sábado, octubre 31, 2009

Deseos

El deseo por verle se ha incrementado de manera terrible. Que me gustaría encontrarme esta noche con él... sí, claro.
Últimamente me quedo dormida todas, absolutamente todas las noches abrazando a la almohada como si fuera él. No es de extrañar que muy pronto caiga rendida al sueño, porque me siento tranquila.
También empiezan a abrirse un hueco otro tipo de deseos mucho más fuertes.
Hoy me gustaría encontrármelo y perderme en la profundidad de esos ojos negros. Sentir que se para el tiempo y que sólo está él.

El primero de cuatro

Este fin de semana estoy algo vaga, porque de cuatro tests he hecho uno, el de temario más breve (cinco hojas). Tengo que resaltar una de las preguntas:

2. Un edificio de 20 viviendas puede ser proyectado por:

A) Un ingeniero

B) Un arquitecto técnico

C) Un arquitecto

D) Un ingeniero técnico

Sólo yo sé por qué hago un guiño especial en esta pregunta de test. He dudado entre B) y C). Creo que además es la que he podido fallar (c'est possible) porque la calificación final ha sido 9; hasta la semana que viene no lo sabré. Pero siempre hay una excusa: me he desconcentrado en la pregunta misma.

Algunas cosillas

Ayer agilicé el viaje a Malta. Será el 23 de noviembre (si mal no recuerdo) cuando me vaya, con trasbordo en Fiumicino (Roma) y llegada a La Valletta a media tarde. Sólo me queda mirar el hotel, que lo haré mañana. Esta semana tendré los billetes de avión en las manos, tendré que repasar un poco el inglés (porque me han dicho que allí es muy cerrado; aunque lo diga, no quiere decir que lo vaya a hacer, que seguro que luego no tengo tiempo). Es decir, que se me ha echado el tiempo encima, pero sin problema, que ya tengo todo apalabrado. La decisión la tomé ayer, pues hasta ese momento no sabía cuándo me iba.
Y me gustaría encontrarme con cierta persona que ya conoce la isla y me comentó algo sobre aquello. Aunque si no lo veo antes ya se enterará a través de comunicación postal. Y si no... seguro que le traigo algo de allí. Así tendré una excusa para verle. Lo que de verdad me gustaría sería irme con él. Que no es lo mismo estar allí mismo que contarlo después, cuando ya todo ha pasado.

En otro orden de cosas, tengo a mis amigas preparando el Belén. Quedan dos meses, pero entre la publicidad y propaganda, la lotería, la lista de haimas y actividades, que quieren añadir talleres... A mí es que no me gusta involucrarme mucho, al menos ahora, sobre todo porque para hacer algo en mi pueblo tengo que dejar de hacer otras cosas, que para mí son más prioritarias.

Ayer también recibí la visita del director de la revista de mi pueblo preguntándome si estaría dispuesta a escribir siempre, en cada publicación, pues de ser así me pondría una sección fija. Mi respuesta fue afirmativa. Escribir una página es cuestión de una tarde. La diferencia con el "antes" es que lo hacía cuando me apetecía y despreocupadamente, mientras que ahora se va a convertir en una obligación. Una obligación que yo no considero pesada porque escribir me gusta. Y sólo me llevaría unas horas tres veces al año.

Y lo peor es mi salud. Estoy cogiendo catarro. Creo que anoche cogí frío mientras dormía, sobre todo porque me quedé dormida encima de la cama hasta las siete de la mañana.

Se va el mes de octubre

Noviembre, diciembre y enero me parecen los meses más tristes del año, además van acompañados por el frío invernal. A partir de ahora gozaremos de pocos días de sol... pero son más cortos y es una época que se pasa rápido.
Es horrible salir a las siete de la oficina cada día y ver que ya es noche cerrada, aunque es cierto que por las mañanas ya no está oscuro cuando salgo de casa.
Debería realizar los tests semanales si quiero quedarme libre esta tarde. Es curioso, porque ha venido mi hermano pequeño, ha mirado los apuntes de Contabilidad y me ha dicho que si tengo dudas que le pregunte, que él ya ha aprobado esa asignatura en la carrera. Esta semana tengo cuatro.

Las partidas de cartas en el bar

A mí me hubiera gustado salir hoy, sólo que, como otros muchos viernes, nos hemos liado a jugar al subastado. Yo no aprendí ni hace un mes, y en la segunda ronda estaba con un pie en la cama, porque ya ni me enteraba. Al final hemos perdido las chicas. Nos deben de querer mucho, pues ya dice el refrán que "afortunado en el juego, desafortunado en amores" (y lo mismo será al revés).
Que me hubiera gustado salir... pues sí. Sobre todo si se tiene en cuenta que el fin de semana pasado me quedé en casa. No ha pasado ni una semana y me da la sensación de que han pasado siglos. Es como si toda aquella tristeza no hubiera sido real.

viernes, octubre 30, 2009

Así es Robert Pattinson


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No se trata tanto de un libro, sino que parece más bien una revista, que se lee en menos de una hora.
En sus páginas, plagadas de fotografías del actor, describe el salto a la fama de Robert Pattinson, gracias a la película de Crepúsculo.
Lo cierto es que sus párrafos están dirigidos a adolescentes fanáticas por la megaestrella. Y resulta aburrido, aunque puedo decir a su favor que a mí me gustó el papel de Edward Cullen en la película, más que el que hizo para Harry Potter.

Si por mí fuera...

Si por mí fuera daría rienda suelta a unos sentimientos que me resultan tan incontrolables como intensos, dejaría salir el deseo desenfrenado que siento cada vez más profundo dentro de mí, le pediría que me dejara quererle sin pensar en nada más.
Si por mí fuera me pasaría horas observándole, hablando con él, escuchando su manera de pensar, enredaría mis dedos en su pelo, incluso me dejaría llevar por la textura suave de sus cálidas manos.
Si por mí fuera me importaría poco estar en el Polo Norte que en una aldea perdida de África, siempre que estuviera él también, lo que equivale a decir que me iría al fin del mundo, si hiciera falta, con él.
Si por mí fuera... es un condicional que condiciona. Si por mí fuera, haría muchas cosas, cumpliría todos mis deseos y sueños, intentaría que las ilusiones crecieran tanto que nunca llegaran a un fin inesperado... pero siempre hay un 'pero'.

Si de mí dependiera y todo eso se cumpliera tendría la felicidad asegurada.

Tres semanas

Hace tres semanas. Viernes antes de ir a casa... Lo llevo mejor que en verano, quizás porque los días son más cortos. Quizás es mejor que no nos encontremos. Hoy pensaba que pasaba con el coche a mi lado y me ha empezado a latir rápidamente el corazón. Ha sido una falsa alarma, pero he seguido temblando durante cinco minutos más.
Y a veces también siento zozobra.
Sin embargo, estoy casi segura de que hoy también soñaré con él.

Desconcentrarse

Estoy leyendo apuntes de contabilidad, lo que no apetece a estas horas, pero es cierto que no son muchas hojas y que mucho de lo que dice ya lo sé. Quiera o no, en el día a día, aunque apenas toque la contabilidad siempre termino absorbiendo algo de información al respecto. No en vano he toquiteado todo del programa que usamos, y en él hay apuntes contables que, si bien hace dos meses no entendía, a estas alturas los comprendo bien. Pero una cosa es la práctica y otra la teoría.
Así que no es difícil desconcentrarse durante un momento para dar rienda suelta a la imaginación. Y ésta da mucho de sí.
Sin embargo, antes de ir a dormir me habré leído todos los apuntes de esta semana.

jueves, octubre 29, 2009

Ya lo tengo

¡Cómo he aprovechado una salida esta tarde para hacerme con el libro de Dan Brown! Como no tardaré mucho en acabarme el que estoy leyendo, imagino que será el siguiente de la lista... Es el típico libro que considero necesario leerlo cuanto antes. Lo cierto es que, conociendo al autor, seguro que no carece de entretenimiento.

Anoche

Anoche me quedé dormida sobre la cama. Me ocurre muchas veces, pero generalmente me pilla haciendo algo, como por ejemplo leyendo. Anoche, empero, no hacía nada. Me tumbé y pensé en él, disfrutando de ese momento en que me decía: "No tengo sueño, así que no me quedaré dormida". Pero sí que ocurrió, empecé a pensar en él y terminé soñando con él. Volví a soñar y a estremecerme cuando sus dedos tocaban mi piel. No exagero cuando hablo de su tacto. Esas manos son únicas, tan suaves que inducen a imaginar sentimientos ávidos de caricias. De ahí el estremecimiento.
Estoy segura de que, si ahora cerrara los ojos, pensando en esas manos casi mágicas, volvería a quedarme dormida y soñaría con él.

Anacrónicamente anacrónica

Tendría que sincronizarme mejor con él, porque esto ya parece fruto de la mala suerte. He hecho lo indecible para encontrarme con él, y ni aún con ésas... Aunque es cierto que he dejado sin hacer algo que se me había ocurrido y que seguramente le hubiera sonsacado una sonrisa.
Esto es lo que ocurre cuando a las dos de la tarde mueves el coche (porque el Ayuntamiento está algo lejos para ir andando con tacones por las calles empedradas del centro) para volver a dejarlo diez o quince minutos después: que está todo ocupado. Es curioso porque después de dar varias vueltas y ver su coche se me ha ocurrido llamarle para decirle que me avisara cuando se fuera a comer y así aparcarlo en el sitio que él dejaría libre. Sin embargo, no lo he hecho; he preferido aparcarlo en la acera, comer y después moverlo. En hacer todo esto habré tardado un cuarto de hora. Y cuando he vuelto para aparcarlo en condiciones... ¡Maldición! Ya no estaba.
Es decir, que no nos hemos cruzado por poco. Estoy segura de que si no hubiera pensado en encontrármelo sí que le hubiera visto.

Minutos

Después de leer lo que escribí ayer, me sorprende descubrir que no hice mención alguna a ese alguien a quien dedico un minuto al día (que va seguido de muchos minutos más al día).
Un minuto en que voy conduciendo y su imagen se perfila en mi mente mientras miro al horizonte, al comienzo del día, a la mole inmensa del San Lorenzo al fondo.
Un minuto en que busco su coche entre el resto, para no encontrarlo y saber que aún no ha llegado. Son las 8.00h. de la mañana y recuerdas que ayer, cuando te fuiste, todavía seguía aquí.
Un minuto en el café, sabiendo que no hace tanto le veías todos los días, en aquella parte de la barra, o en esta otra. Cuando podías permitirte observarle desde lejos sin levantar sospechas.
Un minuto al día para recordarle a tu compañera de trabajo que te debe una cena y que te responda: "Cuando quedes con él para cenar y hayáis elegido restaurante me lo dices".
Un minuto al día, a la hora de coger el coche antes de comer, y sentirle cercano porque ves su coche aparcado casi enfrente.
Un minuto al día cuando vas conduciendo y, de repente, ponen en Europa FM la canción de Macaco, Moving, y encontrarme inconscientemente en un bar en que la escuché e hice una mención de que me gustaba. La he escuchado muchas veces, pero recuerdo en especial aquella noche por la compañía.
Un minuto al día cada vez que veo un FM de ese color y me pierdo entre el oleaje de pensamientos que giran en torno a él.
Un minuto al día que me brindan casi media vida.

miércoles, octubre 28, 2009

Intensa niebla

Desde el balcón no parecía tan fantasmal, pero a medida que la torre exenta ha ido quedando atrás y me empezaba a introducir en abruptos paisajes rurales, los bancos de niebla eran más frecuentes cada vez y la niebla más espesa.
Aunque con antinieblas, se seguía viendo mal. He tardado más de lo habitual en llegar a casa, pues iba lentamente. Reconozco que estaba deseando llegar a casa cuanto antes.
Hoy es una noche de ésas digna de las películas de miedo.

Antes de la cena

Casi a la hora de cenar aún sigo en la oficina. Pero más tranquila, porque tenía que terminar algo y, dado que durante el día, es imposible concentrarme en cualquier cosa sin que no me interrumpa el teléfono, me he quedado esta tarde. La sensación es agradable, porque parece que me he quitado de encima algo muy pesado.
La oficina sigue en tensión. De hecho, hoy, que me ha salpicado sin comerlo ni beberlo, creo haber descubierto que una de mis compañeras tiene algún tipo de problema externo, sea por el motivo que sea, y trae todo ese resentimiento aquí. La cuestión es que yo no puedo entrar en ningún tipo de discusión, ni con una ni con otra, y tengo suficientes motivos de peso para evitar estas situaciones.
Yo espero que se le pase porque si eso afecta al trabajo entonces habría que tomar cartas en el asunto. Creo que la solución es hablar del tema, pero también creo que debería enfriarse la cosa.
De todas formas, hoy tengo que medio estudiarme unos apuntes de contabilidad. Si la semana pasada leía, esta vez tengo que estudiarlos. Odio los números. Aunque, a pesar de mi suprema aversión a esto, tengo que cogerlo con ganas, porque me tendré que examinar de ello y tengo que aprobarlo. El truco está en cogerlo con predisposición positiva.

Se ha hecho tarde. Ahora tengo que coger al coche. Sólo caminar hasta allí me da miedo, pero conducir hasta casa me trae una pereza.... Hoy me quedaría a dormir aquí, pero no puede ser.

Veré la luna. Ayer se veía magnífica. Hoy hay algo de niebla, quizás no se vea tan nítida.

Y la paloma emprendió el vuelo

Esta mañana no hubiera sabido encontrar la relación. Esta mañana era alguien muy lejano, pero entonces me han dicho quién era. Era aquel hombre al que le temblaba el pulso al tomar una copa de vino, que iba abrigado hasta el tuétano en las tardes más calurosas del estío, aquel al que le pregunté si era familia del alcalde y me dedicó una mirada agradecida. Recuerdo que hablé con él porque sentí mucha pena al observarle profundamente: se notaba a leguas que era alcohólico y, sin embargo, nunca le vi molestar a nadie. Él se tomaba su copa de vino y a veces hablaba, por lo general cuando alguien cercano entablaba una conversación con él.
Pues me ha dado mucha pena saber que se ha ido para siempre.

Siempre he contado con una solidaridad extrema hacia las personas que considero desfavorecidas y no han hecho mal a nadie. Éste es un caso de ellos. Así que recuerde, en Salamanca conocí al poeta que vendía sus versos en la plaza del Corrillo. Todo un personaje, celebérrimo en la ciudad, no sólo por su poesía sino por su cultura. Llamaba la atención una larga barba de nieve y su vestimenta algo pasada de moda. Y todos los días, al entrar en la Plaza Mayor, allí estaba con su pequeño puesto de libros, siempre sonriente. Era un personaje peculiar. Así le recuerdo.

Un minuto antes de dormir

"Hoy dormiré con los ángeles y soñaré contigo, pero llegará un día en que dormiré contigo y soñaré con los ángeles".

Habría que delimitar la línea difusa que le convierte en una especie de ángel adorable. Sobra decir lo bien que voy a dormir esta noche con este último pensamiento antes de sumergirme en el mundo onírico. Yo creo que ya estoy soñando.

martes, octubre 27, 2009

Cuando llega la paz

Tengo una habilidad innata para conseguir una tranquilidad de la que no gozaba desde hace mucho tiempo, una tranquilidad que me llega a través de una sola imagen. No tengo que hacer muchos esfuerzos para recrear su rostro casi al milímetro. Me quejaba de esto hace unos meses porque el hecho de no ver a una persona hace que su imagen se vaya difuminando poco a poco con el tiempo. Sin embargo, ahora es diferente: ahora es como si estuviera contemplando una fotografía. Me pregunto cuándo le he observado tan a fondo para quedarme hasta con el mínimo detalle de él. Si estando frente a él no soy libre para observarle, so pena de que se dé cuenta de mi escrutinio.
La tranquilidad me la aporta a lo largo del día. Incluso en los sueños.
Imaginas un lago, como aquéllos que abundan en Canadá, rodeados de pinos altísimos, o secuoyas quizás. No hay nada construido a la vista, más que una casa de madera, de esas que no tienen más que lo imprescindible. Creo haber soñado con este lago en alguna otra ocasión. Y ese paisaje de tranquilidad lo disfrutaba con él, que también me brindaba otro tipo de tranquilidad. Es curioso cómo a veces la mente tiene ese poder de asociar imágenes con personas con tanta facilidad. Si él a mí me aporta tranquilidad, en mi mente se sucederán a la par panorámicas llenas de paz, incluso aunque no las piense, sino que en sueños también ocurre.
Ayer soñé que le acariciaba hasta aprenderme el mapa de su piel. Y a partir de aquí no recuerdo más.
Siento que el deseo hacia él también crece con el paso de los días. En esos momentos me estremezco, y no sé por qué. Igual es algo que está en el subconsciente y que desconozco. El silencio sigue pesándome como una enorme losa, pero se puede aguantar.
En estos momentos, si le tuviera delante, le abrazaría y dejaría que él me abrazase. ¿Por qué? No lo sé. Supongo que a veces necesitamos que nos abracen. Un abrazo es una manifestación de cariño, y en este caso seguramente me sentiría tranquila y segura. Sin más.

Cosas de cada día

Cuando me he marchado, a eso de las 20.30h. su coche seguía en el mismo sitio, o sea, junto al mío. En momentos así es cuando tengo que controlarme por no llamarle. Incluso me he tenido que contener por dibujarle una estrella en el parabrisas. Lo he pensado, y era sólo por dejarle una señal mía, por dejarle una huella, aunque cuando lo viera desconociera al autor. Al final, me he marchado encogiéndome de hombros.
Pensativa. Volvía pensativa, aunque luchando por desviar la atención hacia otros asuntos, como por ejemplo, que mis compañeras vuelven a estar enfrentadas. De momento no me he pronunciado y me gustaría no tener que mediar ni ponerme a favor de una u otra. Aunque hoy han estado hablando sé que están a la primera que salta (entre ellas). Yo sigo en mi mundo, haciendo ver que no me he enterado de nada, porque a veces es mejor la desinformación. Ni quiero que me venga una contando chismes sobre la otra, ni quiero que la otra venga a decirme milongas sobre la primera.
Esto, igual que la semana pasada, vuelve a crear tensión. La he sentido nada más llegar esta mañana, y es que parece ser que han discutido a primera hora, justo antes de que yo llegara. Espero que todo se atenúe, pero no estoy dispuesta a aguantar trifulcas todas las semanas.
Todo esto al final no es más que fruto de la convivencia del día a día. Es normal a veces rozar con alguien, pero enseguida pasa. Yo lo que creo es que mis compañeras se han guardado lo de la semana pasada y se va formando una bola cada vez mayor, hasta que un día explote. Por mí, ojalá lo arreglen definitivamente y cuanto antes.
Me enerva este tema. Es que todas las semanas... la misma historia. Menos mal que pienso en otras personas e inmediatamente me olvido de la oficina para sonreír. Ya me hubiera gustado verle.

Eran las cuatro de la tarde

Esta tarde he llegado pasadas las cuatro y había muchos sitios para aparcar, pero he ido justamente al lado de su coche. Será la primera vez. Seguro que si hubiera venido cinco o diez minutos antes nos hubiéramos cruzado. ¿Quién sabe?
Iba algo despistada. He venido por una carretera comarcal, pensando en que estaría libre de obstáculos y sólo he encontrado tractores y más tractores, que me han cedido el paso. Cualquiera va al paso de tortuga que van ellos. Uno de ellos era mi amigo I.
Estoy harta de las obras de la carretera y es que, por donde he venido, hay un tipo con una señal también por si vienen camiones. Yo creo que estar con la señal en medio de la nada tiene que ser muy aburrido. En fin, que he venido por otro sitio para evitar las obras y me encuentro con que ahí también paran al tráfico.
Tengo un día de esos en que estoy totalmente lenta de reflejos, despistada, necesito mimos y demás. Y también siento que estoy desganada, incluso para escribir.
Tan desganada estoy que lo primero que he hecho al llegar esta tarde es abrir la página de La Casa del Libro, comprar dos libros (La rosa escondida, que lo quiere mi madre, y una guía turística de Malta), registrarme antes porque no recordaba la contraseña y comprobar que el jueves sale en España El símbolo perdido, último libro de Dan Brown. Nada, ya me escaparé un rato de la oficina para ir a comprarlo. Por amor al arte, porque no me cae bien Dan Brown desde que leí La fortaleza digital, por como ponía a nuestro país. Sus libros son pura bazofia. Sí, en cierto modo es contradictorio que compre y lea un libro de alguien a quien considero tan propagandístico, a sabiendas de lo que leeré en sus páginas. Pero si no lo leo no puedo criticarle a gusto. Porque ¿cómo podré criticar su obra si antes no sé de qué va?

Rutinas

Esta mañana casi se meriendan mi desayuno. Menos mal que me guardan mi cruasán fielmente cada día. Había muchísima gente en la cafetería desayunando.
Yo, en mi rutina de siempre, con mi cruasán y mi café. Con pocas palabras, porque recién levantada de la cama no hablo casi nada, por lo menos hasta después del primer café de la mañana, que es cuando empiezo a despertar verdaderamente. Esta mañana observaba directamente las noticias, y de lejos me llegaban las conversaciones de mis compañeros de mesa y los murmullos ajenos de voces somnolientas y otras que empezaban el día con energías.
También es una rutina la de quedarme los jueves a comer aquí, ir a las 15.00h. a la peluquería. Excepto la semana pasada. Tampoco me costó tanto alisarme el pelo.
Hoy tengo un día de ésos en que me veo invadida por una parsimonia fuera de lo habitual. Tengo los riñones que, desde fuera, parece que me los hubieran hecho picadillo, y tengo molestias en el estómago. Y me siento algo mareadilla. En estos días suelo recordar a qué huelen las nubes.
En fin... dos noches se pasan en el infierno... o donde sea.

lunes, octubre 26, 2009

Si te quitas una crecen siete

Esta mañana me he quitado una cana. Al trasluz era transparente. En el flequillo tengo otra. ¿Será verdad eso de que si te quitas una crecen siete? Espero que no. De momento, si duro con el pelo moreno tanto como mi abuela me conformaré, pero sé que en cuanto empiecen a salir a montones (espero que dentro de mucho tiempo) me teñiré de negro. Ya lo hice una vez y apenas se notaba la diferencia, más que por el hecho de que parecía más pálida de lo habitual.
De momento espero que no salgan de siete en siete.

Retahílas

Hace un mes exacto volvíamos del viaje de Bélgica. Ya ni lo recuerdo. Parece que hubiera pasado como medio año. Mañana, o ya hoy, que para mí no será 'mañana' hasta que no me levante, operan a mi abuelo de cataratas.
Tras la puerta tengo a Yoguito, que ha cogido gusto por quedarse dormido en mi almohada durante el día, pero por la noche no le dejo entrar, aunque el sábado por la mañana vino a despertarme... Le estoy escuchando y muy pronto se pondrá a llorar si no le permito entrar.
Hoy mi hermano me ha dado recuerdos de una persona a la que conocí a principios de este mes en Madrid. Dos riojanos y nos tenemos que conocer en Madrid, con lo inmensa que es Madrid y lo pequeña que es La Rioja. Él es una 'eminencia', por lo que no puedo hablar mucho más.
Me iré con Hipatia de Alejandría. Hacía algún tiempo que no leía novela histórica, y eso que me encanta. O leo eso o leo la Ley de Arrendamientos Urbanos (que tiene unos 60 folios de artículos). Si me pusiera con la Ley en cinco minutos estaría dormida.

domingo, octubre 25, 2009

No estamos hechos de piedra

Hay momentos en la vida en que ciertos sentimientos nos inundan, e incluso nos ciegan, hasta el punto de que sólo llegamos a ver una de las miles de posibilidades que existen. Ayer escribía que no volvería a dar un paso más en su dirección, pero ahora no lo tengo tan claro. Aunque intente contenerme no puedo poner la mano en el fuego, porque sé que cualquier día, sin pararme a pensarlo, puedo volver a llamarle y en cualquier momento puedo abrir una página en blanco en el correo para contarle algo, darle a enviar y ya no poder echarme atrás. La fuerza no está en mí, sino en él, en su magnetismo, en la capacidad que tiene para brindarme una felicidad de pensamiento, estando ausente. Sobra decir lo que me aporta estando presente.

A veces no nos damos cuenta de que las cosas que más nos cuestan son las que, en definitiva, terminamos valorando más. Esto se termina convirtiendo en una dura prueba que asienta profundamente lo que puedas llegar a sentir por él. Para mí es una dura prueba en el sentido de que no tengo paciencia, pero a medida que pasan los días hay un grano dorado más que incrementa ese valor hacia él. Si hubiera pasado algo entre nosotros no hubiera tenido tanto valor, así que el simple hecho de una mirada suya, por ejemplo, se eleva a la enésima potencia, adquiriendo un valor nuevo, del que carecería si las cosas hubieran sido muy rápidas.

Al final, tendrá que decir algo, para bien o para mal; creo que es una persona lo suficientemente perspicaz para haberse dado cuenta de lo que ocurre desde hace ya unos meses, desde el mismo momento en que nos conocimos. Y yo, por muchos cabezazos que me dé, no puedo saber lo que hay dentro de la mente de otra persona.

La tristeza del fin de semana se ha visto eclipsada por su imagen y he vuelto a sonreír. Y ese sentimiento pleno de felicidad, la tranquilidad que me aporta el simple hecho de pensar en él y sentirme contenta… eso se convierte en algo placentero y enriquecedor. No puedo quitarme esa especie de adicción. Al menos, no puedo quitármela de la noche a la mañana.

Que ese silencio me dota de una inseguridad que me tambalea. Pues sí. Y, sin embargo, no hace ni ocho días alguien me dijo que se me veía bastante segura en todo. Claro que cuando no sabes a qué atenerte, la cosa cambia.

La tristeza de ayer no sólo me ha fortalecido y, con ello, ha fortalecido todo lo que conlleva y todo lo que la trajo. También me ha hecho ver las cosas de otra manera: es mejor disfrutar del presente en el que aún no tienes nada pero te mantienes feliz y guardar las lágrimas para un futuro en el que no sabes cuándo puedes necesitarlas.

Sé que mañana le dedicaré un minuto al día y me sentiré desbordada por esa tranquilidad que únicamente él me aporta, por la ilusión de encontrarme con él al doblar cualquier esquina, por esa alegría que me acompaña cada día, que se incrementa al traer su imagen a la mente, que se achica en momentos aislados, poco importantes, para volver a florecer en toda su inmensidad a medida que pasan las horas. Y siempre latente la ilusión de encontrarme con él en cualquier momento.

¿Cómo voy a cerrar los ojos y hacer que no veo nada, que no siento nada? ¿Cómo podría dar la espalda a todo esto?

Moto GP: Gran Premio de Malasia

Aunque no he visto la carrera de Sepang, que la retransmitían de madrugada, sí que tengo que hacer una mención especial a la de hoy. A falta de una última carrera para terminar el Mundial de Motociclismo (en Cheste, Valencia), Valentino Rossi se proclama en Malasia campeón del mundo de Moto GP, su novena victoria en motociclismo, la séptima en la categoría reina.
Tenía que quedar en uno de los cuatro primeros puestos de la carrera de hoy. Y, si mal no recuerdo, ha hecho podio este año en casi todos los circuitos. Hoy ha quedado tercero, después de Stoner (1º) y Pedrosa (2º).
Sigue demostrando que es el rey del motociclismo, el mejor de los mejores. Y que sea así por muchos años más.

El cambio de hora

Hoy eran las once cuando he abierto los ojos, aunque realmente eran las diez. Es que anoche no llegué a cambiar la hora en ningún sitio. El pc es uno de los pocos que se cambian automáticamente. Aún tengo que cambiar los móviles y el reloj de pared. Seguro que me olvidaré de algún reloj.
Mañana cuando me levante será noche cerrada.

Recapitulando...

Ayer eran pasadas las 21.00h. de la noche cuando estaba asomada en el balcón. Aún tenía que acabar algo, algo que podía terminarse en otro momento, pero yo seguía férrea en la oficina. Entonces vi aparecer por la otra calle a dos personas. Asomé medio cuerpo en el balcón para verlos mejor. Pero él no estaba.
A los cinco minutos me había ido de la oficina, pero ni siquiera se me había ocurrido mirar a la cafetería. Entonces, poco antes de llegar al coche vi una matrícula que conozco demasiado bien. Y le llamé. Le llamé para preguntarle si estaba en la cafetería tomando una cerveza. Fuera por lo que fuera no me cogió. Tampoco devolvió la llamada. No me paré a pensarlo.
Cuando arranqué el coche me acordé que se me había olvidado apagar la calefacción y tuve que volver. Aunque intenté mirar si estaba en el bar, no le vi. Podía estar o no, pero yo no tenía intención de entrar.
Quizás no tiene apuntado mi móvil. Quizás pensó en que la persona que le llamaba volvería a llamar si era urgente. Quizás intento justificarle. Y quizás sea un malentendido por mi parte y no debería haberme llevado el mal trago de hoy.
Es cierto que esto me ha servido para no tomar decisiones tan tajantes, pero sobre todo para no dar un solo movimiento más en su dirección. ¿Que he esperado que me devolviera la llamada? Pues sí. Pero ante la evidencia de que no lo ha hecho, tendré que dejarlo estar.
La mayor evidencia de todas es que estoy pilladísima.

sábado, octubre 24, 2009

Tantas cosas había olvidado...

Había olvidado lo que era tener un boquete tan oscuro en el estómago, esa piedra que acarreas de vez en cuando, por la que todo se te hace tan pesado.
Había olvidado lo que era tener los ojos tan rasgados que vierten amargas lágrimas a cada minuto. Y cuanto más piensas en ello más desazón sientes.
Lloro porque tengo que obligarme a sacar fuera todo de él, porque su indiferencia me resulta insoportable, porque tengo que aprender a evitar todo lo que tiene relación con él.
Lloro porque estaba empezando a sentir algo incontrolable, porque ya no buscaré sus ojos entre la gente.
Lloro porque el vacío que empiezo a sentir implica un dolor sin límites, porque no puedo olvidar.
Lloro porque tengo que aprender a no pensar en él, porque no puedo dedicarle ni siquiera un minuto al día.
Lloro por todo lo que me va a costar salir de ésta, todas las noches que no dormiré, todos los sueños que se han esfumado, ¿y dónde quedan las ilusiones?
Me hubiera conformado con una respuesta, fuera cual fuera, pero no me conformo con la indiferencia, con la ausencia de respuesta.
Ojalá pudiera salir todo de dentro tan rápido como se vierten las lágrimas. Había olvidado incluso lo que era desahogarse llorando.

¿Salir o no salir? Ésa es la cuestión


Sólo con pensar en todo el tiempo que me va a llevar maquearme me da pereza. Lo que más cuesta es alisarme el pelo, que me llevará una hora larga. Y si quedamos a las 22.30h. todos los días, no es que llegue tarde, es que llegaré muy tarde. Da igual, porque siempre me quedará el teléfono para preguntar dónde están.
Pero más que la pereza por prepararme, hay una causa de mayor peso que me está haciendo que me replantee salir esta noche. Tantos meses deseando encontrarme con él para que llegue un día en que no quiera encontrarme con él. Y suele ocurrir que cuando no quieres ver a una persona es cuando la ves.
Si eso ocurriera, no sé lo que haré. Soy consciente de que dentro de mí lucharán dos fuerzas de enorme magnitud: una pugnará por que me quede hablando con él sin importar nada más, sin pensar en las consecuencias, disfrutando de ese momento y añadiendo una décima más de afecto; la otra, en toda su sensatez, lidiará por salir huyendo, por evitar mirarle a los ojos, por dar media vuelta y abandonar en una cuneta cualquier tipo de sentimiento.
No sé. No tengo ganas de fiesta, pero también necesito desconectar un poco de la semana, que ha sido algo dura.

De test en test

De semana a semana tengo que presentar varios tests. He optado por hacerlos los fines de semana. Hay dos intentos por materia. En el primero que he hecho he sacado un 7 (sobre 10). El segundo intento de esta materia lo haré con mi hermano, porque él controla muchísimo más en todas esas respuestas. No es tanto por superar la nota (prevalece la nota más alta) sino para que él me haga aquellos tests cuyas materias controla.
Me quedan aún dos por hacer. Y hay que aprobarlos todos. A mi modo de ver, si con dos intentos no se aprueba... Vaya, que aprobarlos es fácil, lo difícil es sacar nota. En los dos que me quedan me esmeraré un poco más.
Tengo los apuntes delante, pero algunas preguntas son muy rebuscadas. Aun así, he empezado por el que consideraba más difícil. Los otros dos son, en mi opinión, bastante más sencillos.
A mí me recuerda esto, en cierto modo, a la teórica del coche: cuatro respuestas por cada pregunta, y la opción 'D' negando todas las anteriores o diciendo que todas son correctas.
Reedito esta entrada para aclarar que tanto me he esmerado en el segundo test que he sacado un 10. He hecho pleno. Pero también es cierto que lo que preguntaban es algo que sé del día a día, y sabía muchas cosas con los ojos cerrados.

La mirada perdida

Esta mañana me he levantado con una ligera desazón. Ni siquiera he tenido tiempo para pensar. Mi hermano me ha dicho que aún no me había despertado y B. me ha comentado que tenía los ojos llorosos. Y entonces he recordado que anoche no dormí bien, incluso las lágrimas pugnaban por salir.
Me miro en el espejo y veo una mirada perdida, casi vacía. Me cuesta reconocerme. Y no sé de dónde sale, porque la tristeza está en mi interior. Intento que se oculte a personas externas.

Mañana pintaré el arco iris de color gris

A veces esperamos del resto de la gente la respuesta que nosotros daríamos en su lugar. Aquí empieza eso que se llama intolerancia. Tendré que dejarlo estar, pero la tristeza continúa aprisionándome el estómago.
No puedo dar la espalda repentinamente a alguien en quien pienso cada día y me brinda tantas sonrisas, que me hace tan feliz. Y, sin embargo, no sé a qué atenerme. Y eso es lo que hoy me descorazonaba.
Mañana volverá a salir el sol, seguro que pensaré en él y sonreiré de nuevo y quizás luego piense en otra cosa y entonces vea una ligera sombra. De mí depende que esa sombra oscurezca todo. Lo que ocurre es que ahora desconozco cómo estaré mañana de ánimo.

viernes, octubre 23, 2009

Traurigkeit (*)

La tristeza es un estado del ánimo tan pesaroso que es preferible que no llegue nunca.
Cuando volvía a casa creíame enfadada, pero no es tanto el enfado sino la desazón que traía conmigo.
Me da la ligera sensación que lo de hoy me va a costar muchas noches sin dormir, muchas palabras sin decir, muchas lágrimas sin derramar.
No es tan fácil replegar ese abanico de sentimientos que se abrieron cual paraguas hace unos meses. No es fácil radicalizar todo. No es fácil quitarse de todo. Y cuando pienso en olvidar veo un pozo muy negro en mi estómago. Y duele. Duele tanto que es insoportable.
Siento que se ha roto algo dentro de mí, y veo casi imposible recoger todos esos pedacitos.
Quizás esté equivocada. Ojalá estuviera equivocada... Pero hasta la ilusión de equivocarme por una vez la he perdido también.


(*) Traurigkeit: En alemán, 'tristeza'.

No será a las siete

Después de comer no veía por que pasara la tarde y volver a las siete en punto. Y, sin embargo, sigo en la oficina. De hecho, voy a bajar a tomar un café, porque luego tengo que terminar algo, y no me iré a casa hasta que acabe lo que me he propuesto para hoy. Como todos los viernes, siempre intentamos quitarnos de encima asuntos que no queremos que se nos acumulen para la próxima semana.
Cuando venía en coche, poco antes de las cuatro, me he despejado totalmente, aun cuando no había tomado todavía el café de después de comer. He recordado que, cuando pronosticaron que nevaría pronto, se me cayó el alma a los pies. Si me quedo aislada no podría venir aquí, y eso significa que habría menos posibilidades de encontrarme con él.
Pues hoy pensaba en que si bien disfruto del trabajo que hago a diario, también es cierto que un posible encuentro con él condiciona el que coja el trayecto hasta aquí con más o menos ganas. Y pensaba en él cuando repentinamente no tenía sueño, cuando no hacía ni media hora que se me cerraban los ojos en casa.
Los viernes solemos encontrarnos.

Cansancio a puñados

He encendido el pc porque si me tumbo a leer en la cama me quedo dormida. A veces me echo una siesta de 20 min. pero hoy no funcionaría: tengo demasiado sueño.
Cuando lleguen las siete de la tarde volveré a casa puntual.
No sé si se debe a que he dormido sólo cinco horas -que es la media de todos los días- o a que tengo acumulado cansancio físico e intelectual. Al llegar a casa a comer me dolía la cabeza.
Hoy también he visto, al salir de Correos, a una chica en cuyo lugar me gustaría estar a veces. Pero no por lo que hace a diario, sino por aquél a quien ve a diario.
He leído en algún sitio últimamente que el cansancio está en uno mismo. Si no pienso en ello seguro que no me doy cuenta. Y para tres horas que me quedan, aunque parezcan muy cuesta arriba, podrán soportarse.

Una secuencia de imágenes

Como en una película, los fotogramas se van encadenando hasta crear una historia. La diferencia de esto, que es real, con una película es que no se ha utilizado ningún tipo de cámara para inmortalizar esas imágenes. Es el cerebro una máquina delicada que almacena recuerdos, y aquéllos que nos parecen magníficos los pule como si fueran tesoros que no quiere perder.
No necesito siquiera cerrar los ojos para encontrarme un día cruzando un paso de cebra y pasar a su lado y contemplarle fijamente; ya entonces su magnetismo había empezado a hacer eco en mí. Llevaba una camisa roja oscura, que le quedaba bien. A pesar de que no iba solo, yo no tenía ojos para nadie más que para él. Corría el mes de mayo y yo había estado una semana en Logroño, pero a él hacía dos semanas que no le veía o, simplemente, no habíamos coincidido en el café. Entonces creía que todos ellos estaban en SD por trabajo temporal. Es sorprendente el hecho de que no le conociera anteriormente. Quizás nos habíamos cruzado, pero si no conocemos a una persona no solemos fijarnos tanto. Aunque siempre te suenan las caras... Aquí ni siquiera me sonaba su rostro. Si le hubiera visto antes no me hubieran pasado desapercibidos esos ojos...
Todavía sin conocerle, en verano iba en coche al final de la mañana cuando lo vi cruzando por delante de mí; en las manos llevaba una barra de pan. Paré para verle mejor, sin importarme si venían otros coches detrás. Eso también fue descarado, pero yo me sentía protegida dentro del coche. Recuerdo que miró en mi dirección, pero creo que no me vio. Lo contrario que me ocurría a mí. Es parecida esa sensación a cuando oyes una canción pero no estás escuchando verdaderamente lo que dice. Aquel día llevaba una camisa color salmón, a cuadros.
Los días que iba de oscuro no me he quedado tanto con la ropa que llevaba. Quizás es porque soy propensa a recordar mejor los colores cálidos.
Pero el día que empecé a mirarle con otros ojos fue a principios de abril, cuando entré en la cafetería y me clavó una mirada de ésas que no se olvidan con facilidad. Me sentí indefensa y ‘desnuda’. Tuve la impresión de que era capaz de leer a través de mí. Lo que me sorprendió aquel día fue que, en ese momento, para mí se trataba de un desconocido. Sólo que aquel día dejó de ser indiferente para mí.
También me viene a la mente la noche en que nos conocimos. Tenía una camisa azul oscuro con líneas blancas formando cuadros. Sus pupilas se intensificaban ante lo que estaba escuchando. Desde entonces no he vuelto a investigar, excepto en asuntos estrictamente laborales. Y es que es más fácil pedir las cosas o preguntar directamente que buscarlas; también es una vía más rápida. Así que si tuviera que preguntarle algo prefiero hacerlo a la cara.
Después de conocerle me arrepentí por haberme acercado a él, porque fue entonces cuando me di cuenta de que me gustaba de verdad y que, cuanto más hablo con él, más me gusta. Que me gusta cómo mira, cómo habla, su manera de pensar, la sutileza de todo lo que hace y dice, la delicadeza de las cosas que pasan por sus manos, su integridad, su coherencia, la suavidad de sus manos, la tranquilidad que me aporta o las veces que quita hierro a ciertos asuntos con los que yo me he comido la cabeza, la facilidad con que me pierdo en sus ojos, que me siento a gusto cuando está él delante, su ternura, su manera de sonreír, de ver la vida, de afrontar las cosas, que es una persona que se hace querer… Y seguro que cuanto más le conozca más me va a gustar. Y, ante este hecho, no puedo hacer nada. No puedo hacer que no me guste. Es como un río que ha empezado a fluir y no se puede parar, aunque el río finalmente se une con el mar. Me pregunto cómo terminará todo esto.
Puede ser el día más negro de mi vida, pero es que pienso en él y todo se torna perfecto. Termino sonriendo de manera inconsciente y me siento bien. Y esto… esto no me lo quita nadie.
No me preocupa lo que pueda o no pueda ocurrir de ahora en adelante. Yo ya tengo mi álbum de fotos en mente y esa pequeña porción de él es suficiente para que me sienta un poco más feliz. Hay pocas personas que tengan un don así.

Hoy me apetecía escribir sobre él y, como no podía ser de otra manera, si él aparece en mis palabras todo se ve cargado de insólita belleza.

jueves, octubre 22, 2009

Ni siquiera tengo tiempo para unas líneas

Eran las 21.30h. cuando he llegado a casa. Después de la reunión hemos entrado en el Casino -nunca antes había estado-. Y sólo veía por llegar a casa. Tengo ganas de que llegue el viernes por la tarde, aunque tenga otra reunión en sábado. Hoy he comprobado que, dada la hora de la primera convocatoria, bien podría salir mañana por la noche. Todo se verá... Para mí es importante estar despejada en las reuniones.
Por otro lado, B. está triste, tan triste que intento animarla de cualquier forma, aunque sólo sea por verla sonreír durante dos minutos. Hoy lo he conseguido. Pero enseguida se vuelve a desanimar. Y es que el panorama que tiene en casa no es nada halagüeño. A su madre le ha salido un segundo bulto en el cuello. Ya la operaron de uno en mayo. Todavía no saben lo que tiene, y lo peor es que no podría recibir radio ni quimioterapia porque la zona es muy sensible y no acepta ese tipo de tratamientos. En estos últimos meses yo la he visto en varias ocasiones y la he visto bien y que ahora aparezca esto... Se me pone la piel de gallina con sólo pensarlo.
En situaciones así es cuando te replanteas lo que nos preocupamos a veces por innumerables minucias cuando lo verdaderamente importante es la salud. Y no hay más.
Dependiendo de lo que tenga la madre de B. quizás no pueda irme en noviembre a Malta. Porque si B. está ausente del trabajo tendré que quedarme. Pero esto es algo que, ante la inmensidad de lo que ocurre, me parece poco importante.
Hoy me han llegado ya las primeras ofertas del viaje, pero ni siquiera he prestado atención. Posiblemente no pueda ir hasta el año que viene, que esto es lo de menos. Sólo me ha llamado la atención que no hay vuelos directos hasta La Valletta y que tengo que hacer transbordo en ¡¡Frankfurt!! De momento no voy a hacer nada, pero me niego a cambiar de avión en ese aeropuerto en concreto.
Cuando en 2003 volé a Alemania por primera vez, desde Barajas sólo había vuelos a Berlín-Tegel haciendo transbordo en Munich o en Frankfurt. Al estar situada ésta más al norte y por tanto más próxima a la capital alemana, elegí Frankfurt. En buena hora, porque casi pierdo el segundo avión. Me perdí en el aeropuerto, a pesar de llevar un mapa del mismo. Es un aeropuerto gigantesco y ultramoderno. Llegué a Berlín sin maleta, pues no dio tiempo a cambiar los equipajes de un avión a otro, y en el aeropuerto de Berlín me entregaron un neceser para salir del paso, mientras describía mi maleta y explicaba dónde me iba a alojar. Con exactitud teutona, mi maleta estaba a las 10.00h. de la mañana en el hotel (era domingo).
La cuestión es que tendrán que buscarme otros transbordos. En estos momentos no me corre prisa porque tengo la ligera sensación de que el viaje a la isla de Malta tendrá que esperar unos meses más.
En estos momentos hay otros temas que me preocupan más.

Una ojeada desde el balcón

Hace siglos que no cruzaba los dedos deseando que se cumpla algo. Y es que me gustaría encontrarme con él, que no hace ni cinco minutos que me he asomado por casualidad al balcón y he comprobado que está.
Es que tengo que salir, y tengo que pasar por ahí mismo. Sólo que basta que desee mucho verle para que no ocurra.
Hoy también le siento muy cercano.

Es hora de marchar.
Lo mejor de todo va a ser que pasaré por allí y quizás ya no esté (no voy a asomarme de nuevo a la calle a comprobarlo), quizás se haya marchado mientras escribía esto y le dedicaba unos minutos del día.

Hay deseos...

Dicen (el libro de El secreto, un fraude, para más inri) que si visualizas mucho una imagen, un deseo o un sueño en tu cabeza... al final se convierte en realidad.
Bien.
Yo me quedo dormida muchas noches imaginando que estoy abrazada a él (y no a la almohada) mientras que intercambiamos algunas impresiones hasta que nuestras voces se van apagando en la oscuridad.
He soñado en innumerables ocasiones que estábamos en un avión, con las cabezas unidas, viajando hacia cualquier parte del planeta. Sólo recuerdo que él siempre estaba junto a la ventanilla y abajo siempre se veía el azul del mar.
No voy a seguir porque tengo mucha imaginación, abundantes deseos y maravillosos sueños que giran en torno a él. He leído en alguna parte, en el día de hoy, que los deseos son formas que adoptan las necesidades humanas. Dudo de la afirmación por el hecho de que hay deseos que no se pueden cumplir, tan irreales como son.
Me pregunto si es cierto que si deseo mucho una cosa se terminará cumpliendo. Yo creo que, más que una cuestión mental, es una cuestión de llevar a la práctica.

miércoles, octubre 21, 2009

El final de la semana

A partir de mañana y hasta el sábado a mediodía estaré saturada de trabajo. Esto es que se me ha colgado salir el viernes porque el sábado tengo reunión (aunque, si mal no recuerdo, no era a una hora muy temprana).
Me lo tomo con tranquilidad, porque considero que es mejor no agobiarse.
Y tengo el coche en reserva, así que mañana tengo que levantarme algo más temprano para echarle gasoil. Se me ha encendido el piloto de reserva justo cuando llegaba a casa.
Mañana además estaré fuera de la oficina casi toda la mañana. Aunque eso está bien: cuando no tengo que salir necesito que me dé el aire. Suele ocurrir cuando estás muchas horas en un sitio; llega un momento en que necesitas desconectar, salir a la calle aunque sólo sea a respirar una bocanada de aire fresco.
El viernes viene a ser una réplica de mañana.
No me quejo. Soy persona que disfruta de lo que hace, incluso en las peores situaciones.

Haciendo cosas

¿Quién me iba a decir a mí que hoy me encontraría encima de la cama, pintando hojas de apuntes sobre algo que nunca hubiera esperado estudiar, con edding's de todos los colores... ? De esa guisa estoy. En una hora me habré leído todo lo que corresponde a la semana y eso que los apuntes los he impreso y encuadernado hoy.
El ansia puede más que yo. Podría hacerlo todo en el fin de semana, y sin embargo me he puesto manos a la obra en cuanto he tenido los primeros treinta folios en las manos.
Lo que estoy haciendo sólo se lo he dicho a una persona. Me sorprende ser capaz de decírselo a él como una especie de secreto a compartir y que no lo sepan otras personas tan cercanas, que me conocen de siempre. Supongo que fue por la confianza que me inspira. Siento que en ese momento necesitaba compartir algo con él que no comparto con el resto de la gente. No sé... me gusta la idea de que él lo sepa.
En una hora me habré leído todas las hojas.

Muy cerca...

A diferencia de ayer, hoy le he sentido muy cerca.
A las dos de la tarde, cuando iba a por el coche, he visto a dos tíos con los que hace días que no coincido en el café -sobre todo porque ahora suelo bajar antes-, que tenían sus coches, uno gris y otro blanco, aparcados cerca del mío. Primer flash del día y enésimo pensamiento dedicado a él.
Por la tarde, en un momento en que me he asomado al balcón, al mirar hacia la calle de la izquierda, su coche. No tenía la cámara de la oficina para poner ese zoom potente como ya hice la otra vez para ver la matrícula, y el zoom de la mía no llegaba. Pero era su coche. Pues al salir a la calle un rato después, la mirada se me ha desviado para allí y aún estaba. Segundo flash del día y otro pensamiento para él.
Al volver de la reunión, me he encontrado con aquel que tiene nombre de noble, al que he saludado, mientras a mano izquierda quedaba su coche como espectador solitario de ese saludo. Tercer flash y me he preguntado por qué veo tantas personas cercanas a él y no me encuentro nunca con él. Y aun así lo he sentido muy cerca.

Cuando la muerte es sólo un círculo rojo en un mapa

"Perdí la virginidad a los 15 años con mi prima Maite. No me gustó. Se exhibía como en las peores películas de los 90 y gritaba demasiado. Creo que por eso se acostó conmigo, porque necesitaba un público que la masturbación no podía proporcionarle. La vez siguiente fue con Lucía. Era casi una niña. Se dejó hacer y apenas parpadeó. Sé que se le escapó una lágrima. Mi primer viaje fue a Madrid, con mis padres. Sólo estuve una semana, pero eché de menos el mar. Mi siguiente destino, ya adolescente, fue la playa de la Concha de San Sebastián. Demasiado calor. Allí conocí a Trini. Estaba divorciada y me duplicaba la edad. Nadie le había explicado lo que era la depilación. Mi primer trabajo: camarero en un bar cerca de casa. Descubrí que odio estar de cara al público. Marché en un barco pesquero. Los fiordos de Noruega están llenos de arenques. Ella se llamaba Inga y era casi albina. Me aburrió. Europa y esa piel tan blanca. Marché lejos. Guía turístico en Kenya. África es salvaje y exhuberante. Tan exhuberante como Munbala desnuda. Busqué tranquilidad en Japón, en los campos de arroz y en los pasitos cortos de Misuka. En Nueva York fui vendedor clandestino. Susan era irlandesa. Su sexo olía a pelirroja. No me despedí. El desierto me hizo olvidar la gran ciudad. Fui voluntario de la Cruz Roja en Guatemala. En Helsinki, Jussi me enseñó cómo se besa a un hombre. Malabo. Rajira. Varabasi. Nahomi. Traficante de armas al oeste de Turquía. Conductor de tuk-tuk en Bangkok. Pequeña Luna. Tor. Myanmar. Wall Street. Cabo Verde. Varsovia. Yan Chen. Priscille...
Ahora sólo se me ocurre morir".

Todavía de noche

A punto de empezar el día, miro hacia la farola de la calle y descubro que aún es de noche. Siento escalofríos con sólo pensar que tengo que salir así a la calle, aunque lo más duro de las mañanas está aún por llegar. Tampoco tengo que salir a la calle así, porque iré en coche y, para cuando llegue a la cafetería, ya habrá amanecido. En el camino percibiré cómo el horizonte va aclarándose lentamente. El trayecto es interesante. Yo creo que hoy también veré amanecer.
Me he despertado a las 6.15h. Ayer no sé a qué hora me quedé dormida, aunque era mucho antes de las doce y creo que todavía no eran las once. Me tumbé en la cama a leer, pero en cierto momento se me empezaron a cerrar los ojos. En un momento de lucidez, en que luchaba por no quedarme dormida, apareció su imagen y sentí que mis dedos se perdían por el laberinto de su pelo, con todo lo que conlleva eso, que no me acuerdo de más. Así hasta las seis, en que me he despertado con esa última imagen.

Así es muy fácil empezar el día con buen pie.

martes, octubre 20, 2009

¿Dónde estará...?

Quizás a veces no nos damos cuenta de lo que echamos de menos a una persona. Quizás no tengas tiempo en todo el día para reflexionar sobre este hecho, pero al final, ahora que anochece tan pronto, cuando vuelves los ojos hacia las últimas horas te sorprende descubrir lo que has echado de menos no ver algo cercano a él: su coche, gente que está a su alrededor, un objeto que te lo recuerde... Y es entonces, AHORA, cuando te das cuenta de que realmente le echas de menos. Que no deseas ver los objetos o a las personas que están a su alrededor, que no quieres que las imágenes de sus recuerdos se despleguen a cada poco rato en tu cerebro. Lo que de verdad quieres es verle a él... Quien dice 'ver' dice hablar, mirarle, tocarle, etc.
Sé que solamente tendría que cerrar los ojos y dejarme llevar por esos pequeños impulsos, pero no quiero llamarle por teléfono, no quiero ir a verle a su oficina. No sé por qué, quizás porque prefiero dejarlo todo en manos de casualidades, del azar. Porque los humanos somos proclives a forzar situaciones, sin darnos cuenta que si tienen que ocurrir... ocurrirán.
No hace falta que imagine dónde está ahora, porque sé la respuesta. Y si no está en ese lugar, llegará muy pronto.
Y eso es, que en cuanto he parado un momento de hacer cosas me he sorprendido pensando en él y en lo mucho que le echo de menos si siento que está lejos o si llevo varios días sin saber nada de él.

Los desayunos semanales

Antes de irme a la cama me he parado a pensar si desayunaré mañana en la cafetería o en casa. Es que no soporto a De, del que ya hablé en otra ocasión. Hoy me ha llamado "cariño" o "tesoro" o alguna cursilería del estilo. Menos mal que en ese momento me iba y no me he parado a pensarlo.
La solución es fácil. Podría ir a desayunar antes, puesto que él entra media hora más tarde que yo, pero ese último cuarto de hora en la cama antes de levantarme es casi sagrado. Suelen ser cinco minutos, diez como máximo, puesto que yo suelo ir antes y me marcho bastante rápido. De todas formas ahora hay una tercera persona que ameniza los desayunos. Aunque desconozco su nombre, congenio bastante mejor con él, y es que si él no hiciera de eje de la balanza yo creo que habría dejado de desayunar en la cafetería hace mucho tiempo.
Le tendré que pegar un corte a De, y esta vez no será algo sutil. Porque si hoy era la horterada esa que ha dicho, el viernes me dijo que estaba guapa con el pelo rizado. También me volvió a pedir el número de móvil porque parece ser que lo perdió. No sé para qué: yo no le voy a llamar y espero que él a mí tampoco. Nunca lo he hecho y no lo voy a hacer.
Y tiene bastante pluma. Cada día se le nota más.
Sí, mañana estaré allí a las ocho. Preguntará por mí y luego me contarán que ha preguntado por mí. Es mejor así, porque cuando me pongo borde soy demasiado borde.

¡Qué diferente sería desayunar con otra persona...! Ahora que lo pienso, me encantaría desayunar con él siempre, todas las mañanas, desearle un buen día y despedirme con un beso. Entonces hay algo que jamás fallaría: estaría siempre sonriendo, siempre contenta, siempre feliz.

20 de octubre de 2006

Otra fecha a recordar, a rememorar, a revivir.

El 20 de octubre de 2006 fue el último cumpleaños de mi tío, pero entonces nosotros desconocíamos que en poco tiempo todo se volvería oscuro e incierto. Yo sé que, esté donde esté, sigue velando por todos nosotros, sigue acompañándonos en nuestro caminar diario, ese mismo camino que compartió con nosotros alguna vez... hasta que llegó su hora.
Me estremece pensar en mi tío. Todavía hoy, dos años, un mes y una semana después sigo llorando como si el desenlace hubiera sido ayer. Supongo que, aunque el vacío y el dolor por la ausencia de una persona, se atenúen, quizás impulsados por el tiempo que va pasando, no es fácil reponerse a la falta de esa persona. Por eso las lágrimas atraviesan mis mejillas desde el mismo momento en que he empezado a hablar de él, a recordarle, a rememorar ese último cumpleaños que pasó con todos nosotros.
Y es que hay cosas contra las que no se puede luchar. La Muerte. Los humanos nos encontramos indefensos ante la magnitud del final de la vida, ante la siniestra compañera que nos lleva hacia no se sabe dónde y que se lleva consigo nuestro último aliento en este mundo. No, no se puede hacer nada. Lo tienes que asumir porque es lo único que puedes hacer, te ves obligada a ello, aunque en tu fuero interno no lo aceptes, aunque te cueste tanto superarlo. La muerte se llevó a mi tío, pero no se llevó sus recuerdos. Y mientras su recuerdo permanezca aquí él no habrá muerto del todo.
Sé que, de alguna manera, a él le llegará mi felicitación. Sólo tengo que mirar a las estrellas y buscar aquélla que más brille.