
Eran las 21.30h. cuando he llegado a casa. Después de la reunión hemos entrado en el Casino -nunca antes había estado-. Y sólo veía por llegar a casa. Tengo ganas de que llegue el viernes por la tarde, aunque tenga otra reunión en sábado. Hoy he comprobado que, dada la hora de la primera convocatoria, bien podría salir mañana por la noche. Todo se verá... Para mí es importante estar despejada en las reuniones.
Por otro lado, B. está triste, tan triste que intento animarla de cualquier forma, aunque sólo sea por verla sonreír durante dos minutos. Hoy lo he conseguido. Pero enseguida se vuelve a desanimar. Y es que el panorama que tiene en casa no es nada halagüeño. A su madre le ha salido un segundo bulto en el cuello. Ya la operaron de uno en mayo. Todavía no saben lo que tiene, y lo peor es que no podría recibir radio ni quimioterapia porque la zona es muy sensible y no acepta ese tipo de tratamientos. En estos últimos meses yo la he visto en varias ocasiones y la he visto bien y que ahora aparezca esto... Se me pone la piel de gallina con sólo pensarlo.
En situaciones así es cuando te replanteas lo que nos preocupamos a veces por innumerables minucias cuando lo verdaderamente importante es la salud. Y no hay más.
Dependiendo de lo que tenga la madre de B. quizás no pueda irme en noviembre a Malta. Porque si B. está ausente del trabajo tendré que quedarme. Pero esto es algo que, ante la inmensidad de lo que ocurre, me parece poco importante.
Hoy me han llegado ya las primeras ofertas del viaje, pero ni siquiera he prestado atención. Posiblemente no pueda ir hasta el año que viene, que esto es lo de menos. Sólo me ha llamado la atención que no hay vuelos directos hasta La Valletta y que tengo que hacer transbordo en ¡¡Frankfurt!! De momento no voy a hacer nada, pero me niego a cambiar de avión en ese aeropuerto en concreto.
Cuando en 2003 volé a Alemania por primera vez, desde Barajas sólo había vuelos a Berlín-Tegel haciendo transbordo en Munich o en Frankfurt. Al estar situada ésta más al norte y por tanto más próxima a la capital alemana, elegí Frankfurt. En buena hora, porque casi pierdo el segundo avión. Me perdí en el aeropuerto, a pesar de llevar un mapa del mismo. Es un aeropuerto gigantesco y ultramoderno. Llegué a Berlín sin maleta, pues no dio tiempo a cambiar los equipajes de un avión a otro, y en el aeropuerto de Berlín me entregaron un neceser para salir del paso, mientras describía mi maleta y explicaba dónde me iba a alojar. Con exactitud teutona, mi maleta estaba a las 10.00h. de la mañana en el hotel (era domingo).
La cuestión es que tendrán que buscarme otros transbordos. En estos momentos no me corre prisa porque tengo la ligera sensación de que el viaje a la isla de Malta tendrá que esperar unos meses más.
En estos momentos hay otros temas que me preocupan más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario