
Llego a casa después de una noche a vueltas. Íñigo, Isa, David y yo. Los cuatro de siempre, gente con la que me siento a gusto. Hemos recordado aquellas fiestas de Bañares en que llegamos los mismos que estábamos hoy a las nueve a casa después de ir a desayunar aceitunas a Redecilla. Es gente con la que sales y sabes que te lo pasarás bien, con los que conectas sin más, que te conocen y les conoces. Estás a gusto y punto.
Me pregunto si les hubiera dejado en el caso de aparecer él. Hubiera sido una decisión difícil.
He visto a su hermano y no he podido evitar preguntarle. Me ha hecho reír, me ha dicho algo de que le explicara por qué preguntaba por él. Y le he respondido: "Tu hermano es encantador, pero no le cuentes que he preguntado por él".
Hemos terminado jugando al futbolín. Hacía años que no jugaba. Hemos ganado David y yo. Después me he quedado pensando en un taburete del Madison: en él. Y he sentido un deseo irrefrenable.
Tendré que dejar el resto para los sueños, aparte de que me está costando lo mío escribir en condiciones. Es hora de dormir. Se sobreentiende quién será el coprotagonista de mis sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario