Los cambios bruscos de temperatura me afectan negativamente y puedo pasar horas con una ligera molestia en la cabeza. Pues desde anoche he tenido esa molestia intermitente, excepto al mediodía.
No sé si me he sentido mejor porque me encontraba en la calle o porque...
Hoy caminaba por la calle con la compra, que no era cosa baladí. Ayer pensé mentalmente en todo lo que tendría que comprar. Y así caminaba yo por la calle, ensimismada y pensativa, cuando a dos pasos de la entrada de un bar he levantado los ojos y rápidamente he pensado que debía cambiar de dirección. Iba por la acera del bar y cuando he mirado no quería pasar por allí. Entonces he pensado que si hubiera dado dos vueltas a la manzana más es posible que hubiera aparcado más cerca del supermercado. Y no hubiera tenido que pasar por ese instante. Antes de cruzarme con él he pensado: "Tierra, trágame".
No me ha quedado más remedio que seguir. Y le he mirado a los ojos. Esa mirada podría perderme. En ese momento no existían más que esos ojos color esperanza. No había ni dolor de cabeza, ni me pesaban las bolsas ni nada. Cuando hemos intercambiado un saludo y ha desaparecido la magia, entonces ha sido cuando he empezado a ruborizarme. He sentido mis mejillas acaloradas y entonces sólo deseaba que mi coche estuviera más cerca y llegar cuanto antes al cruce.
También he sentido nervios. Desde ese momento hasta que he llegado al coche estaba nerviosa.
Esa mirada podría perderme. Soy consciente de ello. Ahora tengo más curiosidad.

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