Cada noche, antes de dormir, me asomo al firmamento. Me gusta ver las estrellas. Me gustaría verlas con él, aunque también veo todo un firmamento estrellado cuando miro a sus ojos. Quizás ése es uno de los motivos por el que, cuando miro al cielo, me acuerdo de él. O quizás es que todo lo que nos rodea que está tildado de una belleza especial nos recuerda a la persona amada.
Me gustaría desearle cada noche felices sueños, me gustaría darle las buenas noches. Pero se me ha olvidado escribirle, pese a que muchas de las palabras que salen de mis manos están cargadas de amor. Es como si mucho de lo que escribo fuera escrito desde el corazón.
Es más de la una y yo debería ir a dormir. Hoy no leeré antes de cerrar los ojos. Me apetece susurrar su nombre en la oscuridad y pensar en él. Sé que entonces tardaré en sumergirme en el mundo de los sueños unos pocos segundos, pero sé también que cerraré los ojos con una sonrisa en los labios.
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