Me quedan cinco minutos para marchar. Lo cierto es que es uno de los pocos días que me encuentro en la oficina a estas horas y puedo escribir libremente. Aprovecho además que me encuentro sola aquí.
Hoy ha habido otro de esos momentos mágicos, cuya estela invisible ha permanecido mucho tiempo después de que él se hubiera ido.
Recuerdo el momento en que yo miraba, creo que levantaba la ceja extrañada y me anotaba mentalmente algo para preguntarle a él. Entonces él ha girado la cabeza y ha mirado. Esa mirada, esa sonrisa... las adoro. Y estaba tan guapo... He sentido que me estremecía. Es tan adorable...
Así que me encuentro ya feliz para el resto de la tarde. Que posiblemente pase en la ermita, aprovechando que ya la han abierto y aprovechando este tiempo que es de agradecer. Le invitaría a él a venir, a disfrutar de la naturaleza en vivo, pero sé que no lo haré. Aunque no por ello dejaré esta tarde de pensar en él, porque entre los árboles me encuentro en paz y cuando me encuentro así siempre pienso en lo que me gustaría compartirlo con él.
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