Eran las cinco cuando he tenido que marcharme a hacer un recado. Entonces le he visto. Estaba cogiendo algo de su coche, pero no estaba solo. Podría haberle llamado, pero estaba demasiado lejos como para ponerme a gritar su nombre a los cuatro vientos. He empezado a caminar más rápido, aunque no ha servido de nada, porque él se ha marchado en otra dirección.
Cuando venía a casa ya no estaba su coche.
Tengo tantas ganas de verle...
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