lunes, octubre 31, 2011

La noche es magia

Creo que esta noche no voy a salir. Hace un rato que me he tumbado a leer y he sentido el peso de los párpados, que me relajaba repentinamente y que estaba más cansada de lo que imaginaba. Quizás si me vuelvo a tumbar ahora no vuelva a levantarme a escribir más.
Pero hoy no me importa. Porque en este momento me siento feliz.
En realidad siento como si él me hubiera tocado con una varita mágica, por lo que todo ahora es mágico.

Estoy segura de que esta noche soñaré con él...

Esa voz tan sensual

Cuando llamas a un ángel sin pararte a pensarlo, no piensas en las mariposas que empiezan a revolotear en tu corazón hasta que eres consciente de que él está al otro lado. Cuando le decía que acababa de verle pasar y que fuéramos a tomar algo, pensaba en que hace una hora no me atrevía a llamarle y en ese momento, al ser consciente de que él estaba al otro lado, se me ha caído la mitad del bolso junto al coche. ¿Nervios? Supongo que eran nervios, claro que sí. Habitualmente no suelo llamarle ni suelo decirle que nos vayamos a tomar algo. 
Esta tarde había una fuerza en mí que me hacía pensar fervorosamente en él, tanto que en otro momento hubiera evitado la llamada, pero hoy el corazón y un frenesí impulsivo se han impuesto.
Y, como siempre que escucho su voz, esa voz tan dulce, tan sensual, tan educada, tan sabia... me quedo casi sin palabras. En ese momento me lo imaginaba conduciendo. De mis labios salía un "vamos a tomar algo" y mi corazón susurraba "llévame contigo". 
Adoro su voz. Aun varias horas después sigo escuchando ese timbre tan perfecto. Es que tiene una voz preciosa, una voz que siempre invita a escucharle. Cuando la conversación ha acabado sentía que mis dedos temblaban y tenía esa sensación de felicidad que siempre aparece después de encontrarme con él, o como esta noche después de escucharle.
Estaba guapo. Ha pasado fugazmente, pero ha sido suficiente para poder asegurar ahora que estaba guapísimo.
Ahora no sé si saldré esta noche. Pero me siento sumamente feliz. Tal es el milagro que produce él en mí. Aunque más que un milagro es esa magia que viene con él. O el amor que siento. De todas formas, ahora me siento feliz. Él es tan adorable...

Las cosas que me llevan a él

Cuando la tarde estaba llegando a las siete he tenido una visita inesperada. Ya abogaba por marchar, pensando en que mañana es fiesta cuando ella ha entrado. Ella se trata de una cansacuerpos que viene a dar vueltas sobre lo mismo una y otra vez. Le he dicho que estaba ocupada, pero que la atendía si lo que venía a decirme era breve. Entonces ella me hablaba y he pensado en él. Porque ella también le da la chapa a él (algo que un día le comentaré). Reconozco que me entraba la risa, aunque he conseguido disimular. Entonces la he echado con la mejor de mis sonrisas, alegando que tenía mucho que hacer. Y es que ella me estaba contando lo mismo que las veces anteriores. Sé que me brillaban los ojos y en ese momento se me ha pasado por la cabeza decirle algo como alertándole sobre la presencia de esa mujer allí. Luego he preferido que mejor que no. 
Han dado las siete y he empezado a recoger. Porque las siete de ahora son como las ocho de antes. Y lo único que se me ha pasado por la cabeza no es que deseaba irme a casa, sino que me apetecía ir a tomar algo con él. Después de haber escrito un mensaje en el móvil lo he borrado. Es que no me gustan los mensajes. Sé que tenía ganas de hablar con él, de estar con él, de mirarle a los ojos, y es víspera de fiesta. Pero me parecía brusco decirle que fuéramos a tomar algo, así sin más. He intentado desechar las cervezas y he intentado no pensar en él. Entonces me he marchado.
Estaba a punto de arrancar cuando él ha pasado con el coche. Para mí ha sido una señal. He esperado a ver si pasaba caminando, pero como no ha ocurrido tal le he llamado. Entonces ni me he parado a pensarlo. Tenía ganas de él.

No es suficiente

Pensaba en el amor, en lo mucho que amo en estos momentos y en que a veces no me conformo sólo con amar. Que necesito algo más, es que le necesito a él. Hoy no me conformo. Últimamente vuelvo a soñar con él. A veces me llegan ráfagas de esos sueños. Hoy me despertaba desubicada, con la sensación onírica de que había despertado en un sofá junto a él, que sólo habíamos dormido juntos, que no había nada de erótico, y había mucho de romántico. El sofá era de color rojo, totalmente pasional. Y las paredes de color rojo, aún en mi imaginación, pero no en mis recuerdos, me llevan a saber exactamente dónde estábamos. 
Mi imaginación ya era precoz a los siete años, y creo que con el paso del tiempo ha ido acomodándose dentro de mí, incluso incrementándose, y eso que dicen que perdemos la imaginación cuando desaparecen los años de la infancia. 
La cuestión es que esta noche no me conformo únicamente con amar. Que es algo espiritualmente magnífico, hermoso, sublime. Y más cuando la otra persona es un ángel y jamás conoceré a una persona tan completa como él. Lo que ocurre es que ardo de deseos. Deseo recorrer el perfil de su espalda desnuda con las yemas de los dedos, apartar delicadamente el pelo de su nuca y cubrirle de besos la parte de atrás del cuello, en uno de los innumerables puntos 'G' que existen en el cuerpo humano, anhelo acariciar el vello de su pecho, aprenderme de memoria ese otro punto 'G' donde el nacimiento del vello del vientre es equiparable al nacimiento del deseo pasional, anhelo cubrirle de besos las plantas de los pies, y observarle mientras duerme mientras susurro al aire que sigue estando igualmente guapo, y quiero hacerle partícipe de lo que le brillan los ojos cuando recuerda algo de sus viajes, de sus anécdotas, de su pasado... mientras yo absorbo todo, porque nada de él quiero perderme, ni olvidar. 
Al final, tendré que escribirle un libro. Tendré que acudir a la imaginación y plasmarlo todo a través de la palabra escrita. Pero tampoco me conformaré. Podrá llenarme momentáneamente, pero no me conformaré. 
A veces me da la sensación de que estoy desperdiciando el amor. No es suficiente con amarle.
Esta noche peco de inconformista, pero bien sé que es bastante probable que esta noche vuelva a soñar con él y que mañana le siga amando como jamás he amado a nadie, incluso aunque no me cruce con él.

Acabando octubre

Está terminando octubre. Los meses que se acercan no me gustan nada. Son demasiado invernales, demasiado tristes. Al menos me queda la ilusión de ver a ese ángel de mirada perfecta cada día, y en él está el sol y el calor de los que carecen noviembre, diciembre, enero y febrero. En él está el color de los días grises.
Me pregunto si le veré mañana o si tendrá puente.

Menuda semana. Me veo completamente desubicada esta semana, gracias al festivo que cae en martes. En verdad que prefiero la rutina normal. Aunque mañana por la noche es posible que salga y el martes por la mañana pueda remolonear en la cama. E imaginar...

domingo, octubre 30, 2011

De regreso al universo de la Dragonlance


El mundo de la Dragonlance me apasionaba cuando lo leía, pero son tantísimas trilogías y sagas que llega un momento en que optas por continuar con otro tipo de literatura. Sin embargo, ayer le prometí a un amigo que le iba a regalar un libro (que no tiene que ver con la Dragonlance), un libro que voy a conseguir a través de una librería virtual especializada en literatura fantástica. Y al entrar en la página web he recordado que allí me agencié todos los libros de la Dragonlance que leí, los que aún me quedan por leer y los que entonces, por diversas razones, no pude conseguir. Hace ya tres años que dejé de leer libros de la Dragonlance. Supongo que había muchas historias y poco tiempo, y cuando empezabas a tirar del hilo salían nuevos libros relacionados con otros autores diferentes. Nada que ver con la historia oficial escrita por Margaret Weis y Tracy Hickman.
Esta vez leeré todos los que me quedan, a no ser que ya no se editen o estén agotados. Eso me recuerda a que no podía conseguir uno de ellos y lo pedí directamente a la editorial catalana, que me lo regaló desinteresadamente, enviándomelo por correo.
Ahora bien, para retomar la larguísima saga de la Dragonlance tengo que hacer memoria. Estoy segura de haber olvidado algunas cosas de la historia. Ahora es cuando me viene bien buscar las reseñas que escribí entonces y releerlas poco a poco, mientras doy tiempo a terminar el libro actual (que pese a estar entre los primeros en las listas de los más vendidos y leídos no es que lo esté disfrutando mucho; más bien me aburre).
En verde están los que me quedan por leer. El resto ya son historia, pero historia que refrescaré de nuevo.

4. El ocaso de los dragones: Los caballeros de Takhisis. La guerra de los dioses.
7. El muro de hielo: El mensajero. La esfera dorada. Winterheim.
8. Héroes de la Dragonlance I: La leyenda de Huma. Espada de Reyes. El caballero de Solamnia.
16. Cuentos de la Dragonlance II: El reino de Istar. El Cataclismo. La Guerra de la Lanza.
17. La Guerra de Caos: Gilthas, Orador de los Soles. Enanos y Draconianos. La conquista del Monte Noimporta. Las lágrimas de Paladine. El último Thane. Monstruos del Mar Sangriento.
19. La saga de Dhamon: El héroe caído. Traición. Rendición.
20. Encrucijada: El círculo clandestino. El gremio de los ladrones. La tierra del dragón. (En castellano faltan por publicarse dos libros de esta saga).
21. La discípula oscura: Ámbar y cenizas. Ámbar y hierro. Ámbar y sangre.
22. La trilogía de Linsha: La ciudad de lo perdido. El éxodo de los vencidos. El regreso del exilio.
23. Naciones élficas: El primogénito. Las guerras de Kinslayer. Los Qualinestis.
24. Las naciones enanas: El Pacto de la Forja. El Reino de los Thanes. Derkin, el primer rey.
25. 'Trilogía' Pirvan Wayward: Pirvan el ladrón. Pirvan el caballero. Sir Pirvan Wayward. El legado de Sir Pirvan.
26. Dragones: Los dragones de caos. Dragones. Los dragones de Krynn. Los dragones en guerra. Los dragones.
28. Kang's Regiment: Medidas Draconianas.
29. Villanos: El ala negra. Verminaard, el señor de Nidus. El emperador de Ansalon. Fistandantilus. Lord Toede. Takhisis. Hederick el Teócrata.
30. Warriors: Maquesta Nar-Thon. Theros Ironfield. Lord Soth.
31. Lost Legends: Vinas Solamnus, el primer caballero. Historias del tío Saltatrampas.
32. Lost Histories: Los hijos de Sargas. Los enanos gullys.
33. Classics: Asesinato en Tarsis. Dalamar el Oscuro.
34. Las guerras de los Minotauros: Noche sangrienta. Marea sangrienta. Imperio sangriento.
35. Despertar en Solamnia: Caballero de la Rosa. La Corona y la Espada. La Medida y la Verdad.
36. Crónicas perdidas: El mazo de Kharas. El Orbe de los Dragones. La Torre de Wayreth.
37. Otros: La llave del destino. La era de los Dragones.
38. Libros especiales: El Gran Libro de la Dragonlance. Atlas de la Dragonlance. Apéndices de la Dragonlance. Bestiario de Krynn.
39. Crónicas de la Dragonlance (cómic): El retorno de los Dragones. Prisioneros en Pax Tharkas. Los barcos alados de Tarsis. La tumba de Huma. La Reina de la Oscuridad. El Templo de Takhisis.

Si he puesto este listado es porque hay tal infinidad de volúmenes que es fácil perderse, pero sobre todo, antes de volver a coger un libro de la Dragonlance tengo que refrescar mi memoria. Lo que hace memorable esta saga, pese a su brutal fantasía, es la calidad de los personajes. Estoy segura de que seguiré admirando a Raistlin.

A través de los recuerdos


Poco a poco nos vamos sumergiendo en lo más atroz del invierno. Aunque soy consciente de que el invierno siempre tiene un sol. Lo peor es cuando no me cruzo con él, pero soy consciente de que está muy cerca, aunque los planetas no se hayan alineado lo suficiente para hacer el milagro de que nuestros pasos nos lleven a encontrarnos en los próximos metros o en los minutos siguientes.

Empieza una semana que se precia porque será breve, con el martes con su estandarte festivo. Aún no he ido al cementerio, pero el martes llevaré cinco rosas blancas para cada uno de los seres queridos que ya no están aquí. Éstos son días especialmente tristes. 

A las tres serán las dos

¿Cuál era esa fuerza que me impulsaba a ir donde estaba él? Cuando he entrado en la rotonda, me ha parecido ver su coche. Al salir no sabía si marcharme o ir hacia donde estaba él, pero sabía que si me acercaba, y con tres cervezas encima, no me iba a echar atrás. Desconozco qué es lo que me ha retenido. Mi mente pensaba en decirle algo, en llamarle... En realidad no me quería marchar a casa aún y, sin embargo, aquí estoy. Me apetecía verle. Sólo que sé que no quiero que sea un encuentro forzado. Si nos vemos genial, si no nos vemos... otro día será.
Y en el camino de vuelta a casa me preguntaba por qué no, qué es lo que me frena respecto a él para seguir mi camino, a ignorar las peticiones del corazón. Quizás que no sabría cómo reaccionar. En el momento en que me abriera la puerta me ruborizaría, ¿cómo justifico mi presencia allí? Estoy casi segura de que él estaba allí, tan cerca. Y, aunque invisible, también hay un muro. Luego está el hecho de que, si fuera allí, para él estaría claro el motivo por el que he ido allí, es demasiado inteligente para intuir que mi presencia allí sólo responde a un único motivo: estar cerca de él... No estoy segura de querer que él note lo que siento. Estoy convencida de que él intuye que siento algo por él, algo bonito, pero no quiero darle tantas pruebas de ese amor. Al final, también en algún momento sale al exterior esa timidez que parece inexistente en mí, pero está ahí. 
Me gustaría haberle visto, haberme encontrado con él en algún bar. La otra vía es más improbable, aunque sepa dónde está no puedo ir a buscarle. Una cosa es pensarlo y otra muy diferente llevar ese pensamiento a la práctica. 
Entonces me he sumergido en la oscuridad recalcitrante de la noche, pensaba en él y entonces he visto las estrellas, las infinitas estrellas que se ven en el cielo esta noche. Y pensaba en lo mucho que me gustaría estar con él viendo ese cielo tan perfecto. 

Es hora de ir a dormir. 

sábado, octubre 29, 2011

Duras decisiones

El día de hoy ha sido ajetreado. Generalmente, no acostumbro a levantarme a las ocho en sábado. Y anoche me fui tarde a dormir aun sabiendo que tenía que madrugar como un día normal. Pero ha ido bien. Luego me he echado la siesta y ahora tengo ganas de salir. Y salir significa que hay bastantes posibilidades de encontrarme con un ángel. Además hoy hay una hora más. Mañana me despertaré a mediodía y miraré horrorizada los relojes sin cambiar. Siempre ocurre: Me da la sensación de que es tarde, pero luego es un alivio poner una hora menos.
Lo que he echado de menos hoy ha sido remolonear en la cama después de haber despertado. No tenía tiempo para dar media vuelta. Pero la imagen perfecta de un ángel me ha acompañado durante todo el día.

Recuerdo el deseo que se ha apoderado de mí cuando he visto su coche, al ser consciente de que lo único que nos separaban eran cuatro paredes y unos pocos metros. Era consciente de que yo estaba allí de rebote, algo me impulsaba a parar y otra parte de mí me instaba a seguir mi camino, con la desazón tangible del vacío por no haberle visto después de ignorar lo que me estaba dictando el corazón.

Tengo ganas de fiesta.

Una cerveza más

Mañana el despertador sonará a las 8.30h., como si no fuera sábado. Pero no importa. A media tarde podré echarme una siesta.
Me pregunto si él estará de fiesta. Quizás sí. De todas formas me voy a soñar con él. 
En realidad a estas horas ya se me caen los ojos de sueño, pero no me siento tan cansada como las últimas semanas, que cuando llegaba el viernes necesitaba tumbarme sin pensarlo siquiera. 
Daría un mundo por quedarme dormida en sus brazos... esta noche y todas las noches.
Me tendré que conformar con imaginarlo.

Estamos cerca del cambio de hora. Por lo que mañana la noche será más larga. Será una cerveza más. Hasta las cervezas saben mejor cuando él está cerca.

Es hora de soñar. Soñaré con un ángel, aunque me gustaría abrir mañana los ojos y recordar lo que sueño.

viernes, octubre 28, 2011

Casi inalcanzable

Eran las cinco cuando he tenido que marcharme a hacer un recado. Entonces le he visto. Estaba cogiendo algo de su coche, pero no estaba solo. Podría haberle llamado, pero estaba demasiado lejos como para ponerme a gritar su nombre a los cuatro vientos. He empezado a caminar más rápido, aunque no ha servido de nada, porque él se ha marchado en otra dirección.
Cuando venía a casa ya no estaba su coche.

Tengo tantas ganas de verle...

Los días sin él

Esta mañana no estaba él, pero a mi lado se encontraban otras personas cercanas a él. Me pregunto dónde estaría, aunque seguramente tenía un motivo para no estar ahí en ese preciso momento. Me hubiera gustado verle. En realidad, me gustaría hacer tantas cosas con él que no tengo días para hacerlo todo. 
Ahora, por ejemplo, podría ir a tomar algo con él y dejarme llevar por su dulzura, podría quedarme atrapada en su mirada perfecta y sentirme ajena al mundo... excepto a él.
Le echo tanto de menos...

Ese gusanillo

Últimamente echo de menos el gusanillo, ese que remueve todo mi interior en los instantes previos a cruzarme con él. Pues siempre que me encuentro con él algo en mí tiembla. Pero ese gusanillo me gusta. Antes sí que me importaba que me temblara la voz y él pudiera notarlo, o ruborizarme delante de él, o decir algo en voz alta cuando esas palabras eran parte del pensamiento y no deberían ver la luz. Pero ahora... ahora siento todo eso pero no me suele temblar la voz tanto como antes ni tengo esa tendencia a ruborizarme en su presencia e intento decirle sólo cosas hermosas, incluso dentro de una conversación cotidiana. Me he dado cuenta de que me siento cómoda con él. Quizás antes me sentía insegura. Pero ahora... me gusta cruzarme con él y pararme a hablar con él. Además soy capaz de aguantarle la mirada un poco, me obligo a no desviar los ojos pues soy consciente de que esa mirada angelical concentra en sí misma todo lo mejor del mundo y, de alguna manera, no me lo quiero perder. Está claro que si miro a otro lado me perderé el brillo que producen sus ojos. Será cosa de la confianza o de que cuanto más conoces a una persona más a gusto te sientes con ella.
Y sigue estando el gusanillo. Cuando a las doce sé que podría encontrarme con él, cuando siento que algo arde de pasión en mi interior, cuando cualquier sábado sé que podría cruzarme con él en cualquier bar, cuando veo aparecer un coche como el suyo al final de la calle, aunque finalmente no sea él. En esas ocasiones, y en muchas otras que ahora no me vienen a la memoria, siento que el corazón me late muy deprisa. Y siento cómo el deseo crece con fuerza: el deseo de verle a las doce, el deseo de encontrarle en el próximo bar, el deseo de que el coche que viene por la calle sea el suyo...
Cada día me levanto buscando la magia. Soy consciente de que esa magia siempre llega con él. 

Es hora de dormir. De soñar con ese ángel de mirada perfecta.

"Disfruta de ti mismo. Estos son los buenos viejos tiempos que habrás perdido en los próximos años".

jueves, octubre 27, 2011

Allí seguía él


Hoy me he demorado en Ezcaray, así que ha sido una odisea aparcar. Lo cierto es que estaba todo lleno y entonces he visto su coche. Yo no sé qué me ha frenado, pero se me ha pasado preguntarle cuándo se iba a marchar a comer a casa para aparcar yo donde iba a dejar un hueco libre. Pero últimamente, aunque pienso muchas veces en decirle algo, siempre pienso varias veces antes de dar un paso. Así que, después de encontrarme en ese paradigma de "¿le mando un mensaje o no?" la balanza ha terminado decantándose por el no. 
Cuando media hora más tarde he salido a la calle y he mirado, él ya no estaba. Tan cerca y tan lejos.

A las cuatro y media de la tarde he movido el coche. Él ya había llegado. Su coche seguía a las nueve aparcado en el mismo sitio. Entonces he pensado en decirle que nos fuéramos a tomar algo. Al final, he preferido no decirle nada.

Estoy segura de que en cualquier momento no voy a pensarlo y le diré algo. Pero nunca le termino diciendo lo que me gustaría decirle, quizás porque no me atrevo. Como que es adorable. O que le echo de menos. O que le quiero un montón. Al final, sólo termino derrochando unas cuantas frases frías e insípidas que intentan ocultar lo que alberga mi corazón. 

Costaba que amaneciera

Es hora de marchar. Al menos ha salido el sol, porque la mañana hoy era terrorífica, tan oscura como estaba. Las gotas de lluvia golpeaban la luna del coche y yo miraba al cielo, pensando en él. En mañanas así lo que apetece es taparse en la cama hasta la nariz y abrazarle a él. Y no levantarse hasta que no salga el sol. Aunque en una situación así el sol ya está entre mis brazos.
Tengo ganas de verle.

Es hora de marchar. Espero que en SD también haya salido el sol.

La palabra secreta

No creo que tarde en ir a dormir. 
Si cerrara los ojos tan sólo un minuto aparecería ante mí una única imagen. Él. Siempre tan adorable, siempre tan guapo, siempre tan noble. 
Esta tarde pensaba en lo mucho que me gustaría ir a tomar algo con él después del trabajo, perderme en su mirada perfecta una vez más, preguntarle por algo que tenga una respuesta larga y absorber todas y cada una de sus palabras. 
A veces me pregunto qué porcentaje de lo que soñamos (no sólo con los ojos cerrados, sino también de lo que soñamos cuando estamos despiertos) se termina haciendo realidad. Si mis sueños se cumplieran tengo la felicidad asegurada por el resto de mis días. Es impresionante cómo una única persona nos puede dar todo, nos aporta lo mejor, nos regala tantísimos momentos especiales.
Y recuerdo su mirada el primer día que le vi. La atracción que llegó después. El desconocimiento sobre él y la curiosidad inicial. Todo eso se ha incrementado con el paso del tiempo y, es más, ha crecido otro sentimiento inesperado que no es otro que el amor. La atracción continúa hoy en día, mucho más palpable que entonces. Aunque ahora le conozco, sigo desconociendo muchas cosas de él, pero adoro el misterio que le rodea. La curiosidad se ha intensificado porque quiero saber todo de él, pero quiero saberlo por él. Aparte de todo eso, han crecido otros sentimientos: el deseo, la pasión, la confianza, la ensoñación, la magia y, por supuesto, el amor. ¿Quién iba a decirme que iba a terminar tan enamorada, que iba a caer rendida ante esa mirada en la que veo todo lo mejor del mundo?
Si alguien me preguntara qué haré dentro de dos minutos, no respondería que me voy a soñar, que me sumergiré en la oscuridad más profunda de la noche, no diría que voy a leer. Porque al final, mañana al alba, no recordaré ni los sueños, ni la oscuridad, ni lo que he leído. Lo que recordaré mañana es la dulce imagen que tendré en la mente cuando vaya a dormir. Sé que me quedaré dormida con una sonrisa en el rostro y, por supuesto, abrazaré la almohada pensando en él.
Si alguien me preguntara qué me gustaría hacer ahora, quizás no lo dijera, quizás me ruborizara, pero estoy segura de que me gustaría abrazarle y dormir a su lado. Pero no ahora. No podría conformarme con dormir junto a él una sola noche. 
Si tocas el cielo de la mano de un ángel jamás desearás volver a la tierra.

Se me cierran los ojos, pero me agrada pensar en él. Me reconfortan sus recuerdos, su imagen e incluso todo lo que desconozco de él. ¡Cuánto le quiero!

¿Alguna vez has amado tanto que las palabras se terminan acumulando en tus labios porque no encuentras la palabra perfecta que describa eso tan intenso que sientes? Yo sí, lo siento cada noche. Y cada noche me voy a dormir pensando en que aún no se ha inventado la palabra perfecta que pueda dar nombre a tanto sentimiento. En realidad, sí que tengo la palabra perfecta, pero no la diré por aquí. Es un secreto, porque la palabra perfecta es su nombre. Porque si ahora susurrara su nombre regresarían de nuevo todos los recuerdos, todas las miradas, todas las sonrisas, todas las palabras, siento que la llama que arde dentro de mí arde con más fuerza e inevitablemente tengo que sonreír porque siento algo cercano a la felicidad. 

Es una noche mágica...

miércoles, octubre 26, 2011

¿Dónde estará...?


Me pregunto dónde estará, que hace muchos días que no sé nada de él, que el cielo no es tan azul y el café me sabe amargo. Me pregunto dónde estará, que le echo mucho de menos. Ni siquiera veo su coche, por lo que no le siento tan cercano como otras veces. Y es que si veo algo de él siempre siento su proximidad.

La sonrisa perfecta

Si algo me gustaría decirle cada mañana al abrir los ojos es que sonría siempre, que no se olvide de sonreír. Porque su sonrisa es perfecta. Adoro su mirada, y sus gestos, y su rostro, y su voz... pero su sonrisa tiene algo diferente. Cuando le veo sonreír no necesito preguntarle cómo está, pues entonces sé que se encuentra bien. Cuando le veo sonreír mi alma se alboroza, porque una parte de mí es consciente de su felicidad.
Lo tengo claro. Si tuviera mis palabras vetadas al día y sólo se me diera la opción de susurrarle una frase al día, estoy segura de que le diría: "No te olvides de sonreír". También podría decirle que le quiero, pero esto ya va implícito al desear que sonría siempre. Pues una persona que ama busca la felicidad de la persona amada y si la persona amada sonríe seguramente que estará saboreando la felicidad.

Debo ir a dormir. Y me voy al mundo de los sueños pensando en su sonrisa perfecta. 

El tiempo de espera


A veces, hay momentos en la vida que nos encontramos esperando algo… o esperando a alguien. Todo el mundo ha esperado algo en algún momento de su vida. Y a veces esa espera parece no tener fin.
Cada persona decide hasta dónde esperar o hasta cuándo o a quién.
¿Qué espero yo? Llevo más de dos años esperando al amor. Y sé que seguiré esperando hasta que mi corazón deje de latir, hasta que mi espíritu sea incapaz de sentir, hasta que mi pensamiento no pueda recordar, hasta que mi alma ya no se sienta tocada por la mirada perfecta de un ángel.
Le espero cada día, cuando a media mañana sé que puedo cruzarme con él; le espero cada tarde, cuando sé que podría volver a encontrarme con él; le espero cada noche, en una cama que cada vez se ve más grande y vacía; le espero en cada sueño, en cada hálito, en cada ilusión, en cada viaje, en cada palabra… a cada minuto.
Y ese tiempo de espera, desde que me despido de él hasta la próxima, me trae una especie de felicidad que nadie me había hecho sentir antes. Cuando pasan los días sin saber nada de él siento que me falta algo y entonces vuelvo a cruzarme con él de nuevo, siento la magia al mirar a esos ojos tan perfectos y el deseo hacia él me llega a ruborizar.
Le quiero tanto…

Entonces supe que me había enamorado. Lo supe en cuanto fui consciente de que lo daría TODO por él…

martes, octubre 25, 2011

Humilladero

Según la tradición histórica, el humilladero es una cruz que se colocaba antiguamente a la entrada de las ciudades o de las villas y, por lo general, marca un cruce de varias direcciones. En mi pueblo hay uno, pero lo peculiar es que parece una pequeña capilla. Sin embargo, quien se asome a su puerta se encontrará, tras las rejas, la cruz que le da su nombre.
En Salamanca se llaman rollos y, de hecho, hay una calle que se llama Paseo del Rollo, por su majestuosa cruz marcando ese cruce de caminos.
Lo que siempre me ha fascinado del humilladero de mi pueblo es que la cruz se encuentre en el interior de un recinto y no al aire libre, como suele ser habitual en este tipo de cruces.
Ese pequeño edificio, que debería rehabilitarse porque se terminará cayendo si no se restaura, sólo se abre al público una vez al año: el 1º de mayo, con motivo de la procesión que pasa justo al lado.

Haciendo crujir las hojas del suelo

Soy adicta al sol. Me cuesta superar el fin del verano. Odio los días lluviosos. No me gusta conducir con las carreteras llenas de nieve. Así que cualquier momento de sol me impulsa a salir a la calle para absorber todos esos rayos de sol.
Me gustan los colores del otoño, esos tones ocres y pardos que se mezclan con los verdes de los árboles perennes y de las zarzamoras que aún no han perdido las hojas.
Hacía mucho tiempo que no caminaba hasta la ermita y, en realidad, hacia ningún sitio. Había olvidado la agradable sensación de ver el mundo mucho más despacio, como a cámara lenta. Había olvidado lo que me agrada caminar y pensar en otras cosas. Pensar en él.

De repente los árboles formaban un paraguas sobre mí. La naturaleza es espectacular en todas las estaciones. Esta tarde había algo de mágico y puro en lo que me rodeaba. Yo seguía el camino de asfalto rojo, que apenas suelo utilizar.
Adoro tener el bosque tan cerca. Cada día soy más consciente de que no podría vivir en una ciudad cuando siempre he tenido bosque casi al lado de casa.
Debería ir de paseo más a menudo. En esos momentos suelo sentirme liberada de muchas cargas y también le siento a él más cercano. Quizás porque al sentir la magia de la naturaleza la mente me lleva a pensar en la magia que me brinda él.

Hacia el Este


Entonces mi mirada se ha dirigido hacia el este y he pensado: "Detrás de aquel monte se encuentra él...".

El paseo de la tarde


Al mirar por la ventana y ver la tarde tan soleada, apetece salir a la calle. Es posible que vaya a la ermita caminando. Una de las buenas cosas de pasear es que el mundo pasa más despacio ante nuestros ojos y al pasar más despacio también se saborean mejor los pensamientos.
Iré caminando porque a cada paso pensaré en él, en la dulzura que emana de él, en la magia que provoca su presencia. 

Y luego ha pasado un ángel

Hoy sí que he tenido en cuenta la hora, buscando otro encuentro con él, uno de esos encuentros mágicos. Sin embargo, hoy no nos hemos cruzado, al menos no en ese momento.
Un rato más tarde volvía a estar en la calle con alguien. Entonces he mirado al frente y le he visto pasar con el coche. Entonces no podía dejar de mirar en esa dirección. Le he visto saludar, pero no he llegado a vislumbrar más que un poco de él. Seguro que estaba guapo.

Los pasos que me llevan a él

Nunca recuerdo cómo mis pasos me llevan a él. De repente, me encuentro junto a él, escuchando sus palabras, mirando a esos ojos que contienen todo lo mejor del mundo y, durante un segundo, soy consciente de que ese momento es especial, de que él está ahí, guapísimo, adorable. Tan noble, tan dulce, tan sublime... Y busco palabras que no suenen estúpidas, busco la manera de que se alargue la conversación, deseando que el instante no llegue al final. Saboreo ese instante y comprendo que le amo, que esa persona que se encuentra frente a mí es única.

En unos minutos me iré a dormir. No en vano me estaba quedando dormida sobre la cama. He empezado un libro que, pese a tener buena crítica, me parece soporífero, así que no me cuesta mucho dejarlo abierto sobre el pecho para que mi mente rememore ese instante de la tarde en que le he visto aparecer. Tan guapo...
Intento recordar cada palabra, cada gesto de ese momento único... pero no lo recuerdo íntegramente. Me voy a soñar, posiblemente con él. Siento la magia...

lunes, octubre 24, 2011

Tan dulce...


Lo que no esperaba es encontrarme con él. Pero de repente ha aparecido guapísimo ante mis ojos. Tan dulce como siempre. Adorable. El azar ha hecho que yo estuviera ahí en ese momento preciso. 

Hoy tenía dos cosas pendientes que comprar. Por un lado, colecciono postales en archivadores. Postales que me envían, postales que traigo de los viajes, postales que me regalan. Nunca tuve intención de coleccionar postales. Más bien, me gustaba coger una grapadora y taladrar las paredes de mi habitación, hasta que ya no me quedó un hueco libre y tuve que empezar a guardarlas. Recuerdo que hace más de una década, elegía una postal al azar con la mirada y echaba mano de los recuerdos (si era algún sitio donde yo había estado) o rememoraba todo lo que rodeaba la imagen, quién me la había enviado (si me había llegado por otra persona). Tenía todo un mundo alrededor mío. Pero entonces tuve una fuga que vino a estallar encima de mi cama, hace ya bastante tiempo. Tuve que quitar todas las postales y el seguro se encargó del resto. Pintaron las paredes de lila y ¿quién osaría volver a llenar de grapas todas las paredes? Así que cogí las postales y empecé a archivarlas. Hoy sigo archivándolas, pero ya no disfruto de aquellos momentos. Y tengo las postales de Pamplona en un montón pendiente de guardar. Así que esta tarde tenía que comprar, entre otras cosas, un archivador.
Y luego estaba el perro. Como ya tiene casi todos los muñecos mordidos y apenas hacen ruido, tenía que llevarle más. No es tanto que muerda los muñecos o que no siga jugando con los que no suenan, es que me gusta verle feliz cuando le traigo juguetes nuevos.
Así estaba, esperando a mi compañera de trabajo, pues hemos salido juntas, cuando ha aparecido él. No podía quitarle los ojos de encima. No quería que me pasara por alto ningún detalle de él. Estaba guapísimo. Adoro esa sonrisa que ilumina su rostro aun cuando sea de noche. Adoro esa voz tan sensual que hace que me pierda en los rincones más recónditos de la imaginación. Y, cuando le tenía delante, demoraba el momento de marchar, sentía la magia que proviene de él y los pensamientos se acumulaban atolondrados en mi mente, imaginando sus caricias, imaginando los besos que le brindaría cada día y cada noche, imaginando que mis dedos se enredaban en su pelo. He sentido el deseo y... la magia. Le he mirado a los ojos y he recordado por qué el mundo es perfecto cuando él está tan cerca. Y le miraba y pensaba en lo mucho que le amo, y entonces he recordado que debía ignorar esos pensamientos estando él a tan sólo unos palmos de mí, pues quizás él pudiera 'ver', de alguna manera, todo lo que estaba pensando. Estaba guapísimo.
Nos hemos despedido, aunque si me dejara llevar por el corazón me hubiera ido con él, fuera donde fuera, hubiera prolongado más ese momento, aunque es cierto que me encontraba bastante saturada (al menos, hasta que me he encontrado con él). Regresaba al coche, estaba a punto de cruzar la calle y un coche ha parado. Él... de nuevo. Aunque no conseguía ver su rostro dentro de la oscuridad del coche, he saludado. Y, cuando he cruzado la calle, me he dado cuenta de que estaba sonriendo... de felicidad.

No hay mejor manera de terminar el día que encontrarme con él. Esos momentos son siempre mágicos. De repente, no existe nadie más que él. Adoro todo de él.

En verdad que esos instantes de él me "brindan" algo especial.

Antes de marchar


Anochece ya. No queda mucho para que cambien la hora y entonces nos veremos de lleno metidos en el invierno. No me gusta venir de noche a trabajar, ni me gusta levantarme y que aún esté oscuro. Esta mañana el día no quería amanecer. Esta mañana me hubiera gustado remolonear un rato más... junto a él.

Creo que es hora de marchar a casa. Siento como que me encuentro en babia. Me da la sensación de que tengo la mente tan saturada que ya no me entra nada más.

Me pregunto dónde estará ese ángel de mirada perfecta.

Antes de las cuatro

Esta mañana han concurrido hechos que se escapaban de mis manos. He salido justo para tomar un café con mi padre, mucho antes de lo que esperaba. Cuando he mirado el reloj ya era tarde para declinar ese café.

No tengo mucho tiempo, que ya es hora de marchar. Cerraré los ojos y desearé encontrarme con él ahora.

Algo más de la una

Lentamente se va haciendo tarde. Pasan quince minutos de la una en el reloj. Hace demasiado calor aquí y el calor me lleva a una ligera somnolencia. No empezaré a leer esta noche, porque esta noche quiero pensar en él, quiero que mi mente se funda con su imagen angelical, quiero repetir en susurros mi deseo de encontrarme con él mañana (quizás ocurra si lo repito muchas veces) y quiero abrazar a la almohada, imaginar que le surco ese rostro amado con besos y caricias.
Es un buen momento para ir a soñar con él. 

domingo, octubre 23, 2011

Banu Qasi. Los Hijos de Casio


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El final de una novela histórica siempre me deja una sensación extraña, sobre todo si la personalidad del protagonista es tan sublime como la que cuenta esta novela en sus páginas. Tenía este libro en la estantería desde hace más de un año y, si no lo había cogido aún, era porque veía su grosor y sabía que me encontraría con indudables batallas. Al terminar un libro como éste comprendo por qué me gusta tanto la novela histórica. Al final, esos personajes existieron. Musa ibn Musa dejó su impronta en una ciudad a la que llamó ‘la fortaleza de Musa’, que en árabe sería Qala’t Musa (Calamocha).
Lo que no esperaba de esta novela es que su acción transcurriera tan cercana: Al Faru (Alfaro), Arnit (Arnedo), Vareia (Varea), Al Bayda (Albelda). Tienen los mapas históricos cierta atracción sobre mí que me paso horas sobre ellos, aprendiéndome los lugares, las fronteras (o mugas), los nombres antiguos de cada rincón. Para mí, un mapa en una novela histórica tiene mucho significado, porque no me limito a pasar página, sino que compruebo su ubicación a medida que van citándose ciertas ubicaciones geográficas. No hago lo mismo con el glosario, a no ser que sea una palabra en la que no encuentro el sentido, y este libro tiene varias páginas de glosario en árabe, amén de todos los lugares que aparecen en el libro con su transcripción fonética del árabe (pero fácilmente reconocibles en nuestro castellano actual, sobre todo si esa zona se encuentra tan próxima en el mapa).
Otra razón de peso por las que me ha gustado esta novela es por las palabras que han llegado hasta nuestros días y que han variado un poco con el paso de los siglos. Estos cambios en el léxico llegan a nuestros días y no es sorprendente comprobar cómo algunas palabras apenas han variado: Uadi Ibru (río Ebro), Uadi Al Kabir (Guadalquivir), Qala’t Ayub (Calatayud), Tulaytula (Toledo), Ishbiliya (Sevilla), Qurtuba (Córdoba), etc. Podría pasarme horas haciendo un listado de toda esta herencia musulmana en la Península.
Antes de hablar del protagonista principal, Musa ibn Musa, he de escribir un preámbulo sobre la época histórica que le vio nacer y sobre sus antepasados directos, dos apuntes importantes que forjaron su personalidad.

En los siglos VIII y IX, la Península Ibérica está ocupada en sus tres cuartas partes por la población musulmana (a excepción de Galicia, Asturias y el País Vasco, así como las zonas fronterizas de los Pirineos, ocupadas por cristianos francos). Todo ese territorio es Al Andalus, dependiente del emirato situado en la ciudad de Qurtuba (Córdoba), dividido en kurah (coras), que vienen a ser las divisiones administrativas del emirato, similares a provincias. En esta Hispania conviven juntas varias religiones y las principales ciudades guardan en el interior de sus muros templos de las tres religiones monoteístas. Pero ya entonces los hombres luchaban a causa de la religión y ya entonces existía la yihad (guerra santa).

Musa era nieto del conde Casio. Su familia es muladí (descendientes de cristianos que, con la llegada de los árabes a la Península, se sometieron espontáneamente, pagando unos tributos especiales al emir). El conde Casio (Qasi) fue un cristiano que se convirtió al Islam con la llegada de los musulmanes a la Península. Sus hijos ya nacieron escuchando los sonidos de la llamada del muecín. Sin embargo, se mantuvo en tierra de vascones protegiendo las fronteras de Al Andalus. Su hijo Fortún ibn Qasi tuvo dos hijos: Musa ibn Fortún y Zahir ibn Fortún. Para estrechar alianzas con los vascones, Musa ibn Fortún contrae matrimonio con Onneca, una vascona viuda, madre de dos hijos, Enneco y Fortuño Íñiguez. Onneca se traslada a tierras de la Marca Superior con su flamante marido, con el que ampliará la familia: Mutarrif, Fortún y Musa ibn Musa. Es importante esta apreciación genealógica, porque, por un lado, Musa tiene antepasados cristianos y, por otra parte, su parentesco con vascones le mantendrá muy unido a ellos. Y esto es relevante, porque a lo largo de su vida estas relaciones van a dirigir sus pasos.
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Estatua de Musa ibn Musa en Tudela

Musa nace, según la novela, en el año 788 en Arnit (Arnedo). Es el tercero en sucesión. No llegará a conocer a su padre, que muere en Saraqusta (Zaragoza), defendiendo la Marca Superior a las órdenes del emir Al Hakam I. El joven Musa se moverá siempre en ciudades que se encuentran en la cuenca del Ebro. Cuando es niño, pasa muchos veranos en los fértiles valles donde viven sus hermanastros Enneco y Fortuño, donde aprenderá a hablar vasco. Las relaciones que mantiene con sus hermanastros son buenas, lo que forjará alianzas muy fuertes, debido precisamente a esos fuertes lazos de sangre. Siendo un niño, Musa se traslada junto a su familia a Tutila (Tudela), la ciudad donde crecerá y en la que se convertirá en wali (líder local). Allí es acogido por su tío Zahir, que protegerá a toda su familia, incluso cuando sus hermanos Mutarrif y Fortún pierdan la vida en cruentas batallas. Cuando ellos mueren, Zahir se encargará de educarle conforme a los preceptos de un gobernador.
De su infancia, cabe destacar un incidente en el Ebro, donde retado por dos chicos cruzan el Ebro a nado. A punto está de perder la vida, cuando el hijo del carpintero, Ziyab, le saca del río, lo que les convertirá en amigos leales hasta la muerte. Los otros dos chicos perecen entre las traicioneras aguas del caudaloso río. Este incidente le marcará para siempre.
El wali Musa, a la muerte de Zahir, será un buen gobernante para la ciudad de Tutila. Sin embargo, es la suya una vida de guerrero, que tiene que luchar por las fronteras de Al Andalus o unirse a las aceifas del emir, así como acudir con su ejército en ayuda de su hermanastro Enneco Arista, proclamado por los vascones primer rey de Banbaluna.
Tutila será una ciudad próspera bajo el mando de Musa. También es uno de los favoritos del emir e incluso visitará Qurtuba (Córdoba) en varias ocasiones, lo que suscitará envidias entre los generales del emirato, que le ven como un advenedizo muladí. Su amigo Ziyab se convierte en uno de los hombres más allegados del emir, cuando su leal amigo decide dejar la carpintería e ir a estudiar a Qurtuba, lo que les separará durante años.
Musa contraerá matrimonio con Assona, la hija mayor de su hermanastro Enneco, con la que tendrá una nutrida descendencia. Destaca la fuerte personalidad, como calcada de Musa, que tiene Fortún ibn Musa.
El nuevo emir Muhammad I colocará a Musa ibn Musa en el puesto de gobernador de la Marca Superior y Musa se tiene que trasladar a Saraqusta (Zaragoza), donde hará y deshará a su antojo, lo que terminará provocando las iras del emir, además de una derrota contra los cristianos que se producirá en los alrededores del Monte Laturce (donde está enclavado Clavijo). Para entonces, a Musa se le conocía como el Tercer Rey de Isbaniya (después del emir Muhammad I y de Ordoño I, rey de Asturias), aunque Musa, salvo ciertas situaciones de rebeldía justificada, fue un súbdito fiel al emirato de Córdoba.
En el año 862 muere Musa, debido a una herida de espada que le provoca el marido de su nieta. Pide que le lleven a Tutila, porque quiere ver las aguas del Ebro por última vez y a su esposa Assona. Le sustituirá su hijo Fortún al mando de la ciudad de Tutila.

Me ha encantado. En 2011 se ha publicado la segunda parte (que seguramente describirá la Reconquista).
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Mapa de la Península Ibérica en el año 814, época histórica de la novela.

Día de luto en Moto GP

Homenaje a Marco Simoncelli

Anoche perdí la pista de mi gente, y finalmente me quedé dormida. Podía haber salido, pero no tenía ganas de ponerme a llamar a todo el mundo por teléfono. Así que me quedé leyendo, con la ropa puesta, y finalmente el sueño pudo conmigo.
Hoy me faltan menos de un centenar de páginas para terminarme un libro que me tiene totalmente subyugada. Y lo acabaré esta tarde, si las manos no se me congelan antes.

Hace unos dos años que no veo el motociclismo. Así que la noticia del fallecimiento de Simoncelli me ha pillado desprevenida. Al escuchar las noticias, se me ha puesto la piel de gallina.

¿No es acaso amor?

No hace ni cinco minutos que he abierto los ojos sobre la cama, con la luz de la mesilla encendida y con un libro abierto en la página que no es. Y ahora me cuesta volver a dormir. Pienso en él, en su magnífica sonrisa y en su mirada perfecta. 
No hace ni tres horas se me ha pasado por la cabeza preguntarle dónde estaba. Nunca termino llevando a la práctica esos pequeños impulsos que llegan desde el corazón. Antes sí, antes no me paraba a pensarlo, pero ahora me cuesta mucho decirle algo.
Sólo tengo que cerrar los ojos para rememorar el momento en que nos encontramos ayer por la tarde. Recuerdo perfectamente su voz, la dulzura que emanaba y el poder que esa mirada tiene sobre mí. Me resulta hechizante. Le quiero muchísimo. Debería intentar dormir, abrazar a la almohada, imaginar cómo sería una noche con él y embarcarme en el mundo de los sueños con su imagen angelical en la memoria.

sábado, octubre 22, 2011

Todo se verá

Mis amigos están en Haro. Si se quedan allí de fiesta me quedo, si vuelven a SD salgo. Es que no me apetece conducir hasta Haro, pero es que quiero ver a mi amor, que en realidad no es mi amor, así que hablaré con propiedad, quiero ver al ángel que consigue que todos los días sean un sueño, que siempre esté rodeada de magia y que sienta algo especial cada día al abrir los ojos y cada noche al cerrarlos, la persona que hace que sienta tanto amor.
Seguro que está guapísimo. 

Sábado por la mañana


Anoche me quedé dormida leyendo. No me di cuenta de lo cansada que estaba hasta que me puse a leer y la mente se me iba lejos, a ese momento de la tarde en que me encontré con él. Y entonces decidí apagar la luz. Desconozco la hora que era. Simplemente sentía que mi corazón estaba alborozado.

Siento amor, mucho amor. Me pregunto si le veré esta noche. 

Cuidando los pies

No sé cómo lo hago, que cuando voy a comprar algo en concreto termino o bien comprando el doble de cosas de lo que tenía intención o comprándome otra cosa diferente. Iba a por unas botas, cuando me he encontrado con ese ángel de mirada perfecta, que me ha puesto contenta ya para el resto del día, pero he venido con dos pares de zapatos y sin botas. También he aprovechado para comprar unas zapatillas de casa.
Y sigo estando contenta. Me pregunto dónde estará. 

viernes, octubre 21, 2011

Hoy he visto al sol


Hoy he visto al sol. No esperaba verlo y entonces ha aparecido. Sé que he sonreído en cuanto me he cruzado con él. Estaba guapísimo. 
La cuestión es que iba pensando en él. Me iba de compras, pero por el camino pensaba en si sería buena idea decirle que fuéramos a tomar algo. Entonces le he visto y me he olvidado de todo. Hemos caminado juntos durante un rato. Le miraba y sentía la magia. Me perdía en sus ojos y ya no recuerdo todas las cosas que me gustaría decirle y en las que siempre pienso cuando él no está delante. Y es que en esos momentos sólo está él.
Llevaba un jersey que me gusta mucho, y estaba guapísimo. Adoro esa dulzura que emana de él, su voz (que ya recuerdo cómo suena), que es la misma voz sensual que hace poco no recordaba bien. Adoro su sonrisa. Y cuando sonríe sé que está bien, lo que me alegra.
Estaba muy guapo y, como siempre, estaba adorable. Cuando me he despedido he vuelto a recordar la cerveza que me tomaría con él, pero entonces era tarde. Y me he sentido feliz. Después de haberme encontrado con él me sentía completamente feliz. Y enamorada.

Instantes únicos

Algo me decía que nos íbamos a cruzar hoy. Y aunque me he adelantado a salir a la calle, ha aparecido guapísimo. Adorable.
Sigo pensando que la magia siempre existe cuando aparece él. Desde ese momento me siento contenta, he sonreído inevitablemente. 
Mi imaginación me ha recordado lo mucho que me apetece abrazarle.

Le he echado tanto de menos...

11.30 h

El deseo se encuentra aquí, latente, inamovible. Me pregunto si le veré hoy: en veinte o treinta minutos. Espero que sí. Aunque depende de si los planetas se han alineado para que nos crucemos.
Habitualmente no suelo entrar en el blog a esta hora, pero hoy necesitaba hacer un descanso de unos minutos. Además llevo un rato pensando en él. Seguro que está guapísimo.

Casi en sueños

Hace un rato leía en la cama. No hace ni dos minutos que me he despertado. Al sentir frío he tenido que levantarme. Es un buen momento para ir a soñar con ese ángel de mirada perfecta, a desear verle mañana... quizás, a imaginar que me quedo dormida en sus brazos.
Y seguir sintiendo cada día...

No es tarde, pero esta noche me encuentro cansada. El sueño ya me ha invadido hace un rato y algo me llama a dormir, a buscar sueños perfectos en los que aparece él.

jueves, octubre 20, 2011

¿Dónde está la magia...?

Le echo de menos. Llevo varios días sin encontrarme con él, sin saber de él, sin ser consciente de su magia. Hace días que no me cruzo con él, que no le miro a los ojos y veo en ellos tanta perfección. Hace mucho tiempo que no escucho el dulce sonido de su voz.
Me pregunto dónde estará, si habrá cambiado sus rutinas, si se habrá ido de viaje. Algún día creo haber visto su coche, pero últimamente apenas veo nada de él. A veces, como hoy, sí que me he encontrado con personas cercanas a él. 
Creo que puede estar cerca, pero no lo sé. 

Añoro cada recuerdo de él. Anhelo cada mirada, cada sonrisa, cada palabra que llega con él. Echo de menos esa magia tan especial que sólo aparece con su presencia.