
Como en una película, los fotogramas se van encadenando hasta crear una historia. La diferencia de esto, que es real, con una película es que no se ha utilizado ningún tipo de cámara para inmortalizar esas imágenes. Es el cerebro una máquina delicada que almacena recuerdos, y aquéllos que nos parecen magníficos los pule como si fueran tesoros que no quiere perder.
No necesito siquiera cerrar los ojos para encontrarme un día cruzando un paso de cebra y pasar a su lado y contemplarle fijamente; ya entonces su magnetismo había empezado a hacer eco en mí. Llevaba una camisa roja oscura, que le quedaba bien. A pesar de que no iba solo, yo no tenía ojos para nadie más que para él. Corría el mes de mayo y yo había estado una semana en Logroño, pero a él hacía dos semanas que no le veía o, simplemente, no habíamos coincidido en el café. Entonces creía que todos ellos estaban en SD por trabajo temporal. Es sorprendente el hecho de que no le conociera anteriormente. Quizás nos habíamos cruzado, pero si no conocemos a una persona no solemos fijarnos tanto. Aunque siempre te suenan las caras... Aquí ni siquiera me sonaba su rostro. Si le hubiera visto antes no me hubieran pasado desapercibidos esos ojos...
Todavía sin conocerle, en verano iba en coche al final de la mañana cuando lo vi cruzando por delante de mí; en las manos llevaba una barra de pan. Paré para verle mejor, sin importarme si venían otros coches detrás. Eso también fue descarado, pero yo me sentía protegida dentro del coche. Recuerdo que miró en mi dirección, pero creo que no me vio. Lo contrario que me ocurría a mí. Es parecida esa sensación a cuando oyes una canción pero no estás escuchando verdaderamente lo que dice. Aquel día llevaba una camisa color salmón, a cuadros.
Los días que iba de oscuro no me he quedado tanto con la ropa que llevaba. Quizás es porque soy propensa a recordar mejor los colores cálidos.
Pero el día que empecé a mirarle con otros ojos fue a principios de abril, cuando entré en la cafetería y me clavó una mirada de ésas que no se olvidan con facilidad. Me sentí indefensa y ‘desnuda’. Tuve la impresión de que era capaz de leer a través de mí. Lo que me sorprendió aquel día fue que, en ese momento, para mí se trataba de un desconocido. Sólo que aquel día dejó de ser indiferente para mí.
También me viene a la mente la noche en que nos conocimos. Tenía una camisa azul oscuro con líneas blancas formando cuadros. Sus pupilas se intensificaban ante lo que estaba escuchando. Desde entonces no he vuelto a investigar, excepto en asuntos estrictamente laborales. Y es que es más fácil pedir las cosas o preguntar directamente que buscarlas; también es una vía más rápida. Así que si tuviera que preguntarle algo prefiero hacerlo a la cara.
Después de conocerle me arrepentí por haberme acercado a él, porque fue entonces cuando me di cuenta de que me gustaba de verdad y que, cuanto más hablo con él, más me gusta. Que me gusta cómo mira, cómo habla, su manera de pensar, la sutileza de todo lo que hace y dice, la delicadeza de las cosas que pasan por sus manos, su integridad, su coherencia, la suavidad de sus manos, la tranquilidad que me aporta o las veces que quita hierro a ciertos asuntos con los que yo me he comido la cabeza, la facilidad con que me pierdo en sus ojos, que me siento a gusto cuando está él delante, su ternura, su manera de sonreír, de ver la vida, de afrontar las cosas, que es una persona que se hace querer… Y seguro que cuanto más le conozca más me va a gustar. Y, ante este hecho, no puedo hacer nada. No puedo hacer que no me guste. Es como un río que ha empezado a fluir y no se puede parar, aunque el río finalmente se une con el mar. Me pregunto cómo terminará todo esto.
Puede ser el día más negro de mi vida, pero es que pienso en él y todo se torna perfecto. Termino sonriendo de manera inconsciente y me siento bien. Y esto… esto no me lo quita nadie.
No me preocupa lo que pueda o no pueda ocurrir de ahora en adelante. Yo ya tengo mi álbum de fotos en mente y esa pequeña porción de él es suficiente para que me sienta un poco más feliz. Hay pocas personas que tengan un don así.
Hoy me apetecía escribir sobre él y, como no podía ser de otra manera, si él aparece en mis palabras todo se ve cargado de insólita belleza.