
Virginia es una amiga de las de toda la vida, de estas a las que ves crecer, con la que has ido a la escuela, a la que has confesado tus primeros amores, con la que te has reído y llorado, con la que has pillado tus primeras cogorzas o con la que has compartido momentos de locura...
Últimamente me pregunto qué ha sido de aquella Virginia; la de ahora es otra persona que no conozco.
Virginia siempre fue una persona encantadora, de gran corazón, segura de sí misma, buena conversadora. Su mayor defecto era un pronto que le daba, que en un momento se ponía como una energúmena a gritar a cualquiera, pero a los cinco minutos ese enfado se pasaba tan repentinamente como había venido. Su mal era un terrible complejo por su obesidad y aunque fue a muchos especialistas nunca tenía fuerza de voluntad para seguir sus consejos. Pero todo lo que tenía de grande lo tenía de maja. A propósito de ello, siempre decía que iba a morir virgen.
Con el paso de los años, Virginia se fue volviendo muy suya. Se convirtió en una persona dejada y sus despistes se iban acrecentando. Siempre había que estar pendiente de ella en pequeños detalles que no vienen a cuento.
Yo la quería mucho, pero hoy... me he llevado tal decepción con ella que no sé qué pensar.
Se echó novio, se compró piso y ahora apenas la vemos el pelo. He visto lo mal que trata a su pareja y el modo en que se escaquea cuando le dices en plan de broma que si te invita a comer a su piso, aunque dos se presentaron allí un día al mediodía.
Y de repente, M. se casa y empezamos a mirar la despedida de soltera. Y entonces Virginia dice que tiene seis bodas y cinco despedidas porque a la de M. no va a ir porque entre la hipoteca y el resto de enlaces... Y yo me pregunto: ¿Con qué cara dice que va a las otras, personas que conoce de hace relativamente pocos años, y se niega a venir a la despedida de una amiga que conoce desde siempre? ¿Qué falta de respeto y de educación es esa? ¡Qué feo para la novia!
No asimilo aún cómo ha sido capaz de decir que no, aun sin saber aún cuándo ni dónde se hará. Me ha disgustado, me ha decepcionado y me he enfadado. ¿Qué se puede esperar de una amiga así?
Que si no vas a una despedida no vayas a ninguna, pero luego no te dejes ver tomando un suculento desayuno varios días a la semana en un conocido bar de Logroño o de tiendas casi todas las tardes.
Que sacrifiques las otras cinco despedidas -de gente que nunca llegarás a conocer ni una mínima parte de lo que conoces a M.-, o sacrifica el viaje de vacaciones.
Que si pierdes a una amiga a la que has visto crecer, no sólo la perderás a ella. Que si alguna vez te casas... vete pensando quién te hará la despedida, porque las amigas de siempre no perdonan esa excusa barata, Virginia, no.
Que no se pueden echar tantos años de amistad por la borda como has hecho.
Duele, y si me duele a mí... imagínate el daño que le vas a hacer a M.
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