Lentamente se va haciendo tarde. Pasan quince minutos de la una en el reloj. Hace demasiado calor aquí y el calor me lleva a una ligera somnolencia. No empezaré a leer esta noche, porque esta noche quiero pensar en él, quiero que mi mente se funda con su imagen angelical, quiero repetir en susurros mi deseo de encontrarme con él mañana (quizás ocurra si lo repito muchas veces) y quiero abrazar a la almohada, imaginar que le surco ese rostro amado con besos y caricias.
Es un buen momento para ir a soñar con él.
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