Cuando la tarde estaba llegando a las siete he tenido una visita inesperada. Ya abogaba por marchar, pensando en que mañana es fiesta cuando ella ha entrado. Ella se trata de una cansacuerpos que viene a dar vueltas sobre lo mismo una y otra vez. Le he dicho que estaba ocupada, pero que la atendía si lo que venía a decirme era breve. Entonces ella me hablaba y he pensado en él. Porque ella también le da la chapa a él (algo que un día le comentaré). Reconozco que me entraba la risa, aunque he conseguido disimular. Entonces la he echado con la mejor de mis sonrisas, alegando que tenía mucho que hacer. Y es que ella me estaba contando lo mismo que las veces anteriores. Sé que me brillaban los ojos y en ese momento se me ha pasado por la cabeza decirle algo como alertándole sobre la presencia de esa mujer allí. Luego he preferido que mejor que no.
Han dado las siete y he empezado a recoger. Porque las siete de ahora son como las ocho de antes. Y lo único que se me ha pasado por la cabeza no es que deseaba irme a casa, sino que me apetecía ir a tomar algo con él. Después de haber escrito un mensaje en el móvil lo he borrado. Es que no me gustan los mensajes. Sé que tenía ganas de hablar con él, de estar con él, de mirarle a los ojos, y es víspera de fiesta. Pero me parecía brusco decirle que fuéramos a tomar algo, así sin más. He intentado desechar las cervezas y he intentado no pensar en él. Entonces me he marchado.
Estaba a punto de arrancar cuando él ha pasado con el coche. Para mí ha sido una señal. He esperado a ver si pasaba caminando, pero como no ha ocurrido tal le he llamado. Entonces ni me he parado a pensarlo. Tenía ganas de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario