domingo, octubre 04, 2009

Atrapando el momento III: Brujas y Gante (24 de septiembre)

Varias vistas de Brujas desde el Belfort
Habíamos quedado a desayunar para coger el tren a Brujas todos juntos a las 9.30h. Una hora y media antes yo ya no podía parar en la litera y me tuve que levantar. Como en el Hostel sólo había café de máquina me fui en busca de una cafetería y, de paso, poder despejarme por la calle.
Una de las entradas al centro comercial City2
El día no podía ser peor: había salido niebla, llovizneaba y hacía un poco de frío. Cerca del Boulevard Emile Jacqmain se encontraba el centro comercial City2. Calculé que allí tenía que haber, por narices, un lugar donde poder desayunar. Y no me equivoqué. Desayuné un croissant y un café con leche (aguado) y regresé al Hostel, donde aproveché un ordenador libre para conectarme a internet mientras esperaba al resto, que fueron bajando con cuentagotas. Entre el desayuno, que algunos volvieron a la habitación, y lo que nos costó llegar a la Gare du Nord, estación de tren más cercana al Hostel, eran pasadas las 10.30h. de la mañana.
En la estación volví a perderme de manera premeditada, pues mientras los demás preguntaban buscando la estación de tren (pues allí también había estación de autobuses y líneas de metro), yo llegué a la entrada marcada con una ‘B’ azul y allí les esperé. Para entonces yo ya me había estudiado el logo de los trenes belgas, entre otras cosas. Hasta que subimos al tren fue toda una odisea, en el sentido de que nos tuvimos que cambiar de andén dos veces. Lo curioso allí es que en los trenes no te ponen la hora, así que aunque el primero de Brujas lo hubiéramos perdido, con el mismo billete se podía acceder a otro hacia la misma ciudad, siempre que nos ciñéramos a ese mismo día.
En el tren nos sentamos todos juntos, aunque yo estaba como ausente. Me preocupaba el hecho de llegar sobre las doce a Brujas, cuando podía haber estado allí dos horas antes. Me estaba perdiendo la impaciencia. Entonces llegó el revisor. Como estaba colocada la primera para que picara billete me explicó, en inglés, que estábamos en primera clase y nuestro billete era de segunda clase, que nos teníamos que cambiar de vagón. Cuando los demás me preguntaron y les expliqué lo que ocurría nos levantamos todos en estampida.
El viaje se me hizo muy largo, y eso que sólo duró una hora. En la estación de Brujas me perdí entre el gentío y ellos sólo llegaron a decirme que a las 13.30h. en la famosa plaza del mercado para comer, aunque no les aseguré nada. Cogí un autobús hasta el centro y me esfumé entre la barahúnda de turistas.
Markt
Brujas (Bruges-Brugge) tiene un encanto especial; no es de extrañar que sea uno de los destinos turísticos más populares de Bélgica. Es una ciudad medieval muy bien conservada, con calles sinuosas, canales pintorescos y bellos edificios. El centro de Brujas está bastante bien conservado.
El comercio de la ciudad quedó dañado cuando el río Zwin se encenagó a finales del siglo XV. Nunca estuvo muy industrializada y ha conservado gran parte de los edificios medievales. Afortunadamente, Brujas escapó de las dos grandes guerras sin sufrir muchos daños. En la actualidad, las calles están muy cuidadas, se ha respetado la altura de los edificios y el tráfico es muy regulado. Todos los lugares de interés se hallan en un círculo de bulevares que marcan la línea de las antiguas murallas medievales.
Brujas se constituyó alrededor de una fortaleza del siglo IX, levantada para defender la costa de los vikingos. A pesar de las sucesivas invasiones francesas, entre los siglos XIV y XVI, Brujas se convirtió en una de las ciudades más distinguidas de la Europa septentrional.
Calle en Brujas
En la actualidad, debe su posición prominente a la belleza de su centro histórico, las callejuelas adoquinadas, los canales y un singular conjunto de edificios medievales. El conjunto puede considerarse el legado de los días gloriosos de esta ciudad, convertida en el centro del mercado internacional de paños durante 200 años, a partir del siglo XIII. Durante aquella época dorada, los mercaderes de Brujas utilizaron sus fortunas para construir mansiones elegantes, iglesias y edificios civiles de tal magnificencia que asombraron a todo el norte de Europa.

El autobús me dejó en el Markt, la plaza del mercado que constituye el corazón de Brujas, donde había un trasiego ingente de turistas. Reconozco que fue impactante bajar del autobús allí y encontrarme con tanta gente. En cierto modo me trajo recuerdos de la Plaza Mayor de Salamanca (y recordé que ambas ciudades habían compartido la capitalidad europea de la cultura en 2002), si no por el estilo de los edificios porque en nada se parecen, sí por la cantidad de turistas y la amplitud y desigualdad de la plaza.
Estatua en el centro del Markt
El Markt es la plaza más importante de Brujas; aquí se celebra un mercado desde el siglo X. Se trata de un impresionante espacio abierto rodeado de edificios del siglo XVII y presidido por el Belfort desde uno de los laterales. Los tres lados restantes se llenan de terrazas de bares y cafés. La fachada más antigua de la plaza se remonta al siglo XV; es el Huis Bouchotte, donde vivió Carlos II de Inglaterra durante parte de su exilio, de 1656 a 1657. En el centro se alza una estatua de Pieter de Coninck y Jan Breidel, dos dirigentes gremiales del siglo XIV que encabezaron la rebelión contra los franceses en 1302. Durante la llamada ‘Bruges Matin’, condujeron a los soldados flamencos contra los franceses en el atardecer del 18 de mayo de 1302 y acabaron con casi todos. Este sangriento levantamiento propició una especie de independencia para las principales ciudades de los Países Bajos. De este modo, hasta el siglo XV se instauraron en la Carta Constitucional de cada ciudad derechos tales como la libertad de comercio.

En la plaza lo que más llamaba la atención en una primera ojeada era el enorme campanario que se recortaba contra el sol. Yo sabía que lo primero que tenía que hacer era subir hasta arriba, desafiando al vértigo. Tiene 366 escalones de piedra en espiral que van estrechándose a medida que vas subiendo hasta la cúspide, lo que es incómodo, porque muchas veces tienes que esperar a que pasen antes de seguir tú.
Belfort

El Belfort (campanario) es una torre octogonal de 83 m. de altura. Construido entre los siglos XIII y XIV, es el edificio más característico de Brujas, pues aquí se conservaba la Carta Constitucional; supone un constante recuerdo del pasado glorioso de la ciudad como centro mercantil.

En el interior, una escalera de caracol conduce a la sala donde se conservaban los derechos y privilegios de la ciudad. Arriba del todo se pueden disfrutar de unas magníficas vistas de Brujas.
A medida que ibas subiendo accedías a algunas salas, donde se encontraban algunas mini-exposiciones e incluso la maquinaria de las campanas que tuve ocasión de escuchar allí arriba, mientras como a cámara lenta se ponía todo en funcionamiento. Tardaba unos minutos desde que algo parecido a un taladrador marcaba la hora hasta que escuchabas el sonido amortiguado de una campanada (eran las 13.00h.) que se oía en el exterior.
Tanto subir como bajar fue horroroso, no por la multitud de escalones, sino por la estrechez, por donde pésimamente podían pasar dos personas a la vez. Cuando volví a la plaza respiré hondo y miré la hora. Eran casi las 13.30h. y me habían dicho que a esa hora quedábamos para comer, pero lo que hice, aparte de darme un paseo por la plaza, pensando qué sería lo siguiente, fue enviar un sms para decir que ya nos veríamos más tarde, que no comería con ellos, sino que me sentaría en cualquier terraza que encontrara en una de las calles aledañas a la plaza del Markt.

Y así lo hice. En Brujas probé comida típica belga por primera y última vez. Se trataba de una omelette con muchos tropezones. No sabía mal, al fin y al cabo no dejaba de ser una tortilla aderezada con condimentos dispares. Por supuesto, no pierdo mucho tiempo para comer y enseguida estaba de nuevo caminando por las calles adoquinadas de Brujas. Cuando el camarero comprobó que era española, me envió a su mujer, ansiosa por practicar el castellano, a preguntarme si la comida estaba bien. Y yo le contesté en francés: “Oui, très bien, merci beaucoup”. Se supone que allí se habla flamenco y que no nos íbamos a entender...
Lo cierto es que no tardé mucho en levantarme. En Brujas vino a verme mi 'amiga' la de todos los meses, lo que en parte era un incordio, pero puse al mal tiempo buena cara, como no podía ser de otra manera. Así que con el incipiente dolor en los riñones y síntomas de pesadez me propuse buscar la plaza del Burg, pero llegué a una calle llena de tiendas, con casas típicas de colores variopintos. Pasé junto a una enorme iglesia cuyo nombre no recuerdo. Y finalmente di con el Burg, donde estaban grabando una película y los actores estaban rodeados por un sinfín de cámaras y un nutrido grupo de mirones, al que me sumé durante unos minutos.

Fachada del Ayuntamiento de Brujas, situado en el Burg
El Burg es una plaza adoquinada, que antaño fue el corazón político y religioso de Brujas. Se halla muy cerca del Markt. En este lugar se levantó el antiguo fuerte alrededor del cual surgió la ciudad. Algunos de los edificios civiles más importantes se hallan aquí. La fachada del magnífico Stadhuis (Ayuntamiento) data de 1375 y está decorada con torres y estatuas. Contrasta con la barroca Proostdij o Casa del Preboste, construida en 1662, en la que destaca su pórtico.
Obviamente lo primero que hice fue entrar en el Ayuntamiento, donde me dieron una Audio-guía en español que me explicaba los aspectos históricos más relevantes del nacimiento, crecimiento y florecimiento de Brujas.
Fachada del Ayuntamiento
La fachada del Stadhuis (Ayuntamiento), de complicada talla, se concluyó en 1375, pero las estatuas de las hornacinas son modernas y representan al conde y a la condesa de Flandes. Se incorporaron en la década de 1960 para reemplazar las que destruyó el ejército francés un siglo antes.
El edificio se continúa utilizando para las funciones municipales; aquí se encuentra la Cámara del Consejo y el despacho del Alcalde. Además, es un lugar muy popular para celebrar bodas.
Salón Gótico del Ayuntamiento
En el interior, una escalera conduce desde el espacioso vestíbulo (donde había un busto del emperador Carlos V, que remite a nuestra Historia particular, aunque en España fuera el primero de su nombre) hasta el espléndido Salón Gótico. Esta magnífica cámara parlamentaria se levantó hacia 1400. Tras una admirable restauración, destaca el techo con singulares tallas de madera y 16 bellas ménsulas con representaciones de las estaciones y los elementos. En 1895 se terminaron las pinturas del salón, que hacen referencia a acontecimientos destacados de la Historia de la ciudad.
Fachada de la Basílica de la Santa Sangre, en el Burg
Impresionada por aquel Salón Gótico salí al Burg, donde me esperaba otro edificio singular: la Heilig Bloed Basiliek, o la Basílica de la Santa Sangre. Partiendo de la base de que para mí es mofoso todo el tema de las reliquias, que sirvieron en la Edad Media y siglos posteriores para engatusar al pueblo llano, que se traficaba con ellas de una manera vil y que es imposible que se hayan conservado 'huesecillos' de dos mil años de antigüedad (por poner un ejemplo), entré en la basílica por pura curiosidad.

La Basílica de la Santa Sangre posee una de las reliquias más sagradas de Europa. Se divide en dos sectores. En la capilla superior, restaurada en el siglo XIX, porque la habían destruido las tropas francesas en la década de 1790, se encuentra el tabernáculo de plata de 1611 que alberga la ampolla sagrada traída de Jerusalén en 1150. Según la tradición, contiene unas gotas de sangre y agua que José de Arimatea enjugó del cuerpo de Cristo.

La verdad que yo vi: sobre la mesa del altar había un cilindro de difícil acceso, pues se encontraba todo el altar acordonado, donde tuve que suponer que se encontraba la sangre de Jesús. Estaba prohibido hacer fotos, así que al bajar compré una postal donde se veía, sobre un cojín de terciopelo rojo, el cilindro de cristal con un líquido amarillento en su interior. Sin comentarios. El señor que me entregó la postal me comentó que abajo había otra capilla, que no podía perdérmela. Lo cierto es que era una especie de cripta, que queda eclipsada por la reliquia del piso de arriba.
Capilla inferior
El espacio de abajo, dedicado a la advocación de San Basilio, comprende una capilla con pórtico y arquería de sencillos pilates de piedra.
Después de aquello, donde me sentí abochornada por tener fe en un objeto que yo pongo en duda que sea en verdad la sangre de Cristo, volví al Markt, donde entré en una puerta que se encontraba bajo el campanario, atraída por el Museo de Arte Abstracto Contemporáneo, pero sobre todo atraída porque había pinturas de Miró. No me gusta Miró, así que crucé una especie de pasillo y salí a otra calle. Sopesándolo bien, sólo me apetecía hacer una cosa: montar en barco por los canales, aunque las calles donde estuve carecían de los mismos. Ayudada por un mapa, conseguí encontrar la zona de los canales.
Canal en Brujas
Los barqueros me vacilaron cuando les dije, en inglés, que deseaba montar en barco. Vino a decirme uno de ellos que si no prefería nadar. Me quedé con cara de poema, pero finalmente conseguí que me diera un ticket para montar en barco. Como salían a cada media hora, me senté en una cafetería junto al muelle, llena de turistas, y el camarero, sediento de conversación, me preguntó de dónde venía, si estaba sola y si me hospedaba en Brujas. Al decirle que era española, se puso –otro más- a hablar en castellano, aunque se le entendía mal.
El trayecto en barco te lleva a conocer lugares interesantes de Brujas. Hay una zona que está llena de casas medievales que tienen sus propios muelles a los canales. Algunos puentes son tan bajos que tenías que agachar la cabeza.

Uno de los lugares más enigmáticos, al que puedes ir caminando, pero también se ve desde el barco, es el Begijnhof.
Las beguinas eran miembros de una congregación laica fundada en 1245. Vivían y vestían como las monjas pero no tomaban votos, por lo que podían volver a la vida secular cuando desearan. El beguinaje (begijnhof) es un recinto vallado, como un pueblo, donde vivían las beguinas. Se trata de una tranquila zona de canales, con casas blancas con gabletes y un espacio verde en el centro. La iglesia data de 1602. En las casas ahora no viven beguinas, sino monjas benedictinas que se trasladaron aquí durante la década de 1930.
Minnewater
Cerca del Begijnhof se encuentra Minnewater. Es un lugar lleno de paz con un lago poblado de patos y cisnes. Los cisnes viven aquí desde que en 1448 Maximiliano de Austria ordenó que se mantuvieran en recuerdo de su consejero Pierre Lanchais, decapitado por los ciudadanos de Brujas. Antaño, éste fue un animado puerto que comunicaba la red de canales con el mar.
Hermosa panorámica de Brujas
Al bajar del barco, así de pequeño es el casco histórico-turístico de Brujas, escuché a voz en grito mi nombre. Yo estaba ensimismada, con una idea fija en la cabeza: marcharme a Gante en ese mismo momento. Lo cierto es que Gante quedaba a mitad de camino entre Brujas y Bruselas, sabía que se me iba a hacer de noche, pero no importaba. Al día siguiente tenía claro que marcharía en otra dirección, a Amberes, donde esperaba encontrarme con otra ciudad ‘diferente’, y mi intuición no falló.
Mercado de pescado
Llegamos a una plazoleta donde todas las mañanas se vende pescado fresco, sería una especie de lonja de pescaderos. Se llama Vismarkt. Es al aire libre y tiene columnatas del siglo XVIII. En esos momentos estaba vacío, nada que ver a como imaginé yo que debía ser el bullicio matinal.
Callejón del Burro Ciego
Desde allí nos dirigimos al Callejón del Burro Ciego (Blinde Ezelstraat), por cuyo arco regresaríamos directamente a la plaza del Burg. Cuando estábamos al lado del Ayuntamiento, yo señalé la puerta del mismo y les pregunté: “¿Habéis entrado?”. La respuesta fue que no. Señalé más allá: “¿Y allí?”. Me respondieron que no, para rematar con un: “¿cuánto cuesta?”. Yo miré el reloj, eran las cinco pasadas y, aunque lo desearan, ya no les iban a permitir entrar, porque cierran todo a las cinco.
Les expliqué que la entrada al Salón Gótico –que merecía la pena ver- del Ayuntamiento costaba dos euros con Audio-guía incluida. La puerta del Ayuntamiento ya estaba cerrada a cal y canto. Pero lo que más les interesó fue la reliquia de la Santa Sangre, que además era gratis. Intentaron entrar, y aunque la puerta estaba entornada tampoco les dejaron pasar. Yo les esperé en una terraza de la plaza tomando una cerveza. Lógicamente no iba a visitarlo otra vez porque ya lo había visto y me extrañaba que ellos, que habían estado en el Burg varias horas antes, no hubieran entrado. Al final les saqué la postal con el cilindro de cristal en cuyo interior se veía un líquido amarillento que parecía más sólido que líquido. Y con eso se quedaron. Aunque yo, que había entrado, tampoco hubiera visto mucho más.
Como ellos querían seguir viendo cosas, les dije que ya les daría alcance cuando terminara mi cerveza. Pero no les volví a ver hasta el día siguiente. Podía haber sido fácil porque estaban siguiendo la ruta marcada en mi guía, que llevaba también una de las chicas. Sin embargo, sopesé las alternativas que me quedaban y preferí ir a la estación de tren y tomar el primero con parada en Gante.
De Gante tengo una visión desvirtuada, en el sentido de que vi una ciudad de noche y no entré en ningún sitio, pues cuando llegué estaba todo cerrado. Sabía que no sería muy diferente a Brujas en lo que se refiere a canales, edificios y centro monumental. Por lo que vi, me pareció más bella que Brujas, pero apenas tuve tiempo a saborearla, porque llegó un momento en que tuve que regresar antes de que saliera el último tren a Bruselas.

Panorámica de Gante desde el castillo medieval (Het Gravensteen)
La ciudad flamenca de Gante (Gand-Gent) se ha visto tradicionalmente eclipsada en materia turística por su vecina Brujas. Al éxito del mercado textil durante la Edad Media, en Brujas siguió un período de estancamiento, mientras Gante se iba convirtiendo en un centro industrial durante los siglos XVIII y XIX. La polución resultante cubrió los antiguos edificios de la ciudad con capas de suciedad procedente de sus fábricas. En la década de 1980 Gante inició un programa de restauración. Se limpiaron los edificios medievales de la ciudad, las zonas industriales se sanearon y los canales se purificaron. En la actualidad, las tracerías de piedra tallada de sus iglesias y edificios antiguos, los excelentes museos y el castillo severo y formidable dotan de carácter a la ciudad.
Belfort
El Belfort (campanario) es uno de los grandes símbolos de la ciudad. Junto con el cercano Lakenhalle (sala textil) fue el centro del comercio medieval.
La catedral estaba rodeada de obras, con todas las calles levantadas y las fotos salen lo suficientemente oscuras para que no se vea nada.
Graslei
Uno de los barrios más pintorescos es el Graslei, que da al río Leie, y coincide con la zona donde antes estaba el puerto medieval. Está formado por casas gremiales perfectamente conservadas. Algunas datan del siglo XII.
Para mí era muy complicado caminar por Gante, entre tantos canales, tranvías y autobuses que van por los mismos sitios y bicicletas. Había tantas bicicletas que parecía que te podían atropellar con bastante más facilidad que los tranvías. Ahora bien, en el momento en que llegaba se veía un bullicio en el centro tal que apetecía quedarse de fiesta, pues no hay que olvidar que Gante es ciudad universitaria, y ese ambiente se nota.
Edificio de Gante
Después de caminar durante dos horas sin parar, admirando todo lo que veía ante mí, sabiendo que no podría entrar a la catedral (Sint-Baafskathedraal) a ver la 'adoración del cordero místico', me di cuenta de que Gante era para volver alguna otra vez de día, que no bastaba con una visita nocturna. Y opté por coger un taxi hasta la estación de tren, donde cené un bocadillo rápido antes de coger el tren, no sin antes enviar un sms diciendo que regresaba a Bruselas y que no me despertaran cuando llegaran. Fue el único día que llegué al Hostel la primera y bastante temprano, aunque sentí cuando llegaron, una hora después, mis compañeras de habitación, pero seguí durmiendo.

Ahí queda. Gante me supo a poco porque no tuve mucho tiempo para disfrutar de la ciudad y Brujas tiene su encanto, pero se ve enseguida. Sin embargo, dejando a un lado Bruselas, la ciudad que más me gustó fue Amberes, ciudad que me toca describir mañana.

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