
Anoche me quedé dormida sobre la cama. Me ocurre muchas veces, pero generalmente me pilla haciendo algo, como por ejemplo leyendo. Anoche, empero, no hacía nada. Me tumbé y pensé en él, disfrutando de ese momento en que me decía: "No tengo sueño, así que no me quedaré dormida". Pero sí que ocurrió, empecé a pensar en él y terminé soñando con él. Volví a soñar y a estremecerme cuando sus dedos tocaban mi piel. No exagero cuando hablo de su tacto. Esas manos son únicas, tan suaves que inducen a imaginar sentimientos ávidos de caricias. De ahí el estremecimiento.
Estoy segura de que, si ahora cerrara los ojos, pensando en esas manos casi mágicas, volvería a quedarme dormida y soñaría con él.
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