Cuando lo pienso, me parece matemáticamente imposible que cada día tenga tantas cosas que contar sobre él, incluso cuando no me encuentro con él, incluso cuando no sé nada de él. ¿Cómo una única persona me puede brindar tantas cosas buenas?
Miro a las estrellas y le veo a él, y el recuerdo me lleva a pensar en la primera vez que le vi o cuando escuché su voz por primera vez.
Hoy, mucho tiempo después, sigo entrando en el Metropol y me acuerdo de aquel primer momento. Siempre hay lugares que me recuerdan a él. Pero allí siempre siento ese estremecimiento inicial.
Todo lo que ha venido después... Si aquella noche alguien me hubiera susurrado al oído que me iba a enamorar de esta manera no lo hubiera creído. Ahora, cuando le veo, anhelo acariciarle el rostro, anhelo sus besos, sus palabras, su sonrisa, su mirada, anhelo que me hable de sí mismo, anhelo todo de él. Es impresionante cómo una persona puede tocarnos el alma de esta forma, cómo el corazón tiembla en su presencia.
Tengo el ligero presentimiento de que esta noche le veré de nuevo. Aunque ya no me fío de mi sexto sentido, porque no sé si es presentimiento o si en realidad es deseo. Así que no pondré la mano en el fuego. Por supuesto, deseo encontrarme con él. Aunque sólo sea para sentir la dulce caricia de su mirada y notar cómo mi alma se relaja y sonríe con su presencia.
Es amor.
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