El día de hoy ha sido ajetreado. Generalmente, no acostumbro a levantarme a las ocho en sábado. Y anoche me fui tarde a dormir aun sabiendo que tenía que madrugar como un día normal. Pero ha ido bien. Luego me he echado la siesta y ahora tengo ganas de salir. Y salir significa que hay bastantes posibilidades de encontrarme con un ángel. Además hoy hay una hora más. Mañana me despertaré a mediodía y miraré horrorizada los relojes sin cambiar. Siempre ocurre: Me da la sensación de que es tarde, pero luego es un alivio poner una hora menos.
Lo que he echado de menos hoy ha sido remolonear en la cama después de haber despertado. No tenía tiempo para dar media vuelta. Pero la imagen perfecta de un ángel me ha acompañado durante todo el día.
Recuerdo el deseo que se ha apoderado de mí cuando he visto su coche, al ser consciente de que lo único que nos separaban eran cuatro paredes y unos pocos metros. Era consciente de que yo estaba allí de rebote, algo me impulsaba a parar y otra parte de mí me instaba a seguir mi camino, con la desazón tangible del vacío por no haberle visto después de ignorar lo que me estaba dictando el corazón.
Tengo ganas de fiesta.
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