lunes, septiembre 05, 2016

El arte del cortejo

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Al final va a ser cierto eso de que las mujeres somos de Venus y los hombres de Júpiter. Y a mí se me ha olvidado el arte del cortejo. Desde que decidí tirar la toalla con los hombres hace ya algunos años no sé cómo acercarme a ellos. O sí que lo sé, pero razono más las cosas.
Lo que ocurrió a finales de julio podría ser que aún no tiene punto final, aunque yo he optado por envolverme de nuevo en mi caparazón. Que estoy muy tranquila en mi vida sin preocupaciones. 
Me sentí atrapada por unos ojos verdes que, en su momento, me parecieron enigmáticos (aún me lo siguen pareciendo). Como persona que siente mucha curiosidad por todo, decidí que debía acercarme a él. A veces creo que debería haberle hecho una tercera llamada. En las dos conversaciones que mantuvimos por teléfono no hubo silencios incómodos, algo extraño en dos personas que éramos (y somos) completos desconocidos. Pero hizo algo que me mosqueó tanto que opté por no decirle nada más. Hasta hoy. 
En cierto modo, las mujeres tenemos ese sexto sentido que nos vaticina lo que va a ocurrir de antemano. Así que he optado por el silencio. A ver lo que hace ahora. Yo ya me lo imagino. 
Es curioso. No le conozco y no puedo quitarme su mirada del pensamiento. Y cuanto más intento no pensar en él más complicado me parece.

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