
Si pudiera definir el día de hoy lo haría en cuatro palabras. Y no porque haya sido menos intenso que otros días, más bien al contrario. Lo cierto es que no es tanto el estado físico como el mental. Más concretamente guardo una espina dentro de mí que no puedo arrancarme, la misma espina que se clava cuando alguien te causa dolor. Es una crueldad imperdonable (claro, que esto depende de la gravedad). Junto a esta espina, hay, desde hace much tiempo, otras dos mucho más grandes y son personas non gratas para mí. Ahora siento una contradicción a la que llevo dando vueltas y no sé si debo o no debo llevar a la práctica lo que creo. Me siento dolida y por tanto ¿sería la vendetta la mejor solución? Sería una de esas cuatro palabras, que está directa e inevitablemente vinculada con el dolor. No es un dolor horroroso. Es una espina pequeña, de esas que apenas sientes y que con sacarla pasa todo. Pero no quiero. Quiero que esa persona se dé cuenta de que ha cruzado el límite.
La tercera palabra es el silencio, porque no quiero sangre ni horror, ni siquiera causar dolor. Sólo silencio, pues el silencio cuando no explicas nada desconcierta a la otra persona hasta el punto de dejarle sin defensas. Ante el silencio, el otro no sabe a qué se atiene.
Y finalmente la irascibilidad porque me siento con los cables cruzados y porque todo (o casi todo) me afecta más que si estuviera con el estado de ánimo tranquilo y sin presión. Sí, estoy nerviosa y con una enorme ansiedad, pero todo es temporal.
Nada. Definido mi día en cuatro palabras -vendetta, dolor, silencio e irascible- ya puedo dormir en paz.
Cuando las rosas te rozan con sus dolorosas espinas...
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