
Casi a la hora de cenar aún sigo en la oficina. Pero más tranquila, porque tenía que terminar algo y, dado que durante el día, es imposible concentrarme en cualquier cosa sin que no me interrumpa el teléfono, me he quedado esta tarde. La sensación es agradable, porque parece que me he quitado de encima algo muy pesado.
La oficina sigue en tensión. De hecho, hoy, que me ha salpicado sin comerlo ni beberlo, creo haber descubierto que una de mis compañeras tiene algún tipo de problema externo, sea por el motivo que sea, y trae todo ese resentimiento aquí. La cuestión es que yo no puedo entrar en ningún tipo de discusión, ni con una ni con otra, y tengo suficientes motivos de peso para evitar estas situaciones.
Yo espero que se le pase porque si eso afecta al trabajo entonces habría que tomar cartas en el asunto. Creo que la solución es hablar del tema, pero también creo que debería enfriarse la cosa.
De todas formas, hoy tengo que medio estudiarme unos apuntes de contabilidad. Si la semana pasada leía, esta vez tengo que estudiarlos. Odio los números. Aunque, a pesar de mi suprema aversión a esto, tengo que cogerlo con ganas, porque me tendré que examinar de ello y tengo que aprobarlo. El truco está en cogerlo con predisposición positiva.
Se ha hecho tarde. Ahora tengo que coger al coche. Sólo caminar hasta allí me da miedo, pero conducir hasta casa me trae una pereza.... Hoy me quedaría a dormir aquí, pero no puede ser.
Veré la luna. Ayer se veía magnífica. Hoy hay algo de niebla, quizás no se vea tan nítida.
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