El camino de las aldeas es para disfrutarlo, porque aunque ha salido nublado esta mañana, luego ha salido el sol. Ese mismo sol que se reflejaba en cada piedra de cada casa en Azárrulla. Hoy he tenido que ir a una de esas aldeas que se encuentran en torno a Ezcaray, aprovechando que hoy venía a Ezcaray.
A medida que iba saliendo el sol y a medida que me iba metiendo entre el tupido bosque de las aldeas, he sentido una especie de libertad. Al cruzar cada aldea iba con cuidado, porque allí es habitual que las reses crucen la carretera. Entonces, en Zaldierna he visto el puente y me he anotado mentalmente que al volver pararía.
He colgado el cartel que tenía que colocar. Ni un alma se ve en estas aldeas, aunque hoy es uno de los pocos días que me he encontrado a gente caminando junto a la carretera. Tiene que ser muy tranquilo vivir en esos páramos casi aislados, pero yo me sentiría muy solitaria, aunque la mayor parte de las veces sintiera la libertad recorrer mis venas.
El peculiar puente de piedra de Zaldierna, construido en el siglo XVIII, se encuentra ubicado sobre el río Zambullón. Sirve de acceso, desde la parte baja de la aldea, a la iglesia parroquial de San Sebastián.
Los materiales de los que se compone son mampostería, sillarejo y piedra sillar. Su único arco es de medio punto y se encuentra rebajado; siendo su tránsito inclinado mediante una escalera de dos tramos, danto lugar a una construcción atípica.
Los peldaños, que conforman una calzada ascendente de dos metros de anchura, son losas de piedra, aunque se han reconstruido con mortero en el siglo XX. Sus pretiles de protección están ejecutados con mampostería y alcanzan casi 50 centímetros de anchura. A ambos lados de la parte alta del puente podemos observar las manguardias, que tienen una doble misión: por un lado, reforzar el muro que retiene el collado y, por otro, servir de sujeción del propio puente. El muro se completa con contrafuertes inclinados adaptados a la inclinación de la vertiente, unidos mediante arcadas ciegas y rebajadas de medio punto.
Su longitud alcanza casi los diez metros, librando un desnivel aproximado de cinco metros de altura.
He seguido mi camino y, si fuera en fin de semana, hubiera parado también en la siguiente aldea: Urdanta. Me gusta parar en lugares desconocidos desconociendo lo que puedo encontrarme allí. Pero eran casi las diez y tenía prisa. También tenía las manos heladas, que la montaña también se nota. Lo de Zaldierna hoy ha sido todo un descubrimiento.
He colgado el cartel que tenía que colocar. Ni un alma se ve en estas aldeas, aunque hoy es uno de los pocos días que me he encontrado a gente caminando junto a la carretera. Tiene que ser muy tranquilo vivir en esos páramos casi aislados, pero yo me sentiría muy solitaria, aunque la mayor parte de las veces sintiera la libertad recorrer mis venas.
El peculiar puente de piedra de Zaldierna, construido en el siglo XVIII, se encuentra ubicado sobre el río Zambullón. Sirve de acceso, desde la parte baja de la aldea, a la iglesia parroquial de San Sebastián.
Los materiales de los que se compone son mampostería, sillarejo y piedra sillar. Su único arco es de medio punto y se encuentra rebajado; siendo su tránsito inclinado mediante una escalera de dos tramos, danto lugar a una construcción atípica.
Los peldaños, que conforman una calzada ascendente de dos metros de anchura, son losas de piedra, aunque se han reconstruido con mortero en el siglo XX. Sus pretiles de protección están ejecutados con mampostería y alcanzan casi 50 centímetros de anchura. A ambos lados de la parte alta del puente podemos observar las manguardias, que tienen una doble misión: por un lado, reforzar el muro que retiene el collado y, por otro, servir de sujeción del propio puente. El muro se completa con contrafuertes inclinados adaptados a la inclinación de la vertiente, unidos mediante arcadas ciegas y rebajadas de medio punto.
Su longitud alcanza casi los diez metros, librando un desnivel aproximado de cinco metros de altura.
He seguido mi camino y, si fuera en fin de semana, hubiera parado también en la siguiente aldea: Urdanta. Me gusta parar en lugares desconocidos desconociendo lo que puedo encontrarme allí. Pero eran casi las diez y tenía prisa. También tenía las manos heladas, que la montaña también se nota. Lo de Zaldierna hoy ha sido todo un descubrimiento.
Calle en Zaldierna
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