lunes, octubre 05, 2009

La paradisíaca historia de 'El eslabón perdido'

Cuando estuvimos en Bélgica me llamaban "El eslabón perdido". Suena cariñoso y a mí me gusta. Ahora bien, si pudiera volver atrás o si me fuera con ellos a otro viaje no me volvería a "perder". Una de las cosas que más eché de menos del viaje a Bélgica fue no haber pasado más tiempo con todos los demás.
Claro que me pierde la impaciencia, las esperas, la impuntualidad... Pero hubiera sido diferente. Que quede claro que yo avisé la primera noche, que tengo cierta tendencia a una independencia firme (fruto de varios años viviendo sola), que yo preparo mis rutas de una manera mental con varias horas de antelación y no me gusta variarlas y que soy algo proclive al ensimismamiento cultural cuando me dejo llevar por otras épocas y otros personajes de renombre. Es decir, con gran facilidad puedo perder la noción del tiempo mirando una estatua o sentarme a dibujar algo frente a un monumento que me haya impresionado, disfrutando de ese momento.
Ahora es cierto que echo de menos los momentos que no viví con los demás. No me arrepiento, porque si iba a mi ritmo no podía ir a la par que ellos. Hay hechos que ya han pasado y no se pueden cambiar y también es cierto que siempre podemos variar lo que aún está por ocurrir. En nuestras manos está...

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