sábado, octubre 15, 2011

El momento nocturno de placidez

Hay momentos en la vida que, simplemente, nos aportan calma, placidez, tranquilidad. Yo me encuentro inmersa en uno de esos momentos. Desde que he llegado a casa no he dejado de pensar ni un solo instante en un ángel, en todas las cosas buenas que tiene (o mejor sería especificar que todo lo que hay en él es bueno).
Estoy muy cansada, necesito dormir, pero al pensar en él me da pereza sumergirme en los sueños, porque entonces se acabarán estos momentos de placidez.
Y sé que no tardaré en ir a dormir e imaginaré lo que sería dormir abrazada a él cada viernes, cada noche, cada día... Tan sólo imaginar una situación así me reconforta.
Me pregunto si habrá salido esta noche. En cualquier caso, ahora me gustaría estar a un palmo de donde él se encuentre. Sea donde sea. Porque sólo necesitaría alargar un poco la mano para acariciar ese rostro tan adorado, porque sólo necesitaría levantar la mirada para dejarme atrapar por su mirada perfecta, porque sólo tendría que preguntarle algo para escuchar esa voz tan dulce y sus palabras, siempre cargadas de sabiduría.
En estos momentos estoy contenta. Pensar en él ha hecho que olvide efímeramente el cansancio, el sueño y cualquier preocupación. ¿Acaso no es magia? Incluso cuando él no está cerca sigue existiendo la magia, pero esa magia siempre está relacionada con él.

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