martes, octubre 27, 2009

Cosas de cada día

Cuando me he marchado, a eso de las 20.30h. su coche seguía en el mismo sitio, o sea, junto al mío. En momentos así es cuando tengo que controlarme por no llamarle. Incluso me he tenido que contener por dibujarle una estrella en el parabrisas. Lo he pensado, y era sólo por dejarle una señal mía, por dejarle una huella, aunque cuando lo viera desconociera al autor. Al final, me he marchado encogiéndome de hombros.
Pensativa. Volvía pensativa, aunque luchando por desviar la atención hacia otros asuntos, como por ejemplo, que mis compañeras vuelven a estar enfrentadas. De momento no me he pronunciado y me gustaría no tener que mediar ni ponerme a favor de una u otra. Aunque hoy han estado hablando sé que están a la primera que salta (entre ellas). Yo sigo en mi mundo, haciendo ver que no me he enterado de nada, porque a veces es mejor la desinformación. Ni quiero que me venga una contando chismes sobre la otra, ni quiero que la otra venga a decirme milongas sobre la primera.
Esto, igual que la semana pasada, vuelve a crear tensión. La he sentido nada más llegar esta mañana, y es que parece ser que han discutido a primera hora, justo antes de que yo llegara. Espero que todo se atenúe, pero no estoy dispuesta a aguantar trifulcas todas las semanas.
Todo esto al final no es más que fruto de la convivencia del día a día. Es normal a veces rozar con alguien, pero enseguida pasa. Yo lo que creo es que mis compañeras se han guardado lo de la semana pasada y se va formando una bola cada vez mayor, hasta que un día explote. Por mí, ojalá lo arreglen definitivamente y cuanto antes.
Me enerva este tema. Es que todas las semanas... la misma historia. Menos mal que pienso en otras personas e inmediatamente me olvido de la oficina para sonreír. Ya me hubiera gustado verle.

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