viernes, octubre 16, 2009

Cuando late un corazón... inconformista

Es una corazonada. Lo era esta mañana, cuando he regresado de Correos para ver que él ya estaba ahí, porque su FM refulgía muy cerca. Después ha seguido la corazonada y me he encontrado de frente con alguien que posee título nobiliario. Y la corazonada seguía cuando regresaba a la oficina y entonces le he visto pasar con el coche, pero como siempre mira hacia adelante no me ha visto.
La corazonada sigue. Y además no me conformo con verle de pasada. Teniendo en cuenta que es viernes hay posibilidades de encontrármelo esta noche -si salgo-.
También podría ocurrir la del viernes pasado, sólo que yo hoy no tengo reunión y es muy posible que a las nueve esté relajada en casa y con la mirada perdida en el fin de semana.
Se me ha pasado la semana volando. Y eso que casi me quedo dormida, que mi padre me ha despertado a las ocho. Lo que ocurre es que anoche me quedé dormida con el libro sobre el pecho, la luz dada, el portátil a mis pies (si me hubiera movido...). A las cinco me desperté y despejé la cama. Y no puse la alarma del móvil. Y he llegado a tiempo.
A las doce de esta noche habré ganado una apuesta. No suelo hacer apuestas a no ser que esté segura de ganarlas. Si ganas, más que lo que esté en juego, te sientes por las nubes por el simple hecho de haber ganado. Y ahora bien, cuando pase hoy no sé si debería llamarle algún día o no. Estoy perdida y no sé si debo. Posiblemente no lo haga a no ser que tenga una necesidad de él tal que no lo pueda resistir, pero esto también sería controlable. Tampoco voy a poner la mano en el fuego, porque a veces me dejo llevar por pequeños impulsos (de los que luego suelo arrepentirme).

No hay comentarios: