domingo, octubre 16, 2011

Las contradicciones de la mente

No sé a qué hora me he despertado hoy, ni siquiera he mirado el reloj. Solamente su imagen perfecta ha aparecido en mi mente y he vuelto a taparme pensando en él y disfrutando de ese momento de paz.
Me pregunto dónde estaría anoche que no nos vimos. Recuerdo cuando volvía a casa, con un deseo casi descontrolado de llamarle o de enviarle un mensaje para preguntarle dónde estaba. En caso de que él contestara a algo así me hubiera dado la vuelta. A medida que disminuían los kilómetros a casa, confirmaba nuevamente lo enamorada que estoy. Con una palabra suya hubiera sido capaz de regresar y quedarme con él hasta el alba o hasta cuando fuera, pues con él el tiempo pasa raudamente y cuando quiero darme cuenta tengo que despedirme de él. Y temo el momento de esa despedida, quizás por la incertidumbre de cuándo volveré a cruzarme con él de nuevo.
Sin embargo, no paré el coche para ponerme en contacto con él, me obligué a seguir hasta casa, a no pensarlo, aunque su imagen angelical se encontraba muy nítida en mi pensamiento.

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