Éste es el típico libro que no podemos parar de leer y, sin embargo, no deseamos llegar al final. Si digo que me ha enganchado me quedo corta, porque ha sido exagerado. Sólo pensaba en leer un poco más y me fastidiaba mucho cuando tenía que dejarlo.
La novela se enmarca en la ciudad de Vitoria y en algunos puntos históricos de la provincia de Álava. Es una novela negra exquisita. Me hace gracia porque mi apellido es compuesto y de origen alavés y en abril cumpliré 40 años (como el inspector López de Ayala), por lo que yo entraría dentro del cuadro de víctimas en unos meses. Se nos presenta al verdadero asesino casi desde el principio pero el lector (igual que los inspectores) es incapaz de ver la relación. Se sigue a rajatabla esa máxima que dice que las apariencias engañan, porque en este caso la fachada no deja entrever al verdadero sádico que hay detrás.
La novela tiene dos historias paralelas: una transcurre en los años 70 y nos cuenta la historia de amor de una mujer que contrajo matrimonio con un rico empresario vitoriano; la otra transcurre en la actualidad y tenemos, a su vez, dos perspectivas; por un lado nos encontramos al inspector Unai López de Ayala en coma con una bala incrustada en el cerebro que parece estar recordando (y a la vez contando al lector) los crímenes que están ocurriendo en Vitoria, que sería el segundo punto de vista, aunque se trata de un pasado próximo en el tiempo cuyo desenlace está en el momento en que el asesino dispara contra Unai.
Unai, que nos lleva a sensibilizarnos tanto, está a punto de ser desconectado de la máquina que le mantiene con vida, mientras en las calles se manifiestan miles de vitorianos para pedir por que siga viviendo. Es decir, Unai se ha convertido en un héroe local, e incluso nacional, al haber desenmascarado al verdadero asesino, pero casi ha tenido que pagar con su vida.
Sin embargo, el núcleo de la novela se centra en dos hermanos gemelos, Tasio e Ignacio Ortiz de Zárate. Tasio está a punto de salir de prisión, ha cumplido veinte años por unos asesinatos que no cometió, pero todos le ven como el culpable de los mismos. Fue su propio hermano, Ignacio, inspector de la policía, quien dio la orden de encerrarle.
Es el mes de julio de 2016 y en Vitoria se encuentran en vísperas de las fiestas de la ciudad cuando aparecen dos jóvenes de 20 años asesinados en la Catedral Vieja. Cunden las alarmas porque este doble crimen reanuda los crímenes que Tasio está pagando en la cárcel, cuando está a punto de salir. En un principio se cree que es el inductor, ya que él se encuentra en prisión.

Eguzkilore
Las pruebas son idénticas a los asesinatos que acontecieron y aterrorizaron a la ciudad veinte años antes: se sigue una cronología en la edad que salta cada cinco años (dos bebés de meses, dos niños de 5 años, de 10, de 15), doble crimen de una pareja que aparece desnuda (y que suelen ser desconocidos) con la mano de uno acariciando la mejilla del otro; todos tienen apellidos compuestos de la provincia de Álava; aparecen envenenados con un tipo de droga que les paraliza los sentidos para que el asesino haga la puesta en escena; además aparecen en lugares históricamente emblemáticos que también van cronológicamente ordenados; todos aparecen con un eguzkilore, una flor que en el País Vasco simboliza la buena suerte. Esta flor es la firma del asesino.
El inspector, además, comienza a coincidir cuando hace running, con una mujer que resulta ser la subcomisaria Alba, su jefa directa, y entre los dos surge una pasión desenfrenada. Unai nos deja intuir su trauma por el accidente provocado por un amigo suyo que se había quedado viudo, en el que falleció su esposa, embarazada de mellizos. Muchos creen que no está preparado para llevar el caso. También descubrimos la camaradería con su compañera Estíbaliz, con la que tendrá sus cabreos, pero ante todo serán compañeros y amigos.
Siguen los pasos de los dos gemelos pensando que uno de ellos es el asesino. Pero entonces descubrimos la historia del pasado. Blanca Díaz de Antoñana contrajo con el industrial vasco Javier Ortiz de Zárate, un hombre intocable en la burguesía vitoriana. Javier era violento con su esposa, se rumoreaba que había hecho desaparecer gente y que había acabado con su anterior esposa al no darle hijos. Blanca comienza a acudir a menudo a su médico Álvaro Urbina, que enseguida se da cuenta de que esa mujer es maltratada por su marido y comienza a darle drogas para que se las suministre. Ella, agradecida, se entrega a él y se convierten en amantes. Blanca se quedará embarazada y su marido deja de ponerle las manos encima. El día del alumbramiento ya saben que vienen mellizos, el doctor acude en medio de una nevada al palacio de los Ortiz de Zárate con su enfermera Felisa, pero Blanca no dará a luz a dos sino a tres niños. Sin embargo, mientras Tasio e Ignacio nacen en la misma bolsa y son rubios, como la madre, el tercero nace en una bolsa aparte y es pelirrojo, como el doctor Urbina. Felisa abandona la mansión con el tercer bebé en brazos para darlo a una familia que quiera adoptarlo, y porque todos corren peligro de muerte si Javier Ortiz de Zárate se entera de que no es el verdadero padre de los niños.
Tiempo después el doctor desaparece.
En los años 80, Blanca se ha quedado viuda y soporta un cáncer fulminante. No le han dado mucho margen de maniobra, pero sabe que tiene que encontrar a su tercer hijo. Y se encuentra a Nancho, un joven que trabaja de peón para una familia que hace miel en Izarra, nunca lo han tratado como un verdadero hijo y además recibe palizas continuas de su padrastro. Cuando comprende cómo ha vivido su tercer hijo, Blanca le promete que volverá a por él una semana después, pero eso nunca ocurrirá, porque Blanca fallecerá antes. Nancho que ha aprendido a leer por sí solo ve la esquela en el periódico, le roba 400 pesetas a su padrastro y coge un tren hasta Vitoria, donde se presenta a sus dos hermanos. Los gemelos le dan una paliza y le dejan medio muerto en una fosa abierta del cementerio. Cuando Nancho regresa a Izarra y recibe una brutal paliza, quema la casa con sus ocupantes y se marcha a Pamplona, donde se sacará el graduado. Pero no tiene una identidad, por lo que su destino se forjará cambiando su identidad por otra persona que sí la tiene y con otro incendio de por medio.
Cuando los inspectores llegan a esta conclusión y descubren quién es el asesino, el inspector López de Ayala y la subcomisaria Alba Díaz de Salvatierra, los dos de 40 años, corren peligro.
El asesino les inyecta una droga para paralizarles los músculos, pero luego les introduce abejas en la boca que les produce asfixia, una muerte lenta. Tiene pensado que el círculo termine con sus dos hermanos, Tasio e Ignacio, a los que tiene secuestrados desde hace diez días.

Escultura de Adán y Eva en San Vicentejo
La posición de los cuerpos se basa en una escultura que se encuentra en la ermita de San Vicentejo, que cuenta las vidas de Adán y Eva. En una de esas esculturas aparecen desnudos y dándose ánimos, con una mano en la mejilla del otro. Además muy cerca está la torre maldita de Ochate (Iker Jiménez explicaba los extraños fenómenos en un libro que leí hace tiempo).
Los lugares citados en la novela son todos lugares reales, tanto de Vitoria como de la provincia de Álava. Y parece ser que a la autora le gusta nuestra calle Laurel, porque la nombra -que yo recuerde- hasta en dos ocasiones. A mí me pilla muy de cerca, además Vitoria es una ciudad que me gusta mucho.
En definitiva, es un libro muy bien escrito, que engancha de principio a fin y merece la pena. Es un libro que merece la pena leer, totalmente recomendable.
La novela se enmarca en la ciudad de Vitoria y en algunos puntos históricos de la provincia de Álava. Es una novela negra exquisita. Me hace gracia porque mi apellido es compuesto y de origen alavés y en abril cumpliré 40 años (como el inspector López de Ayala), por lo que yo entraría dentro del cuadro de víctimas en unos meses. Se nos presenta al verdadero asesino casi desde el principio pero el lector (igual que los inspectores) es incapaz de ver la relación. Se sigue a rajatabla esa máxima que dice que las apariencias engañan, porque en este caso la fachada no deja entrever al verdadero sádico que hay detrás.
La novela tiene dos historias paralelas: una transcurre en los años 70 y nos cuenta la historia de amor de una mujer que contrajo matrimonio con un rico empresario vitoriano; la otra transcurre en la actualidad y tenemos, a su vez, dos perspectivas; por un lado nos encontramos al inspector Unai López de Ayala en coma con una bala incrustada en el cerebro que parece estar recordando (y a la vez contando al lector) los crímenes que están ocurriendo en Vitoria, que sería el segundo punto de vista, aunque se trata de un pasado próximo en el tiempo cuyo desenlace está en el momento en que el asesino dispara contra Unai.
Unai, que nos lleva a sensibilizarnos tanto, está a punto de ser desconectado de la máquina que le mantiene con vida, mientras en las calles se manifiestan miles de vitorianos para pedir por que siga viviendo. Es decir, Unai se ha convertido en un héroe local, e incluso nacional, al haber desenmascarado al verdadero asesino, pero casi ha tenido que pagar con su vida.
Sin embargo, el núcleo de la novela se centra en dos hermanos gemelos, Tasio e Ignacio Ortiz de Zárate. Tasio está a punto de salir de prisión, ha cumplido veinte años por unos asesinatos que no cometió, pero todos le ven como el culpable de los mismos. Fue su propio hermano, Ignacio, inspector de la policía, quien dio la orden de encerrarle.
Es el mes de julio de 2016 y en Vitoria se encuentran en vísperas de las fiestas de la ciudad cuando aparecen dos jóvenes de 20 años asesinados en la Catedral Vieja. Cunden las alarmas porque este doble crimen reanuda los crímenes que Tasio está pagando en la cárcel, cuando está a punto de salir. En un principio se cree que es el inductor, ya que él se encuentra en prisión.
Eguzkilore
Las pruebas son idénticas a los asesinatos que acontecieron y aterrorizaron a la ciudad veinte años antes: se sigue una cronología en la edad que salta cada cinco años (dos bebés de meses, dos niños de 5 años, de 10, de 15), doble crimen de una pareja que aparece desnuda (y que suelen ser desconocidos) con la mano de uno acariciando la mejilla del otro; todos tienen apellidos compuestos de la provincia de Álava; aparecen envenenados con un tipo de droga que les paraliza los sentidos para que el asesino haga la puesta en escena; además aparecen en lugares históricamente emblemáticos que también van cronológicamente ordenados; todos aparecen con un eguzkilore, una flor que en el País Vasco simboliza la buena suerte. Esta flor es la firma del asesino.
El inspector, además, comienza a coincidir cuando hace running, con una mujer que resulta ser la subcomisaria Alba, su jefa directa, y entre los dos surge una pasión desenfrenada. Unai nos deja intuir su trauma por el accidente provocado por un amigo suyo que se había quedado viudo, en el que falleció su esposa, embarazada de mellizos. Muchos creen que no está preparado para llevar el caso. También descubrimos la camaradería con su compañera Estíbaliz, con la que tendrá sus cabreos, pero ante todo serán compañeros y amigos.
Siguen los pasos de los dos gemelos pensando que uno de ellos es el asesino. Pero entonces descubrimos la historia del pasado. Blanca Díaz de Antoñana contrajo con el industrial vasco Javier Ortiz de Zárate, un hombre intocable en la burguesía vitoriana. Javier era violento con su esposa, se rumoreaba que había hecho desaparecer gente y que había acabado con su anterior esposa al no darle hijos. Blanca comienza a acudir a menudo a su médico Álvaro Urbina, que enseguida se da cuenta de que esa mujer es maltratada por su marido y comienza a darle drogas para que se las suministre. Ella, agradecida, se entrega a él y se convierten en amantes. Blanca se quedará embarazada y su marido deja de ponerle las manos encima. El día del alumbramiento ya saben que vienen mellizos, el doctor acude en medio de una nevada al palacio de los Ortiz de Zárate con su enfermera Felisa, pero Blanca no dará a luz a dos sino a tres niños. Sin embargo, mientras Tasio e Ignacio nacen en la misma bolsa y son rubios, como la madre, el tercero nace en una bolsa aparte y es pelirrojo, como el doctor Urbina. Felisa abandona la mansión con el tercer bebé en brazos para darlo a una familia que quiera adoptarlo, y porque todos corren peligro de muerte si Javier Ortiz de Zárate se entera de que no es el verdadero padre de los niños.
Tiempo después el doctor desaparece.
En los años 80, Blanca se ha quedado viuda y soporta un cáncer fulminante. No le han dado mucho margen de maniobra, pero sabe que tiene que encontrar a su tercer hijo. Y se encuentra a Nancho, un joven que trabaja de peón para una familia que hace miel en Izarra, nunca lo han tratado como un verdadero hijo y además recibe palizas continuas de su padrastro. Cuando comprende cómo ha vivido su tercer hijo, Blanca le promete que volverá a por él una semana después, pero eso nunca ocurrirá, porque Blanca fallecerá antes. Nancho que ha aprendido a leer por sí solo ve la esquela en el periódico, le roba 400 pesetas a su padrastro y coge un tren hasta Vitoria, donde se presenta a sus dos hermanos. Los gemelos le dan una paliza y le dejan medio muerto en una fosa abierta del cementerio. Cuando Nancho regresa a Izarra y recibe una brutal paliza, quema la casa con sus ocupantes y se marcha a Pamplona, donde se sacará el graduado. Pero no tiene una identidad, por lo que su destino se forjará cambiando su identidad por otra persona que sí la tiene y con otro incendio de por medio.
Cuando los inspectores llegan a esta conclusión y descubren quién es el asesino, el inspector López de Ayala y la subcomisaria Alba Díaz de Salvatierra, los dos de 40 años, corren peligro.
El asesino les inyecta una droga para paralizarles los músculos, pero luego les introduce abejas en la boca que les produce asfixia, una muerte lenta. Tiene pensado que el círculo termine con sus dos hermanos, Tasio e Ignacio, a los que tiene secuestrados desde hace diez días.
Escultura de Adán y Eva en San Vicentejo
La posición de los cuerpos se basa en una escultura que se encuentra en la ermita de San Vicentejo, que cuenta las vidas de Adán y Eva. En una de esas esculturas aparecen desnudos y dándose ánimos, con una mano en la mejilla del otro. Además muy cerca está la torre maldita de Ochate (Iker Jiménez explicaba los extraños fenómenos en un libro que leí hace tiempo).
Los lugares citados en la novela son todos lugares reales, tanto de Vitoria como de la provincia de Álava. Y parece ser que a la autora le gusta nuestra calle Laurel, porque la nombra -que yo recuerde- hasta en dos ocasiones. A mí me pilla muy de cerca, además Vitoria es una ciudad que me gusta mucho.
En definitiva, es un libro muy bien escrito, que engancha de principio a fin y merece la pena. Es un libro que merece la pena leer, totalmente recomendable.
LA AUTORA:

Eva García Sáenz de Urturi (Vitoria). Titulada en Optometría, ocupó diversos puestos de dirección en el sector óptico y posteriormente desarrolló su carrera profesional en la Universidad de Alicante. En 2012 su novela La saga de los longevos se convierte en un fenómeno de ventas y se traduce al inglés con gran éxito en Estados Unidos y Gran Bretaña. En 2014 publica Los hijos de Adán y la novela histórica Pasaje a Tahití. Sus tres novelas han sido número uno en digital a nivel nacional. Es jurado habitual en concursos literarios y colabora en la Cadena Ser. Su curso Marketing On-line para Escritores es uno de los mejor valorados. Conferenciante y formadora experta en escritura creativa, imparte numerosas ponencias de literatura y social media. Es una de las escritoras nacionales con más seguidores en la red.
EL LIBRO:
Título original: El silencio de la ciudad blanca
Autora: Eva García Sáenz de Urturi
Editorial: Planeta (5ª reimpresión, en julio de 2016)
Número de páginas: 473
ISBN: 978-84-08-15416-7
Valoración: 10/10
RETOS:
- Desafío "Búscalo en la portada": Una iglesia.
- Reto Literario 2016: Un libro con un color en el título.
- Reto Sabuesos.
- Desafío Literario 2016: Un libro con un color en el título.
- Reto 100 libros.
- Reto 25 españoles.
- Reto Genérico: misterio.
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