Los días que no me quedo dormida con el libro abierto y la
luz dada me cuesta controlar el sueño. Ayer, en cierto momento, miré el móvil y
eran más de las dos. Y eso fue porque apagué la luz sin leer.
Digan lo que digan, quedarme dormida con la luz dada y el
libro abierto es uno de mis pequeños placeres. Luego puede ocurrir que me
despierte de madrugada y quite la luz o que amanezca con la luz de la mesilla
dada.
Otra de las cosas que adoro es tirarme los domingos de
invierno viendo películas sin parar, con una manta y un chocolate caliente,
mientras la lluvia golpea el cristal. Aunque últimamente el chocolate caliente
lo tomaba en Logroño cada vez que mis sobrinas venían y querían chocolate.
Lamentablemente no he probado el chocolate en ninguna de sus
variedades desde que, hace unos meses, la doctora me dijo que debía regular el
azúcar que tomaba. Veremos si los resultados de los análisis que tengo que
hacerme en octubre me dicen que he rebajado la glucosa. Al menos he seguido las
directrices de la doctora en un 90%.
Hoy no puedo quedarme hasta tan tarde.
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