He salido a dar una vuelta después de cenar, pues en Logroño hace una temperatura demasiado agradable. Parece mentira que mañana comience octubre.
Después de dos meses me siento rara.
viernes, septiembre 30, 2016
Después de dos meses
El último fin de semana que pasé en Logroño fue durante el mes de julio y recuerdo que hacía tanto calor que no podía dormir.
Dos meses después, no recuerdo qué ropa tengo en Logroño, así que llevo de todo un poco, por si acabo. Y los libros que ahora quiere leerse mi madre.
Si me falta algo, tengo un centro comercial cerca. Echo de menos pasear por La Cava.
El portátil no puede faltar. Llevar el iPad es más cómodo, porque apenas ocupa, pero yo prefiero el ordenador.
Dos meses después, no recuerdo qué ropa tengo en Logroño, así que llevo de todo un poco, por si acabo. Y los libros que ahora quiere leerse mi madre.
Si me falta algo, tengo un centro comercial cerca. Echo de menos pasear por La Cava.
El portátil no puede faltar. Llevar el iPad es más cómodo, porque apenas ocupa, pero yo prefiero el ordenador.
Nuevas adquisiciones
Ayer entré en la página web de la Casa del Libro y se supone que el paquete llegaría el martes. Pero ha llegado hoy.
El misterio crece con respecto a la tetralogía de Elena Ferrante, alguien que tiene tanto éxito y a quien no se le puede poner rostro, alguien que puede ser un hombre o una mujer; el caso es que sus cuatro libros están teniendo mucho éxito y de la autora (o autor) no se dice nada. Un misterio absoluto.
En cuanto al otro, no veré la serie hasta que no lea previamente la novela. Y ya la tengo aquí.
Mi madre me ha pedido la tetralogía de Ferrante, así que hoy se la llevo a Logroño. Estoy segura de que es el tipo de literatura que a ella le gusta.
Hace siglos que no paso un fin de semana en Logroño. Ya toca.
El misterio crece con respecto a la tetralogía de Elena Ferrante, alguien que tiene tanto éxito y a quien no se le puede poner rostro, alguien que puede ser un hombre o una mujer; el caso es que sus cuatro libros están teniendo mucho éxito y de la autora (o autor) no se dice nada. Un misterio absoluto.
En cuanto al otro, no veré la serie hasta que no lea previamente la novela. Y ya la tengo aquí.
Mi madre me ha pedido la tetralogía de Ferrante, así que hoy se la llevo a Logroño. Estoy segura de que es el tipo de literatura que a ella le gusta.
Hace siglos que no paso un fin de semana en Logroño. Ya toca.
jueves, septiembre 29, 2016
La rutina
Ezcaray ha vuelto a la rutina. Tras el verano, vuelvo a ver a la gente de siempre, con sus pequeños negocios locales, escucho las mismas conversaciones de siempre. A veces, algún visitante foráneo que desentona en la rutina del pueblo.
Ni siquiera están los de la serie de "Olmos y Robles". Se respira tranquilidad. Se contagia la rutina.
Al menos, se agradece que haya una temperatura tan agradable.
A sangre fría
Ésta es una novela que hube de leer cuando estudiaba en la Facultad de Periodismo, y nunca lo hice, hasta ahora. Tampoco era obligatorio, pero sí una recomendación. ¿Por qué la recomendaban en las Facultades de Periodismo? Porque es el referente o sienta las bases de la vertiente que luego se conocería como Nuevo Periodismo (New Journalism), una mezcla entre lo puramente literario y la investigación periodística, lo que vendría a ser una novela periodística.
Debo decir que es una obra maestra, y que debí leerla entonces, aunque ahora la he saboreado de una manera excepcional. Esta novela merece mucho la pena. Ahora bien, reconozco que a mucha gente que no le gusta el rigor explícito de lo noticioso posiblemente no le guste cómo está narrada, porque nos encontramos con las 5 W's periodísticas, como en una gran noticia. Y es que el libro en sí mismo es una gran noticia, porque se hace eco de un asesinato múltiple (real) acontecido en el pueblo de Holcolm, Kansas, el 15 de noviembre de 1959.
La familia Clutter es cruelmente asesinada con un rifle en su mansión de Holcolm: el matrimonio, un hijo y una hija adolescentes. Cunde el pánico en el pequeño pueblo de Kansas, donde los vecinos comienzan a mirar con desconfianza hacia los lados. Al Dewey es el detective designado para el caso, pero no tiene ni por dónde empezar, hasta que, varios meses después, una llamada desde un centro penitenciario le da la pista correcta. Los asesinos son dos ex presidiarios, Perry Smith y Dick Hickcock. Floyd explica que le contó a Dick, cuando compartían celda, que había estado trabajando en la finca de un honrado terrateniente de Holcolm y que Dick le empezó a hacer muchas preguntas, pero finalmente le explicó que iría a robarle e incluso cómo iba a asesinar a toda la familia.
Mientras, los dos hombres recorren varios estados de USA robando coches, atropellando perros y pagando con cheques sin fondo... hasta que les encuentran. Les separan y Dick termina confesando. Serán juzgados y más tarde condenados a la horca, pena capital en el estado de Kansas.
Lo que en realidad llama la atención de la novela no es tanto el argumento sino el estilo, la forma en que está escrita, con un análisis exhaustivo de los hechos, psicoanalizando a los dos criminales, siguiendo sus pasos. Por eso digo que es como una gran noticia. Es una obra maestra.
Debo decir que es una obra maestra, y que debí leerla entonces, aunque ahora la he saboreado de una manera excepcional. Esta novela merece mucho la pena. Ahora bien, reconozco que a mucha gente que no le gusta el rigor explícito de lo noticioso posiblemente no le guste cómo está narrada, porque nos encontramos con las 5 W's periodísticas, como en una gran noticia. Y es que el libro en sí mismo es una gran noticia, porque se hace eco de un asesinato múltiple (real) acontecido en el pueblo de Holcolm, Kansas, el 15 de noviembre de 1959.
La familia Clutter es cruelmente asesinada con un rifle en su mansión de Holcolm: el matrimonio, un hijo y una hija adolescentes. Cunde el pánico en el pequeño pueblo de Kansas, donde los vecinos comienzan a mirar con desconfianza hacia los lados. Al Dewey es el detective designado para el caso, pero no tiene ni por dónde empezar, hasta que, varios meses después, una llamada desde un centro penitenciario le da la pista correcta. Los asesinos son dos ex presidiarios, Perry Smith y Dick Hickcock. Floyd explica que le contó a Dick, cuando compartían celda, que había estado trabajando en la finca de un honrado terrateniente de Holcolm y que Dick le empezó a hacer muchas preguntas, pero finalmente le explicó que iría a robarle e incluso cómo iba a asesinar a toda la familia.
Mientras, los dos hombres recorren varios estados de USA robando coches, atropellando perros y pagando con cheques sin fondo... hasta que les encuentran. Les separan y Dick termina confesando. Serán juzgados y más tarde condenados a la horca, pena capital en el estado de Kansas.
Lo que en realidad llama la atención de la novela no es tanto el argumento sino el estilo, la forma en que está escrita, con un análisis exhaustivo de los hechos, psicoanalizando a los dos criminales, siguiendo sus pasos. Por eso digo que es como una gran noticia. Es una obra maestra.
EL AUTOR:

Truman Capote (1924-1984) es uno de los mejores escritores norteamericanos del siglo XX. En Anagrama se ha publicado la Biblioteca Truman Capote, compuesta por los siguientes títulos: Otras voces, otros ámbitos; Un árbol de noche; Desayuno en Tiffany's; A sangre fría; Música para camaleones; Plegarias atendidas; El arpa de hierba; Retratos; Tres cuentos; Los perros ladran; Cuentos completos y Crucero de verano.
EL LIBRO:
Título original: In Cold Blood
Autor: Truman Capote
Traductor: Jesús Zulaika
Editorial: Anagrama (12ª edición, en mayo de 2015)
Colección: Compactos nº 26
Número de páginas: 434
ISBN: 978-84-339-7299-6
Valoración: 10/10
Valoración: 10/10
RETOS:
- Reto "Leyendo en el tiempo": Década 1950.
- Reto 12 meses, 12 clásicos.
- Reto Sabuesos.
- Retópatas 2016: Un libro de no-ficción.
- Reto 100 libros.
miércoles, septiembre 28, 2016
Estampas de otoño
El cielo de hoy me recuerda a Salamanca, aunque bien sé que en la meseta no había otoño ni primavera, pero he visto muchos cielos así.
Últimamente no duermo bien. Anoche me desvelé a la una y estuve leyendo hasta las tres. Ahora debería descansar porque luego tengo reunión, pero Truman Capote me tiene subyugada con su narración.
Al menos esta noche tengo la seguridad de que dormiré profundamente, o eso espero.
Últimamente no duermo bien. Anoche me desvelé a la una y estuve leyendo hasta las tres. Ahora debería descansar porque luego tengo reunión, pero Truman Capote me tiene subyugada con su narración.
Al menos esta noche tengo la seguridad de que dormiré profundamente, o eso espero.
21º
A las doce del mediodía marcaba el termómetro de la farmacia 21º, una temperatura muy agradable de otoño.
Los meses de septiembre y octubre son templados y parece que estábamos ayer en agosto...
Los meses de septiembre y octubre son templados y parece que estábamos ayer en agosto...
Tarde...
Abres un ojo y después el otro y te das cuenta, pasada la medianoche, de que te has quedado completamente dormida mientras leías. Pero aún quedan varias horas para que amanezca y encima he perdido el punto de lectura y me llevará un rato encontrarlo.
Lo peor ahora es que me costará un buen rato volver a dormir porque me he desvelado.
Es tarde.
Lo peor ahora es que me costará un buen rato volver a dormir porque me he desvelado.
Es tarde.
martes, septiembre 27, 2016
Decorando
Hace unas semanas mi hermano me dijo que si algún día tenía que quedarse a dormir era necesario que 'vistiera' otra habitación, así que comencé a ver páginas de internet donde compré de todo.
Hoy me han llegado las fundas, que cogí, sin pensarlo, con motivos japoneses.
Cuando mi madre las ha visto me ha dicho que estas sábanas combinan mejor en la habitación que todavía tiene los colchones embalados. Cómo necesito su ayuda.
De momento, lo dejo así y mi hermano ya se puede quedar cualquier día a dormir.
Ya llegará la otra habitación. Voy comprando cosas en la medida que voy necesitando.
Poco a poco, que me pasé días mirando fundas nórdicas y con el metro midiendo las camas, porque sé de cuánto es la cama, pero a la hora de comprar ponía unas medidas diferentes.
Hoy me han llegado las fundas, que cogí, sin pensarlo, con motivos japoneses.
Cuando mi madre las ha visto me ha dicho que estas sábanas combinan mejor en la habitación que todavía tiene los colchones embalados. Cómo necesito su ayuda.
De momento, lo dejo así y mi hermano ya se puede quedar cualquier día a dormir.
Ya llegará la otra habitación. Voy comprando cosas en la medida que voy necesitando.
Poco a poco, que me pasé días mirando fundas nórdicas y con el metro midiendo las camas, porque sé de cuánto es la cama, pero a la hora de comprar ponía unas medidas diferentes.
lunes, septiembre 26, 2016
Con ganas de leer

Hoy me pasa una cosa extraña. Son poco más de las once y se
me empiezan a caer los ojos. Creo que debería apagar el portátil porque llevo
demasiadas horas delante de una pantalla de ordenador. Pero lo que me ocurre es
que no veo el momento por ir a tumbarme y seguir leyendo. La nueva novela es de
Truman Capote y me la recomendaron en la facultad, aunque no era una lectura
obligatoria. No en vano a Capote se le considera el ideólogo del "Nuevo
Periodismo". De hecho, A sangre fría
es la novela que sienta las bases del "Nuevo Periodismo", que combina los elementos de
una obra literaria con la investigación propiamente periodística.
No lo leí entonces, pero lo leo ahora, sin obligaciones de
ningún tipo. Y reconozco que me está gustando. También leí fuera de la facultad
La hoguera de las vanidades, de Tom
Wolfe, otra de las obras de esta vertiente literaria.
Es bastante posible que el fin de semana (o cuando haya
terminado el libro) esté viendo la película.
La cuestión es que me pican los ojos y debería abandonar el
ordenador en este preciso instante.
Me pregunto cómo puedo encontrarme tan agotada un lunes si he descansado lo suficiente este fin de semana.
Tan cerca del Oktoberfest

A medida que se acerca, lentamente, octubre recuerdo que
tengo un viaje pendiente. Yo ya conozco Múnich, pero no conozco el Oktoberfest.
En Múnich estuve un mes de agosto hace ya algunos años y fue una ciudad que me
encantó. Quizás me gustó tanto porque la gente en el sur y con la proximidad de
la frontera era mucho más abierta que en Berlín. Ese año conocí varias ciudades
alemanas: Berlín, Hamburgo, Colonia y Múnich, con parada incluso en el
aeropuerto de Fránkfurt. El verano siguiente haría una ruta por la Schwarzwald
(la Selva Negra), desde Stuttgart, Freiburg, Baden-Baden,
Villingen-Schwenningen y Konstanz. Era mi época de mochilera y me iba los
veranos a Alemania porque había comenzado a estudiar alemán. Paraba donde se me
antojaba, en principio por una noche, pero después, como ocurrió en Colonia, me
quedaba más. Dependía de la gente y del lugar.
Eso me recuerda que tengo en un armario un reloj de cuco
oriundo de la Selva Negra, que aún sigue metido en su caja, tal cual llegó, y
que tendré que colgar en algún sitio. Quizás puede parecer un recuerdo
obsoleto, pero desde pequeña siempre me han gustado los relojes de cuco. Tengo
uno en la casa de mis padres desde que tengo uso de razón, y el que traje de la
Selva Negra.
Debería volver a Múnich, aunque sea para desempolvar el
alemán, que se me va a terminar olvidando. Era una lengua que me gustaba. En contraste
con el inglés, que es tan simple, estudiar alemán era como un juego.
Adoré Colonia por su esplendor. Antes de visitar la ciudad,
había estudiado el arte gótico alemán y obviamente sabía que me iba a encontrar
una catedral gótica impresionante, como las que podemos ver en nuestro país.
Pero además, había estudiado que históricamente la zona más rica y disputada de
Alemania era la Renania, y el Rin da mucho esplendor a la ciudad. De hecho,
subí a un barco al atardecer para el skyline de la ciudad, y era verdaderamente
impresionante.
En Múnich bebí cerveza a raudales y me pareció una ciudad de
cuento, con sus innumerables cúpulas e iglesias. Entré en una especie de feria
con atracciones de todo tipo, que me señalaban hacia el Oktoberfest. Así que
eso me queda: conocer Múnich en medio del Oktoberfest. Para una persona que
adora la cerveza no estaría mal.
Aunque yo no bebía cerveza hasta aquel primer año que visité
Alemania, y es que allí me propuse probar todo tipo de cerveza, porque al fin y
al cabo es el país de la cerveza.
-Ein Pils, bitte!!
Ahora que han adelantado la fiesta, quizás la deberían llamar Septemberfest, porque cada año la hacen antes. Tengo pendiente esa visita. Además me gusta tanto Alemania, que estoy deseando regresar.
Página web del Oktoberfest (del 17 de Septiembre al 3 de Octubre de 2016).
Desafío Literigatos 2016 (#Literigato 15)

Con este gato termino el Desafío Literigatos 2016. Seguro que seguiré encontrándome muchos más gatos en las novelas que voy leyendo, pero el reto eran 15 y éste es el último.
Esta vez se trata del gato Evinrude, cuya propietaria es Nancy Clutter, una de las víctimas de la novela de Truman Capote A sangre fría.
"(...) Su gato preferido, Evinrude, venía inmediatamente antes, y, por encima incluso de Evinrude, estaba el anillo de sello de Bobby, la prueba abrumadora de que 'iban en serio', que ella llevaba (cuando lo llevaba, porque a la menor pelea desaparecía) en un pulgar, pues ni siquiera con cinta adhesiva lograba que su gran circunferencia masculina se ajustara mejor a cualquier otro dedo (Página 35)".
Eternamente joven

Siempre he aparentado menos edad de la que realmente tengo. Y
sigue ocurriendo. Ahora que tengo 39 me siguen echando cuatro o cinco menos,
aunque suelo sacar del error a la gente. Cuando estaba en la Universidad decía
que sí a la edad que me echaran, siendo cuatro o cinco menos, sin sacar a nadie
del error. Cuando estudiaba en Marianistas y nos íbamos a la Calle Laurel
siempre me pedían el carnet, aunque ya tenía la edad mínima.
En esto pensaba mientras me estaba alisando el pelo, que
siempre ando arrancándome canas. No es que tenga muchas, pero me las quito. Cuando
tenga un buen puñado que no pueda arrancarme de uno en uno me teñiré el pelo de
negro. Aunque pienso en mi abuela y quizás, si soy afortunada como ella, a su
edad tenga el pelo más negro que blanco. De todas formas, no será la primera
vez que me teñiría de negro. Una vez ya lo hice y en aquella peluquería de
Salamanca adonde iba por primera vez me preguntaron varias veces si estaba
segura de lo que quería. Teniendo el pelo casi negro tampoco es que me fuera la
vida en ello. Vamos, que no iba a teñirme de rosa o verde, es que la diferencia
de tono con el mío real se llevaba bien poco y no iba a cambiar de opinión.
Cada vez que me toco el pelo siento que he envejecido un
poco más después de la última vez, porque cada vez me arranco más canas. Hace
unos años me daba pavor envejecer. Es ley de vida, así que no podemos hacer
nada para remediarlo. En realidad, ni me gustaría volver a tener 20 años ni
pienso qué haré cuando tenga 50. He aprendido a vivir en el presente, eso sí,
lo más intensamente que puedo. Y no me va tan mal, porque en cualquier
actividad que hago pongo los cinco sentidos.
Esta tarde he estado un rato planchando, actividad habitual
de fin de semana, y pensaba que en realidad somos afortunados por lo que
tenemos. No me falta ningún miembro ni órgano, lo que no pueden decir otras
personas. Cuando estaba en BUP había en mi clase una chica ciega. En el aula se
oía la máquina de Braille tecleando mientras cogía apuntes. Intentaba hacer
vida normal. “Veía” la tele, “leía” libros, jugaba en el ordenador. Y quizás
ahora, con toda la tecnología actual, seguramente hay aplicaciones que te lo
traducen todo en voz alta. Pero entonces ni siquiera existía internet, eran los
primeros años de la década de los 90. En realidad, hacía vida normal. Llegó a
salir, años después, en un programa de televisión porque no la permitían
estudiar la carrera de Medicina, ya que el límite de la visión impedía que
pudiera reconocer enfermos. Sin embargo, tenía el resto de sentidos mucho más
desarrollados que los demás.
Con esto quiero decir que, al final, los límites los ponemos
nosotros mismos. Incluso el sentimiento de que vamos envejeciendo poco a poco
puede entristecernos o puede que nos conformemos con seguir viviendo. Depende
de cada uno de nosotros.
Tengo 39 años. A veces me siento con un espíritu más joven y
parece que tengo 29, y otras veces parece que se me han echado varios años
encima y entonces me da la sensación de que tengo 59. Está en cada uno de
nosotros. Qué más da una cana más o una cana menos...
domingo, septiembre 25, 2016
La viuda
Tengo que reconocer que el fin de semana ha dado mucho juego en cuanto a lecturas se refiere. Menos mal que ya termina, porque voy a libro por día. La lectura de La viuda me ha tenido expectante, sobre todo a partir de la mitad del libro.
¿Puede una viuda conocer el secreto más recóndito de su marido, acusado del asesinato de una niña pequeña?
Reconozco que es un muy buen libro y también se ve que la escritora es periodista e incluso se pueden ver reminiscencias del caso de Madeleine McCann, con muchas coincidencias dentro de la novela.
El libro tiene dos líneas de tiempo diferentes y muy cercanas en el tiempo, que terminan uniéndose. En primer lugar, nos encontramos en 2006 cuando la pequeña de dos años Bella desaparece del jardín de su casa. Todos los medios de comunicación ingleses, la policía de Londres y la opinión pública se vuelca en el caso. Incluso llegan a atrapar a Glen Taylor, un "hombre bien" que termina siendo el mayor sospechoso, que llega incluso a ser juzgado por secuestro, pero al que tienen que soltar por falta de pruebas.
En segundo lugar, nos encontramos en 2010, cuando la muerte súbita de Glen Taylor vuelve a llenar los titulares y de nuevo vuelve a hablarse de la pequeña Bella.
Bob Sparkes, el inspector de policía que se ha hecho cargo del caso, intenta entrevistar a la viuda sin éxito. Pero Kate Waters, la periodista del Daily Post, consigue una exclusiva donde Jean Taylor confiesa que cree que sí lo hizo su marido.
El libro nos lleva al acoso de los medios de comunicación cuando una noticia sale a la palestra, el calvario que vive Jean, que no puede siquiera salir de casa. Y esto es una realidad: de repente un día una imagen privada se convierte en un ente público y la persona que lo sufre termina perdiendo incluso su identidad.
Sin embargo, esta viuda que se hace la tonta, que ha sido la esposa perfecta, es la única que sabe la verdad, y termina demostrando que bajo la apariencia de mujer débil es una arpía egoísta que, finalmente, no puede guardar el secreto durante mucho tiempo.
¿Puede una viuda conocer el secreto más recóndito de su marido, acusado del asesinato de una niña pequeña?
Reconozco que es un muy buen libro y también se ve que la escritora es periodista e incluso se pueden ver reminiscencias del caso de Madeleine McCann, con muchas coincidencias dentro de la novela.
El libro tiene dos líneas de tiempo diferentes y muy cercanas en el tiempo, que terminan uniéndose. En primer lugar, nos encontramos en 2006 cuando la pequeña de dos años Bella desaparece del jardín de su casa. Todos los medios de comunicación ingleses, la policía de Londres y la opinión pública se vuelca en el caso. Incluso llegan a atrapar a Glen Taylor, un "hombre bien" que termina siendo el mayor sospechoso, que llega incluso a ser juzgado por secuestro, pero al que tienen que soltar por falta de pruebas.
En segundo lugar, nos encontramos en 2010, cuando la muerte súbita de Glen Taylor vuelve a llenar los titulares y de nuevo vuelve a hablarse de la pequeña Bella.
Bob Sparkes, el inspector de policía que se ha hecho cargo del caso, intenta entrevistar a la viuda sin éxito. Pero Kate Waters, la periodista del Daily Post, consigue una exclusiva donde Jean Taylor confiesa que cree que sí lo hizo su marido.
El libro nos lleva al acoso de los medios de comunicación cuando una noticia sale a la palestra, el calvario que vive Jean, que no puede siquiera salir de casa. Y esto es una realidad: de repente un día una imagen privada se convierte en un ente público y la persona que lo sufre termina perdiendo incluso su identidad.
Sin embargo, esta viuda que se hace la tonta, que ha sido la esposa perfecta, es la única que sabe la verdad, y termina demostrando que bajo la apariencia de mujer débil es una arpía egoísta que, finalmente, no puede guardar el secreto durante mucho tiempo.
LA AUTORA:
Fiona Barton cuenta con una dilatada carrera en el mundo del periodismo, donde ha trabajado, entre otros medios, para el Daily Mail, el Daily Telegraph y el Mail on Sunday, cubriendo los casos judiciales más mediáticos, como el de la desaparición de Madeleine McCann. Galardonada con el prestigioso Premio Nacional de la Prensa británica, desde 2008 trabaja formando a periodistas exiliados y amenazados en todo el mundo.
Nacida en Cambridge, Inglaterra, Barton reside actualmente en el sur de Francia con su marido.
La viuda, su primera novela, se ha convertido en un fenómeno editorial internacional: próximamente será publicada en más de treinta países y adaptada como serie de televisión.
EL LIBRO:
Título original: The Widow
Autora: Fiona Barton
Traductor: Aleix Montoto
Editorial: Planeta (1ª edición, en junio de 2016)
Número de páginas: 515
ISBN: 978-84-08-15554-6
Valoración: 9/10
RETOS:
Remolonear durante horas
Adoro los domingos por la mañana, sin preocupaciones y sin tener que estar pendiente de la hora. Puedo pasarme toda la mañana con un libro en la cama y leer sin parar.
No echo en falta ni un cuadro enfrente ni los estores que faltan en la ventana. No echo de menos ese tipo de cosas que iré colocando poco a poco.
Simplemente me centro en mi novela y no pienso en nada más.
Adoro remolonear los domingos de invierno.
Enseguida tendré que ir a la ducha y comer, hacer las cosas habituales, o planchar. Pero de momento saboreo mi momento de disfrute y tranquilidad.
No echo en falta ni un cuadro enfrente ni los estores que faltan en la ventana. No echo de menos ese tipo de cosas que iré colocando poco a poco.
Simplemente me centro en mi novela y no pienso en nada más.
Adoro remolonear los domingos de invierno.
Enseguida tendré que ir a la ducha y comer, hacer las cosas habituales, o planchar. Pero de momento saboreo mi momento de disfrute y tranquilidad.
Decisiones forzadas

A veces es necesario tomar decisiones. Y cuando se toman esas decisiones debemos estar seguros de las opciones, de que lo que decidamos es lo correcto. Hoy tengo que tomar una decisión y sé que esa decisión puede ser muy drástica, porque en mi escala de colores va del blanco al negro, pero no hay escala de grises. No es que sea una persona radical, es que no tengo término medio. Intento que exista ese punto intermedio, pero no me sale.
Sé que si tomo la decisión me va a costar mucho cumplirla. De
hecho, tampoco tiene que ser tan complicado, sólo tendría que retrotraerme a
los últimos días de junio o los primeros de julio, cuando me encontraba en una
época de relativa calma.
Soy consciente de lo mucho que estoy demorando tomar una
decisión que ya debería haber tomado hace días.
Y en esta ocasión es bueno recordar aquel viejo cuento oriental: El jarrón y la rosa
amarilla.
Cierto día en un monasterio budista, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos para determinar quién sería el nuevo centinela. El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo: "Asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar".
Entonces colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de ésta colocó un jarrón de porcelana muy raro con una rosa amarilla de extraordinaria belleza en él y dijo así: "¡Aquí está el problema!"
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro.
¿Qué representaría? ¿qué hacer? ¿cuál es el enigma?
En ese instante, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y ...¡¡ZAS!!... destruyó todo de un solo golpe. Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: "Usted será el nuevo guardián del castillo".
Esta historia tiene una gran moraleja.
No importa cuál sea el problema, ni que sea algo muy bello. Si hay un problema
es necesario que sea eliminado, que termine, es preciso ponerle fin. Un
problema es un problema, no importa que se trate de una mujer sensacional o de
un hombre maravilloso o de un gran amor que se acabó. Por más bello que sea o
haya sido, si no tiene más sentido en nuestra vida, ha de ser
suprimido porque corremos el riesgo de permanecer con él el resto de nuestra
vida.
Muchas personas cargan en la vida entera
el peso de cosas que fueron importantes en el pasado y que hoy solamente ocupan
un espacio inútil en sus corazones y en sus mentes, espacio que es
indispensable para recrear la vida, sobre todo si el problema es algún
sentimiento de rencor o de reproche, que aunque en algún momento de nuestra
vida nos haya hecho mucho daño, sólo forma parte de un pasado.
Existe un proverbio chino que dice:
"Para poder beber vino es necesario primero tirar el té".
Limpia tu vida, comienza por los muebles hasta llegar a eso que ya no tiene más
sentido y que está ocupando espacio y que muchas veces, lejos de ayudarte, te
hiere y te impide tomar un curso diferente en tu vida. El pasado sirve como
lección, como experiencia, como referencia. El pasado sirve para ser recordado
y no para ser revivido. Usa las experiencias del pasado en el presente para
construir tu futuro.
En realidad, la decisión que me atañe no
se refiere a un problema. No es un problema, pero sí que es algo que me
apesadumbra, que me inquieta, que me desasosiega. La decisión es quitar del
medio 'eso' que me está causando últimamente tanto estupor, tanta pesadumbre,
tanta inquietud y tantas dudas.
Y es que a medida que van pasando los
días te das cuenta de que lo más importante de tu vida eres tú misma. Y mi amor
propio en estos momentos es el que más pesa en la balanza.
Octubre: Mes de la novela autopublicada

Un mes más, Laky, del blog Libros que hay que leer, nos trae el mes temático. Octubre será el mes de la novela autopublicada, y un mes más me vuelvo a apuntar al mes temático.
Las instrucciones se encuentran AQUÍ.
Mis novelas autopublicadas:
-El diario de un psicópata, de Robert López Markov
-Por fin te encontré, de Hugo Martínez
-El diario de un psicópata, de Robert López Markov
-Por fin te encontré, de Hugo Martínez
sábado, septiembre 24, 2016
Desafío Literigatos 2016 (#Literigato 14)
He encontrado al penúltimo literigato del Desafío Literigatos 2016 en la novela La viuda, de Fiona Barton. El gato se llama Timmy y pertenece a una niña de dos años que termina desapareciendo.
"-Cuando me veía, ella siempre me gritaba 'Peepo'. Era como un juego para ella, pobrecita. Le encantaba que le prestaran atención. Su madre no siempre estaba interesada en lo que estuviera haciendo -dijo con cuidado la señora Emerson-. Bella solía jugar sola, llevando a su muñeca de un lado a otro en un carrito y persiguiendo a Timmy, el gato. Ya sabe cómo son los niños pequeños (Página 68)".
Cosas del sábado
No sé si salir esta noche o no. Lo cierto es que no tengo muchas ganas. Podría ir a Logroño, donde ya terminan las fiestas. Pero a partir del próximo fin de semana volveré a la capital riojana todas las semanas y es bastante posible que salga por allí de fiesta. Podría ir a Casalarreina, donde también son fiestas. Podría quedarme aquí, donde no habrá mucho jaleo.
Lo que está claro es que como no salga esta noche soy capaz de leer otro libro entero.
Lo que en realidad me apetece es hacer una llamada e ir de fiesta con el receptor de esa llamada. No sé por qué diablos no llamo, pero sólo de pensarlo se me hace un nudo en el estómago.
Lo que está claro es que como no salga esta noche soy capaz de leer otro libro entero.
Lo que en realidad me apetece es hacer una llamada e ir de fiesta con el receptor de esa llamada. No sé por qué diablos no llamo, pero sólo de pensarlo se me hace un nudo en el estómago.
Casi un suplicio
En esta hora difusa entre las cinco y las seis de la tarde hay algo que deseo mucho hacer. Porque la tarde invita a pasear, a conocer a alguien, a tomar una cerveza, a observar. Es un suplicio querer hacer algo y frenarme como lo estoy haciendo. Si es que hasta he leído un libro que comencé anoche para no tener que pensar. Lo curioso es que tengo el móvil al alcance de la mano y no me costaría mucho hacer una llamada o escribir un mensaje. Tampoco sé el motivo por el que me estoy frenando. Al final, no me va a quedar más remedio que ir a la oficina y trabajar a puerta cerrada. Allí me centraré y no pensaré en nada más.
No entiendo por qué cuando deseamos hacer algo hay una parte de nosotros que termina frenándonos. Quizás sería una buena tarde para pasear con él. Quizás tengo miedo a su respuesta. Aunque en realidad desconozco cuál puede ser su respuesta. Ante la duda, el silencio.
No deberíamos pensar tanto las cosas.
Escucha la canción del viento y Pinball 1973
Escucha la canción del viento y Pinball 1973 son las dos primeras novelas escritas por Haruki Murakami. Son dos novelas cortas que ya contienen en sí mismas todos los elementos que influyen en la obra posterior del autor japonés: béisbol, jazz, gatos, personas que desaparecen, encuentros casuales, individuos impregnados de un halo de misterio, una estación de tren, etc.
En el prólogo, escrito por el propio Murakami, el autor nos explica cómo comenzó a escribir. Ya que él regentaba con su esposa un pub donde ponía jazz y a duras penas conseguían sobrevivir (de hecho, esta vivencia se repite en libros posteriores), hasta que un día fue a ver un partido de béisbol (otra de sus aficiones) y tuvo una revelación: comprendió que iba a ser novelista. Así que en los años 70, cuando no existía internet, Murakami se pone a escribir Escucha la canción del viento en la mesa de la cocina, a mano. Como tenía un torrente de ideas en la cabeza que no le daba tiempo a plasmar por escrito, sacó una vieja máquina de escribir y se puso a escribir en inglés, con lo que todo lo superfluo quedaba fuera del texto y luego lo traducía al japonés. Así comenzó Murakami... Esa primera novela la presentó a un certamen literario en el que ganó. Después escribió Pinball 1973, que se puede considerar una continuación, ya que aparecen los mismos personajes. Con el éxito de estas dos primeras novelas, comenzó a escribir a tiempo completo.
Escucha la canción del viento nos presenta como marco el Jay's Bar, un lugar ciertamente sórdido donde el protagonista queda con su amigo el Rata a tomar cervezas. Explica cómo había conocido al Rata, y un día que no está allí su amigo descubre a una mujer en el servicio, a la que lleva a casa. Cuando despierta en el apartamento de ella, la mujer se encuentra desnuda y dormida, descubre que le faltan cuatro dedos. Un buen día desaparece.
En medio de esta historia, aparecen otras historias paralelas: la del escritor suicida Derek Heartfield, que se convierte en el prólogo y el desenlace de la historia anterior, que explica que hay que escribir novelas sobre cosas desconocidas; y la puesta en escena de un locutor de radio que pone canciones en antena e incluso lee una carta de una chica que se encuentra enferma. Alguien del pasado intenta localizar al protagonista inicial por una canción, y cuando él recuerda intenta buscar a esa chica sin éxito.

"Space Ship"
Pinball 1973 toca nuevamente a los personajes de la otra novela. Por un lado, el protagonista cuenta, en primera persona, su época en la que convivió en su casa con dos gemelas a las que no distinguía. Un día llegaron y se quedaron con él. Trabajaba como traductor de textos y no le iba mal, pero entonces recordó el pinball e iba a una sala de juegos a jugar. Allí consiguió un récord en una máquina especial, una "Space Ship" de tres flippers, que se fabricaron de forma limitada. Un buen día fue a la sala de juegos, pero ésta ya no existía, así que intentó conseguir información y seguir la trayectoria de su pinball preferida, hasta contactar con un profesor universitario que la busca en su lugar. Un hombre que había criado pollos a las afueras de Tokio colecciona máquinas de pinball en un almacén y allí tiene 78 de ellas. El protagonista se reencuentra con su máquina, pero no juega, únicamente habla con ella y se despide.
Por otro lado, el Rata sigue acudiendo a tomar cervezas al Jay's Bar, muchas veces incluso cuando Jay está cerrando. Se pasa las noches deambulando frente al apartamento de una mujer con la que se ha acostado y un día decide que tiene que abandonar aquel lugar y marchar a un pueblo desconocido. Sólo se despide de Jay.
En el prólogo, escrito por el propio Murakami, el autor nos explica cómo comenzó a escribir. Ya que él regentaba con su esposa un pub donde ponía jazz y a duras penas conseguían sobrevivir (de hecho, esta vivencia se repite en libros posteriores), hasta que un día fue a ver un partido de béisbol (otra de sus aficiones) y tuvo una revelación: comprendió que iba a ser novelista. Así que en los años 70, cuando no existía internet, Murakami se pone a escribir Escucha la canción del viento en la mesa de la cocina, a mano. Como tenía un torrente de ideas en la cabeza que no le daba tiempo a plasmar por escrito, sacó una vieja máquina de escribir y se puso a escribir en inglés, con lo que todo lo superfluo quedaba fuera del texto y luego lo traducía al japonés. Así comenzó Murakami... Esa primera novela la presentó a un certamen literario en el que ganó. Después escribió Pinball 1973, que se puede considerar una continuación, ya que aparecen los mismos personajes. Con el éxito de estas dos primeras novelas, comenzó a escribir a tiempo completo.
Escucha la canción del viento nos presenta como marco el Jay's Bar, un lugar ciertamente sórdido donde el protagonista queda con su amigo el Rata a tomar cervezas. Explica cómo había conocido al Rata, y un día que no está allí su amigo descubre a una mujer en el servicio, a la que lleva a casa. Cuando despierta en el apartamento de ella, la mujer se encuentra desnuda y dormida, descubre que le faltan cuatro dedos. Un buen día desaparece.
En medio de esta historia, aparecen otras historias paralelas: la del escritor suicida Derek Heartfield, que se convierte en el prólogo y el desenlace de la historia anterior, que explica que hay que escribir novelas sobre cosas desconocidas; y la puesta en escena de un locutor de radio que pone canciones en antena e incluso lee una carta de una chica que se encuentra enferma. Alguien del pasado intenta localizar al protagonista inicial por una canción, y cuando él recuerda intenta buscar a esa chica sin éxito.
"Space Ship"
Pinball 1973 toca nuevamente a los personajes de la otra novela. Por un lado, el protagonista cuenta, en primera persona, su época en la que convivió en su casa con dos gemelas a las que no distinguía. Un día llegaron y se quedaron con él. Trabajaba como traductor de textos y no le iba mal, pero entonces recordó el pinball e iba a una sala de juegos a jugar. Allí consiguió un récord en una máquina especial, una "Space Ship" de tres flippers, que se fabricaron de forma limitada. Un buen día fue a la sala de juegos, pero ésta ya no existía, así que intentó conseguir información y seguir la trayectoria de su pinball preferida, hasta contactar con un profesor universitario que la busca en su lugar. Un hombre que había criado pollos a las afueras de Tokio colecciona máquinas de pinball en un almacén y allí tiene 78 de ellas. El protagonista se reencuentra con su máquina, pero no juega, únicamente habla con ella y se despide.
Por otro lado, el Rata sigue acudiendo a tomar cervezas al Jay's Bar, muchas veces incluso cuando Jay está cerrando. Se pasa las noches deambulando frente al apartamento de una mujer con la que se ha acostado y un día decide que tiene que abandonar aquel lugar y marchar a un pueblo desconocido. Sólo se despide de Jay.
EL AUTOR:
Haruki Murakami (Kioto, 1949) es uno de los pocos autores japoneses que han dado el salto de escritor de prestigio a autor con grandes ventas en todo el mundo. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize, y su nombre suena reiteradamente como candidato al Nobel de Literatura. En España, ha merecido el Premio Arcebispo Juan de San Clemente, la Orden de las Artes y las Letras, concedida por el Gobierno español, y el Premi Internacional Catalunya 2011. Tusquets Editores ha publicado quince de sus obras: diez novelas -entre ellas la aclamada Tokio blues. Norwegian Wood y Los años de peregrinación del chico sin color, que en pocas semanas vendió en Japón un millón de ejemplares-, las personalísimas obras De qué hablo cuando hablo de correr y Underground, así como tres volúmenes de relatos: Sauce ciego, mujer dormida, Después del terremoto y Hombres sin mujeres.
EL LIBRO:
Título original: Kaze no uta o kike y 1973-nen no pinbooru
Autor: Haruki Murakami
Traductora: Lourdes Porta
Editorial: Tusquets (1ª edición, en octubre de 2015)
Colección: Andanzas nº 865
Número de páginas: 283
ISBN: 978-84-9066-173-4
Valoración: 8/10
RETOS:
- Desafío "Búscalo en la portada": Un mueble.
- Desafío de Lectura 2016: Busca en la portada: un asiento.
- Reto 100 libros.
- Reto Genérico: Exóticos.
- Reto "Búsqueda del tesoro literario": Leer un libro que no tenga un triángulo amoroso.
- Reto Haruki Murakami.
Desafío Literigatos 2016 (#Literigato 13)
Gatos abisinios
Acabo de terminar un libro de Haruki Murakami y, como no podía ser de otra manera con este autor, he encontrado gatos a lo largo de todo el libro. El gato decimotercero para el Desafío Literigatos 2016 llega en la novela Pinball 1973, del libro Escucha la canción del viento y Pinball 1973, de Haruki Murakami.
"Durante el descanso del mediodía almorcé fuera y jugué, una vez más, con los gatos abisinios. En cuanto introduje el dedo meñique por una rendija de la vitrina de alrededor de un centímetro, los dos gatos saltaron a ver cuál era el primero en hincarme los dientes en el dedo.
Aquel día, el dependiente de la tienda de mascotas me dejó tomar a uno de ellos en brazos. Tenía el pelo tan suave como el cachemir más fino, y el gato pegó su frío morro a mis labios (Página 220)".
viernes, septiembre 23, 2016
The last one
Es el último. Mañana tendré que desayunar en la cafetería o probar los descafeinados. Y todo porque hoy no he querido ir al supermercado a comprar más.
Porque podía encontrarme con alguien. O no. Ya nunca lo sabré.
Hace una semana que le vi al salir del supermercado y hoy no he ido. Podría haber ido a cualquier otro supermercado o a cualquier otra hora.
En realidad, no es que no quiera encontrarme con él. Cada vez que recuerdo ese pequeño encuentro del viernes pasado me siento viva, siento que un escalofrío me recorre de arriba hacia abajo.
Sólo que no quiero que ir al supermercado a esa hora se convierta en rutina. Así que iré mañana.
De momento acabo de tomar un café y no sé si conciliaré pronto el sueño esta noche.
Los últimos días de nuestros padres
Cuando un libro despierta sentimientos termina siendo un buen libro. Al mediodía, cuando estaba comiendo en una terraza, he estado a punto de llorar mientras leía. Pocas novelas consiguen que se me salten las lágrimas, pero ésta... Me he tenido que contener porque me encontraba en un sitio público, pero no quería más que terminarlo. Y, por otra parte, no quería que acabara...
Sigo pensando que este autor es magnífico. No hay novela que no lea de él que me deje indiferente. Además, reconozco que me gustan mucho las novelas enmarcadas dentro de la IIª Guerra Mundial y, dentro de ésta, las que tienen que ver con los espías de cualquiera de los bandos.
En 1940, Winston Churchill tiene una idea que cambiará el curso de la guerra: crear una nueva sección de los servicios secretos, el Special Operations Executive (SOE), para llevar a cabo acciones de sabotaje desde el interior de las líneas enemigas. Se trata de entrenar espías de otros países para que luego puedan operar en sus propias naciones desde dentro contra los alemanes. Así, les enseñan a sabotear trenes y otros medios de transporte, a cifrar mensajes y enviarlos por radio, a ser soldados, a convertirse en personajes invisibles, a descubrir si alguien les sigue y a no inmutarse si les hacen prisioneros. En definitiva, les enseñan a convertirse en Hombres, en Hombres de la guerra.
Paul-Émile, Palo, abandona su casa en París para marchar a Londres a unirse a la Resistencia. En París abandona a su padre, un pobre hombre viudo, que se lamenta porque su hijo no le escribe ni una triste carta. Palo es un buen hijo, porque siempre tiene a su padre en los pensamientos. En Londres, le reclutarán para formar parte de las filas del SOE. Allí conocerá a otros franceses e ingleses con los que se creará una gran camaradería. En el propio grupo se encuentra Laura, la única muchacha. El resto son Gordo, Key, Stanislas, Claude, Faron... Y Palo sobresale por sus magníficas cualidades como persona, también será admirado por Laura, de la que se enamorará.
Tras muchos meses de duro entrenamiento, son enviados a diferentes misiones a Francia. Algunos caen en manos alemanas, otros regresarán sanos y salvos a Londres. Y siguen manteniendo el contacto, tanto como para forjar una verdadera amistad.

Hotel Lutetia, París
Cuando regresa a Francia, Palo se las arregla para convencer a una francesa que está enamorada de él de que lleve unos sobres a la Rue du Bac y los eche en el buzón de su padre. No escribe nada que les pueda poner en peligro. Su padre vive muy cerca del hotel Lutetia, donde se alojan los oficiales alemanes, y uno de ellos, Werner Kunszer, se fija en Marie y descubre que lleva un arma en la pierna. Cuando la detiene, investiga al dueño del buzón y encuentra las postales de Ginebra. Kunszer comprende que tiene que encontrar al hijo, que posiblemente sea un espía, y para ello tiene que vigilar el portal, sobre todo cuando se habla de un posible desembarco de los Aliados en el norte de Francia y cuando les han dado del chivatazo de que París está lleno de espías.
Efectivamente, Palo se encuentra en el sur de Francia con los maquis, sabe que tiene que sacar a su padre de París antes de que los alemanes arrasen la ciudad, y la debilidad de Palo es su padre, así que coge un tren a París y se reencuentra con su padre después de dos años. Quiere marcharse con él, pero su padre le pide un día para despedirse de todas las cosas que han sido su vida hasta entonces. Pero Palo no volverá, porque Kunszer le atrapa. El oficial alemán le hará elegir entre su padre y sus amigos, y Palo traicionará a sus amigos, Faron y Laura, que se encuentran en París, pero a cambio Kunszer le da su palabra de que su padre no pasará penurias y que nunca le confesará que Palo morirá en manos de los alemanes.
Palo será ejecutado, Faron se tomará la pastilla L, entregada a todos los espías para no caer en manos alemanas, y ayudará a Laura a escapar. Durante los siguientes meses, Kunszer visitará al padre, hablarán del hijo y nunca le confesará que ha muerto. Incluso manda traer postales de Ginebra que escribe él mismo imitando la letra de Palo para hacer feliz al padre.
Laura está embarazada y tendrá un hijo al que llamará Philippe, como el padre.
Pero incluso los hombres más íntegros son traidores, como descubren, por su parte, dos de los camaradas que van a visitar al padre de Palo. Deciden guardarse el secreto de la realidad de Palo, que traicionó a sus amigos para salvar al padre.
Me ha gustado muchísimo.
Sigo pensando que este autor es magnífico. No hay novela que no lea de él que me deje indiferente. Además, reconozco que me gustan mucho las novelas enmarcadas dentro de la IIª Guerra Mundial y, dentro de ésta, las que tienen que ver con los espías de cualquiera de los bandos.
"Que todos los padres del mundo, a punto de
abandonarnos, sepan el gran peligro que corremos
sin ellos.
Nos enseñaron a caminar, y ya no caminaremos.
Nos enseñaron a hablar, y ya no hablaremos.
Nos enseñaron a vivir, y ya no viviremos.
Nos enseñaron a convertirnos en Hombres, y ya ni
siquiera seremos Hombres. Ya no seremos nada".
En 1940, Winston Churchill tiene una idea que cambiará el curso de la guerra: crear una nueva sección de los servicios secretos, el Special Operations Executive (SOE), para llevar a cabo acciones de sabotaje desde el interior de las líneas enemigas. Se trata de entrenar espías de otros países para que luego puedan operar en sus propias naciones desde dentro contra los alemanes. Así, les enseñan a sabotear trenes y otros medios de transporte, a cifrar mensajes y enviarlos por radio, a ser soldados, a convertirse en personajes invisibles, a descubrir si alguien les sigue y a no inmutarse si les hacen prisioneros. En definitiva, les enseñan a convertirse en Hombres, en Hombres de la guerra.
Paul-Émile, Palo, abandona su casa en París para marchar a Londres a unirse a la Resistencia. En París abandona a su padre, un pobre hombre viudo, que se lamenta porque su hijo no le escribe ni una triste carta. Palo es un buen hijo, porque siempre tiene a su padre en los pensamientos. En Londres, le reclutarán para formar parte de las filas del SOE. Allí conocerá a otros franceses e ingleses con los que se creará una gran camaradería. En el propio grupo se encuentra Laura, la única muchacha. El resto son Gordo, Key, Stanislas, Claude, Faron... Y Palo sobresale por sus magníficas cualidades como persona, también será admirado por Laura, de la que se enamorará.
Tras muchos meses de duro entrenamiento, son enviados a diferentes misiones a Francia. Algunos caen en manos alemanas, otros regresarán sanos y salvos a Londres. Y siguen manteniendo el contacto, tanto como para forjar una verdadera amistad.
Hotel Lutetia, París
Cuando regresa a Francia, Palo se las arregla para convencer a una francesa que está enamorada de él de que lleve unos sobres a la Rue du Bac y los eche en el buzón de su padre. No escribe nada que les pueda poner en peligro. Su padre vive muy cerca del hotel Lutetia, donde se alojan los oficiales alemanes, y uno de ellos, Werner Kunszer, se fija en Marie y descubre que lleva un arma en la pierna. Cuando la detiene, investiga al dueño del buzón y encuentra las postales de Ginebra. Kunszer comprende que tiene que encontrar al hijo, que posiblemente sea un espía, y para ello tiene que vigilar el portal, sobre todo cuando se habla de un posible desembarco de los Aliados en el norte de Francia y cuando les han dado del chivatazo de que París está lleno de espías.
Efectivamente, Palo se encuentra en el sur de Francia con los maquis, sabe que tiene que sacar a su padre de París antes de que los alemanes arrasen la ciudad, y la debilidad de Palo es su padre, así que coge un tren a París y se reencuentra con su padre después de dos años. Quiere marcharse con él, pero su padre le pide un día para despedirse de todas las cosas que han sido su vida hasta entonces. Pero Palo no volverá, porque Kunszer le atrapa. El oficial alemán le hará elegir entre su padre y sus amigos, y Palo traicionará a sus amigos, Faron y Laura, que se encuentran en París, pero a cambio Kunszer le da su palabra de que su padre no pasará penurias y que nunca le confesará que Palo morirá en manos de los alemanes.
Palo será ejecutado, Faron se tomará la pastilla L, entregada a todos los espías para no caer en manos alemanas, y ayudará a Laura a escapar. Durante los siguientes meses, Kunszer visitará al padre, hablarán del hijo y nunca le confesará que ha muerto. Incluso manda traer postales de Ginebra que escribe él mismo imitando la letra de Palo para hacer feliz al padre.
Laura está embarazada y tendrá un hijo al que llamará Philippe, como el padre.
Pero incluso los hombres más íntegros son traidores, como descubren, por su parte, dos de los camaradas que van a visitar al padre de Palo. Deciden guardarse el secreto de la realidad de Palo, que traicionó a sus amigos para salvar al padre.
Me ha gustado muchísimo.
EL AUTOR:
Joël Dicker nació en Suiza en 1985. Su primera novela, Los últimos días de nuestros padres, está basada en la desconocida historia de una unidad de inteligencia británica encargada de entrenar a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, y resultó ganadora en 2010 del Premio de los Escritores Ginebrinos. Su segunda novela, La verdad sobre el caso Harry Quebert, descrita como un cruce de Larsson, Nabokov y Philip Roth, ha recibido el favor del público y de la crítica más exigente, ha sido galardonada con el Premio San Clemente, el Premio Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa. Su traducción a treinta y tres idiomas la confirma como un fenómeno literario global.
En 2016 ha publicado su tercera novela, El Libro de los Baltimore.
EL LIBRO:
Título original: Les Derniers Jours de nos Pères
Autor: Joël Dicker
Traductor: Juan Carlos Durán Romero
Editorial: De bolsillo (1ª, febrero de 2016)
Número de páginas: 461
ISBN: 978-84-663-2988-0
Valoración: 9/10
RETOS:
- Reto Literario 2016: Primer libro de un autor popular.
- Desafío Literario 2016: El primer libro de un autor popular.
- Reto 100 libros.
- Desafío 24 libros románticos.
Y también lo incluyo en el mes temático: novela de guerra, ya que transcurre en la IIª Guerra Mundial, y de hecho se centra en ella porque habla de una sección de los servicios secretos creada por Winston Churchill.
Apurando las terrazas
Adoro las terrazas veraniegas pero ya no queda mucho tiempo para disfrutar de ellas. Creo que aquí las quitan después del Pilar.
Hoy, que el día acompaña, he optado por comer fuera.
Hoy, que el día acompaña, he optado por comer fuera.
jueves, septiembre 22, 2016
Un mundo artificial
Vivimos en un mundo artificial, rodeados de personas superficiales. Cuando vi el texto de Galeano en una red social lo tuve que extrapolar y traer aquí. Porque tristemente es así.
En mi vida he conocido a muchísima gente que se queda en la superficie. Una vez, en el segundo año de carrera universitaria, donde salía de fiesta día sí y día también, una persona, después de hablar conmigo una tarde, me saltó: "Das una apariencia de persona frívola hasta que se te conoce". Reconozco que me dejó sorprendida. Entendí perfectamente que se refería a que pasaba más horas de fiesta que estudiando. Y la impresión que tenía de mí era totalmente errónea.
Para empezar, estudié Periodismo, que no era una carrera complicada: mucho de leer y mucho de escribir, por lo tanto no me suponía mucho esfuerzo aprobar los exámenes. Yo me aplicaba cuando me tenía que aplicar, y salía de fiesta porque veinte años sólo se tienen una vez. Y no me arrepiento. Pero de ahí a la frivolidad va un trecho muy grande. Soy alguien que se preocupa por la gente, por las cosas. De hecho, intento vivir con intensidad. No miro al pasado ni al futuro, intento disfrutar de cada momento.
Sólo que a veces damos una apariencia que no tenemos. Pero también nosotros forjamos primeras impresiones de otras personas y quizás no sean las más justas.
Lo de Eduardo Galeano da que pensar.
En mi vida he conocido a muchísima gente que se queda en la superficie. Una vez, en el segundo año de carrera universitaria, donde salía de fiesta día sí y día también, una persona, después de hablar conmigo una tarde, me saltó: "Das una apariencia de persona frívola hasta que se te conoce". Reconozco que me dejó sorprendida. Entendí perfectamente que se refería a que pasaba más horas de fiesta que estudiando. Y la impresión que tenía de mí era totalmente errónea.
Para empezar, estudié Periodismo, que no era una carrera complicada: mucho de leer y mucho de escribir, por lo tanto no me suponía mucho esfuerzo aprobar los exámenes. Yo me aplicaba cuando me tenía que aplicar, y salía de fiesta porque veinte años sólo se tienen una vez. Y no me arrepiento. Pero de ahí a la frivolidad va un trecho muy grande. Soy alguien que se preocupa por la gente, por las cosas. De hecho, intento vivir con intensidad. No miro al pasado ni al futuro, intento disfrutar de cada momento.
Sólo que a veces damos una apariencia que no tenemos. Pero también nosotros forjamos primeras impresiones de otras personas y quizás no sean las más justas.
Lo de Eduardo Galeano da que pensar.
Minutos
Sólo tengo unos minutos de tiempo. A las ocho tendré que haber abandonado la fuente.
Es un ambiente muy otoñal, y la temperatura es buena.
Es un ambiente muy otoñal, y la temperatura es buena.
Cielo azul
No nos engañemos, que este cielo azul no vaticina buena temperatura. Ezcaray es frío y hoy comienza el otoño. Hace un poquito de frío. Pero no se ve una sola nube y, sin embargo, se ve la luna.
Llevo unos días que no estoy lo suficientemente centrada. No sé lo que me ocurre. En realidad, sí que lo sé, porque soy consciente de que estoy en las nubes. Es culpa del espíritu soñador que me embarga en ocasiones y, como ya dije hace unos días, septiembre es un mes que invita a soñar.
Yo sigo en mi ensoñación, aunque obligándome a centrarme en lo que he de hacer.
Mis pequeñas
Echo mucho de menos a mis princesas. Ellas siguen en Salou, aunque la mayor me llamó el lunes y empezó a chapurrear sobre todo lo que habían hecho. "Tía Ana, hemos visto el mar", me decía.
Adoran el mar. Aunque debe ser cosa de familia, porque creo que a todos nos gusta. Me relaja y disfruto pisando la arena de la playa.
En fin, que las echo de menos.
Adoran el mar. Aunque debe ser cosa de familia, porque creo que a todos nos gusta. Me relaja y disfruto pisando la arena de la playa.
En fin, que las echo de menos.
Exceso de cojines
Mi madre siempre me dice que he comprado muchos cojines para mi dormitorio, y es que ella no entiende que me encanta hundirme en ellos. Sobre todo cuando veo la tele, claro que tener televisión para no encenderla nunca... Me consta que no he encendido la televisión desde principios de verano, concretamente desde que terminó MasterChef.
Pero qué gozada ahora tirar todos los cojines hacia los lados.
Además necesito un cojín para leer, otro para abrazarlo y el resto para contarles secretos.
Mi madre no lo entendería. Aunque me dijo que le gustaba cómo había decorado. A mí me hubiera gustado que ella me ayudara, pero por sus circunstancias personales no pudo hacerlo y al final tuve que romperme la cabeza yo sola. Todavía sigo, que me falta vestir el resto de habitaciones.
En realidad, es algo que me gusta hacer.
Pero qué gozada ahora tirar todos los cojines hacia los lados.
Además necesito un cojín para leer, otro para abrazarlo y el resto para contarles secretos.
Mi madre no lo entendería. Aunque me dijo que le gustaba cómo había decorado. A mí me hubiera gustado que ella me ayudara, pero por sus circunstancias personales no pudo hacerlo y al final tuve que romperme la cabeza yo sola. Todavía sigo, que me falta vestir el resto de habitaciones.
En realidad, es algo que me gusta hacer.
Esperando el momento...
Dentro de dos o tres semanas tengo que ir a un sitio. Y sólo
con pensarlo siento un nudo en el estómago. Un nudo nervioso. Porque en el
sitio donde tengo que ir podría encontrarme con una persona que consigue no
sólo que me ponga nerviosa sino que además me ruborice. Mi duda es si debo
decirle cuándo voy y si va a estar o no decirle nada. Supongo que se lo
terminaré diciendo, porque me niego a ir si no está él.
Además me he dado cuenta de que si me encuentro con él me
entra cierta vena inspiradora y tengo mucho que decir después.
Dos o tres semanas. Espero una comunicación para poder ir a
ese lugar. Si no tuviera que esperar a esa carta, mañana mismo iba. Pero tengo
que esperar, y prefiero no pensarlo, porque entonces me da la sensación de que
el tiempo va muy lento.
Es que me voy a encontrar con sus ojos y me voy a ruborizar.
Y no va a ser cuestión de segundos, no. Va a ser bastante más tiempo.
Por el momento, voy a seguir viviendo ahora y disfrutando
del mes de septiembre, que siempre me parece que es un mes demasiado breve.
Pequeños placeres
Los días que no me quedo dormida con el libro abierto y la
luz dada me cuesta controlar el sueño. Ayer, en cierto momento, miré el móvil y
eran más de las dos. Y eso fue porque apagué la luz sin leer.
Digan lo que digan, quedarme dormida con la luz dada y el
libro abierto es uno de mis pequeños placeres. Luego puede ocurrir que me
despierte de madrugada y quite la luz o que amanezca con la luz de la mesilla
dada.
Otra de las cosas que adoro es tirarme los domingos de
invierno viendo películas sin parar, con una manta y un chocolate caliente,
mientras la lluvia golpea el cristal. Aunque últimamente el chocolate caliente
lo tomaba en Logroño cada vez que mis sobrinas venían y querían chocolate.
Lamentablemente no he probado el chocolate en ninguna de sus
variedades desde que, hace unos meses, la doctora me dijo que debía regular el
azúcar que tomaba. Veremos si los resultados de los análisis que tengo que
hacerme en octubre me dicen que he rebajado la glucosa. Al menos he seguido las
directrices de la doctora en un 90%.
Hoy no puedo quedarme hasta tan tarde.
miércoles, septiembre 21, 2016
El agridulce sabor de los sueños

Hace tan sólo unos días estaba mirando cuánto costaban las
entradas para el GP de Aragón, que es este fin de semana. Pero no puedo
marcharme este viernes, porque todo lo que me rodea se encontraría desangelado
al tener a media familia en la playa. Así que tendrá que ser en otra ocasión.
Quizás Cheste o Jerez, aunque me pillan más lejos.
Nunca he ido a ver el motociclismo y llevo años deseando
hacerlo. Cuando lo retransmiten es entonces cuando pienso en que he perdido
otra oportunidad. Pero ¿otra oportunidad, para qué?
Una vez leí una autobiografía de Valentino Rossi. Hasta
entonces yo veía el motociclismo desde lejos. A partir de aquel libro, empecé a
admirar a Rossi, por todo lo que era y por todo lo que es. Así que tengo que ir
a verle correr antes de que se retire. ¿Qué hizo que a mí me llamara tanto la
atención Valentino Rossi? El subtítulo del libro era bastante sugerente:
Imagina si no lo hubiera intentado…
En realidad, Valentino Rossi persiguió un sueño que tenía
desde que era un crío y terminó siendo el mejor. Es muy complicado hoy en día
que cualquiera pueda superarle, sobre todo porque él llegó a ganar en todas las
categorías y una de ellas ya se encuentra desaparecida.
Pero lo que venía a decir el libro era que es importante
perseguir nuestros sueños. Muchas veces me remito a ese libro, a ese subtítulo,
para conseguir objetivos. Y yo intento conseguir mis objetivos. Pero hay uno
que aún no he conseguido, un sueño que supera a todos los demás. Yo siempre
deseé (y deseo) escribir novelas.
Gente que me conoce y que ha tenido oportunidad de leer lo
que escribo (en revistas) o incluso aquellos privilegiados a los que les regalé
un ejemplar de un libro de relatos en donde resulté ganadora… siempre me dicen
que escriba. Pero para escribir hay que ser constante y yo no lo soy. Sí que lo
soy aquí, pero porque lo que escribo varía mucho de un día para otro. Seguir la
misma línea argumental es lo que cuesta, el tesón del día a día. Porque otra
cosa que me sobra es creatividad e imaginación.
Este mes siempre salen dos certámenes literarios de dos
ciudades que me tocan de cerca, en Logroño y Salamanca. He decidido presentarme
al certamen Ciudad de Logroño para el año que viene. Este año ya no me da
tiempo a escribir. En realidad sí que me daría tiempo a escribir, pero no es
sólo eso, no me dará tiempo a pulirlo. Y, como para todo, tengo que encontrar
la constancia. Al final, como por la noche sé que no cumpliré, a partir de
mañana me levantaré una hora antes por las mañanas para escribir. En el
silencio del alba.
Alcanzar nuestros sueños depende de cada uno de nosotros. Me
acordaré de Valentino Rossi, imagina que no lo hubiera intentado…
Como en una partida de ajedrez
Nadie sabe mejor que yo el infierno por el que paso cuando
me tengo que controlar a la hora de hacer algo. Una vez alguien me dijo que era
muy impetuosa, y quizás es eso, que el ímpetu me lleva por derroteros
inesperados.
Me refiero a que me cuesta mucho controlar no escribir un
mensaje cuando me apetece tanto hacerlo o no marcar un número de teléfono
cuando tengo ganas de hablar con alguien. Y hoy me apetece hacer esa llamada,
pero no la voy a hacer. Quizás hace unos años me dejaba llevar por ese espíritu
impetuoso, pero ahora me paro más a pensar las cosas.
Y sin embargo… me apetece mucho hablar con él. Pero sigo
pensando en que no sé en qué punto estoy ni lo que piensa él. Esto es como una
partida de ajedrez, y ahora me encuentro en tablas.
Eso, no saber cuál será el siguiente movimiento, me trae de
cabeza, me hace sentir insegura.
Lo que relaja cocinar
No suelo cocinar mucho por falta de tiempo, pero cuando lo hago me centro demasiado e incluso me relaja. Así que hoy me apetecía pasta pero con mi sofrito especial y he puesto todo mi empeño.
Ahora tendré macarrones para dos días, porque es cierto que se me da bien cocinar pero las cantidades no las controlo.
Ahora tendré macarrones para dos días, porque es cierto que se me da bien cocinar pero las cantidades no las controlo.
Buscando la perfección en las pequeñas cosas
Todo el mundo necesita espacio. Por eso, en cierto momento
de nuestras vidas, dejamos el hogar familiar y nos terminamos independizando. Necesitamos
más espacio, nuestro propio espacio, nuestro espacio vital.
Así que he decidido tomarme un paréntesis para reflexionar
sobre las últimas semanas. A veces me gustaría hacer cosas que me podrían
llevar a estrellarme. Y cuando esas cosas implican a otra persona, prefiero que
esa persona también tenga su propio espacio.
Yo misma creé este blog para tener un espacio propio. En
definitiva, intentaba crear belleza. Recuerdo la primera entrada que hablaba de
las palabras, del poder que tienen las palabras, que pueden llevar a una
guerra, pero también pueden firmar la paz. Las palabras son armas de doble
filo, pero decidí que debía usarlas para crear belleza. Y no es el único lugar
donde intento crear belleza. En Facebook me he negado siempre a compartir
noticias hirientes, horribles o que me produzcan algún tipo de rechazo. En
Instagram me dediqué a buscar la perfección en las imágenes. Y en la vida real
trato de ser amable como una forma de mirar el mundo que me rodea a través de un cristal que sólo destile belleza.
Un día me di cuenta de que el mundo ahí fuera tiene
demasiadas cosas feas, así que en mi pequeño mundo intento mostrar una ventana
por donde se vean cosas bonitas.
Es que hablaba con una amiga hace un rato y le he contado
una anécdota que me pasó hace unos años, cuando estaba a punto de volar a
Milán. En esas ocasiones nos damos cuenta de que todos tenemos nuestro
corazoncito, y es como un tesoro que generalmente no mostramos al común de los
mortales. Una tarde estaba yo en la oficina cuando entró un muchacho, casi como
si estuviera perdido. El muchacho en cuestión me sacaba una cabeza y me dijo: “Por
favor, ¿me puedes atar los cordones de los zapatos?”. Obviamente si un muchacho
que es más grande que tú te dice eso es porque algo no está bien. Le pregunté
el nombre y desde entonces, cuando me lo encuentro, siempre le saludo. Coincidí
con él en una cafetería unos días antes de ir a Italia a pasar la Semana Santa
y llevaba puesta una camiseta del Barça. Le dije que yo también era del Barça. En ese
momento se retransmitía en la televisión un partido del Barça y del Inter de
Milán. Le dije que marcharía a Milán en unos días. Le pregunté que si le
gustaba el fútbol y me dijo que sí.
Regresé de Milán con dos camisetas del Inter: una para mi
hermano pequeño que siempre quiere que le traiga una camiseta de fútbol allí
donde vaya y la otra para
este chico. Cuando le vi pasar una tarde, le
dije que tenía algo para él y le di la camiseta. Verle tan feliz en ese momento
me hizo sentir bien. Era como un niño pequeño que recibía un regalo inesperado.
Al día siguiente, su madre se presentó en mi oficina con una planta de interior
que me regaló. Me explicó que habitualmente la gente no era amable con su hijo,
que no solían tratarle bien, y que se sentía especialmente agradecida por lo feliz
que había visto a su hijo el día anterior.
Sé amable y no mires a quién. Es sencillo ser amable,
lástima que no nos demos cuenta la mayor parte de las veces. Eso también me
lleva a pensar en mi ineptitud para enfadarme. Siempre he pensado que enfadarse
es un gasto estúpido de energía y tiempo que no merece la pena. Es que nos desgasta. Me habré
enfadado cuatro veces en mi vida y han sido definitivas. Porque también soy una
persona que piensa que cuando alguien te hace algo “malo” te lo hace una vez,
pero no puedes darle opción a que te lo haga dos veces.
Por lo mismo, también doy oportunidades a todo el mundo. Porque
todas las personas se merecen una oportunidad. Por ejemplo, hay gente que viene
gritando a mi oficina, yo ni siquiera me inmuto. Al final terminas congeniando
con esas personas. Simplemente la gente puede tener un mal día. No es que yo no
tenga malos días, por supuesto que los tengo, pero me pongo una sonrisa en el
espejo cada mañana. No hay mejor actitud que la que cada uno muestre al mundo
cada día. Muchas veces la gente habla con nosotros según les hablemos a ellos.
Es la actitud frente al mundo.
Hoy estoy reflexiva porque he estado pensando en lo que
hacer con respecto al dueño de los ojos verdes. Le contaría mil historias, pero
no sé en qué punto estoy. Necesito hablar con él frente a frente, pero esto se
está demorando en el tiempo. Así que he optado por hacer un paréntesis. Por una
parte, me apetece cerrar el capítulo y dejarlo pasar. Pero sigo sintiendo
muchísima curiosidad por él. Cuando le he mirado a los ojos, he percibido una tristeza
infinita. No sólo he visto unos ojos preciosos, que los tiene preciosos, sino
que he mirado más allá. Y eso es lo que, en definitiva, despertó un día mi
curiosidad y mi interés. A la vez, eso despierta en mí una ternura que desconocía que había
en mí. Eso es lo que quizás hace que me ruborice cuando le veo. Así que, ante
la duda, lo voy a dejar estar igualmente porque necesito digerirlo todo.
Quién me ha visto y quién me ve. En estos momentos no sé lo
que hacer. Incluso en esta situación necesito mi propio espacio. Me siento como una vez que vi un ratón y me dio miedo, que mi hermano me dijo: "Tú que has volado sola a Japón, ¿y tienes miedo de un ratoncito?". Pues con una sensación parecida me encuentro ahora.
martes, septiembre 20, 2016
Próximo destino: Salou
Parte de mi familia se encuentra en Salou desde el sábado. Entre ellos, mis padres, que el año pasado tuvieron que cancelar el viaje porque mi madre se encontraba hospitalizada.
Aunque hace meses le dieron el alta sigue tomando muchas pastillas. Lo malo de tomar pastillas es que si te vas de viaje corres el riesgo de dejarte la mitad. Y el domingo cundía el pánico en Salou porque se habían dejado un antibiótico.
Yo, que tomo las cosas como llegan y soy bastante resolutiva, les dije que probaran a ir a una farmacia e incluso al hospital, y si no se lo mandaba yo por Seur. Ni siquiera me alteré, es que siempre tiene que haber alguien que mantenga la calma. En este caso fui yo. Lo necesita el miércoles y a las 8.30h de la mañana lo tendrá en el hotel.
El caso es que me sorprende la Sanidad española y las competencias territoriales que si necesitas algo urgente no te lo dan y allá te las entiendas. Es para reclamar a Sanidad el coste de mi paquete de Seur.
Yo me iría también con el paquete. Para ver el mar.
Qué panorámica
Levanto la persiana desde mi salón y tengo una máquina elevadora delante. Menuda panorámica.
Al menos los albañiles no son tan "castizos" como los de antes que pasabas por una obra y había que escuchar las perlitas que salían de su boca.
Creo que quedan dos días para que terminen de poner las tejas. Y para que despejen la calle.
lunes, septiembre 19, 2016
A un paso del otoño
Esta semana comienza el otoño. No es una estación que me disguste, más bien al contrario, me trae cierta calma. Tras el ajetreo estival, el otoño me aporta cierta tranquilidad, una tranquilidad más bien deseada. También me permite soñar más a menudo, ya que el otoño está tildado de cierta tibieza nostálgica que invita a soñar. Siempre he pensado que es la mejor época para escribir. Y también para olvidar.
En cuanto pase esta semana (que en Logroño sigue siendo fiesta) volveremos a la tan ansiada rutina. Y ya será otoño. La antesala del invierno.
El viaje en helicóptero
Una vez viajé en helicóptero. Fue una experiencia única. El viaje de cinco horas en coche que nos había costado llegar al fiordo (que no es un fiordo***) de Milford Sound desde Queenstown duró media hora de regreso en helicóptero. Además fue algo que surgió a última hora. Simplemente en el fiordo empezaba a llover y se estaba poniendo muy mal tiempo. Yo nunca había subido ni volado en helicóptero, así que me pusieron la miel en los labios. Ocurrió en Nueva Zelanda y es que en aquel país se podía hacer cualquier actividad interesante: viajar en las lanchas rápidas (que parece que vuelan por los ríos porque carecen de hélices), cualquier deporte náutico debido a la gran cantidad de lagos que había allí, visitar multitud de lugares donde se grabó El Señor de los Anillos, hacer 'puenting' (digamos que el guía nos llevó a hacerlo, pero la altura era tanta que nadie se atrevió a tirarse) y volar en helicóptero.
Sin duda alguna, el viaje hasta el fiordo fue magistral, pero más extraordinario fue viajar en helicóptero. Lo primero que nos dijo el piloto fue que no tocáramos las ventanas, por tanto yo tenía que ir a unos centímetros sin tocar el cristal, lo que no me impidió hacer fotos. En medio del trayecto, aterrizó en un glaciar. Y pisamos nieve, esa nieve que no se descongela en todo el año. Y finalmente llegamos al tiempo soleado de Queenstown.
Hoy me he acordado del helicóptero de Nueva Zelanda porque hay viajes que nos dejan huella. Unos años después tuve ocasión de subir a otro helicóptero para sobrevolar la ciudad de Nueva York, pero lo dejé, porque si es cierto que yo no volveré a hacer un viaje tan largo como el que hice a Nueva Zelanda, también es cierto que en Nueva York dejé sitios sin visitar, porque, aparte de que no tenía tiempo para ver todo lo que hubiera querido, siempre pensaba que hay que regresar a Nueva York. Y yo volveré.
Lo que echo de menos realmente es no viajar a lugares tan remotos como lo hacía no hace tanto tiempo. Pero es cierto que, en cuanto tenga el piso totalmente amueblado, volveré a las andadas viajeras. Todavía me queda mucho mundo por conocer.
[***Los sounds son valles de ríos anegados que se juntan con el mar. Las cumbres de las cordilleras de los alrededores tienen la cima redondeada y el valle tiene forma de V, siendo el vértice inferior de la V el cauce del río que termina encontrándose con el mar.
Mientras, los fiordos son valles excavados por el poder y la presión de los glaciares durante las eras glaciares, que después han sido anegados por el mar cuando el hielo se ha fundido y el nivel del agua ha subido. Las cimas de los alrededores son picos puntiagudos y el valle tiene forma de U, ya que el hielo, al presionar hacia el mar, ha ido arrastrando consigo enormes bloques de tierra.]
San Jerónimo Hermosilla
Hoy es festivo aquí. Es San Jerónimo Hermosilla, que tiene plaza, monumento, calle y las escuelas a su nombre. No se puede quejar este buen señor.
Ayer finalmente no salí, aunque no fue por ganas. La discoteca móvil se seguía escuchando, pero ayer me obligué a abstraerme en una novela. No podía salir porque hoy había quedado a las 11.30h.
Aunque me hubiera despertado igualmente. Llevo desde las ocho escuchando a los albañiles en el tejado, les escucho caminar e incluso hablar; al menos hoy hay pocos martillazos.
A las 11.30h ha venido el de los vehículos históricos y la próxima semana ya tendré el informe. Pero no puedo hacer nada más hasta que llegue la resolución de Industria, que suele ser favorable. Con San Mateo de por medio igual no puedo hacer el siguiente paso hasta dentro de un mes.
Hoy necesito descansar. No es un mal día para descansar.
Ayer finalmente no salí, aunque no fue por ganas. La discoteca móvil se seguía escuchando, pero ayer me obligué a abstraerme en una novela. No podía salir porque hoy había quedado a las 11.30h.
Aunque me hubiera despertado igualmente. Llevo desde las ocho escuchando a los albañiles en el tejado, les escucho caminar e incluso hablar; al menos hoy hay pocos martillazos.
A las 11.30h ha venido el de los vehículos históricos y la próxima semana ya tendré el informe. Pero no puedo hacer nada más hasta que llegue la resolución de Industria, que suele ser favorable. Con San Mateo de por medio igual no puedo hacer el siguiente paso hasta dentro de un mes.
Hoy necesito descansar. No es un mal día para descansar.
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