
Hoy ha sido un día de esos extraños que hay que coger con pinzas. He estado sin móvil todo el día, lo que es de agradecer cuando quieres que nadie te encuentre. El resultado ha sido un número infinito de llamadas de varias personas. Lo peor es que luego he tenido que devolver las llamadas. Lo mejor ha sido hablar con Rober, desde aquí mis felicitaciones para él (ni siquiera sé si entra).
En el banco he tenido un momento bastante gracioso, donde un hombre de entre sesenta y setenta años que estaba detrás se ha puesto a hablar conmigo. Me ha dicho que tenía cara de burlona, todo entre risas. Y lo cierto es que, en principio, yo me reía porque no sabía dónde mirar. La fila era larga y el hombre tenía ganas de cháchara, tanto que ha terminado enseñándome las fotos de toda su familia y diciéndome consejos: "No corras, que estás empezando a vivir". Esa única frase ha sido suficiente para convertir esta jornada en un día extraño.
Hoy... ha sido un día en que no tenía ganas de escribir nada, pero, como siempre, me obligo a escribir sobre cualquier nimiedad que, en principio, no le das importancia. Y, al contarlo por escrito, ese minuto de tu vida se convierte en inmortal.
"Las palabras son la droga más potente que haya inventado la Humanidad" (Kipling).
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