lunes, septiembre 19, 2016

El viaje en helicóptero

Una vez viajé en helicóptero. Fue una experiencia única. El viaje de cinco horas en coche que nos había costado llegar al fiordo (que no es un fiordo***) de Milford Sound desde Queenstown duró media hora de regreso en helicóptero. Además fue algo que surgió a última hora. Simplemente en el fiordo empezaba a llover y se estaba poniendo muy mal tiempo. Yo nunca había subido ni volado en helicóptero, así que me pusieron la miel en los labios. Ocurrió en Nueva Zelanda y es que en aquel país se podía hacer cualquier actividad interesante: viajar en las lanchas rápidas (que parece que vuelan por los ríos porque carecen de hélices), cualquier deporte náutico debido a la gran cantidad de lagos que había allí, visitar multitud de lugares donde se grabó El Señor de los Anillos, hacer 'puenting' (digamos que el guía nos llevó a hacerlo, pero la altura era tanta que nadie se atrevió a tirarse) y volar en helicóptero.
Sin duda alguna, el viaje hasta el fiordo fue magistral, pero más extraordinario fue viajar en helicóptero. Lo primero que nos dijo el piloto fue que no tocáramos las ventanas, por tanto yo tenía que ir a unos centímetros sin tocar el cristal, lo que no me impidió hacer fotos. En medio del trayecto, aterrizó en un glaciar. Y pisamos nieve, esa nieve que no se descongela en todo el año. Y finalmente llegamos al tiempo soleado de Queenstown. 
Hoy me he acordado del helicóptero de Nueva Zelanda porque hay viajes que nos dejan huella. Unos años después tuve ocasión de subir a otro helicóptero para sobrevolar la ciudad de Nueva York, pero lo dejé, porque si es cierto que yo no volveré a hacer un viaje tan largo como el que hice a Nueva Zelanda, también es cierto que en Nueva York dejé sitios sin visitar, porque, aparte de que no tenía tiempo para ver todo lo que hubiera querido, siempre pensaba que hay que regresar a Nueva York. Y yo volveré.
Lo que echo de menos realmente es no viajar a lugares tan remotos como lo hacía no hace tanto tiempo. Pero es cierto que, en cuanto tenga el piso totalmente amueblado, volveré a las andadas viajeras. Todavía me queda mucho mundo por conocer.


[***Los sounds son valles de ríos anegados que se juntan con el mar. Las cumbres de las cordilleras de los alrededores tienen la cima redondeada y el valle tiene forma de V, siendo el vértice inferior de la V el cauce del río que termina encontrándose con el mar.
Mientras, los fiordos son valles excavados por el poder y la presión de los glaciares durante las eras glaciares, que después han sido anegados por el mar cuando el hielo se ha fundido y el nivel del agua ha subido. Las cimas de los alrededores son picos puntiagudos y el valle tiene forma de U, ya que el hielo, al presionar hacia el mar, ha ido arrastrando consigo enormes bloques de tierra.]

2 comentarios:

Dyhego dijo...

¡Cómo me gustaría montar en helicóptero!

K dijo...

Es una gozada. Cuando tengas la oportunidad de hacerlo no lo pienses. Es más electrizante que volar en avión, y se ve todo más cerca. Aunque se mueve también mucho más, sientes como que tiene menos estabilidad. Pero es una experiencia genial.