sábado, octubre 10, 2009

Cuando los pasos se encaminan a encontrarse

Me pongo en situación: casi las nueve de la noche, con un deseo frenético por ir a casa después de una reunión. Pero antes tienes que preguntar algo en el bar, sólo entrar y salir, y cuando vuelves a la calle... te lo encuentras de frente.
Es sorprendente cómo después de casi tres meses sin verle ahora parece ser que los planetas se han alineado para que coincidamos en todos los sitios. En la misma balanza se han colocado el cansancio y las ganas de marchar a casa junto al deseo de no perder esa oportunidad y disfrutar de otro momento mágico cerca de él. Estaba claro por qué me iba a decantar y la decisión ha sido rápida.
Y es que puedes estar cansadísima, sin ganas de nada, incluso triste (hoy no era el caso) y siempre puedes encontrarte con alguien que, en cuestión de segundos, haga desaparecer la fatiga y todo lo que conllevaba.
He comprobado algo que me ha sorprendido. Como ayer no retuve su mirada porque fui incapaz, hoy lo he recordado, y he intentado atrapar sus ojos. Pero me ha sido matemáticamente imposible: en el momento en que ladeaba la cabeza para mirarle él miraba a otro sitio. O eso creo, no estoy tan segura. Me guío porque yo sentía que era observada. Es una sensación, sin más.
Cada día es más encantador.

No quiero que este tema me sature. No quiero encontrarme con él todos los días. Porque si esto ocurre vuelve la necesidad de él y me cuesta mucho seguir mi camino, más bien hago todo lo contrario y me acoplo con una facilidad sorprendente. Tengo esa necesidad de él, pero también está la necesidad de conocerle un poco más. Y cada vez que nos encontramos nos vamos conociendo un poco más.
Aunque no deseo verle a todas horas ni todos los días. Ni tanto, ni tan poco como hasta hace una semana. Prefiero masticar, degustar, saborear, gozar de cada momento... siempre que sean más espaciados. No es que no desee encontrarme con él, claro que sí, lo que ocurre es que si nos vemos demasiado antes corro el riesgo de caer rendida a sus pies. Y si esto ocurriera algún día me gustaría que pasara algo de tiempo... Y al menos me gustaría tener una seguridad: sí o no, pero una seguridad que no se tambalee por todos los costados. Aunque ahora la seguridad es imposible, porque para llegar a ella tienes que conocer mejor a la otra persona.
Y en esas estamos.

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