La noche cubre con su oscuro manto todo lo que está más allá de la ventana. Siento frío, quizás porque cada noche tiende a refrescar, algo propio del otoño. Miro al cielo y encuentro infinitas estrellas y, con cada una, me acuerdo de él. Me imagino que ahora, cuando en unos minutos me tape hasta la nariz, él podría estar a mi lado. Me reconforta imaginarlo y, sin embargo, cuando tiendo mis brazos sólo encuentro aire.
Los días con él simplemente son más luminosos. Ojalá mañana también vuelva a encontrarme con él.
De momento, iré al encuentro de los sueños. Allí donde todo es posible.
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