viernes, octubre 07, 2011

No se necesitan alas para ser ángel

Siento el anhelo de tenerle, de dormir entre sus brazos, de admirar cada despertar en su mirada, de besar los pliegues de su piel, de acariciar su boca con la punta de la lengua. Es una pasión desmesurada, es el fuego que arde en mi interior, quiero sentir su risa a cada instante que pasa, es felicidad infinita, es volver a sentir la ilusión con cada nuevo amanecer, es dulzura, es deseo, es pasión, es cariño. Es… amor.
Pesa cada minuto en que él no está a mi lado. Pesan los besos que nunca acontecieron, pesan las caricias que nunca se otorgaron, pesa cada sueño que no se ha hecho realidad. Pesa, pero cualquiera de esos sentimientos me hace sonreír, como si cada día fuera único, como si cada día fuera el último. Y él hace posible la magia. Me tiene enamorada. Me pesa que lo desconozca, pero no me atreveré nunca a susurrárselo, aunque mi mirada cargada de deseo sea para él demasiado transparente, aunque él pueda llegar al centro mismo de mi alma, el lugar que un día él simplemente tocó con su halo mágico. Y desde entonces me encuentro en un hechizo de amor, divino y tortuoso al mismo tiempo, casi celestial. Esto sólo puede ser obra de un ángel.
Podrá secarse el mar, podrá derretirse el sol, podrán apagarse todas las estrellas del cielo. Pero él siempre estará ahí, con ese aura de perfección. Cercano, adorable, dulce, noble, bueno, sabio y… amado. Le amo tanto…
Creo que mañana le veré. Suele ocurrir que cuando estoy en un lugar que no me corresponde estar me encuentro con él. Mañana trabajaré por la tarde, eso quiere decir que hay bastantes posibilidades de que me cruce con él, porque como viernes mañana por la tarde yo no debería trabajar. Aunque espero verle antes, algo así como a media mañana. Necesito la fuerza y la alegría que me brinda cada día esa mirada angelical.

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