
Cuando al mediodía ponía los pies en Madrid me daba la sensación de estar reanudando el viaje que terminó el fin de semana pasado, como si estos últimos tres días jamás hubieran existido.
Como hasta mañana no tengo mucho que hacer por aquí me he dedicado a hacer lo más obvio: ir de compras. Y por supuesto voy cargada de bolsas. A mí me encanta venir a Gran Vía. Si no hubiera sido por lo cargada que voy aún hubiera dado una vuelta por la calle Fuencarral, aquí al lado, otro lugar lleno de tiendas.
¿Qué tiene de especial el día de hoy? Ha sido algo extraordinario.
Cuando a las 9.30h. esperaba al autobús fantaseaba con la idea de que él podía pasar en cualquier momento. No ha ocurrido tal (¡ojalá!), y mientras estaba divagando se ha formado en mi cabeza no su silueta en negro que aparecía en las últimas semanas, no me he esforzado en visualizar su rostro. En cuestión de segundos le he visto mentalmente, como si fuera ayer y no hace tres meses la última vez que nos encontramos, que escuché su voz, que le tuve cerca... A medida que iba camino de Madrid esa imagen se ha ido esfumando lentamente, pero no se ha difuminado por completo. En estos momentos no necesito ningún esfuerzo para representármelo mentalmente. Me pregunto si es el precedente de un encuentro con él este fin de semana, como si fuera una advertencia... Y además tengo nervios en el estómago. Es una especie de corazonada.
Sin embargo, este asunto me tiene un poco abatida. Quizás debería quitármelo de dentro.
Mañana por la tarde volveré a casa. Y este fin de semana puedo permitirme el lujo de salir tanto viernes como sábado, sólo que al final sólo será el sábado (como si lo viera: el viernes partidita de cartas en el bar, una copa por aquí, conversaciones en plan colegueo y mi crónica del viaje... Se hará tarde y finalmente nos iremos pronto a dormir).
Aún no me he encontrado con ningún evento respecto a la candidatura de Madrid para los JJ.OO. de 2016, pero mañana se elige, así que...
Como hasta mañana no tengo mucho que hacer por aquí me he dedicado a hacer lo más obvio: ir de compras. Y por supuesto voy cargada de bolsas. A mí me encanta venir a Gran Vía. Si no hubiera sido por lo cargada que voy aún hubiera dado una vuelta por la calle Fuencarral, aquí al lado, otro lugar lleno de tiendas.
¿Qué tiene de especial el día de hoy? Ha sido algo extraordinario.
Cuando a las 9.30h. esperaba al autobús fantaseaba con la idea de que él podía pasar en cualquier momento. No ha ocurrido tal (¡ojalá!), y mientras estaba divagando se ha formado en mi cabeza no su silueta en negro que aparecía en las últimas semanas, no me he esforzado en visualizar su rostro. En cuestión de segundos le he visto mentalmente, como si fuera ayer y no hace tres meses la última vez que nos encontramos, que escuché su voz, que le tuve cerca... A medida que iba camino de Madrid esa imagen se ha ido esfumando lentamente, pero no se ha difuminado por completo. En estos momentos no necesito ningún esfuerzo para representármelo mentalmente. Me pregunto si es el precedente de un encuentro con él este fin de semana, como si fuera una advertencia... Y además tengo nervios en el estómago. Es una especie de corazonada.
Sin embargo, este asunto me tiene un poco abatida. Quizás debería quitármelo de dentro.
Mañana por la tarde volveré a casa. Y este fin de semana puedo permitirme el lujo de salir tanto viernes como sábado, sólo que al final sólo será el sábado (como si lo viera: el viernes partidita de cartas en el bar, una copa por aquí, conversaciones en plan colegueo y mi crónica del viaje... Se hará tarde y finalmente nos iremos pronto a dormir).
Aún no me he encontrado con ningún evento respecto a la candidatura de Madrid para los JJ.OO. de 2016, pero mañana se elige, así que...
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