viernes, octubre 09, 2009

Lo que no conté anoche

Si aún no he dado señales por aquí es por la sencilla razón de que llevo todo el día pensando y rumiando, aparte de que, al ser fiesta el lunes, debía finalizar ciertas tareas que no deseo tener que realizar la próxima semana. Así que entre asuntillos laborales y los minutos al día que le dedico a él para esbozar una sonrisa de felicidad de manera inconsciente van pasando las horas.
Ayer el corazón me latía a mil por hora. Incluso hoy, a eso de las cuatro, he vuelto a sentir que se me escapaba del pecho entre las manos cuando le he visto pasar fugazmente.
Cuando recuerdo el temblor de mi voz me sonrojo, cuando revivo las sensaciones, cuando recuerdo que miraba a cualquier parte o me centraba en otras cosas evitando mirar a quien debía mirar (que me hubiera sonrojado igualmente).
Ayer soñé, entre otras cosas, que le besaba, que sus labios eran incluso más suaves que sus manos. Y era un beso muy dulce, como todo en él.
Si pudiera dar marcha atrás 24 horas lo haría, aunque ahora estuviera tan nerviosa como ayer, pero sólo para repetir esos minutos, grabarme todo de él.
En las últimas semanas me he preguntado un sinfín de veces cómo es posible que me llene tanto en tan poco tiempo. Me siento extraña y tengo miedo.

Tengo reunión. Estoy preocupada por la hora, porque no sé si llegaré y eso me está desconcentrando a la hora de decir lo que quiero escribir. Tendré que reanudarlo en otro momento.

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