
Tengo los nervios a flor de piel. Llevo aproximadamente una hora probándome ropa, aunque al final me quedo con la idea inicial. Casi podría llevar una mochila entre todas las cosas que tengo que coger de casa para mañana.
Tengo que respirar hondo para no dejarme llevar por la histeria.
Aunque en la realidad soy una persona extrovertida, cuando alguien me llena profundamente -como es el caso- tiendo a esconder la cabeza dentro del caparazón. Todos tenemos ese punto de timidez que nos hace enrojecer en los momentos más impensables.
En mi vida he hecho cosas que jamás hubiera pensado ser capaz de hacer. Quizás entonces pensaba que era muy complicado; después todo pasa y te ríes de la situación cómica que se crea a priori, es decir, ésta. No creo ser una persona cobarde pero a veces tengo que darme fuerzas e impulso para saltar al vacío. Aunque la fuerza motora en estos momentos es él. Me dejaría matar con tal de raptar una vez más esa mirada. Lo que ocurre es que después de una quieres muchas más. Es una especie de droga, pero una droga muy sana.
Lo costoso es cruzar el abismo surcado por una tierra árida y sin vida. Y sólo por saber lo que hay más allá merece la pena cruzarlo.
Iré, porque así se quedó. Y ya. Mejor no lo pienso porque entonces esta noche no duermo.
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