
Anoche cuando llegué eran las dos. Por una parte, me apetecía escribir algo; por otra, el frío hacía que me sintiera rígida, notaba muy pesados todos los huesos de mi piel. Al final opté por ir directamente a la cama.
Había poca gente, menos de lo habitual. Debía ser por el frío. Cuando estaba en casa me di cuenta que a mí también el frío me hacía pensar en la comodidad y el calor de quedarse en casa anoche, pero una fuerza superior pudo conmigo.
En el Madison se me pasó por la cabeza hacer una llamada, pero deseché la idea. Prefiero las casualidades. Y creo que mejor no haber hecho nada, porque si le pillo durmiendo me da un mal.
Lo pasamos bien. No importa la gente que haya, lo que de verdad es importante es la compañía con la que estés.
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