no pisan tierra estadounidense. La pesadilla ha terminado.
Ross Perot hace un balance de todo lo que hubiera ocurrido si la experiencia hubiera resultado negativa.

"El éxito tiene mil padres, pero el fracaso es huérfano".

Un verano de tantos

Cuando estamos dejando atrás la inocencia de la infancia y empezamos a redescubrir el mundo que nos rodea, nos vemos inmersos en un cúmulo de sensaciones y sentimientos nuevos, extraños, tangibles pero prohibidos. Es la época de la adolescencia, la que muchos consideran una etapa digna de olvidar y otros pensamos que tuvo momentos demasiado maravillosos como para desecharla sin más.
Aún no tienes preocupaciones con respecto a nada. A finales de junio, sólo fruncías el ceño para ver el boletín de notas y, si había habido suerte y todo había sido satisfactorio, sólo había un pensamiento: <<Dos meses y medio de vacaciones>>. Era gracioso, porque esa larga etapa de ocio se convertía en algo tan efímero que, cuando querías darte cuenta, ya estaba comenzando septiembre.
Tengo recuerdos de muchos de aquellos veranos, especialmente de uno, en el que tendría doce o trece años y aún tenía toque de queda en casa. De hecho, fue ese verano en el que mis padres me ampliaron el horario de llegada a casa a medianoche.
Últimamente me he acordado de una persona, Javi, que conocí en aquella época. De hecho, hasta ese verano ni sabía quién era él, ni su hermana, ni sus primos... aunque sí conocía a sus abuelos. Era de una ciudad dormitorio cercana a Madrid y tenía el "ej que" característico al hablar. Creo que fue el primer muchacho que me gustó de verdad. Ya no era que tuviera un físico imponente (melena castaña clara y profundos ojos azules, alto y de complexión delgada), sino que era la suavidad de sus actos, o al decir las cosas, la tranquilidad con que se expresaba. Tenía un año más que yo. Recuerdo que aquel verano fue el del macarra, aprendí a cazar saltamontes bajo los focos luminosos de las farolas y a apretar delicadamente el cuerpo de las moscas para descubrir su sexo. Ése fue el verano de la calle Santiago, cuando aún no se valoraba tanto el Camino ni por allí pasaban tantos peregrinos; ni siquiera estaba el mirador por el que ahora entran en el pueblo. Dejando aparte el escondite y otros juegos de correr, las historias de miedo que contábamos sentados en círculo, apenas salíamos de aquel rincón de la calle, y las bicicletas quedaban desperdigadas por ahí sin medio a que nos las robaran. Parecíamos la cuadrilla de Verano Azul. En las contadas ocasiones en que nos íbamos de la mitad de la calle ocupada por nosotros, terminábamos con las raquetas en el frontón o jugando al fútbol en la ermita, cuando aún no tenía el moderno albergue que hay en la actualidad y su lugar estaba ocupado por una vieja barra desvencijada, con cuatro bebidas contadas, que hacía las veces de bar; ni siquiera había luz.
Jugando al fútbol fue cuando Javi empezó a patear piedras del campo de tierra, con tan mala suerte que un guijarro puntiagudo fue a caerme en la frente. Tenía que ser domingo y estar la ermita llena de gente sentada bajo los árboles, para que una multitud creciente empezara a rodearme hasta llegar a la fuente. Tenía que ser domingo y que mis padres estuvieran en la ermita para socorrerme. La visión de un chorretón de sangre asusta, pero la herida sólo era un rasguño sin importancia. Sólo que sangraba sin parar. Mi padre usó por primera vez el botiquín de primeros auxilios del coche. Y llevé durante días una tirita en la frente. Recuerdo que entre los borbotones de sangre, Javi estaba asustado, sobre todo cuando mi madre preguntaba: "¿Quién ha sido?". Pero yo callaba.
No pude despedirme de él ni de su hermana. El verano dio paso a la última semana de agosto y, como los años anteriores, nos fuimos a la playa. Cuando regresé, los madrileños ya no estaban y la calle Santiago volvía a estar silenciosa y sin chiquillos, sin bicis y sin voces. 

Le volví a ver unos años después. Fue en unas fiestas. Seguía igual de guapo, aunque mucho más alto, y sus profundos ojos azules denotaban cierta nostalgia de épocas pasadas, o quizás era tristeza. Me acerqué a saludarle, pero la magia había desaparecido: éramos dos extraños.
Su hermana, en cambio, viene casi todos los veranos. 

Sólo que hace unos días recordé lo bien que lo pasamos aquel verano en la calle Santiago, que ahora tiene un mirador con jardín que han partido en dos unas hermosas escaleras de piedra, la calle ha sido adoquinada y a cada cien metros surge una baldosa blanca con la imagen de una concha, y ahora es una parte más del Camino que se ve afectada por el trasiego constante de los peregrinos que se dirigen hacia el sepulcro del Santo. Muchas de las casas han sido reconstruidas, pero esa vieja casona, la que tantas historias nos regaló en la infancia, sigue en pie, con su enorme escudo de piedra retando al tiempo.

viernes, febrero 27, 2009

La Despedida

Ésta será la primera despedida de soltera a la que vaya porque ésta será la primera amiga que se me case. Lo cierto es que no me la imagino pasando por el altar, pero fue todo tan rápido...
Mis amigas me mantienen informada vía e-mail. Llevan un mes buscando un fin de semana. Estuvieron tanteando los días que la novia tenía libres. Yo les advertí que le preguntaran directamente, que algo así no podía ir como sorpresa (so pena de que nos lleváramos nosotras la sorpresa). Y finalmente esta semana le preguntaron directamente. Y ahora resulta que se adelanta varios meses y la plantan en abril, justo antes de Semana Santa. 
Estoy pensando cuánto tardarán en decidir el contenido de la despedida, porque como tarden lo mismo que para elegir un fin de semana lo mismo nos encontramos dentro de un mes con las manos vacías.
Y yo ahora que lo pienso me pregunto: "¿Podré ir en abril?". Me fastidiaría que, por causas de última hora, me perdiera ese fin de semana loco. Sea donde sea y hagamos lo que hagamos... 

jueves, febrero 26, 2009

Febrero se va...

Febrero se marcha por la alcantarilla. Quizás éste ha sido uno de los peores meses de mi vida. Y seguro que cuando lo esté pasando mal en el futuro me acordaré de 'esos momentos'... Sólo espero que algunas de mis pisadas de estas últimas cuatro semanas no hayan resultado infructuosas.
Unas poderosas garras siguen atenazando mi estómago, pero su abrazo ya no es tan fuerte. Al menos ahora puedo respirar.
Odio hablar de cosas tristes, porque a veces recuerdo que este blog lo creé para fabricar sonrisas y no lágrimas.

miércoles, febrero 25, 2009

Los mundos ocultos

Nunca había escrito tan de seguido ni había dado rienda suelta a la creatividad como en las últimas semanas. 
Después de tomarme un descanso de dos meses (diciembre y enero) donde ni siquiera eché un vistazo a certámenes literarios, se me ha ido la pinza en febrero, que me he presentado a doce, y eso que no he terminado, porque estoy con un manuscrito de narrativa corta cuyo plazo acaba el sábado. Espero que me dé tiempo. El caso es que me he metido en un buen berenjenal porque éste último tiene que mezclar dibujos y textos. Hacía tiempo que no dibujaba, y parece ser que aún no se me ha olvidado (aunque a veces pierda la paciencia). Al menos todo está vinculado, que es lo que se pide. Así que si no me da tiempo sólo será cosa de los dibujos, pues el texto lo tengo casi a punto. Incluso me hice dos árboles genealógicos con nombres inventados que me sirven de guía. 
Por supuesto, casi todos los certámenes en los que me he presentado son de relato corto, excepto alguno que pasa de los 50 folios. 
Hoy ardía de deseos por saber las bases completas de un concurso en marzo cuyo ganador recibe un portátil. Como tengo intención de comprarme otro ordenador, tendré que arriesgarme con un certamen. Y he llamado a Mazarrón.
-Verá, es que llamo por el Concurso...
-Es que la chica que se ocupa de ese tema no está ahora. Llama a partir de las 12.30h. o, mejor, me das tu número y tu nombre y que te llame ella.
-Bueno, es que si tengo intención de presentarme no puedo decirle mi nombre. ¿Qué tal si escribo un e-mail?
Yo siempre cuidando los pequeños detalles. Seguro que no hubiera importado que le diera mi nombre, pero por si acaso... Claro que dar mi correo electrónico serio es como si diera mi nombre, que creo que aparece cuando mando un e-mail. Anda que no tengo tiempo hasta el 27 de marzo. Una historia sobre la desigualdad de género. Queda un mes largo... así que tendré bastante tiempo para pensar en una buena historia sobre el tema.

Para otoño...

Esta mañana en las noticias he escuchado que "Ágora", la última película de Alejandro Amenábar, se estrenará en otoño de este año. Ha costado 50 millones de euros, por lo que resulta la película más cara de la historia del cine de nuestro país. La trama se recrea en el Egipto de hace 1600 años. Salía Amenábar diciendo que le gustaría ver por un agujerito cómo era aquella época. Se grabó en Malta.
Lo que me llama la atención de la película no es más que el hecho de que ya en agosto oí hablar de ella.
-¿Qué tal tu hermana, E.? 
-Acaba de regresar de Malta, de la grabación de una película.
-¿Ha estado mucho tiempo allí?
-Sí, casi seis meses.
-¿Cómo se llamará la película?
-"Ágora".
En la revista de mi pueblo de diciembre, los datos ya eran certeros y se hablaba de la película. Pero hasta esta mañana no he caído. No es actriz, sino que pertenece al grupo formado por esos cientos de personas que están entre bambalinas. Me alegro mogollón por ella y desde aquí mi más sincera enhorabuena.

martes, febrero 24, 2009

De cháchara y otros menesteres

Esta mañana he quedado temprano con Rober. Está empecinado en crear una tertulia literaria en mi casa. Y ha dicho que el viernes se viene a hablar sobre el tema. Estoy segura de que no vendrá solo.
Nos hemos liado varias horas. Todo ha comenzado en la puerta de Correos, donde habíamos quedado. La sala estaba vacía, lo que es de agradecer. Como bien dije el otro día, aquí no se madruga y, por tanto, en lugares así no hay que esperar mucho. Le he estado esperando un rato en la puerta, con el guarda de seguridad a mi vera. Cuando pasaban quince minutos de la hora citada he optado por marcharme. Sabía que tenía varias llamadas en el móvil, que he dejado en casa.
En el Registro he estado como cinco minutos. Como llevo siempre los impresos rellenados y los manuscritos firmados, ha sido todo rápido. Antes de ir a pagar las tasas, he vuelto a Correos, y por fin, allí estaba Rober. Después de esperarle cinco minutos, me ha tenido que acompañar al banco y luego hemos vuelto a subir al Registro.
Y como el registrador me lo tenía todo preparado, ha sido cosa de otros cinco minutos. Me ha hecho gracia porque ha dicho: "Tú y un profesor de griego sois los que más registráis".
Rober y yo nos hemos ido a tomar el cafecito de media mañana y nos hemos liado a hablar... hasta hace poco rato.

Antes de que salga el sol

Me encanta dormir y odio, evidentemente, desvelarme. Para despertarme tengo que ponerme veinte alarmas y, aun así, me cuesta salir de la cama. Me encanta dormir y saber que aún puedo quedarme un rato más en la cama. El problema estriba en el momento en que los ojos se te abren como platos (aunque aún  no te has tomado el primer café de la mañana) e intentas darte la vuelta a ver si cae la breva de que aún tienes varias horas por delante antes de que amanezca.
Ayer me fui a la cama a la una, a las dos dejé el libro en la mesilla porque los párrafos enseguida se convirtieron en nubes brumosas que estaban más ya en el mundo de los sueños que en el real y a las cinco he abierto los ojos para no cerrarlos más. Lo mejor ha sido cuando al dar la luz de la lámpara de la mesilla, se ha fundido la bombilla y me ha quitado todo el alumbrado. En oscuras y descalza me ha costado un ratillo encontrar los interruptores que tenía para abajo.
También tenía un inmenso ardor de estómago. Creo que éste ha sido el motivo real por el que me he desvelado. 
No puedo dormir, no puedo leer, no puedo escribir y, para colmo, no puedo soñar. Porque hoy he soñado con F. Pensaba que había desaparecido, pero en esas tres horas ha hecho acto de presencia.
¡Qué horror! A las ocho de la tarde caeré totalmente rendida.
Basta que haya quedado en un rato, para que ahora me adormezca y luego me cueste despertar.

lunes, febrero 23, 2009

Lunes de Carnaval

Hoy he visto cientos de niños por las calles disfrazados con trajes multicolor. Y me he acordado de mi infancia, cuando nuestras madres nos apañaban con cualquier indumentaria que sacaran en casa, pues no nos compraban trajes, no, se los curraban ellas en media hora o menos. Y recuerdo que nos disfrazábamos el "jueves de tortilla", que ahora no estoy segura de si coincidía con el jueves pasado o con el de esta semana. También, el único día que nos sacaban de clase para ir a misa era el Miércoles de Ceniza, que creo que es mañana.
El mejor día era el "jueves de tortilla". Cada año lo celebrábamos en casa de alguna amiga y cada una llevaba algo para el buche, mientras que la madre de la anfitriona preparaba la tortilla. En La Rioja, a diferencia que en esta tierra, hace mucho frío aún en febrero. Recuerdo incluso años en los que nevó. Mi mejor disfraz fue el de castañera. Terminamos en casa de Rocío, jugando a la Oca al calor del brasero. Yo adoraba el brasero, porque en mi casa no había (teníamos chimenea para los crudos atardeceres invernales).
Ahora ya no sé si se celebra el "jueves de tortilla". Lo que sí es cierto es que nosotras no nos disfrazábamos ni en Lunes ni en Martes de Carnaval, sino el jueves de las tortillas.

domingo, febrero 22, 2009

Aire

Siento una terrible desazón que no sé realmente si se debe al aburrimiento de los domingos, a la historia triste que estoy contando aparte o a terceras personas en las que no quiero pensar. 
En breves, me quitaré el pijama de entretiempo y me acicalaré para ir a ver los conciertillos de mi calle. Llevo viviendo aquí desde hace unos tres años y nunca había visto que en el parque de San Esteban pusieran un escenario. Si abriera la ventana podría oír la música desde aquí, pero necesito que me dé el aire. 

Si un verso olvido...

"Si un verso olvido nunca me devuelve su cita.
Volver es tan difícil como morir de veras,
por eso son distintas todas las primaveras
y esperamos en vano que un sueño se repita".

Extravagancias

Hay momentos en que me siento impotente. Como ahora.
Es como si un huracán pasara sobre mí y ni siquiera se me moviera un pelo de la cabeza. Mi madre diría que si me pincharan ahora no sangraría.
Hay personas que son capaces de hacernos sacar todo lo malo y lo bueno que llevamos dentro en cuestión de segundos. Y te das cuenta de que intentas agradar a esas personas, pero no estás en la misma sintonía. No hay armonía. Y huyes..., huyes porque eres consciente de que el volcán puede empezar a rugir y a echar lava, quemando todo a su paso. Un rato después te sorprendes de todas las extravagancias que han pasado por tu cabeza o incluso has dicho en tan sólo media hora. Y entonces sientes que tienes la piel fría como un témpano de hielo, el vello erizado por algo que no alcanzas a comprender y los músculos rígidos como el tronco desnudo de un árbol torcido en posición forzada.
Ahora siento impotencia por el desconcierto. Porque no sabes qué rumbo tomar. Porque escuchas un lejano clamor doloroso y dudas entre darte la vuelta y pararte a escuchar el origen de los sonidos o seguir caminando dejando atrás todos los ruidos.
He echado a correr porque temo que, si me alcanza el son de los tambores, me resulte demasiado doloroso para no desmoronarme.
Me siento como un solitario punto luminoso en medio del espacio. Intento llegar a otro punto que brilla con la misma intensidad, sin conseguir alcanzarle. Y dudo, mientras lucho porque nunca se apague la luz interior que me mantiene aferrada a la vida.

sábado, febrero 21, 2009

Conversaciones de sobremesa

Ayer vino Rober a cenar a mi casa. Tras probar mis platos divinos me aduló diciendo que tengo buena mano para la cocina. No es la primera vez que me lo dicen, y además es algo que comparto con uno de mis hermanos; creo que herencia de la abuela. Es una lástima que apenas pase tiempo experimentando entre los fogones.
También hablamos de certámenes literarios. Rober sigue mi estela y ha quedado finalista esta semana en un concurso organizado en Salamanca, por lo que le publicarán su relato. Ahora soy yo la que tengo que felicitarle. Y regalarle mi crítica constructiva, que empecé a decirle ayer y que terminaré por email antes del lunes. Le tuve que convencer para que fuera al Registro y, al final, el miedica de él me hace acompañarle. Ya le expliqué que los registradores son majetes y que si tiene dudas ellos le explicarán todo mejor de lo que puedo hacerlo yo. Le metí miedo con algo que no haría jamás: el plagio.
-Si yo voy el lunes al Registro con este manuscrito que me has traído y relleno los impresos a mi nombre, después te puedo denunciar y hacer que te descalifiquen del concurso en que has quedado finalista.
-No puedes denunciarme -alegaba él-, porque yo tengo los resguardos de Correos de otros concursos.
-No te serviría. Tu texto no constaría como registrado oficialmente, y si tú das los resguardos, yo puedo decir que me lo robaste.
Por supuesto, yo sería incapaz de hacerle algo así, pero quería que comprendiera lo importante que es poseer los derechos de autor de una creación propia. Peca de confiado y yo de desconfiada. 
Rober, siempre tan detallista, me trajo vino. Y me puso al teléfono a Carlos, que no paraba de hablar, hasta que le corté diciéndole: "Cuídate y a ver si nos vemos pronto". 
Lo pasamos bien. La última idea que me dio Rober fue la de formar una tertulia literaria en mi casa. Todo sería ponerse con ello y preparar té y pastitas para veladas de este corte. A mí no me importaría... si no viviera sola. 

Al sol

Me encanta el sol, la luminosidad de un día de verano, los días largos y pasear por una playa desierta mientras los dedos de mis pies se mezclan con la arena húmeda.
Si tuviera terraza y el día saliera diáfano y sin nubes, como ayer, esperaría a las nueve para sacar el café y los donuts al exterior y desayunar mientras observo a los pocos tempraneros que van en busca del periódico o a los últimos trasnochadores extraviados que regresan a casa.
Cuando era pequeña siempre me llamaban la atención las lagartijas, que siempre salían de entre las grietas de viejas piedras de iglesias y ermitas y se quedaban quietas al sol. Como esas lagartijas, yo también miro al cielo buscando un rayo de luz. Por lo menos sé que no vendrá algún muchacho travieso a cortarme la cabeza, como hacían mis amigos con ellas. Se reían ante los inútiles movimientos de la cola de la lagartija sin cabeza hasta que cesaban. Yo prefería no mirar, no porque me diera pena el sufrimiento del animalillo, sino porque todo bicho que repte me produce una fobia tremenda.
En febrero comienzan los días soleados y te das cuenta de que la primavera está a la vuelta de la esquina. 

Comunidades virtuales

Al principio fueron los chats y el messenger, luego los foros, después aparecieron los fotologs, los blogs y myspaces, y un buen día los tuentis, facebooks y demás comunidades se ponen en boga y todo el mundo las saca a colación en cualquier conversación.
Reconozco que al principio hablaba por msn, pero me saturó. Me parecía un invento pésimo, un entretenimiento donde las conversaciones se repetían una y otra vez sin que te aportaran nada. Así que, aunque todavía lo tengo, he dejado de entrar. Seguro que a estas alturas más del 90% de gente que tenía me habrá eliminado por haber desaparecido durante tanto tiempo. También tuve mi época de chats y también me terminé cansando. Es otra pérdida de tiempo que no lleva a ningún sitio. Aunque, reconozco, de ahí salió al menos una buena amistad: Joan. Un amigo al que guardo cariño, con el que hablo por teléfono de vez en cuando y con el que nunca he quedado. Después llegó la época de los foros, donde incluso llegué a fundar uno (gratis, por supuesto) y al que he dejado de entrar momentáneamente. Los foros son rincones más serios que los chats, así que de vez en cuando sigo visitando los que me terminaron seduciendo, donde también conocí a mucha gente que merece la pena.
Y ahora, la gente a pie de calle me pregunta si tengo tuenti o facebook para agregarme. Los he visto de lejos, cuando mi hermano pequeño se ha conectado desde mi ordenador y no me llaman la atención esos lugares. Yo me quedo con el blog, que por lo menos me aporta más.
Me pregunto qué llegará mañana. Porque, como todo, las comunidades virtuales pasarán de moda y llegará algo más atractivo para los ojos de los usuarios de internet. Seguro que ya está inventándose en el cerebro de algún programador jovenzuelo que se hará de oro cuando venda su idea. 
Cada vez que entro en el correo de hotmail tengo cientos de invitaciones a esas redes sociales. Es triste que las relaciones actuales se 'limiten' a un rinconcito de internet. Creo que me estoy haciendo mayor. 

Dime

A Rober le he echado la bronca por no haber registrado un relato que presentó a un certamen y resultó finalista. Dice que sigue mi estela. A mí no me importa. He empezado a leer su manuscrito y ya en el título le he sacado tres fallos y he tenido que enseñarle uno de mis manuscritos preparado para el Registro. Pero son fallos por desconocimiento: un punto final en el título, las comillas y que no estaba en cursiva. Le he enseñado un periódico viejo y le he dicho: "Búscame un título que acabe con un punto final". Entre las comillas y la cursiva, a mí siempre me enseñaron a poner los títulos de los libros en cursiva (subrayado si era a mano o con máquina de escribir), ya que las comillas se utilizan para otros aspectos que intentan atraer de alguna manera al lector o para pensamientos de algún personaje, entre otras cosas. También usa gran profusión de comas, pero aún no he visto que separe el sujeto del verbo con una. Le he explicado que por contagio de la lengua oral se suelen transmitir esas pequeñas pausas habladas a la escritura y eso sí que es un error ortográfico grave. Y le he tenido que abrir una página de Word para decirle cómo poner los guiones largos en los diálogos. Para mí son minucias y he sido franca: no me pidas que te alabe, de mí sólo obtendrás críticas constructivas.
Al final he terminado convenciéndole para que registre su relato y explicándole ciertas cosas que debe saber.

viernes, febrero 20, 2009

Como cada viernes...

Odio despertarme de madrugada para no poder dormir después. Siento que estoy inquieta, como si el mundo fuera a explotar sobre mi cabeza de un momento a otro.
Me agrada que esta noche Rober venga a cenar a mi casa. Aún no sé qué prepararé para nuestro banquete. Espero que esta vez no se haya depilado el pecho con maquinilla (ya le dije que le quedaba fatal), al menos espero que no venga descamisado. Como estamos en invierno, no lo creo.
Me estoy imaginando las horas de conversación para, finalmente, irnos de fiesta o quizás ver una película. No creo que sea lo último, ya que es viernes. También nos podríamos disfrazar. Total... estamos en vísperas de carnaval.
Hoy vamos a hacer un intercambio. Seguro que encontraré un hueco en la conversación para chincharle. Lo consigo con cierta facilidad y él se termina mosqueando y diciendo: "Tienes un humor un tanto extraño". Hace dos años, ante la carencia de respuestas terminó diciéndome que era una homófoba y le contesté que si realmente lo fuera no quedaría con él. Rober es gay, pero no tiene tanta pluma como otros. Desde el primer día que le vi conectamos. Lo único que no consigue es que vaya con él a "esos bares". Ya lo hice una vez y no he vuelto. Dice que les discriminan cuando son ellos los primeros que distinguen con sus "bares de gays", aún no he escuchado que los heterosexuales digamos: "bares de heteros" ni apliquemos ninguna distinción de ese tipo. 
Tengo ganas de que llegue la noche, aunque me pase dos horas cocinando. Rober siempre consigue hacerme reír. Y necesito humor.

jueves, febrero 19, 2009

La clave está en Rebeca


Resultado de imagen de la clave está en rebeca
Ken Follett es apabullante cuando trata historias de espías enfocados a la Segunda Guerra Mundial. En cierto modo, me ha recordado a un libro suyo también, La Isla de las Tormentas, que hace mucho tiempo leí. Como británico, en ambas novelas, Follett hace que pierda el espía alemán, aunque durante todas las páginas no obtiene más que fracasos.
Creo que el libro al que se refiere es la Rebeca de Daphne du Maurier, aunque a mí me sonaba a Alfred Hitchcock, obvio. Como no me lo he leído no puedo estar segura. Durante la Segunda Guerra Mundial se tomaban claves de los clásicos de la literatura porque, si los mensajes eran interceptados por el bando contrario, sería complicado descubrir cuál era el código y, por tanto, casi imposible descifrar el mensaje. Si mal no recuerdo, también el protagonista de La Isla de las Tormentas usaba el mismo método.
La historia de éste transcurre en Egipto a lo largo de 1942, cuando aún los alemanes creen posible la victoria. Hay dos bandos, dos hombres, dos mujeres y una lucha por la hegemonía de El Cairo. El que se haga con la capital será el dueño de Egipto.
La capital está en manos de los colonizadores ingleses, que tienen a su servicio todo un entramado de mandos oficiales, británicos y egipcios, intentando desenmascarar a posibles espías. El comandante William Vandam se ocupa del Servicio de Información. Se trata de un hombre rígido, duro, que sólo se muestra tierno con su hijo Billy; es viudo y vive en una enorme mansión. Su superior, Bogge, es un inepto, que desatiende sus consejos.
En el desierto, a unos cien kilómetros de la capital, se encuentra Rommel al mando del Afrika Korps, soldados alemanes de élite, que quieren conquistar El Cairo. El Zorro del Desierto no obtiene más que victorias. No hace mucho ha conseguido que un espía entre en la capital, y ese espía le envía información muy concreta sobre los pasos de los ingleses.
Alexander Wolff es cairota, de madre alemana. Ha pasado los dos últimos años aprendiendo en el servicio de espionaje del Führer y ha conseguido entrar a Egipto por el Sur, amparado por el desierto y por su primo Ismail, un nómada al que le ha dejado una maleta. En Assyut se ha visto obligado a asesinar a un soldado inglés y ha marchado sobre El Cairo. Pero su descripción y sus datos no pasan desapercibidos para el comandante Vandam, que ha entrado en su casa. Alex no tiene más remedio que pedir ayuda a su amante, a la que se vio obligado a abandonar cuando desapareció. Sonja es la bailarina del vientre más famosa de El Cairo. Vive en una casa flotante sobre el río y le da alojamiento. Ella es proalemana, ya que odia a los ingleses, que azotaron a su padre causándole la muerte prematura, así que no le importa esconder a su amante en su casa. Por órdenes de Alex, seduce al comandante Sandy Smith al que el espía roba los documentos secretos del maletín, mientras Smith retoza con Sonja. La información que envía es tan fiable que Rommel entrará en El Cairo gracias a Wolff. Pero un día, el comandante le pilla y Alex no tiene más remedio que asesinarle.
Vandam, por otro lado, conoce a Elene Fontana, una judía que quiere salir de Egipto. Se ve obligada a ayudar a los ingleses y termina enamorándose de William -y él de ella-. Elene siempre ha sido una mantenida, que ha vivido de la fortuna de sus amantes, que siempre han terminado abandonándola. Cuando Vandam le explica que tiene que citarse con Alex Wolff a ella le desagrada el trato despectivo que usa él. Conocerá a Alex, que burlará todos los intentos de ser apresado. Alex sólo la quiere utilizar para mantener a Sonja a su lado, para hacer un trío. Elene teme a Alex y la noche en que llega a la casa flotante consigue que Alex no envíe el mensaje. Mientras que la pareja duerme, ella se levanta y encuentra la radio, el libro de Rebeca y el código, pero no consigue escapar. 
Wolff y Elene llegan a casa de Vandam y se llevan a su hijo, pero Elene le deja una pista al comandante: Assyut. Vandam interroga a Sonja, que confiesa todo respecto a su amante, y a los detectives egipcios que le han ocultado información. Cuando llega a su casa, coge la moto y se dirige hacia el sur en busca de los dos seres que más quiere. El niño le descubre, pero consigue apresar a Alex Wolff y envía un mensaje falso a Rommel, que será derrotado antes de llegar a El Cairo.

miércoles, febrero 18, 2009

Los grandes madrugadores charros*

8 a.m. Calle Compañía
Una de las cosas más sorprendentes de Salamanca es que es una ciudad que despierta tarde. A las ocho de la mañana las calles están tan vacías que parece fantasmal. A las nueve empiezan a verse los primeros comerciantes abriendo sus negocios, casi todos dueños de cafeterías céntricas y restaurantes de postín, que ofrecen apetitosos y completos desayunos hasta las doce del mediodía. A eso de las diez y media, la Rúa y la Plaza Mayor se ven invadidas por un sinfín de furgonetas descargando sus voluminosos paquetes. Así que las tiendas están abiertas y preparadas para empezar el día a las once de la mañana.
Es una simple curiosidad que no concibo. A medida que vas hacia el este de la Península, la gente madruga más. En Logroño, las furgonetas descargan a las nueve y media hora más tarde puedes encontrar cualquier negocio abierto. Por no hablar de Barcelona.
El caso es que vas a un edificio oficial antes de las once y no tienes que esperar ninguna fila. Tardas cinco minutos en rellenar los impresos y enseguida estás de nuevo en la calle. En cambio, vas a partir de esa hora las filas son inmensas. Si llegas a Correos, por ejemplo, a la una, posiblemente vuelvas a casa para comer, con las piernas agarrotadas porque todas las sillas estaban ocupadas y has tenido que esperar tu turno de pie. Lo mismo ocurre en las carnicerías, los supermercados, imprentas y demás negocios. Si quieres acabar rápido, ve ante de las once, que no habrá nadie.
Ahora bien, como te corra prisa algo, por ejemplo, hacer unas fotocopias que tienes que entregar a las diez, te las ves y te las deseas para encontrar una copistería abierta. 
¡Para que luego digan...! 

Mi padre, madrugador donde los haya, de estos que abren los ojos a las seis sin despertador y no vuelven a dormir más, siempre nos cita el refrán de que "a quien madruga Dios le ayuda", pero también es dado a contar una historia, que aún desconozco si es real o imaginaria. Dice que un labrador alentaba a su hijo para que se levantara antes de que el sol apareciera por el horizonte, pero su hijo era tan dormilón que muchas veces el padre se iba a hacer las tareas del campo en solitario. Una mañana en las que su hijo se había quedado en la cama, encontró una cartera llena de dinero. Cuando llegó a casa se la enseñó al hijo y le dijo: "Mira lo que me he encontrado. Todo por haber madrugado". A lo que el hijo respondió: "Más madrugó el que la perdió".

(*) Charro: Salmantino, de Salamanca.

Creatividad al alza

"Dadme una palabra y la convertiré en una gran historia" (parafraseando a Arquímedes). Ése es el lema que caracteriza mis noches en las últimas semanas. De repente, mis ojos se fijan en un certamen temático, el tema se graba en mi cerebro y, cuando estoy adormilada, empieza a moldearse una historia en mi cabeza, una historia que me obliga a levantarme de la cama, encender el ordenador y escribirla. Me ha ocurrido al menos cuatro veces este mes.
Literariamente hablando, nunca había dado tanto de mí. Estoy en una etapa creativa e, intentando no pecar de pedante ni arrogante, creo en la posibilidad de que algún premio más caerá antes de mi cumpleaños (abril). No soy adivina, pero sé lo que he hecho, lo que he escrito, y he descubierto que cada vez es mejor, que cada vez cuido más mis palabras y expresiones y que cada vez corrijo menos tras la primera escritura.
Y lo mejor de todo es que, cuando escribo, me siento pletórica, llena, íntegra y feliz. Lástima que no tenga tanto tiempo para poder presentarme a más concursos. 

martes, febrero 17, 2009

In vino veritas

Ayer di por casualidad con este refrán latino. Como no estaba segura de su significado estuve hurgando y me gustó la simbología que le rodea. "La verdad en el vino", lo que viene a coincidir con otra máxima que se utiliza más a menudo, que "los borrachos (y los niños) siempre dicen la verdad".
Porque el hombre, en un estado de embriaguez absoluta, es capaz de contar sus secretos más íntimos y ocultos. Son muchos los que recurren al engaño del vino (o cualquier otro tipo de elixir que lleve alcohol) para sonsacar cosas. 
El vino se identifica con la esencia de la vida, pero yo lo he usado como el veneno traidor que la quita. Es un dulce elixir relacionado con la vitalidad y la inmortalidad, el vehículo de conocimientos superiores, revelados por los dioses. Es símbolo de la alegría, y tan alegre estaba mi personaje que murió por ello. Tenía que morir. 
Me gustaba cómo sonaba el refrán en otros idiomas: "Der Wein ist ein Spiegel der Menschen" (El vino es un espejo del hombre, literalmente), "Wine is want to show the mind of man" o "La verité dans le vin". Curiosamente, el refrán en el país vecino es el que más se asemeja a la frase usada por nosotros.
Y yo... no quería escribir nada al respecto, pero lo hice. Leo y releo lo que escribí y ¡me encanta! No tengo nada que añadir, ni nada que quitar. Está perfecto tal cual. 
Sólo me queda decir que ¡viva el vino!
(Parece ser que últimamente tengo fijación con el tema del vino.)

Piedad y Ángel

Piedad y Ángel eran dos desconocidos para mí hasta hace unos meses. Ahora son casi como de la familia, dos personas que me aportan mucho en facetas de un mundo inexplorado o, más bien, que siempre había observado desde fuera.
Esta mañana me ha preguntado Piedad si en iNet hay mucho pirateo. Supongo que si hablas de ese tema con cualquier otra persona puedes hablar de las cosas que te descargas al día. Pero que esa pregunta te la haga una registradora de la propiedad intelectual hace que te pienses lo que vas a responderle. He sido sincera sin decir todo, porque ¿cómo voy a decirle que yo no me bajo cosas? Es obvio que cualquiera que tenga acceso a iNet se descarga algo, mientras que no "trafiques" con ello...

lunes, febrero 16, 2009

Días extraños

Hoy ha sido un día de esos extraños que hay que coger con pinzas. He estado sin móvil todo el día, lo que es de agradecer cuando quieres que nadie te encuentre. El resultado ha sido un número infinito de llamadas de varias personas. Lo peor es que luego he tenido que devolver las llamadas. Lo mejor ha sido hablar con Rober, desde aquí mis felicitaciones para él (ni siquiera sé si entra).
En el banco he tenido un momento bastante gracioso, donde un hombre de entre sesenta y setenta años que estaba detrás se ha puesto a hablar conmigo. Me ha dicho que tenía cara de burlona, todo entre risas. Y lo cierto es que, en principio, yo me reía porque no sabía dónde mirar. La fila era larga y el hombre tenía ganas de cháchara, tanto que ha terminado enseñándome las fotos de toda su familia y diciéndome consejos: "No corras, que estás empezando a vivir". Esa única frase ha sido suficiente para convertir esta jornada en un día extraño. 
Hoy... ha sido un día en que no tenía ganas de escribir nada, pero, como siempre, me obligo a escribir sobre cualquier nimiedad que, en principio, no le das importancia. Y, al contarlo por escrito, ese minuto de tu vida se convierte en inmortal.

"Las palabras son la droga más potente que haya inventado la Humanidad" (Kipling).

domingo, febrero 15, 2009

Gestos que dejan huella

Últimamente me acuerdo mucho de mi tío. Siento una especie de vacío que me hace preguntarme dónde estará. A veces miro a las estrellas, como si allí pudiera encontrar una respuesta. Siento que me falta algo. Me gustaría contarle tantas cosas... Eso lo echo de menos: hablar con él y contarle los secretillos, hablarle de novietes y de amigos. Era la única persona adulta con la que yo había creado una complicidad que no compartiría con nadie más. Pero él me entendía, se reía, me hacía sonrojar, o decía frases delante de mis padres que sólo los dos entendíamos.
Me acuerdo muchas veces de un gesto de él, en una de las últimas tardes que acudí a verle. Recuerdo que salíamos de su casa para dar un paseo y los vecinos aparecieron con un niño de unos cuatro años. Recuerdo su mirada y supe leer en ella. Mi tío siempre fue muy niñero, y estuvo jugueteando con aquel chavalín, pero súbitamente se quedó serio y su mirada se tornó sombría y triste. Mi tío ya había sido operado, aunque el cáncer no se le había reproducido aún, pero aquella tarde yo leí un NUNCA: "Ya nunca tendré un niño". Para mí, ser consciente y capaz de leer a través de sus ojos fue un golpe muy duro. 
Siempre he pensado que la fuente de información de los gestos faciales es inmensa. Es sencillo leer el rostro de una persona, pero no así sus pensamientos. Aquella tarde yo descubrí en mi tío una infinita tristeza, indescriptible, al límite.
Me miró y se dio cuenta de que yo lo sabía. Intenté animarle pero aquella pesadumbre no se me quitó en mucho tiempo. Ni siquiera se lo conté a mis padres ni hermanos. Era algo que no quería creer.
Le echo tanto de menos...

sábado, febrero 14, 2009

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina


Resultado de imagen de la chica que soñaba con una cerilla y un bidon de gasolina
No quería acabarlo tan pronto, porque la tercera parte no se publicará hasta el 5 de junio, y me va a tocar esperar al desenlace.
Me gustó más Los hombres que no amaban a las mujeres, aunque es cierto que aquí conocemos un poco más a esa 'salvaje' adorable rechazada por la sociedad. Lo que es cierto es que sigue las líneas de lo más desconcertante e imprevisible. No me extraña que haya sido un éxito.
Lo cierto es que Lisbeth Salander es de todo menos salvaje. Es una luchadora nata, una superviviente de una sociedad injusta, una mujer que odia a los hombres que no aman a las mujeres, una persona con recursos suficientes para salir adelante sin ayuda de nadie. Su peculiar personalidad sorprende, a veces está cargada de momentos de humor, en otras ocasiones nos trae tensión, pero el lector se encariña con ella de una manera extraña. El lector se humaniza con ese desecho social en que la han intentado convertir, y ha terminado siendo una moralista nata que se adelanta a los acontecimientos y a personas supuestamete más expertas (policías, periodistas, investigadores, gánsters). Lisbeth es un personaje único.

Cuando Lisbeth Salander descubre que está enamorada de Mikael Blomkvist, decide huir. Con el dinero que había sacado sutilmente de las cuentas en el extranjero de Wennerström se pone en contacto con un abogado en Gibraltar, creando la empresa Wasp, con el que comprará un apartamento inmenso para ella sola. Su piso anterior se lo deja a su amiga, la lesbiana Miriam Wu, a la que no le cobrará alquiler. A su administrador, el abogado violador Bjurman, lo mantiene a raya por el vídeo de la violación. Con todos los cabos atados, decide marcharse al extranjero de vacaciones para huir de un sentimiento que nunca antes había tenido.
Mikael Blomkvist, por su parte, ignora dónde se encuentra Lisbeth, aunque intenta ponerse en contacto con ella, acudiendo a su casa y llamándola por teléfono, sin éxito. Así que se concentra en su trabajo. Contratan temporalmente a un periodista joven, Dag Svensson, para que escriba un reportaje y un libro sobre el traficking, es decir, el comercio sexual. Su reportaje tiene nombres de personajes de peso, desde políticos y policías hasta periodistas corruptos. Se basa en la tesis de investigación de su novia criminóloga, Mia Bergman. El reportaje en Millennium puede ser una bomba para la opinión pública.
Lisbeth regresa a Suecia en medio del caos. En su ausencia, Nils Bjurman ha investigado sobre ella y ha llegado a ponerse en contacto con un hombre que odia profundamente a la joven. Por casualidad, ella descubre al abogado en una cafetería y hace sus pesquisas. No le queda más remedio que vengarse de él. 
Después entra en los ordenadores de Mikael y de Dag, por lo que descubre lo que se traen entre manos. Y decide hacer una visita a Dag Svensson. Lo único que ha llamado la atención de Lisbeth Salander es un nombre: "Zala" y a ella esa simple palabra le trae muchos recuerdos.
Es Mikael Blomkvist el que encuentra los cadáveres de Dag y Mia en su casa. También encuentra el arma homicida (una pistola perteneciente al abogado Bjurman). La policía empieza a investigar y encuentran las huellas dactilares de Lisbeth en la pistola. Al abogado se lo encuentran también muerto en su casa. Tienen claro que la culpable es Lisbeth Salander y su fotografía se distribuye en todos los periódicos.
Sólo dos personas creen en su inocencia: Mikael Blomkvist y Dragan Armanskij, su jefe. Entran en su piso y finalmente hacen declarar a Miriam Wu, que desconoce la residencia actual de Lisbeth. A Mikael se le ocurre que es posible que la joven entre en su ordenador y abre una carpeta a nombre de Lisbeth. Su instinto no le engaña y ella, por fin, le contesta y le da pistas para su investigación. También le confiesa que no es la criminal que todo el mundo está buscando. Cuando Lisbeth sale a la calle, va disfrazada y con una identidad nueva, y se encuentra oculta en su enorme apartamento a nombre de una empresa imaginaria. 
Sigue las pistas y la investigación de la policía. Miriam es secuestrada y aparece en escena un ex boxeador amigo de Lisbeth, Paolo Roberto, que se une a Mikael para descubrir el paradero de su joven amiga. Paolo salva a Miriam Wu de ser descuartizada, pero tiene que enfrentarse a vida o muerte con un hombre que no siente dolor, una montaña humana que está dispuesto a asesinarles. Consiguen escapar del gigante rubio. En aquel almacén en medio del campo, la policía encuentra cadáveres y empiezan a reconsiderar que quizás Lisbeth Salander, la psicótica asesina, sea realmente inocente de los hechos de que ha sido acusada. Lisbeth necesita encontrar a Zala, Alexander Zalachenko, y acabar con él. Así que sólo tiene que seguir los pasos del gigante rubio. Ya ha encontrado los documentos que el abogado Bjurman guardaba en su casa de campo. Eso y el vídeo de su violación los abandona en su casa, pero antes de marcharse vacía el disco duro de su ordenador.
Gracias a un apartado de correos, llega a una casa solitaria en el campo. Espera y se asegura de que allí sólo hay dos personas: el gigante rubio y un viejo cojo con la piel desfigurada. En Estocolmo, Mikael consigue encontrar su casa y desactivar la alarma. Allí encuentra la documentación y el vídeo y sigue los pasos de Lisbeth.
La joven entra en la casita, donde es apresada por el gigante rubio. Zalachenko está rodeado de sensores de movimiento y estaban prevenidos de su presencia desde hace horas. El viejo quiere matarla, como venganza de lo que le hizo, pues el viejo es el padre de Lisbeth, un desertor del servicio de inteligencia militar ruso, el GRU, que pidió asilo político en Suecia durante la Guerra Fría, un psicópata cuyas huellas eran borradas por la policía secreta sueca. Lisbeth, con doce años, se enfrentó a su padre, tirándole unas latas de gasolina y prendiéndole fuego, después de que él empleara la fuerza bruta con su madre. Él aún no lo ha olvidado y sólo quiere acabar con su hija. En la actualidad, Zala se dedica al comercio sexual, y ha formado una sociedad con el gigante rubio, que también es hijo suyo.
Los dos hombres la arrastran hasta un claro en el bosque. Zala la dispara con un arma de boy scout, dejándola inconsciente. La entierran viva y vuelven a la casa. Pero Lisbeth, despierta y consigue salir de su tumba. Se acerca a la casa y se defiende de los dos hombres. A su padre le pega un hachazo, dejándole medio muerto, y el gigante cree ver un fantasma, por lo que sale huyendo.
Entonces Lisbeth llama a Mikael, que tiene el teléfono desconectado. Sin embargo, el periodista está llegando a la casa y se la encuentra semi inconsciente.

viernes, febrero 13, 2009

"Posdata: Te quiero"

Hace unos años, cayó este libro en mis manos por casualidad. Ni recuerdo a la autora ni tengo el consecuente argumento en el blog, porque aún no había caído por aquí. Lo que es cierto es que me lo regalaron en Santos Ochoa en Logroño, una cadena de librerías donde siempre te dan un obsequio. Cuando vi el título me pareció bastante pasteloso y ocupó un lugar en la estantería durante un tiempo, hasta que me decidí a empezarlo. Se leía bien y rápido, aunque recuerdo bien ciertos detalles que en la película sobran por su ausencia: ella canta fatal y tiene miedo escénico, todas las cartas están juntas en una caja y cada una se debe abrir cierto día de cada mes hasta completar el año, no hay ningún amigo irlandés y creo recordar que el viaje era a Canarias, ella acaba con Dany pues lo vuelven a intentar después, y lo que me ha parecido fatal es lo del trabajo: ella encuentra trabajo en una revista, donde el director también es viudo y se cuentan sus propias historias, se identifican con el mutuo sentimiento de pérdida. Recuerdo que, en la entrevista, ella reparó en la foto de una mujer y le pregunta: "¿Es tu esposa?" y él le responde que murió. Entonces Holly le cuenta que ella también ha perdido no hace mucho a su marido. Y a lo largo de todo el libro hay alusiones a su trabajo en esa revista, que aquí no viene a cuento. Obviamente, en el libro aparecen doce cartas, y aquí faltan unas cuantas. Lo que me cabrea es que no sean fieles si al principio pone que se basa en el libro. 

Holly (Hilary Swank) ha perdido a su marido Jerry Kennedy (Gerard Butler), por un tumor en la cabeza. Ella no puede soportar su ausencia y la desicia hace mella en ella, hasta el día en que cumple treinta años y recibe la primera carta.
Su marido, después de su muerte, ha planeado que le lleguen cada cierto tiempo unas cartas escritas por él para ayudarla a seguir adelante sin él. Programa un viaje al extranjero con sus amigas, que vaya a cantar a un karaoke, que se busque un trabajo o que se vuelva a enamorar cuando llegue la señal. Pero debe seguir adelante con su vida. Y sin él.

jueves, febrero 12, 2009

Dibujando historias

Anoche se me ocurrió una historia mientras cenaba y hoy apenas he cambiado nada. Siempre espero un día o dos, a veces más, porque el estado de ánimo cambia y lo que ayer te dejaste o no viste hoy sueles encontrarlo. Pero tengo un poco de incertidumbre por el hecho de no haber cambiado nada consistente, ni haber añadido nada a lo que ya había. 
Mi amiga M. dice que le gusta mucho, sobre todo por que he dejado caer la "bomba" en el momento oportuno, y no salió como algo forzado, sino como parte de la conversación.
Mañana lo registraré y lo enviaré.
De momento, ya tengo otra historia en mente que descongelar mientras ceno y busco mentalmente el enfoque adecuado. Seguiré con mi historia de historias... en otro momento.

miércoles, febrero 11, 2009

El aroma de los buenos vinos

Dicen que la cata de vinos es más un arte que una ciencia. Yo no creo tener la suficiente sensibilidad ni paciencia para poner la copa al trasluz y fijarme en el color, sentir que el aroma fluya embriagador y saborearlo para escupirlo después. Pero como buena riojana, sé apreciar un buen vino. En cuanto tuve edad para probarlo, recuerdo que mi familia me permitía beber una copa en celebradas y contadas ocasiones –y siempre mezclado con gaseosa-. Cuando tuve más edad y en las cenas con los colegas tomaba claretes. Y ahora, si tengo que elegir, me quedo con un buen crianza, y que sea tinto. 

Los hombres son como los buenos vinos, aunque algunos no se merecen siquiera que les den esa cualidad. Sin embargo, seré benevolente. Los hay tan afrutados y dulces que te empalagan hasta la saciedad, los hay añejos y sabios que te hacen incomprensibles tesis doctorales y con el ego tan elevado que te terminan subestimando, los hay jóvenes e inexpertos que aún no se han empapado del sabor a barrica... y un largo etcétera. A la hora de elegir, como en los vinos, a veces resulta complicada tarea la de escoger uno de tu gusto. Pero lo cierto es que es más fácil encontrar un buen vino que un buen hombre. 
Y lo que ocurre ahora es que, como no puedo beber, me embriago con el aroma del vino. Sólo que como no satisfago el paladar no sé si es un buen o mal vino. Estoy desconcertada, con dudas, con negros nubarrones en la cabeza, pero sólo tengo que cerrar los ojos y olfatear el vino añejo que no puedo probar. 

martes, febrero 10, 2009

¿Cómo sería... si las cosas fueran de otra manera?

Es inevitable preguntárselo.
Me gustaría que las cosas fueran de otra manera. Mi naturaleza impulsiva en el pasado me dio tantas comeduras de tarro que, finalmente, a veces conseguí contenerme en numerosas ocasiones. Aún hoy quedan resquicios de todo aquello. Debido a ello fui transformándome en una persona tan reservada que ha terminado desconfiando de todo y de todos. No sé cuándo se produjo ese cambio, pero si antes daba mi opinión sin pensar, ahora es fácil que no me moje. Sólo mantengo conversaciones profundas con tres personas y creo que ni siquiera estas mismas personas llegan a percibir un uno por ciento de lo que llevo dentro. Es por eso mismo por lo que no deseo un novio, porque nunca podrá llegar a mí. Y cuando hablo de mi vida todo es frío, calculado y visto de una manera somera.
Me gustaría cambiar mucho, pero considero que son defensas que me protegen del mundo.

Los hombres que no amaban a las mujeres


Resultado de imagen de los hombres que no amaban a las mujeres
Eran las semanas previas a la última Navidad cuando me encontraba ojeando las novedades literarias nacionales e internacionales en la planta baja de Víctor Jara. Mientras leía la contraportada de un libro escogido al azar, escuché la conversación que mantenían dos mujeres de mediana edad que distaban a medio metro de mí. Sé que no está bien poner la antena en conversaciones ajenas, pero no lo pude evitar. Una le recomendaba a la otra la serie de Stieg Larsson, un autor sueco del que yo no había oído hablar en mi vida. Iban directas a comprar el segundo libro de la trilogía. La frase que me sorprendió se refería, empero, a Los hombres que no amaban a las mujeres, el primero de la serie: "Es un buen libro". Por lo general, me queman este tipo de expresiones, ya que cada persona tiene su propia opinión y sus propios gustos, por lo tanto considero más oportuno y normal decir "me ha gustado" o "no me ha gustado". Sin embargo, percibí algo más: admiración. Instintivamente levanté mis ojos y observé a las mujeres, desviando mi mirada hasta clavarla finalmente en la portada del libro. Una portada que llama la atención pero que puede llevar a desengaño. Y por eso yo cogí el libro con pinzas, aunque me terminó enganchando de una forma fascinante. Porque, pese a todo, es una joya de la novela negra. Lamentablemente, el autor no pudo ver publicada su obra, ya que murió repentinamente de un ataque al corazón pocos días antes de que este libro viera la luz. Lo que es cierto es que llegó a entregar a los editores la trilogía entera. 
Ni que decir tiene que cuando aquellas dos señoras se fueron yo caí sobre los dos libros de Millennium y no les presté más atención de la necesaria: en ese momento ya había elegido otra cosa y tendría que dejarlo para otro momento.
Lo que puedo decir es que se lo recomendaría a todo el mundo. Se trata de una radiografía de la sociedad actual sueca con un entramado de personajes curioso. Ni que decir tiene que las seiscientas páginas me han mantenido en vilo desde que descubrí una historia inesperada y muy elaborada hasta el grandioso final... que imagino se retoma en La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Uno de los temas que se toca es el del maltrato y el odio a la mujer (sin embargo, en ningún momento se dice la palabra "misógino", lo que me ha resultado curioso). He tenido momentos de risa con párrafos que, desde una perspectiva seria, han conseguido que estallara a carcajadas; momentos de angustia en los que pensaba que a alguno de los protagonistas podía ocurrirles algo malo (y es que el lector se encariña con ellos y les acepta tal cual); momentos de odio y ceguera brutales ante esas aberraciones de psicópata que a veces cuesta imaginar que puedan ser fruto de la mente humana; momentos dulces, agrios, salados... Un sinfín de sentimientos contradictorios y, a la vez, complementarios. 
Y, a pesar de todo esto que es lo que hace que una novela se convierta en algo sublime, seguiré sin decir que es buena. Lo máximo que podré hacer será recomendarla, y por supuesto añadir que me ha gustado muchísimo.

Millennium es una revista de investigación afincada en Estocolmo. Fue creada por Erika Berger, Mikael Blomkvist y Christer Malm; los dos primeros son periodistas, el tercero es diseñador gráfico. Mikael ha publicado en la revista un reportaje sobre los "trapos sucios" de un importante empresario sueco, Hans-Erik Wennerström, ha sido condenado por difamación y ni siquiera se ha defendido en el juicio.
Un abogado encarga a la empresa de seguridad Milton una investigación personal sobre el periodista Blomkvist que cubrirá su mejor investigadora, Lisbeth Salander, una joven de 24 años, inadaptada social, peculiar y extravagante, llena de tatuajes y piercings, que siempre viste de negro y nunca habla de su vida privada. Su jefe, Dragan Armanskij, está orgulloso de ella, aunque sabe que no puede controlarla y es protector con la muchacha que le atrae de una manera especial. Evidentemente, el informe sobre Mikael que presenta la joven es brillante.
Blomkvist ve que su cuenta se tambalea, tendrá que pasar tres meses en la cárcel y cree que Wennerström puede hundir la revista, así que dimite en el acto, a pesar de que Erika y Christer no están de acuerdo.
A Mikael le ofrecen un trabajo en el norte y un salario astronómico por trabajar durante un año para Vanger Group. Henrik Vanger es un empresario, ya retirado, que lleva toda su vida obsesionado con encontrar a su sobrina Harriet, desaparecida en Hedestad en 1966, cuando tenía 16 años. Desde entonces, han pasado 36 años, pero el viejo no se resigna a morir sin saber el paradero de la joven o, al menos, encontrar su cadáver. Obviamente, es un caso sin resolver y, después de tanto tiempo, ha prescrito y ha sido cerrado. Henrik Vanger y su abogado, Dirch Frode, que ya han investigado gracias a Milton al periodista, le ofrecen, cuando termine su trabajo, información para hundir al Wennerström Group. Con este cebo, a Mikael sólo le queda aceptar, además de que comprende que le sentará bien estar un tiempo fuera de Estocolmo.
Henrik le deja a su disposición toda la información que tiene sobre la desaparición de Harriet y le pide que encuentre al asesino, alguien que cada año por su cumpleaños le crucifica enviándole una flor seca y enmarcada en un cuadro, tal y como hacía su sobrina antes de desaparecer. Tanto el viejo como Mikael saben que ese trabajo es casi imposible, pues ¿qué se puede descubrir en las líneas de investigación que ya miraron con lupa expertos tres décadas atrás? El viejo cree que el asesino es un familiar y le pide que investigue a todos los Vanger, una familia numerosa desperdigada por toda la isla donde se asienta el imperio Vanger, ya en decadencia. Mikael seguirá todas las pistas, desde familiares, policías, fotografías, diarios de Henrik y un largo etcétera. El director actual de las empresas Vanger es Martin, el hermano de Harriet, un hombre bastante honrado y simpático. También conoce a Cecilia, con la que surge un idilio romántico y ella es la primera que descubre el verdadero cometido de Mikael. 
A Lisbeth, por su parte, le han encargado investigar a Wennerström, pero le dicen que cancele. Sin embargo, ella ha descubierto algo y se niega a dejar esa investigación. Cuando Mikael pida al abogado de Vanger un investigador para que le ayude, descubrirá que él también fue investigado y en el informe ve que esa Lisbeth, aparte de que es minuciosa, ¡ha entrado en su ordenador! Es una hacker, lo que a Mikael le vendrá de perlas. Así que va a buscarla a su casa y aquí surge una amistad extraña. Ella, que nunca se había dejado tocar por nadie sin su consentimiento, a la que le cuesta sonreír con extraños, que siempre ha trabajado en solitario, encuentra en Mikael el compañero ideal y descubre que le gusta su compañía. Ni que decir tiene que se convierten en amantes, a pesar de la diferencia de edad. Entre los dos siguen las pistas bíblicas del diario de Harriet y el rastro de las fotos hasta que dan con Martin. En esos años se habían dado una serie de asesinatos en Suecia, bastante escabrosos y desagradables, que no habían sido resueltos. Todos tienen un vínculo con el libro del Levítico. Mientras Gottfried aleccionaba a su hijo Martin en el odio a las mujeres y violaban a Harriet, la joven empezó a indagar en los extraños asesinatos. Después de matar a su padre, su hermano sólo se dedicó a chantajearla a cambio de favores sexuales... hasta que él fue enviado a otra ciudad. En esta época ella se sintió a salvo, hasta que en la tarde de su desaparición él apareció de improviso y la cara aterrorizada de ella se refleja en las fotos. Cuando Mikael descubre a Martin va a su casa y le encadena en su "cámara blindada", una especie de búnker en el sótano donde tiene todo tipo de juguetes sexuales, mordazas, fustas, películas caseras y otros maquiavélicos objetos. Simultáneamente Lisbeth descubre la última pieza y, tras no encontrar a Mikael, se cuela en la casa de Martin, por lo que salvará la vida al periodista. Martin consigue escapar pero se choca con un camión frontalmente y pierde la vida. Mikael ha descubierto que Martin iba a asesinar a su hermana, pero alguien se les adelantó. Harriet sólo se llevaba bien con su tío Henrik y con Anita Vanger. Atando los cabos y como Anita vive en Londres, la pareja decide ir a buscarla. Allí, los amigos informáticos de Lisbeth le pincharán el teléfono y así descubrirán a Harriet en Australia. Mikael llegará a un prado con cientos de cabezas de ovejas, y la dueña de todo eso es Harriet, que se cambió el nombre por el de Anita al salir del país. Cuando Mikael le cuenta toda la historia, ella deja a sus hijos a cargo de su empresa australiana y vuelve a Suecia. Henrik, que se ha convertido en ejecutivo asociado de Millennium para hacer frente a la publicidad a la que soborna Wennerström, recupera por fin a la que creía que había sido asesinada y le cuentan la cruenta historia. Pone a Harriet al frente de la empresa y como su representante en la revista y le pide como favor especial a Mikael que no publique la historia de su sobrina, que ya ha sufrido demasiado.
El caso Wennerström se cierra en el momento en que Millennium publica otro nuevo reportaje en que se habla de los fraudes fiscales del Wennerström Group, y del metálico que destinan para armamento ilegal, cárteles de droga y demás historias que corren alrededor de la mafia. Lo único que no se citan son las fuentes, pero tras confesarle Mikael a Lisbeth que no se defendió en el juicio porque fue amenazado y le dieron palizas unos matones, la joven le entrega todo el material que tiene del disco duro del ordenador de Wennerström, suficiente para hundir todo su imperio. Blomkvist se convierte en un héroe nacional y Lisbeth se da cuenta de que siente algo que nunca antes había sentido: se ha enamorado de Mikael. 

lunes, febrero 09, 2009

Cuatro palabras

Si pudiera definir el día de hoy lo haría en cuatro palabras. Y no porque haya sido menos intenso que otros días, más bien al contrario. Lo cierto es que no es tanto el estado físico como el mental. Más concretamente guardo una espina dentro de mí que no puedo arrancarme, la misma espina que se clava cuando alguien te causa dolor. Es una crueldad imperdonable (claro, que esto depende de la gravedad). Junto a esta espina, hay, desde hace much tiempo, otras dos mucho más grandes y son personas non gratas para mí. Ahora siento una contradicción a la que llevo dando vueltas y no sé si debo o no debo llevar a la práctica lo que creo. Me siento dolida y por tanto ¿sería la vendetta la mejor solución? Sería una de esas cuatro palabras, que está directa e inevitablemente vinculada con el dolor. No es un dolor horroroso. Es una espina pequeña, de esas que apenas sientes y que con sacarla pasa todo. Pero no quiero. Quiero que esa persona se dé cuenta de que ha cruzado el límite.
La tercera palabra es el silencio, porque no quiero sangre ni horror, ni siquiera causar dolor. Sólo silencio, pues el silencio cuando no explicas nada desconcierta a la otra persona hasta el punto de dejarle sin defensas. Ante el silencio, el otro no sabe a qué se atiene.
Y finalmente la irascibilidad porque me siento con los cables cruzados y porque todo (o casi todo) me afecta más que si estuviera con el estado de ánimo tranquilo y sin presión. Sí, estoy nerviosa y con una enorme ansiedad, pero todo es temporal.
Nada. Definido mi día en cuatro palabras -vendetta, dolor, silencio e irascible- ya puedo dormir en paz.

Cuando las rosas te rozan con sus dolorosas espinas...

domingo, febrero 08, 2009

Mariposas de papel

Siento los casi imperceptibles aleteos de las mariposas, unas toscas mariposas de papel que quieren volar y no pueden escapar. Sólo pueden elevar el vuelo o dejarse morir en tierra, pero son animales de aire. Necesitan mover sus alas para sobrevivir. 
¿Quién les ha cortado las alas?

sábado, febrero 07, 2009

O conmigo o contra mí

Cuando dos personas discuten es preferible dejarlas estar, porque tarde o temprano sólo se dan dos soluciones: que se lleven peor o que se reconcilien. Nunca habrá un término medio. Si haces las paces con esa persona, es muy posible que, en un futuro no muy lejano, entre a formar parte de tu círculo íntimo de amigos. Si, por el contrario, no hay una posible resolución para bien entre esas dos personas se habrá abierto una brecha inmensa que alojará en su interior los rencores y venganzas de una manera cuasieterna, pero cierto es que todo podría quedar en barbecho y, con el paso de los años, en vez de reanudar esas viejas rencillas y aunque la enemistad siga vigente, el tiempo habrá dado paso al olvido y terminas pasando página, como si esa persona sólo hubiera sido un punto negro que ya se ha difuminado. 
La peor situación es la de la persona que se encuentra en medio, porque, inevitablemente, siempre le salpicará algo. La mejor actitud para los que están alrededor es quedarse al margen, porque si se toma partido por uno de los dos lo mínimo que puede ocurrir es que la bronca se convierta en una batalla campal.

Cuento esto porque, conociéndome y sabiéndome merecedora de una sinrazón justificada, hay ciertas cosas que me han dolido más que la discusión en sí misma. Porque, tarde o temprano, esa minúscula bronca hubiera pasado y en unos meses podría haberse convertido en objeto de risas. Pero de la otra forma, la historia cambia. 

Sigue siendo mi opinión. Sé de lo que soy capaz de hacer para exaltar a la gente, reconozco que me gusta hacer rabiar. Pero ahora cuento con un descrédito que no creo que me merezca. La razón no siempre es la más justa. Cuando dos personas se enfadan, uno siempre pierde. En realidad, los dos pierden, pero siempre uno más que otro. Me veo obligada a sacar la bandera blanca de la rendición en contra de mi voluntad. Quizás me he quedado sin fuerzas ni energía para discutir y para defender mi posición. Nunca sin llevar la razón creo haber tenido tanta razón, ¿o no la tengo? 

viernes, febrero 06, 2009

Un viernes frente al espejo

Los pelos que he sacado esta mañana de la cama no podían ser fruto de una noche de sueño tranquilo; sin embargo, el flequillo estaba tan tieso que parecía la corona de la Estatua de la Libertad. Se han sublevado y ahora tengo que hacer virguerías para que vuelvan a su posición rutinaria.
Recuerdo que anoche estaba furiosa y que ni el libro de Larsson ni ninguna otra cosa consiguió calmarme, pero tras varias vueltas entre las sábanas me quedé dormida, aunque sólo me había tumbado con claras intenciones de volver al pc un rato después. Y todo lo que no hice anoche me toca hacerlo esta mañana.
Para empezar, antes de las tres de la tarde tendré que haberme pasado por Correos para enviar el manuscrito de una novela corta a Málaga. Y cuando hablo de esto no hablamos de diez páginas sino de un mínimo de cuarenta. Lo que dejé sin hacer ayer es leérmelo de principio a fin, pulirlo e imprimirlo, así como escribir la plica y una declaración de mi puño y letra que verse sobre la originalidad del texto y que no tengo cedidos los derechos de autor. Teniendo en cuenta que estas dos últimas cosas las tengo como borrador de ocasiones anteriores y que sólo tendría que cambiar si acaso el título, lo más oneroso será dedicarme las próximas cuatro horas a leer, pulir y corregir, que con la capacidad de autocrítica se me hace tan latoso como subir una montaña con medio metro de nieve. Pero es lo que hay. 
Lo cierto es que me siento orgullosa de esta historia. El final corta la respiración, incluso a mí. Ni siquiera sé cómo se me pudo ocurrir pero ahí está.